Carmen Ibarlucea

escritora, narradora oral, ecofeminista antiespecista

Adiós a Ecologistas en acción 

Ser ecologista es mucho más que cuidar del medioambiente, y ser de ecologistas en acción, conlleva además ser parte de una ideología comprometida con la justicia social, ya que se considera que al igual que los ecosistemas, las sociedades humanas son una unidad en la diversidad, un principio que permite alcanzar estabilidad a los ecosistemas y a las sociedades. 

La ecología social es una escuela filosófica que propone organizar la sociedad, tal como se organizan los ecosistemas, que no necesitan de autoridad, ni estrategia para autorregularse, sino que funcionan ajustándose a la realidad del momento. Eso significa que la naturaleza se autorregula y de igual forma pueden organizarse los humanos, que producen los problemas ambientales sólo cuando introducen procesos autoritarios en sus sociedades.

Toda esta hermosa teoría puede ser también despiadada si las personas que la gestionamos no ponemos los medios para solucionar los conflictos. Cuando el desamor hace mella en nuestros corazones, y también cuando lo urgente quita tiempo a lo importante. 

Yo sé que lo importante no es ser parte de una organización, organizaciones hay muchas, lo importante es ser ecologista, para salvar nuestro planeta, y ser amorosas para salvarnos juntas. 

Hace años que vengo arrastrando un conflicto humanos dentro de la organización. Hace tiempo que me siento como un cáncer que debe ser extirpado y que se resiste a morir. Si me preguntan la razón por la que la organización me rechaza, sinceramente no puedo decirles cual es el problema que ven en mi, lo que si les puedo decir es que el dolor que se siente al ser rechazada de manera continuada es mucho, y que en bien de la autorregulación es mejor decir adiós. 

Agradezco a Ecologistas en acción los buenos ratos que he pasado en sus asambleas, sobre todo las largas noches de baile; agradezco lo muchísimo que he aprendido de las personas que componen la organización y que la nutren con su sabiduría diversa. Agradezco el espacio en su revista Ecologista, y sobre todo agradezco las amigas que he hecho y que van a permanecer en mi vida para siempre.

Pero creo que ninguna organización, por mucho que nos enseñe, compensa el dolor del desamor de las personas con las que debes trabajar día a día. Siempre he sabido que en un estilo de vida más apegado a la naturaleza, hubiera sido presa fácil para el depredador, no soy en ningún caso una persona capaz de sobrellevar el conflicto. 

Considero que una organización se hace fuerte cuando es capaz de mirar de frente sus problemas, también sus problemas entre las personas que la componen. Cuando articula estrategias y herramientas para afrontar tanto sus dificultades organizativas, como relacionales. 

Como suele decir Jane Goodall, “ni todos los chimpancés me caen bien, ni todos los humanos me caen mal”, y haciendo caso a la analogía, me gustaría que los seres humanos fuéramos más bonobos y menos Pan troglodytes.

Indudablemente con esta despedida yo pierdo más que Ecologistas en acción, por lo que no es relevante mi despedida, y no busca hacer reflexionar, ni provocar dolor, pero sí es un mensaje a las personas que deseaban mi marcha, para que les quede claro que lo han conseguido. Ustedes ganan, yo me voy. 

 

El lobo gris

Hubo una vez un jardín maravilloso, en cuyo centro crecía un manzano majestuoso, cuyos frutos eran dorados como los rayos del sol. Aquel jardín era el mayor tesoro del rey y el manzano mágico era su mejor amigo.

 Cada día el manzano pasaba por las cuatro estaciones, y daba flores y daba frutos dentro del diario ciclo solar, haciendo que el corazón de quien lo contemplaba se regocijará de alegría. Por eso el rey lo amaba, y a su sombra siempre encontraba la tranquilidad y el equilibro necesario para tomar las mejores decisiones.

 Pero, como suele suceder, siempre hay un momento en que la perfecta felicidad se rompe, y también eso sucedió en aquel jardín. Ante la sorpresa del rey, una mañana las perfectas y doradas manzanas aparecieron picoteadas. Y al día siguiente, y al otro también. La inquietud del rey, que consideraba aquel árbol como un elemento sagrado, fue creciendo y quiso saber quién era el atrevido animal que osaba comerse las manzanas mágicas.

