Hacia el 8 de marzo con los hombres que amo

Este 8 de marzo será diferente a todos los que he vivido antes. No sé muy bien como sucedió que llegamos a transformar un día para reivindicar la igualdad en un día para felicitaciones y flores, pero es lo que sucedió. Este año eso no va a ser así.

Sin embargo, el trabajo por la igualdad entre las personas no es algo de un día al año, ni de dos, ni de tres. Es un trabajo constante que va sucediendo cada instante, entre los cuestionamientos diarios, las dudas y los desencuentros.

Durante mi infancia lectora no entendía la diferencia de género, quería ser escritora y lo terminaba en A porque me decían que era lo que concordaba con ser una niñA. Es cierto que la lectura me estaba aleccionando sobre lo que es y lo que no es correcto, pero mi ideal de persona era Josephine March, alguien que cree en sí misma, alguien que sabe lo que quiere en la vida, alguien lo bastante generosa para saber renunciar a lo que ama por hacer feliz a otra persona (su hermana), alguien que puede emprender un viaje sola, salir adelante con el esfuerzo de su trabajo y poner su vida al servicio de un bien mayor, en su caso la educación de la infancia… y también alguien con mal genio que debe aprender a controlar su ira. Sí, así soy yo, y creo que es una descripción que sirve para muchas personas en este mundo más allá de su sexo.

Me ha costado muchos años, más de 45, pensar en mí como mujer. Aunque he tenido muy claro que no iba a relacionarme íntimamente con hombres que pensaran en mí como mujer exclusivamente (soy heterosexual y me gusta, pero el juego sexual no lo es todo en la vida), por eso elegí para compartir la vida a personas con las que puedo conversar largamente, compartir malos momentos y también el sentido del humor. Con una de esas personas, además tuve dos hijos sin que a ninguno de los dos nos importara ni el género, ni el sexo de nuestros retoños.

Y aquí estamos. Todo lo que pide esta huelga del 8 de marzo sucede en nuestra casa y en nuestra familia cada día. Recuerdo que mis hijos allá por sus 8 y 9 años empezaron a prepararme la comida en los momentos de trabajo intenso, para que yo pudiera terminar de redactar los proyectos que nos iban a financiar la comida, el alquiler y los gastos generales. Recuerdo que cuando estaban enfermos llamaban a papá porque era él quien sabía calmar su dolor. Recuerdo que pedían con la misma ilusión la peluquería de PlayDoh y el Halcón Milenario, en la misma Navidad y en la misma carta. Peluqueria-de-play-doh

Siempre he sabido que mis hijos me respetan, aunque no estén de acuerdo conmigo en todo. Y siempre los he respetado desde antes de nacer, aunque no siempre estoy de acuerdo en todo con ellos.

Y escribo esta entrada para que se entienda, que  apoyo esta huelga y lo hago consciente de que hemos dado pasos, pero consciente también de que no son suficientes. Que esta huelga no es por mí (no solo), es por todas mis compañeras, pero también por todos mis compañeros.

Hace unos años (más de 10), conversando con El Chojin, me contaba con tristeza que en el país de su padre, Guinea Ecuatorial, las mujeres comen con los niños y niñas, y los hombres comen solos y son servidos. Recuerdo la profunda tristeza que sentí por esos hombres. Si el poder patriarcal te arranca de la alegría de compartir… ¿para que mierda lo quieres?

Siempre lo he dicho, el patriarcado, y más aún el heteropatriarcado golpea fuerte a quien quiere despojar de dignidad (sin olvidar que la dignidad es inherente a la persona y no se puede perder, aunque te la quieran arrebatar), pero también golpea a quien privilegia. Es un sistema perfectamente perverso.

Muchas personas, sin importar el sexo o el género hemos abierto los ojos a esta realidad, pero lamentablemente millones de personas siguen aferradas a un paradigma cultural que les da seguridad aunque las suma en la infelicidad. No obstante, generalizar siempre es injusto y es por eso que escribo a los hombres de mi vida, que más que hombres son personas. Personas capaces de cuidar y de cuidarse. Capaces de hacer cada día, sin que sea necesaria una fecha señalada, las labores que son imprescindibles para la vida:  cocinar, hacer la compra, decorar la casa, limpiarla si hace falta (que tampoco hay que obsesionarse), cuidar de quien este enfermo o triste.

Vivimos un tiempo confuso y a dos ritmos, una minoría vivimos encaminadas hacia el futuro que deseamos y una mayoría vive atada a unos roles que nada tienen que ver con sus capacidades personales.

Pienso en mi suegra, a la que amo tanto, y que nunca se va a jubilar. Ella nunca va a dejar de trabajar cuidando, cocinando, comprando, limpiando… la sociedad no reconoce su contribución al sostenimiento del sistema y no le va a pagar una pensión, ni unas vacaciones, ni siquiera un día de fiesta. Pienso que es injusto, porque yo que tampoco me quiero jubilar, espero escribir aunque sea dictando, como hacía Galdós en sus últimos años, y los días que no me apetece puedo no hacer nada.  Y es que hay trabajos que son imprescindibles cada día y hay trabajos que son imprescindibles en general.

Dedico esta entrada a mis hijos que han recibido una educación que espero les sirva para no encorsetarse, al menos esa era nuestra intención,  mis hijos llevan haciendo su parte por la igualdad desde que tienen uso de razón. Los hemos educado en la firme creencia de que la libertad de ser quienes quieran ser los hará más felices, o al menos, les dará más oportunidades para serlo.

NOTA: sobre el término “mixto” quiero decir algo. Es un termino segregacionista. Es un termino usado para señalar la diferencia. Si el feminismo busca la igualdad no debería usar el mismo término que usaba la sociedad racista y sexista para separar a las personas blancas de las negras, a las niñas de los niños en las escuelas católicas, por ejemplo, indicando “mixto” para señalar que se aceptaba a personas de cualquier color de piel u origen étnico, o que se juntaban niñas y niños, pese a que se consideraba que eran esencialmente diferentes. El feminismo, como no nos cansamos de decir, busca que las personas seamos iguales en la diferencia y creo que debemos ser más creativas en nuestra forma de organizarnos y relacionarnos.

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