Seis meses dificilillos

Dificilillos, ¡qué bonita palabra! Todita llena de ies.

No sé si a ustedes les pasa también, pero yo igual que tengo números favoritos, tengo letras favoritas. En este caso casi se entiende a primera vista ya que mi número favorito es el 9 y mi letra favorita es la i.

He revisado el blog y tengo una última entrada del mes de mayo, cuando quería hacerme un Emily Dickinson… ¡y casi lo logro!

En junio me operaron para la reducción de la mama izquierda y la reconstrucción de la mama derecha. Desafortunadamente me tocó la lotería estadística, ya saben … Las estadísticas dicen que este tipo de reconstrucciones con grasa abdominal son exitosas La necrosis grasa y las pérdidas parciales de tejido por lo general no supera el 12% en pacientes fumadoras y 3% en no fumadoras. Y esa soy yo, una de ese 3% a las que las cosas no le van bien.
3 de cada 100 son muchas más posibilidades que una de cada cien mil, que son las posibilidades de que nos toque la lotería, de modo que espero tener la misma suerte estás navidades, por si acaso, está vez, he comprado lotería.
La cuestión es que me he pasado el final de junio, y todo julio, agosto y septiembre visitando el hospital casi a diario. Algo que lleva mucho tiempo y además te deja extenuada mentalmente.
La operación de colgajo DIEP que es la que me hicieron a mi ya es difícil de por sí, sin necesidad de añadirle complicaciones. Mi experiencia, con complicaciones añadidas, ha sido, por ahora y teniendo en cuenta que ya ha pasado la peor parte, la peor experiencia de mi vida. Ustedes pensarán que una persona que ha perdido a su madre de cáncer a los 19 años debería decir que eso fue lo peor de su vida… bueno, eso fue lo segundo peor, está claro, pero no me dieron ganas de morir, que es lo que ha sucedido ahora.
Obviamente yo ya tenía unas pocas ganas de morirme antes de la operación, y si aún estoy en el mundo ha sido gracias a las amables atenciones del médico de cabecera que me atendió y me derivó a salud mental (no sé lo que puso en el informe pero me llamaron esa misma semana) y aquí estoy, contenta y tomando antidepresivos.
Supongo que ahora entiende el silencio. Aunque en redes sociales se me ha visto ir y venir, contar cuentos y hacer algunas otras cosas, como el pasado 16 de diciembre que le celebré el cumpleaños a Jane Austen en la Biblioteca Pública del Estado. Un ratito precioso hablando de sus libros, de su vida y poniendo en común lo fácil que es amar a alguien cuando escribe muy bien y además lleva muerta más de doscientos años.
No quiero aburrir más… la próxima semana, si me da la vida, hago un resumen-balance de mis actividades profesionales, como no han sido muchas será fácil, y tampoco alcanzará a aburrirlas.

¡Cariños inmensos!

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Me voy a hacer un Emily Dickinson

Yo tengo un dicho … a veces, cuando no puedo más, exclamo: «¡Me voy a hacer un Emily Dickinson!» … y entonces, escribo …

A veces me canso

De vivir

Y me da hambre

Así que almuerzo.

Me da sueño

Que me nubla la mirada.

La tristeza

Me pesa,

Como a todo el mundo.

Por eso, a veces,

Me canso

De vivir.

Y tengo que reírme

De mi misma.

Porque soy la suicida

Más desaliñada.

La que tiene un plan,

Una vía de escape,

Una llave esperando,

Para salir corriendo

Y no volver aquí.

Pero, no uso la puerta,

Todavía.

Porque, a veces,

Me gotea la ternura

Sobre un perro.

O me abrazo

Al pecho

De mis hijos,

Y me bebo su luz.

A veces,

Un hombre,

El mismo hombre de siempre,

Me recoge del llanto.

Y me levanto

con la sonrisa abierta.

A veces descanso

De la vida

Un instante.

Y enseguida,

Retomo la alegría.

37 días. Diario literario de una radioterapia

Portada

Me acaban de publicar en la Editora Regional de Extremadura, dentro de la colección ORBITAL que son texto en formato virtual.