 El rey tenía tres hijos, cada cual diferente, por lo que cada uno lo amaba a su manera. El más pequeño era una de esas personas que observan, escuchan y piensan en como ayudar, por eso fue él quien se dio cuenta de la preocupación de su padre y llamó a sus hermanos para hablarles de lo que sucedía. Los tres hermanos estuvieron de acuerdo en que había que hacer algo para desenmascarar al ave que se estaba comiendo las manzanas doradas y así devolver la paz al monarca.

 Sin decirle nada al rey se pusieron de acuerdo para vigilar el manzano durante la noche.

 La primera noche hizo guardia el hijo mayor, un joven alegre y divertido, que pasaba el día en amorosas conversaciones porque estaba en esa edad. Para pasar mejor las horas bajo las ramas del árbol, se preparó una cesta llena de sabroso manjares y deliciosos zumos de frutas. Entre los pasteles salados y dulces, y la dulzura de las frutas el joven sin apenas darse cuenta, se quedó dormido. Al despertar, a la mañana siguiente observó con dolor que las manzanas habían vuelto a ser mordisqueadas. 

 La segunda noche hizo guardia el hijo mediano, que al contrario que su hermano mayor, era un joven al que le gustaba la reflexión tranquila en compañía de un buen libro. El joven se sentó bajo el árbol, pero encontró que la compañía de los insectos era inquietante y el sonido de las hojas mecidas por el viento no lo dejaban concentrarse. Fue por eso que decidió vigilar desde la ventana de su dormitorio, que daba al jardín, y así sin distracciones observarlo. Pero la larga noche, con su suave brisa, hizo que el muchacho, recostado en la ventana se quedará dormido. Al despertar con el aire frío de la madrugada el delito ya se había cometido. Las manzanas aparecían mordidas de nuevo sin que pudiera saberse quién había sido.

 La tercera noche la guardia tenía que hacerla el hermano menor. Recién estaba saliendo de la adolescencia y tenía fresco en la memoria el recuerdo de las horas pasadas jugando entre las ramas del árbol. Fue por eso que comenzó la vigilia trepando hasta la rama más alta, y desde allí dominaba todo el jardín y sus senderos. La vista le llegaba hasta las murallas y más allá podía ver los bosques que rodeaban el castillo. Cuando el sueño hizo mella en él, y sintió que perdía el equilibrio bajó a tierra y se mojo la cara con el agua helada de la fuente, así logró mantenerse despierto. Y estaba allí, cerca del árbol en medio de la noche oscura, cuando vio que el cielo se iluminaba por una llama que trazaba un camino desde los bosques lejanos, y con gran sorpresa vio posarse en las ramas un pájaro de fuego, con las plumas de oro.

 El joven príncipe, sin pensarlo dos veces, lanzó contra el ave un piedra que encontró en el suelo, y la piedra, dándole al ave en la cola, hizo caer una de sus plumas, mientras el pájaro emprendía el vuelo de regreso.

 Esa misma mañana el joven príncipe reunió a su padre y a sus hermanos y les hizo saber lo que había descubierto, mostrandoles la hermosa pluma dorada que el ave había dejado en su huida. El joven, emocionado, no dejaba de manifestar su admiración ante la belleza del ave que era capaz de iluminar la noche. 

 Quizás el joven príncipe pensaba que su padre quedaría tranquilo al saber que compartía su tesoro con un ser tan hermoso, pero lejos de eso, el rey deseó que también el pájaro viviera en su jardín.

– ya que va a comerse las manzanas, que al menos podamos disfrutar de su compañía. Por eso hijos míos, quiero que salgáis a buscarlo.

 Los tres jóvenes se miraron, dudando si era realmente razonable la petición del rey, pero viendo en los ojos de su padre que había encontrado una forma de consuelo ante la pérdida de sus preciadas manzanas, estuvieron conformes y comenzaron los preparativos para el viaje.

 Después de estudiar detenidamente los mapas de su reino y los reinos vecinos, se aprestaron a preparar un equipaje correcto. Los dos hermanos mayores hicieron los preparativos siguiendo al pie de la letra lo que decían los manuales. Primero llevar armaduras que los protegieran de posibles ataques, segundo llevar caballos fuertes y veloces, tercero llevar dos pajes que se encargaran de montar las tiendas y preparar la comida, cuarto llevar un carro con reservas de alimentos que iban a necesitar durante dos semanas. Ello esperaban que al cabo de dos semanas ya estarían de regreso con el ave cautiva, a fin de cuentas no podía ser tan difícil darle caza.

