Lobo sí, y lobo también

Comenzaré con unos versos, para ponerlo fácil.

La luna me ha dicho,

que os cuente esto:
La tierra es de todos,
también de los lobos.

(Fragmento del poema aparecido en la Revista Gallipata nº7 )

Manifestación a favor del lobo en Andalucía el próximo 16 de octubre, Sevilla.

El próximo 16 de octubre habrá manifestación a favor del lobo, esta vez no será en Madrid, como las anteriores, sino en Sevilla y el lema de la convocatoria es claro, “por el regreso del lobo a Andalucía”. Y es que aunque el lobo es especie protegida en esta comunidad autónoma desde 1986, desde 2012 no hay ni rastro de lobos en la región.

Lo que demuestra que legislar es un gran paso, como el que se ha dado el pasado 21 de septiembre pero no es suficiente, y es nuestra obligación seguir organizandonos y saliendo a la calle para hacer pensar al resto. Y tenemos que seguir argumentando con datos en la mano, para cambiar mentalidades neolíticas que nos acompañan desde hace diez mil años.

Un dato anecdótico, pero a mi entender significativo. En 2018, en el Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba, se llevo a pleno y se aprobó (con el voto a favor de PP e IU) prohibir que se utilizase el nombre del municipio con cualquier actividad asociada al programa LIFE-nature «El lobo en Andalucía: Cambiando actitudes». Sí, lo han leído bien políticos en ejercicio oponiéndose a las obligaciones legales del Estado español, miembro de la Unión Europea, y beneficiario de múltiples ayudas, pero por lo mismo obligado al cumplimiento de las normativas comunitarias, en este caso de la Directiva Hábitats que implica la obligación legal de garantizar el estado de conservación favorable de la especie Canis lupus signatus.

Es llamativa esta lucha en el interior de la sociedad humana, entre quienes aman la naturaleza y quienes viven de ella. Un diálogo donde la dialéctica parece no tener cabida.

Y es que la agricultura y la ganadería de la edad contemporanea parecen empeñadas en alejarse de la naturaleza, aplicando un control racional que a todas luces, y con los datos en la mano, va en contra de su propia viabilidad a largo plazo. Estamos mordiendo la mano que nos da de comer.

Es triste comprobar que en esta época de alfabetización absoluta, con acceso a la educación casi total, y teniendo formación interdisciplinar en el sistema educativo, nos cueste tanto entender lo básico de la interdependencia y la ecodependencia.

Soy bisnieta de un cestero. Una parte de mí proviene de una aldea asturiana donde la mayoría de las familias se sustentaba con la fabricación de cestas de castaño que vendían ambulantemente en el norte de Castilla. Me gusta contarlo porque es una profesión extinta que nadie llora, lo que demuestra la importancia relativa de las cosas. Obviamente no había un lobby económico detrás de los cesteros asturianos, y su desaparición no ha sido motivo de berrinches mediáticos. Se fueron los cesteros, silenciosamente, como los lobos. Víctimas los unos y los otros de la productividad enloquecida y de la egolatría posmoderna.

Por mucho que se explique que el lobo es una especie clave en la conservación y la buena salud de los ecosistemas, y que la buena salud de los ecosistemas es crucial para todas las vidas, también para la nuestra.

Por mucho que se explique que el lobo es un animal gregario, como el ser humano, y que al deshacer una manada lo que se consigue es tener individuos inadaptados y temerosos que al volverse vulnerables, menos capaces de cazar herbívoros silvestres, y por lo tanto más proclives a acercarse a la facilidad que ofrece la caza del herbívoro de rebaño. Por mucho que se explique, parece que aún no logramos hacernos comprender.

Por mucho que se explique, el agua se mantiene más limpia donde hay lobos, porque los lobos logran que las manadas de herbívoros no acudan a beber siempre a los mismos puntos, y mantiene el control poblacional, lo que permitiendo que la vegetación ribereña se mantenga y haga su labor de filtro natural, y la sombra de los árboles regule la temperatura del agua permitiendo mayor diversidad de la fauna acuática, lo que hace del lobo un aliado ante la emergencia climática. Parece que aún no logramos hacernos comprender.

Y si esto no fuera suficiente, qué decir de la deuda de gratitud que tenemos al menos desde hace 36.000 años, cuando algunos lobos mutaron en perros y cambiaron el apego hacia su manada, por el apego hacia el ser humano.

Ojalá la manifestación de Sevilla sea tan multitudinaria como lo fueron las de Madrid e incluso más, porque será un gran apoyo a la nueva Ley estatal, será una demostración de cordura y creo que ayudará a hacer pensar a muchas personas. Y quiero recordarles que solemos decir que pensar es lo nuestro.

Seamos realistas, hace mucho tiempo que el lobo ya no es feroz, el lobo es nuestra víctima, y hemos tenido que incluirlo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. Cambiemos el cuento, re-eduquémonos por nuestro propio bien.

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