Dice en la pagina de descargas:
37 días. Diario literario de una radioterapia es el modelo transparente de una de las posibilidades de la autoficción, pero sobre todo de las posibilidades de la literatura: el relato de un tratamiento tan duro bajo la forma de dietario permite el efecto sanador de aquello que se vive sin entender, pero que en la conjunción de voces reales y leídas adquiere, por una vez, sentido y, sobre todo, sensibilidad. 37 días es, al tiempo, un fragmento de la vida transformada por la literatura y una invitación al diálogo, la contemplación y la gratitud.

Pueden descargar el libro en este enlace: https://extremadura.ebiblio.es/resources/626be51e4e03b70001362a7b

Contar para madres

Tengo algunos espectáculos prefijados, sesiones de cuentos que he trabajado y que encajan como un engranaje perfecto gracias al paso del tiempo y al uso, porque han ido, de tanto contarlos, logrando conformar un micro universo en equilibrio. Son mis apuestas seguras, son esas sesiones donde sé que aunque nadie cuenta el mismo cuento dos veces, me siento a salvo de mi misma. A salvo de este síndrome de la impostora que me acompaña desde hace veinte años.

Pero a veces sucede, demasiadas veces sucede, que me piden algo especifico para el lugar, el día o un público concreto. Estoy acostumbrada también a eso, a preparar una sesión de cuentos en cinco días, a lanzarme sin elástico de seguridad, y a temblar de miedo tras la sonrisa justo antes de empezar. Pero, reconozcámoslo, la vida es un desafío continuo y vivir del cuento no es solo cobrar por algo a lo que la gente no otorga demasiado valor racionalmente – aunque después a todo el mundo le gusta demasiado – es también literalmente estar recorriendo el viaje del héroe a cada paso, es estar viviendo el cuento.

A veces, las sesiones a la medida resultan un tanto forzadas, y uno las termina sin ganas de repetir, pero otras veces, las sesiones a la medida resulta que son a tu medida. Eso me ha sucedido a mí con un encargo extraordinario que me han hecho desde el espacio infantil «El camino» de Cáceres. Ustedes pensarán que me pidieron algo sencillo como contar a bebés – toda persona que se precie de ser cuentacuentos sabe como contar a bebés – o un cuentacuentos de 3 a 6 años, o quizás un cuentacuentos con magia para una fiesta… son las ideas lógicas que uno maneja al pensar en un espacio infantil. Pero la verdad es que además de personas pequeñas, los espacios infantiles se nutren y sostienen por las familias que confían en ellos, y reconozcámoslo, a día de hoy, tristemente, se nutren y se sostiene por el aporte extra – no solo monetario – que hacen las madres.

De modo que en «El camino» se propusieron hacerles un regalo, y ahí aparezco yo, porque el regalo era una sesión de cuentos solo para madres.

Eso sucedió el día 3 de mayo y a día de hoy todavía lo estoy disfrutando. Cuando me lo propusieron dije que sí sin dudarlo. Hay un cuento de las mil y una noches que cuento muchas veces, «La mujer más bonita del mundo» y la propuesta me lo trajo a la cabeza inmediatamente. Si ya tenia uno, no iba a ser difícil encontrar tres más. Ya lo he explicado muchas veces, a mí en una hora me caben cuatro cuentos y el diálogo con quien escucha porque sé que es necesario para digerir las historias poder conversarlas.

Y llegó el día, y me vestí de negro que es mi uniforme de trabajo, y tome los fulares adecuados, tengo unos cuarenta fulares de diferentes colores y texturas para poder acompañar mis cuentos, aunque cuentos tengo más de cien en la cabeza, de modo que si los contará todos seguidos tendría que repetir pañuelos.

Salí de casa con una ramita de menta, para crear ambiente, y con la boca seca de los nervios. Y llegué a un espacio desconocido, que tuve que hacer mío en menos de un minuto, y acomodar a las personas que acudían a recoger su regalo vestidas con ropa cómoda. Ella no sabían que debían esperar, y yo no sabía como iban a recibirlo.