 El pequeño se dirigió a la biblioteca en busca de libros que le ayudarán a comprender la naturaleza del pájaro de fuego y que le hablaran de los lugares donde había sido visto alguna vez. Había crecido en aquella biblioteca, y sabía que siempre hay alguien que ha escrito un libro sobre cualquier cosa en la que queremos iniciarnos. Una vez que asimilo aquellos datos se dio cuenta de que lo que más necesitaba era ser discreto. Por eso partió del palacio de su padre vestido con cómodas ropas de aldeano y llevando apenas comida para un día.

 Sus hermanos habían decidido afrontar juntos la tarea de capturar al ave, y no habían querido entretenerse en estudios preliminares. Guiados por los mapas, seguían los caminos que habían sido previamente trazados por los ingenieros, caminos por los que circulaban los mercaderes, y de ese modo iban preguntando a las gentes que se cruzaban para ver si lograban dar con el pájaro de fuego.

 Días después el hermano menor, al emprender su viaje se alejó de los caminos prefijados. En los libros había leído que el pájaro de fuego es tímido y por eso no le gusta aparecer de día, cuando cualquiera puede verlo. Prefería la vida retirada en medio de los bosques, donde el paso se hace casi inaccesibles a los humanos. Fue por eso que nada más abandonar el palacio, en lugar de cabalgar por la carretera real, él se adentro por el bosque que separaba el reino de su padre, del reino vecino. Fue en ese bosque donde comenzó la verdadera historia.

 Caminaba despacio por el bosque, observando el suelo y el cielo, y fue así como descubrió la gran piedra que tenía talladas unas extrañas palabras, decía: “Quien vaya hacia adelante sufrirá hambre y frío. Quien vaya a la izquierda vivirá, pero ira sin caballo. Quien vaya hacia la derecha morirá.”

Al leer aquello, el joven príncipe alegro inmensamente de ir solo, cargando sobre sus propios hombros el equipaje.   Y se adentro en el bosque por el lado izquierdo de la piedra. Según iba andando, el bosque se volvía cada vez más espeso, lo que incrementaba la penumbra y su sensación de miedo. Sí, el joven príncipe estaba asustado. Aunque el grabado en la piedra decía “vivirá” no especifica que pruebas debería afrontar, que desafíos tenía que asumir y se preguntaba ¿hasta donde alcanzara su valor?

 Sin embargo nada sucedía, salvo que las horas pasaban y él comenzaba a sentirse muy cansado y hambriento. El bosque cada vez más cerrado por las zarzas le iba desgarrando las ropas y las manos. Y al llegar la noche no le quedó más remedio que trepara a la fuerte rama de un árbol para poder dormir, porque en el suelo era imposible encontrar acomodo. Se acordó entonces de la seguridad del palacio de su padre, se acordó de sus hermanos que habían partido juntos, con sus pajes y comida para dos semanas, y lloró.

 – lo hago todo mal, se dijo entre sollozos. Siempre debo ser quien se empeña en hacer las cosas según mi propio criterio y terminó solo en medio de un bosque hostil.

Lo curioso es que sus palabras fueron respondidas desde el suelo. Una voz grave, de persona experimentada y segura de si misma, le dijo:

 – no pienses en eso ahora, este es el momento de descansar. Mañana, cuando el sol nos acompañe, yo te llevaré a donde quieres ir.

 El muchacho no se atrevió a decir nada más. En la oscuridad no era capaz de vislumbrar quien le hablaba, pero se imaginó a un anciano venerable, alguien en cuya sabiduría se puede confiar. Y así reconfortado por la compañía y por la promesa se quedó dormido.

 Al amanecer, los rayos del sol jugando entre las ramas lo despertaron. Abrió los ojos y recordó donde estaba, recordó quien era y cuál era su tarea. Entonces miró hacia abajo, en busca del anciano de voz profunda, pero unos ojos de miel lo miraban atentos desde la base del árbol. Un gran lobo gris vigilaba su sueño.

 – No temas, exclamó el lobo que podía leer el miedo en los ojos de muchacho. No temas, has elegido bien, estoy aquí para ayudarte. Súbete a mi lomo y te llevare al lugar donde habita el pájaro de fuego.

 Y el joven príncipe, con una mezcla de miedo y confianza, bajo de la rama que lo había acunado durante la noche y extendió su mano para acariciar el pelo fuerte y gris de aquel lobo parlanchin.

