Lo creación de Matcihawatuk: Manapúe el hermano de los lobos.

En el tiempo en que el mundo era cielo y mar, Matcihawatuk hundió sus manos en el agua salada, y del fondo saco un puñado de tierra. Abrió sus manos y la tierra al caer formó islas. Con la tierra que quedó entre sus uñas, creó a dos mujeres.
Esas mujeres vivían juntas en una isla. Pero ese mundo de mar y cielo no estaba hecho para ellas, y sus corazones se fueron entristeciendo. Matcihawatuk conmovido por su pena, dejó caer su simiente que formó un lago en la isla. Una de las mujeres se bañó en aquel lago, disfrutando de un agua en calma por primera vez. Al salir sus labios sonreían, sus ojos sonreían y su vientre albergaba la vida.
Se tumbó en la orilla del mar, disfrutando del sol y del sonido del viento. Y fue entonces cuando abriendo las piernas , de sus entrañas nació el primer hombre Manapúe. Tras de él nacieron los ríos, las montañas, los árboles y las hierbas de todas las clases, las aves, los insectos, los lobos y las liebres, todo cuanto puebla la tierra nació aquel día de aquel vientre. Después ella, exhausta se durmió y en su sueño el brillo se sus ojos se convirtió en un brillo interior que la elevó hasta el cielo. Allí está desde entonces, ella es la estrella más brillante.
Manapúe creció en la isla al cuidado de su segunda madre, pero creció pronto y quiso saberlo todo. Partió entonces en pos de todo lo que habita la tierra, para conocer a todos sus hermanos. Y fue feliz, pero no para siempre.
Manapúe, un día, sintió que su pecho era pesado. Que dentro palpitaba una vida que no era tan perfecta como la vida que lo rodeaba. Tuvo miedo, pero quiso también adentrarse en aquel otro mundo, el mundo que lo habitaba a él. Buscó entonces a quien pudiera acompañarlo en esa búsqueda a la que no se atrevía a ir solo y vagó por el mundo buscando hasta encontrar a los lobos.
Su vida con los lobos fue perfecta. Jugar juntos, cazar juntos, dormir juntos, ser muchos y ser uno. No estar solo. Pero había entre los lobos un pequeño, un cachorro que era capaz de mirar a los ojos de Manapúe, eran inseparables. Siempre se elegían el uno al otro entre todos los demás. A veces se alejaban del resto para disfrutar de ese mirarse a los ojos que era algo que solamente les gustaba a ellos.
Un día, un dios envidioso de aquel amor perfecto atrapó al joven lobo en un lago de hielo, y tirando de él hacia las profundidades lo alejó para siempre de Manapúe, para que viviera con él en el fondo marino. Manapúe conoció entonces el verdadero dolor, las noches sin sueña y el llanto que no cesa. Conoció el recuerdo y la esperanza. Dicen que nunca dejó de buscar a su hermano, el lobo y dicen que fue así como el primer hombre, llegó a convertirse en humano.

"Joy", a  Grey Wolf or Lobo Mexicano, feeds one of her five one-month-old cubs at Mexico City's zoo Monday June 10, 2002. For the first time in 28 years this species in danger of extinction, Canis Lupus Baileyi, has reproduced five cubs in captivity.(AP Photo/Jose Luis Magana)

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