Y empezamos.

Diez días después aún me mantengo en ese espacio de acogida y escucha. No creo que pueda olvidar, salvo enfermedad mental, esa sesión de cuentos en la intimidad de un vinculo secreto. ¿Será así como se sienten las personas que pertenecen a un club selecto donde hay que pasar grandes pruebas para entrar? Allí estábamos, todas madres de diferentes maneras, yo contando desde la experiencia de una maternidad de treinta años, ellas escuchando desde sus maternidades diversas, algunas tan extrañas que son madres a tiempo parcial de los hijos de otras personas, lo que no significa que no den todo lo mejor de si mismas en el compromiso de hacer de esas personas pequeñísimas, personas felices que viven en plenitud mientras descubren una parte del mundo de su mano.

Algo de eso sucedió aquella noche. Algo de esa plenitud del descubrimiento nos unió a través de los cuentos. Algunos de tradición oral, otros cuentos de autor y uno, el más largo, un cuento-experimento que se creaba a si mismo al ser nombrado… «¿De donde vienen las madres?»

– Por favor, dime un lugar.

– Y ahora tú, dime una característica personal o una emoción.

Con esas dos cosas, no sé de donde, o quizás sí lo sé – de ser hija, de ser madre y de llevar toda la vida contando cuentos – montaba un microcuento en decimas de segundo, y luego una vez más y otra.

Y luego escucharlas. Que a veces, parte importante de contar es ser también receptora de todo lo que los cuentos remueven dentro de la gente, emociones que necesitan ponerse en palabras para descubrir como bien dice Rosa Montero, dos verdades universales, una que todas somos iguales y dos que todas somos diferentes.

¡Ven y te cuento! en Mérida 1 abril

”Las historias son alas que nos ayudan a remontar el vuelo cada día.” Así es como Richard Van Camp presenta este año la celebración del Día de la Literatura Infantil y Juvenil 2022.
📕 Nosotras nos adelantamos un día y os proponemos una tarde de cuentos con @cibarlucea Carmen Ibarlucea, narradora oral profesional desde hace 20 años.
⭐️Ella nos dice: «¡ven y te cuento!» y ha preparado una selección de cuentos del escritor danés Hans Christian Andersen, cuya fecha de nacimiento da lugar a esta celebración.
🧜‍♀️ Carmen nos va a contar los cuentos tal como los escribió Andersen, y también sus razones para escribirlos, de modo que podrás escuchar la verdadera historia de la Sirenita, o del Patito Feo y algunos cuentos más.
🐥Os esperamos para disfrutar de un viaje al interior de nuestras mentes. Un viaje a bordo de las palabras y de la historias que nos hacen soñar y nos hacen comprendernos.
🏠 ¿Donde? Casa Tierra
🗓 ¿Cuándo? 01/04/2022
⏰ ¿Hora? 18:30
🪙 ¿Colaboración? Taquilla inversa

Día de la poesía y de los bosques: Un lugar, el lugar

De mi próximo libro «Ver De», mi primer libro de poemas.

El lugar exacto,
ni cerca, ni lejos.
Un lugar azul
repleto de mares,
de lagos,
de ríos,
del agua que es cuna
de múltiples formas,
que son
pura vida.

La electromagnética
en su punto justo
para hacer posible,
milagrosamente,
abundante vida.

Un lugar tan bello
que los cuentos
cuentan que no es
natural.
Inventan los cuentos
fuerzas poderosas
que mezclan esencias,
y crean mil cosas.

Pero es compartido.
Y se nos olvida.

El lugar más bello.
Repleto de vidas.
No es tuyo,
no es mío,
¡y se nos olvida!

¡Y somos tan crueles!
Que el lugar más bello,
lo hacemos inhóspito
para la otra vida.

¿Por qué nos sucede?
¿Qué mal nos aqueja?
¿Por qué devoramos
toda la ternura, toda
la belleza?

