Grecia entre la depresión y la esperanza

Apenas un mes después de escuchar alto y claro el NO del pueblo griego, la adopción del tercer Memorandum cambió drásticamente el panorama político. Sorpresivamente y pese al apoyo del pueblo griego y de muchos pueblos del mundo, vimos como Syriza aceptaba unas condiciones durísimas para la economía de la nación, para la economía del día a día, pero también para sus posibilidades de futuro.
No obstante, cuando una llega a Grecia desde España se siente como en casa. El taxista que nos recibe con una sonrisa y una amena charla nos cuenta que en su casa son cuatro personas adultas, pero que sólo el tienen un trabajo legal como autónomo, que su hija es enfermera en paro y que su hijo de 26 años hace trabajillos en la economía sumergida y con eso salen adelante.
En la gasolinera el combustible se ofrece al mismo precio que en España. En el supermercado hay de todo y la única diferencia apreciable que encontramos es que allí el yogurt esta más bueno.En los restaurantes para turistas puedes pagar con tarjeta y el zumo de naranja cuesta 4€. Hay gente durmiendo en las calles y buscando comida en la basura, como aquí. Hay comedores populares y movimientos sociales fortalecidos, como aquí. Lo único que me llama la atención es que la gente cree que en España estamos mejor que ellos.
En la calle nos dicen que, según las encuestas, Syriza es el partido ganador, pese a que la gente por la calle no deja de repetirnos como un mantra “todos son iguales” y empatizamos perfectamente con ese desencanto, porque también al otro lado del mediterráneo nos hemos sentido traicionados. Finalmente logramos hablar con un compañero del Partido Verde, y nos cuenta que ha surgido una propuesta, nacida desde la misma Syriza por parte de las personas desilusionadas con Tsipras, que llaman Unidad Popular. ¿Unidad Popular en Grecia? Las encuestas le pronostican un 8% de votos. Todo lo que nos cuentan sobre la Unidad Popular suena a confluencia, hay gente de movimientos, gente independiente, gente de partidos, diferentes procedencias que se centran en lo urgente, más democracia, más real.
Y ahora, viendo que en Grecia vivir es tan caro como en España, nos duele más la reducción de las pensiones mínimas hasta esos 393€. Entendemos que la necesidad es real, porque uno de los taxistas que nos acoge, pero con el que no podemos hablar porque su inglés es nulo, ese taxista que conduce como un veinteñero imprudente, tiene setenta años.
Cuando emprendí mi viaje a muchas personas, en broma decían “¿no te da miedo?” Debo reconocer que era una inconsciente, pero ahora sí estoy asustada. No porque exista violencia o porque se radicalicen las posturas, sino por las consecuencias de unos recortes que me son familiares. No sé que votará la ciudadanía griega el próximo domingo, pero aunque parezca que la nueva política va con lentitud, mucha gente conserva la esperanza de que las cosas por fin cambien.

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