 Ya en su lomo, corriendo a una velocidad inimaginable, entre los árboles de un bosque que ya no parecía tan cerrado, ni tan oscuro. El lobo le contaba al príncipe lo mucho que había disfrutado viéndolos crecer. Le contaba que él solía asomarse al linde del bosque y desde allí seguía la vida en la ciudad y la vida en el palacio. Le contó cómo había ayudado a su abuelo hacía muchos, muchos años y de cómo el padre del rey había grabado las palabras en la piedra para ayudar a los viajeros que por propia voluntad, o por error, entraban en el bosque.

 En un tiempo que al joven le pareció un segundo, habían salido del bosque y estaban en un reino desconocido. Junto a un castillo rodeado de una impresionante muralla, pero allí donde habían parado se podía ver una grieta que abría el muro y permita el paso de una persona lo bastante delgada como para soportar la estrechez.

 – Al otro lado de este muro hay un hermoso jardín, en su centro hay una jaula de oro y dentro de ella está el pájaro de fuego. Llega hasta allí con cuidado, abre la jaula y el pájaro se posara en tu hombro. No temas nada y regresa hasta aquí. Pero, y esto es muy importante, no traigas la jaula.

 El joven príncipe hizo tal como su amigo el lobo gris le había indicado. Entró sigiloso en el jardín, abrió la jaula y el ave se posó en su hombro, pero… mientras caminaba hacia el muro pensó “Sin jaula no podré asegurarme de que el pájaro volverá conmigo a casa de mi padre” y se dio la vuelta y levantó la jaula del suelo. Inmediatamente todas las alarmas saltaron, el jardín se iluminó y los guardias aparecieron en las puertas y ventanas. El joven dejó caer la jaula y corría y corría cada vez más acelerado buscando la salida, pero fue cercado y llevado a prisión.

 Al día siguiente el rey de aquel país lo llamó a su presencia para juzgarlo. El joven temblaba de miedo, y al estar delante del rey soportó la humillación de ser juzgado como ladrón, a fin de cuentas era cierto que había entrado a robar. Más para su sorpresa, el rey no lo condenó a prisión sino que condiciono su libertad a la condición de cometer otro delito.

 – Cerca de aquí, en el reino vecino hay un caballo capaz de galopar más rápido que el viento. Siempre he querido tenerlo en mis cuadras, pero el rey de ese país se niega a vendérmelo. Quiero que lo traigas para mi. Cuando yo tenga el caballo, te entregaré el pájaro que tanto desea tu padre y serás libre.

 Y fue así como el joven se encontró de nuevo al otro lado de la muralla, esperando al lobo que había demostrado ser más sabio que él.

 Cuando  el lobo escuchó el nuevo encargo, le dijo: “No te angusties. Yo sé donde habita ese caballo y sé cómo lograr que venga contigo, pero esta vez debes hacerme caso”

De nuevo el joven se subió en el lomo del lobo y ambos corrieron a una velocidad inimaginable, saltando sobre ríos y escalando montañas. Y así llegaron a un castillo amurallado, rodeado por torres de vigilancia y en cuyo patio estaban las cuadras donde vivía el caballo  capaz de galopar más rápido que el viento.

 El lobo buscó una forma de entrar, pronto encontró un roca que permitía escalar la muralla y acceder al patio.

 – Al otro lado de este muro, atravesando un patio y adosada al muro esta la cuadra donde guardan al caballo veloz. Camina hasta allí en absoluto silencio, quítate los zapatos para no hacer ningún ruido, y no temas nada. Cuando entres en la cuadra sólo debes abrir la puerta y pedirle al caballo que te siga, juntos llegaréis a la puerta de la muralla y se abrirá para que salgáis. Pero, y esto es muy importante, junto al caballo hay una brida de oro… ¡no se la pongas!

 El joven príncipe hizo tal como su amigo el lobo gris le había indicado. Entró sigiloso en el patio del castillo, llegó hasta la cuadra. Abrió la puerta al caballo y le pidió con un susurro que lo siguiera. Juntos, el joven y el caballo, comenzaron a atravesar el patio en silencio… pero entonces pensó “Sin brida no podré estar seguro de que el caballo viene conmigo” y se dio la vuelta y tomó la brida. Inmediatamente el caballo se encabritó y comenzó a relinchar, los guardias aparecieron por todas partes y el joven montando sobre el caballo atravesó el patio en menos de lo que dura un suspiro, pero la puerta estaba cerrada, por lo que fue cercado y llevado a prisión.

