Carta abierta a lxs ricxs y poderosxs (si es que existen)

Estimadxs todxs (sí, sí estimadxs):

Les escribo sin ninguna esperanza de que me lean, pues soy consciente de cuan poco les importo. No se preocupen, no me ofende, tampoco ustedes me importan a mí demasiado. Sin embargo, me siento en la obligación de escribirles ya que aunque yo personalmente no sea relevante en sus vidas, ustedes se han empeñado en interferir en la mía. Lo que resulta muy molesto.

Haciendo un esfuerzo puedo comprender su deseo de exclusividad en todo. No quieren que habiendo en el mundo siete mil millones de personas, puedan todas gozarse en vivir en casas inmensas de techos altos, conducir automóviles potentísimos, poseer obras de arte sólo para sus ojos y otras cosas similares. No los juzgo, aunque la suya me parece una actitud inmadura, no obstante miro a mi alrededor y hay muchas personas inmaduras a las que amo tiernamente, si nos conocemos no haré con ustedes una excepción.

Lo que no hago con las personas inmaduras que hay en mi vida, a las que amo tiernamente, es dejar que con sus rabietas, caprichos y chantajes gobiernen mi vida. Tampoco con ustedes haré una excepción.

Tanto como a ustedes les gusta la exclusividad, me gusta a mí la colectividad. Las casas confortables donde refugiarse del frío o el calor, donde abrir la puerta a amigos, vecinos y familiares, una por grupo familiar y sin abusar del medio ambiente. La buena comida, saludable y asequible, que no implique en su cultivo la muerte ni la miseria de nadie. La buena música, en directo, en un local abierto hasta el amanecer donde se entra y se sale sin más llave que el deseo personal de compartir. La lectura que gracias a la imprenta antes, y al formato digital ahora, se ha democratizado tanto que basta con saber leer para disfrutar del buen uso que algunas personas hacen de las palabras.

Creo firmemente que cada persona escoge su camino, y que es gracias al conocimiento del pasado que tenemos opciones para elegir el presente. Creo también en la libertad, lo que es una creencia absolutamente interesada, dado que yo quiero ser libre… de ir y de venir, de decidir a quien amar, en que trabajar o donde residir. Pero no quiero ser libre de abusar de lxs demás, creo yo que la libertad debe estar limitada por la fraternidad.

Uno de mis mayores placeres es tumbarme sobre la tierra, con el rostro hacia el sol y sentir su luz y su calor. ¿Pueden ustedes hacer leyes que lo prohíban?… quizás, no obstante y como les dije al principio comienzo a dudar de su existencia; más si en este juego de la fantasía colectiva ustedes, amantes de lo exclusivo, determinan que mi forma de vida es ilegal; yo que amo lo colectivo no atenderé a su capricho.

Ahora que las cosas están claras, me despido afectuosamente,

Carmen Ibarlucea

gorrión

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