Bosque de Muniellos, Asturias

Lunes feministas de marzo, empezamos el 7

Con motivo de la celebración el 8 de marzo del Día de la Mujer, la Biblioteca Pública de Cáceres «A. Rodriguez-Moñino y María Brey» propone la creación de un grupo de debate y reflexión sobre feminismo. La actividad se plantea a modo de tertulias temáticas alrededor de textos reflexivos del feminismo que nos acercan a nuestra propia historia.

Serán charlas-coloquios para descubrir el papel de la mujer en las sociedades del pasado, del presente y del futuro, apoyándose en libros de especialistas, estudiosas y pensadoras.

Las actividades serán coordinadas por la escritora, lectora y activista, Carmen Ibarlucea.

Y se celebrarán:

  • todos los lunes de marzo en la sala Vicente Paredes (planta baja)
  • a partir de las 18:30 h
  • Aforo 15 plazas
  • entrada libre hasta completar aforo

El lunes 7 de marzo comenzaremos con la lectura «El hombre prehistórico es también una mujer» de Marylène Patou-Mathis; un acercamiento a la arqueología de género que abre una reflexión sobre los roles de la mujer en las sociedades primitivas y en el mundo en general.

No es necesario haber leído antes el libro; en las charlas se entregarán textos que servirán de punto de partida para el debate y la discusión.

Contar historias

ElDiario.es

Maratón de cuentos en Guadalajara Agrupación Fotográfica de Guadalajara

Contar historias es una parte fundamental del ser humano. Las historias nos permiten compartir información de una manera que crea una conexión emocional, van más allá del lenguaje. No es que el lenguaje no sea importante, entendámonos. Necesitamos las palabras para contar historias, y las palabras, como notas musicales, componen una sinfonía de emociones que logra atrapar nuestra atención. Lo fascinante de esto es que viene sucediendo desde hace miles y miles de años. No podemos saber qué se contaban en el paleolítico, porque el lenguaje no fosiliza, pero sí sabemos que se contaban historias.

Este mes de enero cumplo veinte años contando cuentos en público, como narradora profesional. Uno es profesional cuando otras personas le ponen precio a lo que hace y le pagan ese precio. Cuando pagan, reconocen de forma fehaciente que uno lo hace suficientemente bien y que además es necesario para la comunidad. Es muy gratificante, y da sentido a la vida, saber que se hace un trabajo útil, y que se hace suficientemente bien.

Me ha pillado esta semana de celebración preparando un taller sobre cuentos y Literatura Infantil y Juvenil. Ustedes pueden pensar en un primer momento que he sido reiterativa al expresarme, cuentos y LIJ podrían parecer sinónimos, pero en realidad no lo son. Y es que los cuentos no fueron creados para el desarrollo afectivo-intelectual de la infancia. Los cuentos se contaban para toda la comunidad, sin discriminar por edad, sin hacer separaciones, y cada persona tomaba de la historia aquello que necesitaba o que era capaz de asimilar en cada momento vital.

Esta especie de conocimiento por capas también nos puede suceder con los libros, pero nuestra sociedad hiperracional suele ponerle etiquetas. A mí me cuesta mucho ponerle etiquetas a las lecturas, por eso no tengo ni idea para qué público escribo. Si me apuran, tampoco sé decirles para qué público cuento cuentos, y claro, luego vienen las personas encargadas de la educación infantil y me dicen que lo mío no sirve de 3 a 5 años. Y yo me sorprendo, porque si puedes contar “Los tres cerditos y el lobo feroz” también puedes contar “Las tres cerditas y la inspectora medioambiental”, a fin de cuentas he respetado todos los pasos del relato original, salvo quizás la maldad de la inspectora, aunque ciertamente ella da miedo.

Y es que las narrativas son patrones, aunque no todos los patrones son narrativas. Para estar en la categoría de narrativa necesitamos que existan personajes, contexto y una acción dramática. Esto es importante, lo siento, lo he intentado, pero sin conflicto no hay historia.

Y una vez llegada a este punto, y siendo quien soy, debo preguntarme y preguntarles: ¿Los animales se cuentan?