 Al día siguiente el rey de aquel país lo llamó a su presencia para juzgarlo. El joven temblaba de miedo, y al estar delante del rey soportó la humillación de ser juzgado como ladrón, a fin de cuentas era cierto que había entrado a robar. Le explico punto por punto como había comenzado aquella loca aventura y para su sorpresa, el rey no lo condenó a prisión sino que condiciono su libertad a la condición de cometer otro delito.

 – Cerca de aquí, en el reino vecino vive una joven muy hermosa. La más hermosa que puedan ver unos ojos. Es mi deseo casarme con ella y que sea la señora de mi reino, pero ella está prisionera de un ogro malvadisimo que la tiene encerrada en su castillo. Quiero que entres allí y la liberes, pero que la traigas aquí. Cuando ella esté en el castillo, te entregaré el caballo y podrás volver en busca del ave que tanto desea tu padre y serás libre.

 Y fue así como de nuevo, el joven se encontró al otro lado de la muralla junto al lobo que había demostrado ser más sabio que él.

 Cuando  el lobo escuchó el nuevo encargo, le dijo: “Tranquilo. Puedo llevarte al castillo del ogro y sé cómo lograr que escapes con la princesa, pero esta vez, por favor, hazlo todo como yo te digo”

 Y el joven, montado a lomos del lobo se encontró en menos de un segundo ante las murallas de un siniestro castillo, en medio de un bosque que era siete veces más oscuro y silencioso que todos los demás.  El lobo le indico un lugar por donde era fácil escalar y le dijo:

 – Cuando estés dentro de las murallas debes ser muy silencioso. Descálzate y no corras en ningún momento, pues el ogro tiene un oído muy fino. Cuando llegues a la estancia donde la princesa vive encerrada, habla con suavidad y explicale la verdad. No le mientas. Sólo con la verdad ella aceptara arriesgar su vida para huir contigo. Y recuerda, debéis salir descalzos.

 El joven príncipe hizo todo como el lobo le había indicado. Camino despacio por el jardín del ogro, entró en el castillo sin hacer ruido. Fue abriendo puerta tras puerta, muy despacito para no hacer ruido,  hasta encontrar las dependencias de la princesa prisionera. La muchacha sorprendida lo recibió con una sonrisa, porque hasta aquel castillo nunca había llegado nadie antes. El joven príncipe le pidió silencio con una señal de su dedo índice sobre la boca. Se acercó despacito y le habló al oído explicándole cómo, porqué y para qué había llegado hasta allí. La princesa se mostró emocionada con la idea de salir de allí… ¡parecía tan fácil! Se descalzó, se sujetó el pelo para que no se enredara, se puso pantalones, y salieron despacito, despacito.

 En silencio bajaron las escaleras , atravesaron el patio y se acercaron a la muralla donde el lobo estaba esperando. El lobo se mostraba feliz, porque al fin el joven príncipe le había hecho caso. Comenzaron el regreso hacia el castillo del rey que era dueño del caballo capaz de galopar más veloz que el viento. Lo hicieron despacio porque era necesario contarle a la princesa cuales eran las pretensiones de aquel rey, y cuales eran las motivaciones que habían obligado al joven príncipe a colaborar. Con lo que no contaban era con la oposición de la princesa. Ella no quería casarse con un desconocido, sobre todo con un desconocido que había arriesgado la vida de otro para liberarla. Le parecía a ella que un compromiso para toda la vida era una cosa muy seria. . Con lo que no contaban tampoco es con la conciencia del príncipe. La segunda noche, el joven les dijo:

 – He estado pensando en esta situación y no me parece justo llevarte al castillo de este rey. Aunque mi padre ame mucho a su árbol y por mucho que desee vivir con el ave dorada, eso no es suficiente para obligar a una persona a ir donde no quiere ir. Yo puedo arriesgarme por amor a él, pero raptar a una persona, eso es algo que no puedo hacer por ninguna razón.

 El lobo, con la mirada llena de ternura, le hizo una confesión.

 – Debo ser sincero contigo. Soy un ser mágico y tengo el poder de cambiar mi apariencia durante unas horas. Yo puedo, si quiero, tomar la forma de la princesa y hacer creer a todos que soy ella. Después, al llegar la noche, recuperare mi forma de lobo, pero vosotros ya estaréis muy lejos, pues habréis montado en el caballo que corre más veloz que el viento. Nos encontraremos junto a las murallas que encierran al ave dorada.

