Lulú y mi papá

Portada-Lulú

Quiero presentarles a Lulú, es una hermosa perrita pitbull que protagoniza un cuento de amor entre terricolas

Tiene prólogo de Virginia Iniesta, lo que es un gran honor para mi, porque ella es una de las defensoras de los derechos de los animales

PRÓLOGO – LULÚ Y MI PAPÁ

Cuando aún era un bebé, montada en la sillita de paseo, mis padres se sorprendían cada vez que nos cruzábamos con un perro por la calle: parece que mi sonrisa de entusiasmo era digna de ver. Más tarde, al empezar a dar los primeros pasos, mis sufridos progenitores tenían que vigilarme de cerca porque intentaba abrazar a cualquier perro que veía en mi camino, sin importarme lo grande que éste fuera. Tanto adoraba a los animales que el chupete -mi tesoro más preciado y querido, con el que dormía cada noche- se lo regalé a otro can porque le oí llorar, y claro, en mi lógico e inocente pensamiento de niña, el chupete era lo mejor para calmar el llanto. Para asombro de mi familia, en el momento que supe articular mis primeras palabras dije que de mayor quería ser “doctora para los animales”. Era tan pequeña que aún no conocía la palabra veterinaria. Desde entonces hasta hoy, mi vida ha girado en torno a los animales; no he dejado de convivir con ellos (para mi gran suerte y felicidad) y me he dedicado, en la medida de mis posibilidades, a lo que creo que les debemos por justicia: el reconocimiento de sus derechos.

Las personas de mi entorno cercano siempre se preguntaron de dónde surgía aquella inagotable fuente de amor y admiración mía hacia todos los animales. Yo ahora sé que es algo innato, pues casi todos nosotros tenemos al nacer, en mayor o menor medida, interés, curiosidad y simpatía por los seres de otras especies. Si ese sentimiento es fomentado y compartido en el ambiente que le rodea, el niño o la niña en cuestión aprenderá a ser, de manera natural, un adulto consciente y respetuoso no solo con las demás formas de vida, sino también con sus semejantes. Y el precioso relato que tienes en tus manos constituye, sin duda, uno de los mejores antídotos para eliminar de raíz el germen del maltrato animal, vergüenza endémica en nuestro país, y para sembrar en los más pequeños la semilla de valores tan maravillosos como la empatía, la consideración, el respeto, el sentido de la responsabilidad o el civismo.

Pero no solo eso. Este cuento también nos muestra a los adultos algunas realidades que deberían estar socialmente asumidas pero que, desgraciadamente, aún no lo están, como el terrible drama del abandono, la estigmatización de los errónea e injustamente llamados “perros potencialmente peligrosos” y la importancia de la adopción para dar una segunda oportunidad a tantos y tantos corazones de cuatro patas que buscan un hogar donde ser aceptados, queridos y respetados como merecen.

El relato que ahora vas a leer derrocha ternura por todos los poros, y se nota que su autora ha disfrutado contándolo: el cariño que desprenden sus palabras la “delatan”. Es un cuento que debería ser narrado a todos los niños y niñas, pero que también todos los adultos deberían conocer. No se puede contagiar más optimismo, paz, buena energía y principios éticos en menos palabras. Un auténtico regalo.

Disfrutadlo y hacedle un huequito en vuestros corazones.

prólogo

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