A mi pecho derecho

A mi pecho derecho

le tengo que decir adiós.

Un adiós para siempre,

un adiós entre el dolor

y el miedo.

Pero también,

un adiós con esperanza.

 

Nunca he amado mucho

ninguno de mis dos pechos.

¡Son tan grandes!

tan blandos,

tan suaves,

tan dulces,

tan intensos.


Son tan desobedientes

mis pechos.

No encajan en la ropa

de moda.

No encajan en la ropa

de deporte.

No encajan en la ropa

de baile.

En realidad, son como yo,

desmesurados,

incontrolables,

extemporáneos.

 

He vivido con estos pechos

casi cuarenta años.

Y nunca me he acostumbrado a ellos.

Sin embargo, ahora

cuándo debo elegir entre la vida

y la muerte.

Ahora, cuando para vivir debo decir adiós

a mi pecho derecho,

radicalmente.

Ahora descubro que he sido feliz.

 

He desperdiciado tiempo fantaseando

con la idea inmoral

de corregir a la genética,

y reducirme los pechos.

Ya se sabe que en la fantasía

todo está permitido. Y sin embargo,

ahora …

Ahora descubro que he sido muy feliz.  

 

Que me gustan mis terminaciones nerviosas,

esas que dan placer cuando las compartes.

y también cuando te quedas sola.

 

Que he disfrutado de ser una madre animal

que alimenta.

 

Que me gusta romper tópicos,

y dormir boca abajo sobre mis pechos.

Mis pechos que no encajan

en el canon de belleza

de ninguna época.

 

Son tan grandes mis pechos.

Y ahora, debo decir adiós

a mi pecho derecho.

Y tendré un nuevo cuerpo,

asimétrico,

y será como si me hubiera dibujado

Inma P.nitas

y yo seré una mujer con un solo pecho.

Y seré una mujer valiente

con una boca que grita,

como lo he sido siempre.  

24 de abril: ¿mi vida como un ratón?

ratón-cáncer

Hoy escribo desde la emoción, no hay ningún otro espacio al que pueda atender para hablar de lo que necesito hablar. 

Quienes me conocen saben, que en el momento en que me diagnosticaron el cáncer me planteé seriamente renunciar al tratamiento a través de quimioterapia. Pensé que siendo yo una persona vegana antiespecista, lo más consecuente era no recibir un tratamiento que ha sido testado en animales. Sin embargo, el deseo de vivir es tan fuerte en mí como lo es en cualquier criatura sobre la tierra, y esa es la razón por la que con vergüenza y deuda moral, acepté el tratamiento.

Testar los medicamentos en animales es por Ley imprescindible en nuestro sistema de salud, para que los medicamentos puedan ser utilizados en los seres humanos. Es una forma de evitarnos el riesgo de sufrir consecuencias indeseables, pero haciendo que el riesgo recaiga sobre los animales.

Soy una persona de letras, que se acerca a la ciencia a través de la literatura de divulgación. Enfatizo esto porque muchas veces se ningunea mi opinión alegando que no puedo comprender cómo funciona la ciencia y cuáles son sus necesidades. Sin embargo, como persona que lee, se informa y piensa por sí misma, creo que puedo tener una opinión respetable sobre lo que es éticamente aceptable y lo que no lo es, y lo que significa cimentar nuestro bienestar en el sufrimiento de vidas a las que objetivamos para no sentirnos culpables por usarlas. Sé que muchas personas dirán que soy una hipócrita y que ya no tengo autoridad moral para hablar del sufrimiento animal, porque he salvado mi vida gracias a traicionar mis principios. Sin embargo, ahora sé cómo se sienten en primera persona.

Afortunadamente, en los últimos años la legislación ha empezado a cambiar y ha empezado a tomar en cuenta el bienestar de los animales en las pruebas de laboratorio, que están dejando de ser unos lugares inaccesibles y ocultos donde los animales viven de espaldas a la sociedad que se beneficia de sus cuerpos y de su dolor. Estas medidas buscan reducir los ensayos con animales al mínimo posible, y fijan normas de obligado cumplimiento en relación con su uso, su alojamiento y su cuidado.

