¿Es la maternidad posponer la propia vida?

Yo tenia quince años cuando decidí ser madre. Desde siempre había jugado con muñecas y mis muñecas eran siempre mujeres preocupadas por la infancia, tenia yo una Nacy negra guapísima que jugaba el rol de fiscal en un juzgado de menores. La vestía siempre con traje de chaqueta y le había hecho un maletín con una tela negra que le sobro a mi madre de un falda. Otras veces jugaba con mi bebé atado a la espalda a ser una wolof que plantaba arroz como la madre de Binta. En mis sueños infantiles yo siempre era madre, biológica o adoptiva, pero madre. También era una escritora de fama internacional, pero ese sueño era menos concreto. Yo escribía cuentos y nunca me imagine escribiendo novelas… quizás ahí estuvo el fallo.

El fracaso escolar y la prematura muerte de mi madre aceleraron mi decisión. No quería perder mi tiempo siendo algo que no quisiera ser, de modo que me centré en mi prioridad y tuve la fortuna de hacer realidad mis sueños. Dos hijos preciosos con los que compartir la vida, en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza (lo de la salud nos lo hemos ahorrado)… y ya está. Ellos han crecido y tal como debe suceder, tal como prometían esas teorías tan raras en las que se base mi modelo de crianza, ellos después del apego han emprendido el vuelo. Son grandes, son valientes, son sabios. Cada uno a su manera pues uno no tiene clones, uno tiene hijos y ese plurar es muy importante.

Reconozco que lo que me ha fallado sobre todo ha sido la transición, pasar de ser madre a ser persona independiente, pero creo que ya estoy del otro lado. Cada vez más mis propios sueños crecen, se multiplican, se vuelven imperiosos y a veces me sobrepasan, me asusta su fecundidad, y me asusta lo lejos que me llevan de la que he sido.

¿He pospuesto mi vida por la maternidad?…¿se puede hacer eso? No, no lo creo, ser madre ha sido una parte tan intensa de mi misma que hace dos años decía “he vivido ya lo mejor de mi vida”, pero si hoy escribo esto es porque he cambiado de opinión. Uno cambia de opinión cada dos por tres, eso es algo científicamente probado, de modo que acá estoy cercana a mis 47, la edad de mi madre al morir, con una vitalidad que se me sale por los poros, con una capacidad para disfrutar que no reconozco como mía. Enojada con lo que hacen los humanos en el mundo, pero no desesperanzada…. es tan extraño que no puedo ponerlo en palabras sensatas. Me indigno con las injusticias del mundo, me indigno y me enojo, pero no me angustio, ni me paralizo, ni me siento impotente.

Hablo con otras personas que me dicen “esto no tiene arreglo”, hablo con mi padre que me dice “sigues siendo una inmadura”, hablo pero no me contagio de su escepticismo, ni de su pesimismo. No es que este viviendo una segunda juventud, es que estoy en mi primera madurez, y la disfruto tanto como antes disfrute del hecho de ser una madre joven, una madre que se lanzaba con sus hijos entre las piernas por el tobogan, una madre que hacia teatro con sus chiquillos, una madre que se emocionaba al verlos enamorados o que lloraba al verlos entristecidos.

Ahora que la maternidad ha pasado a un segundo plano, de repente me crece la esperanza y estoy segura de que el mundo va a ir mejor. Lo sé pues cada vez conozco  ha más personas que usan su propio criterio para ordenar sus prioridades, y no es que esas gentes sean como yo, ni parecidas a mi, ni clones de la desobedicencia. No, son como mis hijos… el plural es importante.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s