La política y yo

Este es mi blog personal, mi blog de madre. Lo comencé cuando la maternidad activa me estaba abandonado, con un hijo de 15 y otro de 16 años. Hoy mis hijos tienen 21 y casi 23 años, y ya no son ni remotamente personas que precisen de mi. No es que no les gusta mi afecto, no es que no les gusten mis besos, no es que no disfruten estando conmigo a ratos, es simplemente que tiene sus propias preocupaciones, sus responsabilidades y han descubierto otras fuentes de felicidad y de dolor.

Estoy cumpliendo el plan que tracé hace más de veinticinco años. He sido una madre joven y ahora soy una mujer adulta que puede hacer de su capa un sayo… véase:

“En general este modismo se aplica a quien obra sin dar cuentas de su actuación a nadie. El sayo es un tipo de casaca de guerra, generalmente larga y sin ajustar, que usaron los galos, los romanos y los nobles de la Edad Media. Posteriormente se llamó muy a menudo sayo a cualquier tipo de vestimenta externa, sin distinción de forma, tamaño o material. Por tanto, el modismo alude en última instancia a la facultad y la libre atribución que todo el mundo tiene para transformar algo que es suyo en otra cosa (por ejemplo una capa o abrigo externo en un sayo o vestimenta interna), parezca lo que parezca tal decisión a los demás”.

Siempre me ha preocupado la política, tanto que fue mi principal razón para abandonar la televisión… ¡detesto que me mientan!… pero siempre pensé que no había un espacio para mi dentro del panorama político reglado, me gusta demasiado pensar por mi cuenta. Pensaba, por el contrario, que era suficiente, para mi, hacer política desde los movimientos sociales, desde mi profesión… creo que a nadie se le escapa que los cuentos están cargados de ideología y que lo que uno cuenta y como lo cuenta transmite una forma de estar en el mundo. Sin embargo, apareció equo y me enseño que existe la ecología política, algo que yo desconocía hace tres años y que ahora me parece que es tan necesario como respirar. Y aquí estoy, dando cuerpo a una entidad política donde ser mujer resulta tener un cierto peso, algo que me obliga a salir de mi misma y hacer cosas que no hubiera imaginado jamas. Es curioso, me he entregado a la causa de la ecología política, como me entregué a la maternidad.Con pasión.

Es curioso que mi sentido ecologista, que parecía mínimo, ya que no soy una persona que disfruté demasiado de los largos paseos por el campo o por el mar, ni sepa de aves, ni reconozca arboles y plantas, ha terminado siendo determinante en mi vida. Ese sentido de pertenencia al planeta que me cobija, esa sensación continua de deuda hacia su generosidad, esa responsabilidad que me llevo a no tener más que dos hijos, para no ser causa de sobre explotación, ha terminado por ser determinante en mi mediana edad (¿los cuarenta y tantos son eso, no?) más que la literatura o mi deseo de ser licenciada en algo, lo que sea.

De modo que aquí estoy, discalculica total, dejándome los ojos en tablas de excel con porcentajes y totales de votos emitidos. La vida es siempre sorprendente.

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