La mística de la narración oral

Muchas veces me planteo dejar de contar cuentos. Sobre todo cuando los comentarios negativos llegan a mis oídos: “qué si no son cuentos para niñxs”, “qué si empleo demasiado tiempo”. Y es normal, cada cual tiene sus propias expectativas sobre lo que es una sesión de cuentos, y también yo tengo mis propias expectativas, que normalmente no se cumplen, sobre lo que debe suceder cuando compartimos cuentos.

Pero ayer estuve en Valverde de Llerena, con un grupo de 20 niñas y niños de entre 6 a 12 años, durante una hora y media… y fue, sin lugar a dudas, una de las mejores contadas de mi vida. Espero que no se equivoquen pensando que lo fue porque conté los cuentos que más me gusta contar, o porque me escuchaban en silencio, o porque el lugar era cómodo y con una sonoridad perfecta. Nada de eso era así, aunque agradezco enormemente al Ayuntamiento sus desvelos por convertir la biblioteca un un lugar acogedor.

Y aún así, todo fue perfecto porque sucedió algo que es la base de esto de ser narrador oral, nos comunicamos.

Ayer estaba tan bien, tan bien que me sentía transportada, transcendida pues todo fluía en la comunicación. Desde el comienzo, con la bienvenida y la charla sobre las imperfecciones del mundo, para pasar después a las observaciones cotidianas y desde ahí acceder a la narración como si fuera la consecuencia natural. Hablamos del tiempo, hablamos del lenguaje, hablamos de lo que nos hace humanos, de la amistad y del amor verdadero; nos reímos y lloramos; lo sé, lo he dicho ya, nos comunicamos.

No siempre narrar de viva voz es una experiencia mística, sin embargo no les niego que es eso lo que yo busco al exponerme públicamente ante desconocidos. La definición dice que es una experiencia difícil de alcanzar en que se llega al grado máximo de unión del alma humana con lo Sagrado durante la existencia terrenal, pero ¿qué es lo Sagrado? Yo creo que los sagrado son los Otros. Y a veces alcanzas esta unión perfecta en que se borra la frontera entre el yo y el tú, a veces eso sucede cuando cuentas cuentos.

Las niñas y los niños de Valverde de Llerena no tenían expectativas sobre lo que debe ser una sesión de cuentos, nadie les había dicho como es una cuentacuentos, como se viste o que debe contar, supongo que fue por eso que yo olvide mi miedo a no estar a la altura y simplemente me deje llevar. En nuestro mundo hipercomunicado no hay mucho espacio para la palabra desnuda de artificios, tampoco hay tiempo y sin embargo, los milagros suceden pese a nosotras mismas.

Después se abrió la puerta de la biblioteca, y el mundo volvió a ocultar su magia.

gregory-colbertGregory Colbert

 

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