 Los jóvenes estuvieron de acuerdo en que era una buena solución. Felicitándose por estar acompañados de un ser mágico tan generoso.  Cuando se volvieron a encontrar junto a las murallas del primer castillo, el lobo les propuso volver a usar el mismo truco. Él se transformaría en el caballo y así lograrían que el animal no tuviera que volver a ser prisionero en una cuadra contra su voluntad.

 Y al día siguiente se encontraron en el bosque los cinco, en el mismo lugar en el que príncipe y el lobo se habían conocido. El príncipe propuso entrar juntos en el jardín maravilloso, en cuyo centro crece un manzano majestuoso, cuyos frutos son dorados como los rayos del sol, para alegrar a su padre. Pero el lobo les dijo que no era posible para él entrar en aquel castillo, por lo que debían separarse allí mismo. Con gran dolor los dos jóvenes lo abrazaron, hundiendo sus caras en el suave y mullido pelo de su cuello. El ave dorada y el caballo veloz le hicieron un gesto de adiós y comenzaron su separación.

 Lo que ninguno podía imaginar era que al salir del bosque, iban a encontrarse con los dos hermanos del joven, que al verlo regresar en tan buena compañía sintieron una gran envidia, ya que ellos habían fracasado en su búsqueda. Los hermanos mayores se miraron y ambos, sin decir palabra, acordaron atacar a su hermano menor y quedarse con sus tesoros. Y en un periquete, se abalanzaron sobre él, lo golpearon y llevaron su cuerpo al bosque.   Allí lo dejaron abandonado a su suerte.

Los hermanos mayores se presentaron en el palacio de su padre con el caballo, el ave dorada y llevando prisionera a la princesa. Esperaban que su padre los recibiera con los brazos abiertos y premiará su valor al ver que habían cumplido su encargo con creces.

Pero las cosas nunca son lo que parecen. Y el rey que los estaba esperando desde hacía días, los recibió con mucha seriedad. Escuchó las explicaciones de sus hijos mayores que se jactaban de su valor y de sus tesoros, y finalmente les preguntó por su hermano menor. Los jóvenes titubearon antes de responder que no lo habían visto y que no sabían nada de él desde que salieron para cumplir los deseos de su padre. 

Para sorpresa de todos, se escucharon los gritos de alarma de los soldados y apareció ante ellos un lobo gris que lleva sobre su lomo el cuerpo herido del menor de los hermanos. Toda la atención fue entonces para el joven príncipe y el lobo aprovechó para escapar. Pero el rey, que en su juventud también había buscado aventuras en el bosque, se interpuso en su camino y con humildad le pidió al lobo gris: “Cuéntame la verdad”. 

Todo se supo en aquel momento y al rey solo le quedo hacer justicia. Liberó a los prisioneros, escuchó el relato de la joven princesa, y sintió remordimientos por no haber sabido educar a sus hijos mayores para que fuera buenas personas, aunque sabía que el poder de los padres es limitado y los hijos al crecer eligen sus propios caminos. 

Cuentan que el rey vivió feliz muchos años más. Que en su jardín había un árbol que daba manzanas doradas, un ave dorado que volaba libre, un caballo veloz que siempre regresaba y un hijo que lo cuido hasta la vejez. De la princesa no se sabe nada, porque marchó a disfrutar de su libertad y nunca regresó. Los hijos mayores, se fueron también, aunque de vez en cuando regresaban para abrazar a su anciano padre y hacerlo aún más feliz. 

Del lobo gris solo podemos decirte que si encuentras un bosque frondoso, quizás tengas suerte y lo puedas ver.

autor Neil Rosenstech

Firma para pedir al Gobierno de C-LM prohibir la presencia de menores en festejos taurinos

Dado que la Tauromaquia es legal en el estado español, nos encontramos con la problemática de tener que trabajar en muchas lineas paralelas que van desde campañas de sensibilización para que la sociedad española entienda las diferentes formas de maltrato que se esconden en todos las manifestaciones de la tauromaquia, y que pueden parecer menos cruentas, como son los encierros; a promover la prohibición de la participación de personas menores de 18 años en cualquier evento taurino, tal como nos recomienda el Comité de los Derechos de los Niños de la ONU desde 2018.
En esta última linea de trabajo, hacemos desde la Plataforma La Tortura No Es Cultura un llamamiento para escribir al presidente de Castilla la Mancha, Emiliano García-Page Sánchez en su página “el presidente responde” pidiéndole el fin de las becerradas y de la participación de los menores en ellas.