También se fomenta el uso de procedimientos de testado alternativos como son los estudios epidemiológicos, las técnicas in vitro de cultivos en tejidos animales y vegetales, en los restos de placenta, los cultivos celulares o los cultivo de órganos. Cada vez más científicos reconocen que la investigación con técnicas que no utilizan animales se obtienen datos relevantes, específicos y acertados.

Pero hay hechos de los que tenemos que hacernos conscientes, como que enfermamos a animales sanos para probar en ellos los tratamientos que nos van a sanar a nosotros. Tomemos como ejemplo la historia de la quimioterapia que comienza con cuatro ratones sanos. Los farmacéuticos Louis S. Goodman y Alfred Gilman desarrollaron linfomas en los cuatro ratones y trataron con gas mostaza a dos de ellos, que salvaron sus vidas, mientras los otros dos murieron.

Durante los meses en los que me he sometido a quimioterapia no he dejado de pensar en eso. No solo en esos cuatro primeros ratones, sino en los miles, millones, de ratones que en todo el mundo han sentido, antes que yo, el malestar y la angustia sin tener la capacidad de comprender qué les estaba pasando.

Si yo, que soy plenamente consciente de tener un tumor cancerígeno y soy plenamente consciente de que eso significa la muerte para mí, y elijo la quimioterapia voluntariamente, y aún así el tratamiento ha conseguido derrumbarme moralmente una semana de cada tres, en cada ciclo; si he llorado en silencio por la incapacidad de hacer una vida normal y he tenido que permanecer regenerando plaquetas en la más absoluta calma, mientras los pensamientos negativos y tristes se apoderaban de mi mente, ¿qué no sentirán los animales que no pueden comprender qué les está sucediendo?  Su miedo tiene que ser mucho más grande que el mío.

En abril de 2017 la Universidad de Leeds emitió un comunicado sobre un trabajo de cinco años relacionado con el dolor, que apareció publicado en Journal of Clinical Investigation. En su comunicado anunciaban haber descubierto que “el sistema periférico que recorre todo el cuerpo, es una red, principalmente de cableado, que transmite información hacia y desde el sistema nervioso central al enviar mensajes al ‘centro de control’ (cerebro), que luego le dice al cuerpo cómo reaccionar.” La investigación trabaja sobre una ruta para desarrollar drogas no adictivas y no somnolientas, dirigidas al sistema nervioso periférico, con una eficacia mucho más alta que las que se usan actualmente. 

Del comunicado, lleno de buenas noticias, lo que a mi me asombra es esta declaración: “Se necesita más investigación para entender exactamente cómo funciona, pero no tenemos ninguna razón para creer que no existan los mismos arreglos nerviosos en los humanos.”

Por lo tanto, la ciencia reconoce que el dolor que siente un animal no humano es básicamente el mismo que sentimos los animales humanos. En las pruebas de laboratorio se usan (objetivan) ratones, cobayas, conejos, gatos, monos y perros, así como aves, reptiles y peces. La tasa de mortalidad en animales de laboratorio se sitúa en millones de ejemplares.

Se estima que entre 50 y 100 millones de animales vertebrados de varias especies se utilizan cada año en todo el mundo en procedimientos de laboratorios, a menudo abusivos.​ La mayoría son sacrificados después de usarlos en un experimento. El Día Mundial de los Animales del Laboratorio existe para poner fin al dolor y al sufrimiento de los animales en todo el mundo.

En Europa el uso de primates no humanos con fines de ensayo está sujeto a restricciones y el empleo de simios antropoides (chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes) está prohibido.

Si quieren saber más, les dejo el enlace a la Directiva 2010/63/UE sobre la protección de los animales utilizados para fines científicos

 

 

 

 

SER MUJER Y HACER POLÍTICA

El pasado 30 de diciembre de 2018, tuvo lugar en Libia el Primer Congreso Científico sobre Mujer y Participación social. Tuvieron la amabilidad de incluirme. Después en el periódico digital La réplica, han tenido la amabilidad de compartir mis reflexiones.


El feminismo nació como un movimiento para reclamar el derecho de las mujeres a una vida propia. Desde que tenemos datos que podemos revisar gracias a la escritura, nos encontramos con mujeres que ejercen el poder de alguna manera, pero siempre a la sombra y a las órdenes de sus padres, esposo e hijos.

Son mujeres que han quedado atrapadas en su conciencia de clase social, y en los privilegios de una vida acomodada y no tienen la capacidad de ver que están renunciando a tener un proyecto propio, que han perdido su capacidad de decidir cuál es verdaderamente el camino vital que quieren recorrer.

Cuando el mundo se ensancha y las sociedades del planeta se ponen en contacto, allá por el siglo XVI, se hace inevitable para las mujeres salir de sus rincones y entrar en relación con la otredad. Las otras nos interpelan con sus formas de vida. Las esclavitudes que no somos capaces de ver en nosotras, nos escandalizan en las otras y remueven nuestra conciencia haciendo que despierten las preguntas sobre nuestra propia forma de vivir. Y así comienza un movimiento imparable que se nutre de la diversidad. Lo más atractivo del feminismo es que nace sin líderes, no hay una jerarquía, y se aceptan las críticas de las compañeras y se asumen. Cuando desde el feminismo africano o latinoamericano, nos hace ver a las europeas que hemos acaparado el movimiento poniendo en el centro nuestros problemas de mujeres blancas, comienza un reajuste para ser más plurales, más inclusivas y también más ambiciosas en nuestros sueños.

Ya no queremos solamente el derecho a la Igualdad, para poder desarrollar un proyecto de vida propio tal como el patriarcado ofrece esa posibilidad a los hombres desde que ha quedado escrito. Queremos desarrollar nuevos mundos más justos, realmente más humanos, donde los procesos sean tan importantes como el objetivo. Pero esa forma de hacer feminista está naciendo dentro de un orden patriarcal que lleva al menos seis mil años funcionando, que está muy asentado y que hemos asimilado como lo “natural”, sobre todo en política.

La antropóloga argentina Rita Segato nos dice:
“La única forma de reparar las subjetividades dañadas de la víctima y el agresor es la política, porque la política es colectivizarte y vincular. Cuando salimos de la subjetividad podemos ver un daño colectivo, y eso no puede curarse si no se ve el sufrimiento en el otro. Fuimos capturadas por la idea mercantil de la justicia institucional como producto y eso hay que deshacerlo. Perseguimos la sentencia como una cosa, y no nos dimos cuenta que la gran cosa es el proceso de ampliación del debate”.

Cuando las mujeres feministas entramos en política de partido (quiero recalcar este concepto porque el activismo social es también una forma muy potente de hacer política y aunque no está exento de conflictos internos y de actividades machistas, debemos reconocer que es una espacio más amable para las mujeres porque el poder está más diluido), nos encontramos con espacios fuertemente masculinos, con una tradición de funcionamiento envuelta en negociaciones secretas y alianzas “uno a uno”.

En la política de partido, donde la lógica patriarcal marca los tiempos y la efectividad marca la agenda, porque necesitamos obtener votos para llevar adelante el proyecto, pero además se reparten cargos que llevan aparejados no sólo una contraparte monetaria, sino también un prestigio social que alimenta nuestro ego. Y el ego mal entendido es el mayor enemigo del feminismo, porque es lo contrario al feminismo.

La lógica del partido político es la lógica del enfrentamiento, primero hacia afuera. Hay que competir con otros posicionamientos ideológicos, con otros proyectos de estado, y hay que ganarles. Y después hacia dentro, porque aunque se comparta el 99% del proyecto, surgen las corrientes internas alimentadas por las filias y las fobias humanas, porque aunque no lo queremos reconocer, nos movemos más por la emoción ( y habló de la colectividad humana en su conjunto) que por la razón. Y esta forma de subdivisión interna desde la competitividad dificulta el proyecto feminista.