Escribe aquí 👉🏼”: https://www.castillalamancha.es/…/pr…/el-presidente-responde

Los que no podéis escribir en la página oficial porque no sois españoles lo podéis hacer en su Facebook: https://www.facebook.com/emilianogarciapage/

Presenta tu queja respetuosamente por subvencionar y permitir que menores participen como toreros y como espectadores en festejos taurinos en contra del CDN de la ONU.

Texto ejemplo: “Estimado Sr. Presidente, he visto el vídeo en el que una niña de 15 años tortura y mata a un becerro como espectáculo público, sometiéndole a un atroz sufrimiento, en Esquivias. Exijo que tome las medidas pertinentes para que en su comunidad se acaben los festejos taurinos con animales menores de 2 años (becerradas) y se proteja a los menores de su violencia evitando que participen en ningún festejo taurino como espectadores y menos como toreros, tal y como el comité de los derechos del niño de la ONU ha exigido a España el año pasado.

En espera de su respuesta, le saludo atentamente.”


Organizaciones antitaurinas de la Plataforma La Tortura No es Cultura han lanzado una campaña de recogida de firmas de los ciudadanos y para presentar una queja ante el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García, al Ayuntamiento de Esquivias entre otras instituciones responsables a las que exige el fin de las becerradas y de la presencia y participación de los menores en festejos taurinos.

 

La plataforma, de la que forman parte 47 organizaciones de protección animal y Animal Guardians han publicado un video en el que una novillera de 15 años de edad lidia un becerro en Esquivias, y a estudiantes de escuelas taurinas de Navas del Rey, en , y en Guadalajara.

La presidenta de la plataforma La Tortura No es Cultura, Carmen Ibarlucea considera que “los homenajes a la mujer, como la tauromaquia, son una tradición a extinguir”.

“La cultura patriarcal promueve paralelamente la violencia y la sumisión. Sacar mujeres menores de edad a ejercer violencia hacia un animal no es promover la igualdad, y contraviene la protección a la infancia que España ha firmado defender”, ha añadido.

Yo no tengo madera de mártir

29jun-AsambleaUCETAHe crecido escuchando decir:

“Para ser bella, 

hay que ver estrellas”

Supongo que es por eso, 

que nunca he querido

ser bella.

 

Y aunque disfruto 

de mirar las estrellas.

Recostada en el pasto invernal. 

 

Esas noches silentes 

sin luna, en las que eres

quien eres, sin más. 

 

En estos días, 

de enfermedad y ciencia, 

en los que para salvar

la vida, 

he abandonado

la simetría.

 

Camino el mundo, 

como una amazona, 

cercenado mi pecho derecho. 

Voy alegre y desequilibrada.

 

Disimulo la asimetría, 

con pañuelos de suave algodón.

Yo no tengo madera de mártir. 

Soy un animal sano, 

y rechazo el dolor. 

 

Yo no tengo madera de mártir, 

y tampoco deseo morir. 

Sufro lo justo que mandan

para vivir. 

Partidos políticos fantásticos y dónde encontrarlos

Cuando todos los caminos se han perdido el Camino se abre claramente.

Ursula K Le Guin

Desde muy pequeña aproximadamente desde los 12 años me vengo definiendo como una persona anarquista.  Reconozco que siempre me ha interesado la política desde que murió Franco y a mis nueve años me hice consciente de lo mucho que importa quien gobierna, para el desarrollo del día a día en nuestras vidas.  Creo que la humanidad se habrá desarrollado plenamente cuando sea capaz de la autogestión, cuando no precise de un Estado que regule y legisle para que las personas nos cuidemos y compartamos. Porque la anarquía es eso, autoimponerse límites y estar atentas a las necesidades de las demás.

Soy plenamente consciente de que el aparato ideológico del sistema (administraciones, poder judicial, medios de comunicación…) son un freno para las culturas de la cooperación y el apoyo mutuo. El modelo democrático es imperfecto desde su raíz, porque nació como un sistema para garantizar la igualdad entre las personas privilegiadas, y aunque lo vamos parcheando, sigue alimentando la fragmentación social, la individualidad que nos aísla y nos domina por el miedo.

Siempre se dice que las personas anarquistas no votan y no lo hacen porque no creen en el estado. Eso es cierto y sin embargo no es una verdad absoluta. Votar o no votar, participar en política en todas las formas posibles también es parte de la libertad de pensar por una misma y decidir qué estrategia seguir en cada momento.