Yo, como Rita Segato, no quiero un feminismo del enemigo, porque la política del enemigo es lo que construye el fascismo.Hacer política desde las instituciones es prioritario, y las mujeres tenemos que dar el paso por más doloroso que sea salir de nuestros activismos amables. En mi caso el compromiso con la cooperación internacional, con las personas presas, con las personas migrantes y con las energías renovables y la oposición a la energía nuclear, o el trabajo que hago para el reconocimiento de los Derechos de los animales, son facetas muy gratificantes porque hay una lógica feminista en defender la vida a través del trabajo en equipo. Sin embargo, dar el paso a la política de partido es entrar de lleno en la lógica patriarcal, y nuestro deseo de un mundo sin hegemonía, choca con las estructuras, y puede suceder (de hecho sucede) que nos olvidamos de lo que hemos construido en nuestros años de activismo y regresamos a nuestra primera socialización, la que nos dan en la familia y en la escuela, donde todo es binominal: triunfo/ fracaso, bien/mal, justo/injusto.

El gran desafío de las mujeres en los partidos políticos no es solo conseguir la plena igualdad de derechos para nosotras, nuestro gran desafío es lograr romper la lógica del dominio a través de la violencia.

Un ejemplo. Miremos de frente nuestros sistemas de justicia. Cuyo fin último es decidir quién es inocente y quién es culpable. Quién es culpable termina en un centro penitenciario, un lugar de castigo y crueldad ¿Que tiene eso de justicia? Otro ejemplo, nuestros modelos de estado. Encerrados dentro de nacionalismos que nos enfrentan y nos llenan de miedo a las otras personas, no tenemos miedo de lo que la tierra ofrece en otros lugares alejados (alimentos, minerales, recursos hídricos, etc…), y nos afanamos en lograr que esas riquezas lleguen y traspasen nuestras fronteras, pero tenemos miedo de las personas que habitan esos lugares, porque nos parecen una amenaza. Olvidando que la naturaleza misma de nuestro triunfo como especie se ha basado en la migración, la trashumancia y el encuentro,y que en la historia de la humanidad hemos sido nómadas durante más de quince mil años, y apenas hace seis mil que estamos delimitando fronteras. Curiosa coincidencia con la aparición de la escritura y la constancia del sistema patriarcal.

Las mujeres no podemos asumir en política los roles masculinos de siempre, sin embargo debemos tener claro que superar el suelo pegajoso será mucho más fácil si nos acercamos a las formas de hacer tradicionales. Y esa es la trampa. La esencia feminista detesta los monopolios que limitan el pensamiento, y nos presentan una única forma del bien, de la justicia y de la verdad. Una única forma de mirar conlleva una mirada que culpabiliza al otro y nos encamina de nuevo a la lucha fratricida.

Si me preguntan por lo que yo creo que es el primer paso para cambiar la política desde dentro, les diría que la amabilidad. Los partidos políticos no son espacios amables, son espacios eficientes, y la eficiencia ha demostrado estar destruyendo el mundo. Tomemos el ejemplo de Centro América y el impune asalto a las comunidades que defienden el medio natural en el que viven. Tenemos los asesinatos de Berta Cáceres y de Azucena Villaflor que los consideramos feminicidios, aunque muchos hombres fueron asesinados por las mismas causas. En el caso de estas mujeres, lo que se quería matar desde el poder patriarcal era su estilo de hacer política, una política en red sin un centro, pero es difícil acabar con esta forma de hacer política propia de las mujeres, porque lo que se fortalece con ella es la comunidad.

Y ahondar en la amabilidad, conlleva afrontar tareas no aprendidas previamente, como recuperar la memoria histórica de las mujeres, aprender a poner en valor el trabajo de nuestras compañeras aunque no conocida con nuestra línea de trabajo, no descalificarnos entre nosotras porque necesitamos sanarnos colectivamente. No olvidar que vivimos desde el cuerpo que es un espacio vulnerable a la violencia, y aún así no debemos permanecer mirándonos siempre desde el lugar de la víctima, y por eso el concepto de empoderamiento es tan potente. Empoderamiento es a la vez sabernos vulnerables y libres. Capaces y al mismo tiempo débiles. Estamos creando caminos nunca antes transitados y debemos darnos permiso para plantar cara y también para retirarnos cuando la inercia patriarcal nos esté empujando a donde no queremos ir.

Hablan del juego de la política, y se refieren a que tiene unas reglas, unos tiempos. Cuando nosotras jugamos esas reglas y esos tiempos, están destinados a cambiar, pero se resisten y puede suceder que si no estamos atentas entramos de lleno en el juego obsoleto que han creado los hombres de los siglos pasados, apoyados en la razón de Descartes. Cuando eso suceda debemos saber que somos libres de salir, de tomarnos un tiempo, que el proyecto nunca reposa en una única persona, que el proyecto es colectivo.

Hannah Arendt nos habló de la banalidad del mal como el principal pilar de los sistemas totalitarios, cuando nos protegemos en nuestra función y nos justificamos diciendo “cumplo órdenes” y olvidamos nuestra responsabilidad personal con la justicia.

Marcela Lagarde nos ha mostrado la forma para resistir durante el proceso; la sororidad (la solidaridad entre mujeres dentro del sistema patriarcal) es la clave. Recordar siempre que la otra es compañera, no competencia.

Paréntesis entre continentes

Para Lillo, con amor y gratitud por llevarme a los buenos momentos

ElMazo-casaabuelos

Abro los ojos y encuentro las vigas de madera sobre mí. Es la confirmación de que no es un sueño.

Fuera de la casa se escuchan voces burlonas de hombres jóvenes que bromean sobre mi apego a las sábanas con una niña paciente que espera sentada en el poyete de piedra. Ella tiene cinco años y yo tengo cuatro.

Mi amiga viene a esperarme después de haber desayunado, con su ropa limpia y la cara lavada.

Yo me levanto de un salto y siento el frío húmedo al que no estoy acostumbrada. He cruzado el océano Atlántico del cálido enero, al frío enero, para abrazar el sueño de mi padre … pero él se ha tenido que ir.

El sueño de mi padre es vivir en El Mazo, en la Peñamellera baja, en medio de un valle de cuento donde todo es belleza. Pero el trabajo en el valle no alcanza para dar de comer a tantas familias.

Tampoco el valle alcanza, pese a toda su belleza, para satisfacer el alma sociable y parlanchina de mi madre. Y entre la pena y la esperanza mis padres han partido hacia Madrid.

Y aquí estoy. No sé medir el tiempo, no sé si es febrero o marzo. He quedado al cuidado de mis abuelos enfermos y de mis dos tíos, jóvenes y trabajadores.

Después de una vida de hermosos vestidos tapados por babis de cuadros para que no se ensucien. Estoy en un lugar desconocido, entre estos desconocidos que son mi familia, y no hay reglas. Nadie me pregunta dónde voy, nadie me peina, nadie se preocupa por mi ropa.

Mi abuela, en cama casi siempre, me acaricia. Soy su única nieta y creo que pensaba que moriría sin conocerme. Es paciente conmigo, me habla despacio y me enseña a compartir.

Me da su permiso para salir a jugar.

Y bajo la escalera corriendo y abro la puerta para sentir el placer del frío en la cara.
Mi amiga y yo cruzamos la carretera y subimos las escaleras que nos separan de un monte mágico donde todo nuestros sueños se harán realidad.

Jugamos incansables durante horas. Tenemos escondites maravillosos y una casita secreta, llena de comidas sabrosas que hemos traído de la despensa de su casa. Galletas María, avellanas, nueces, y dulce de membrillo. No hay hambre, no hay prisa.

Los árboles que dan al camino, también son generosos con nosotras y nos regalan sabores agrios a medio madurar, que nos resultan deliciosos.

Reímos.

Siempre estamos contentas. No hay que contar el tiempo, la felicidad no está tasada, ni viene empaquetada.

La madre de mi amiga nos llama a comer. Es la hora. En el valle las voces también son libres y se expanden para alcanzar su objetivo esté donde esté.

Corremos cuesta abajo.

Nosotras regresamos cada una a su lugar. Mi amiga a la casa ordenada donde le lavan las manos y le sirven en una mesa con mantel.

Yo cruzo la carretera, me espera una algarabía de hombres que ponen la mesa y le suben a mi abuela Sinforiana la comida a la cama. Cuando mejore el tiempo se levantará más pero ahora, aún, el cuerpo no responde del todo y reclama el calor de las mantas.

Nos sentamos a comer las alubias de todos los días, deliciosas. Han cocido toda la mañana, lentamente al calor de la leña.