A mi me gustan mucho las causas radicales, la conciencia llevada al extremo, supongo que por ello soy ecologista antiespecista. Sin embargo hay en mí una dosis importante de pragmatismo que me impulsa a actuar y a estar donde se supone que no debo estar.

Y llegamos a la parte importante de esta carta abierta en la que voy a explicar que después de ocho años comprometida con el partido ecologista EQUO, y de haber sido en las pasadas elecciones autonómicas la cara visible de una apuesta confluyente “Adelante Extremadura”, estos próximos comicios voy en los últimos puestos de la lista por Cáceres, del partido animalista PACMA. Lo mio son las causas. Y también, debo reconocerlo, las amistades sinceras y tengo tanto en un partido como en el otro personas a las que quiero muchísimo y con las que trabajo mano a mano cada día. 

Al principio pensé titular esta carta “partidos y causas” pero luego me decanté por hacer un juego con el libro de Joanne Rowling porque aunque los partidos políticos perfectos no existen, afortunadamente nos empeñamos en buscarlos.

Durante ocho años me esforcé por encajar en el que pensaba que era el partido de mi talla. Ahora, simplemente quiero que las causas que me importan, y a las que les debo la vida, estén representadas en el panorama electoral.

Creo que antes del cáncer jamás me hubiera planteado acompañar a PACMA de ninguna manera. Mi opción era EQUO, una organización con bases libertarias (ecología política) donde me siento representada. Por el contrario, PACMA es un partido que ha nacido jerárquico sin timidez, algo absolutamente contrario a mi naturaleza, sin embargo defiende a los animales con una radicalidad absoluta y seamos sinceras, si PACMA ganara pondría el sistema patas arriba, y en eso me siento absolutamente afín.annie-spratt-2019

Escribo esta carta abierta porque tengo muchas amistades en Extremadura y más allá, que lo van a flipar. No es una carta para justificarme (lean hasta el final), ni para pedir el voto, creo firmemente en la libertad personal que nos lleva a tomar decisiones pensando en el Bien Común, y por ello sé que no votar en conciencia, es tan responsable como votar en conciencia. Es una carta para recordarles que cada momento de la vida requiere de una reflexión diferente y que así como ser del mismo equipo de fútbol toda la vida puede ser algo que elijamos desde la emoción y el instinto, las causas que apoyamos requieren la misma pasión, más una buena dosis de intelecto y menos banderas.

El final ha llegado, y está reflexión de Virginia Satir dice brevemente lo que yo he dicho en 671 palabras: “No podemos dejar que las percepciones limitadas de los demás terminen definiéndonos.”

A mi pecho derecho

A mi pecho derecho

le tengo que decir adiós.

Un adiós para siempre,

un adiós entre el dolor

y el miedo.

Pero también,

un adiós con esperanza.

 

Nunca he amado mucho

ninguno de mis dos pechos.

¡Son tan grandes!

tan blandos,

tan suaves,

tan dulces,

tan intensos.


Son tan desobedientes

mis pechos.

No encajan en la ropa

de moda.

No encajan en la ropa

de deporte.

No encajan en la ropa

de baile.

En realidad, son como yo,

desmesurados,

incontrolables,

extemporáneos.

 

He vivido con estos pechos

casi cuarenta años.

Y nunca me he acostumbrado a ellos.

Sin embargo, ahora

cuándo debo elegir entre la vida

y la muerte.

Ahora, cuando para vivir debo decir adiós

a mi pecho derecho,

radicalmente.

Ahora descubro que he sido feliz.

 

He desperdiciado tiempo fantaseando

con la idea inmoral

de corregir a la genética,

y reducirme los pechos.

Ya se sabe que en la fantasía

todo está permitido. Y sin embargo,

ahora …

Ahora descubro que he sido muy feliz.  

 

Que me gustan mis terminaciones nerviosas,

esas que dan placer cuando las compartes.

y también cuando te quedas sola.

 

Que he disfrutado de ser una madre animal

que alimenta.

 

Que me gusta romper tópicos,

y dormir boca abajo sobre mis pechos.

Mis pechos que no encajan

en el canon de belleza

de ninguna época.

 

Son tan grandes mis pechos.

Y ahora, debo decir adiós

a mi pecho derecho.

Y tendré un nuevo cuerpo,

asimétrico,

y será como si me hubiera dibujado

Inma P.nitas

y yo seré una mujer con un solo pecho.

Y seré una mujer valiente

con una boca que grita,

como lo he sido siempre.