Tengo cuatro años, nadie espera de mí que lave los platos, ni que cocine, ni que se me acaben las ganas de jugar. Solo debo comer sin rechistar, dar las gracias y estoy libre para volver a los praos que se abren hacia el cielo. Puedo buscar el postre entre los manzanos o los limoneros, si quiero.

Ahora soy yo quien se sienta a esperar a mi amiga. En los escalones delante de su puerta. Escucho las voces de sus padres y sé que ella me ha visto llegar, a través de la ventana de la cocina, me ha visto cruzar la carretera nacional que apenas se transita en el invierno de 1971.

Cuando caiga la noche volveremos a bajar, yo cruzaré la carretera, abriré la portilla de fierro y entraré en la cocina donde se fríen patatas, huevos y pimientos, como todas las noches.

Luego volveré a la cama que me protege de las arañas, me acurrucaré debajo de las mantas para no tener miedo y dormiré un sueño profundo y agotado, esperando despertar bajo las vigas de madera que confirman mi libertad.

Es tan fácil vivir en el paraíso.

Entre cuentos y nanas. En el lince con botas

Mariola del Pozo y Carmen Ibarlucea, dos narradoras distintas, pero nunca distantes, que, bebiendo en fuentes diferentes, caminan y comparten unidas por la amistad recíproca y cuentan o narran, incluso refieren, fundamentalmente por la vía oral, pero también por la vía de la escritura, del libro. Les debemos a cada una, como a tantos artistas y literatos que del cuento y de la narración han sido, desde que somos humanos hasta el día de hoy, lo que la fábula es: ese espacio intangible en que somos, más, nosotros mismos.

El programa “El lince con botas” de Canal Extremadura televisión, ha dedicado un espacio a los cuentos, y lo ha hecho con mi amiga Mariola del Pozo y conmigo. Si te apetece verlo sigue el enlace:

ElLinceConBotas

Más allá de la puerta

Es cálido, es acogedor, es un abrazo que atenaza de pura felicidad.

Como un árbol añoso.

El hogar.

Todo aquí es perfecto, la temperatura ideal, el aire con el oxígeno necesario, la comida jugosa, en su punto de dulzor. El cuerpo indolente, soñoliento, flexible y cantarín.

Y la voz fluye sin esfuerzo.

Y todo cuanto nombro se carga de sentido.

Y sin embargo… debo salir.

“Trémula de emoción. En medio del paisaje.”

Resuena entre mis cabellos, saliendo de mi cabeza, la voz que nunca he escuchado y que nunca para quieta.

Mi voz es voz de mujer, y no atiende a lealtades, sino a lo que da placer:  

Las caricias de los hijos. La marraqueta caliente. El perro que duerme al pie de mi cuerpo cuando escribo. El sol que seca la ropa. La caricia que es mirada, cargada de ternura,  cuando mi útero estalla.

Mi voz es voz.

Y es memoria.

Mi voz es futuro.

MiPuerta-agosto2018

Salvemos La Codosera. No a la mina de oro

Queridas gentes que me leen. 
 
Hace unos días escribía en El Salto Extremadura sobre el “boom” de la minería en mi región, Extremadura.
Debo reconocer que la motivación para escribir, se la debo a que en mi pueblo, La Codosera, hay un proyecto de investigación para explorar la posibilidad de una mina de oro, en una zona fronteriza con Portugal.
Ayer tuvimos una charla informativa, supongo que la primera de muchas, en la Casa de la Cultura. Tenemos preparadas alegaciones al proyecto, el plazo termina el día 13 de este mes… osea, el viernes.
 
¿Quieres ayudarnos a detener la mina? Puedes hacerlo presentar alegaciones desde tu lugar habitual.
Si estas en Extremadura mandarlas por la ventanilla de registro de tu ayuntamiento, si estas en cualquier lugar del mundo, puedes enviarlas por correo certificado a esta dirección:
 
Consejería de Economía e Infraestructuras de la Junta de Extremadura.-
Dirección General de Industria, Energía y Minas.-
Servicio de Ordenación Industrial, Energética y Minera.-
Avenida Miguel Fabra, 4 Polígono Industrial El Nevero .-
Badajoz.-
 
ENLACE  para descargar las alegaciones
 
Les quedaré eternamente agradecida

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