Sinceramente, ahora que sabemos que los delfines tienen nombre, los que se ponen entre sí, no los que les ponen en el zoológicos; ahora que sabemos que los perros reconocen personajes, algo que estaba claro desde hace tiempo, puedo contarles que mi primera perra, “Negrita”, sabía perfectamente quien era la “abuela”, y cuando uno le decía “Hoy viene la abuela”, Negrita se ponía a saltar de contenta porque era capaz de identificar al personaje por su nombre. Pues atendiendo a esto, espero que cualquier día, alguien inteligente y con paciencia para la observación nos descubra al resto de la humanidad las narrativas de los otros animales, tal como hizo Jane Goodall con las herramientas, y acorte un poco más la distancia y la soberbia de nuestra especie.

Hay un libro, siempre hay un libro, titulado “Narrative Madness: The Quixotic Quest for Reality” (Locura narrativa: la búsqueda quijotesca de la realidad) que explora este asunto. Lo escribió Ronald B. Richardson en 2014, pero no está traducido al castellano. La cuestión es que el Sr. Richardson comienza hablándonos del lenguaje de las abejas, porque es una forma de comunicación simbólica en forma de danza, capaz de transmitir información clara sobre temas prácticos como la distancia, la facilidad o dificultad de acceso y la abundancia. Lo resume así: bailan en el presente sobre experiencias pasadas para explotar recursos futuros ¿No es eso contar una historia?

Para el autor, “lo que nos distingue de los animales son afirmaciones como ‘Lo que nos distingue de los animales. . . .’ En otras palabras, lo único que nos separa de los animales es una narrativa continua que dice que no somos animales. El humano es el animal que finge que no lo es. La mayoría de nuestras reglas sociales están diseñadas para ocultar nuestra naturaleza animal de nosotros mismos”.

Hay otro libro, “Abundant Earth: Toward an Ecological Civilization” (La Tierra Abundante: Hacia una civilización ecológica) de Eileen Crist, bióloga y socióloga, donde también se habla de la cuestión de la narrativa. Nos dice la autora: “La causa de nuestra inacción, es la ‘supremacía humana’, una creencia en gran medida inconsciente de que el Homo sapiens es el amo de la creación y no una humilde especie entre millones. Esta visión del mundo promueve no sólo la agricultura industrial, la tala de árboles, la minería de extracción en la cima de las montañas y la pesca de arrastre, sino también comportamientos más comunes como conducir coches que matan la vida silvestre y emiten dióxido de carbono. Mientras prevalezca la supremacía humana, la humanidad seguirá siendo incapaz de reunir la voluntad de reducir y frenar la floreciente empresa humana que está deshaciendo la riqueza biológica de la Tierra”.  

Ahí lo tenemos, una vez más cuestiones que parecen no tener nada que ver a priori, resulta que están tan conectadas que necesitamos estudiarlas juntas para ver el verdadero problema. Y el problema es el antropocentrismo de nuestras narraciones.

Hay una científica informática alemana especializada en robótica social e interacción humano-robot, Kerstin Dautenhahn, que se ha hecho también está pregunta sobre quién narra, y da está respuesta: “Los humanos no son discontinuos del resto de la naturaleza (…) las capacidades narrativas humanas no son únicas y existe una continuidad evolutiva que vincula las narrativas humanas con los formatos narrativos transaccionales en las interacciones sociales entre animales no humanos”.

De modo que me encuentro a mi misma al principio del camino. Es verdad que los estudios narrativos están centrados en lo que conocemos, osea en el lenguaje de las personas, por lo que no logran identificar los modos narrativos en la interacción animal, pero ya hay personas dentro de la comunidad científica haciéndose preguntas sobre esta cuestión, de modo que quizás, mi responsabilidad como narradora oral sea buscar o crear esas historias capaces de romper con el patrón antropocéntrico.

Este año celebro veinte años contando cuentos en público por dinero, es una gran responsabilidad porque todas sabemos que el lenguaje, y las historias, moldean la realidad. Y por eso, no se me ocurre mejor forma de celebrarlo que tener un propósito a futuro, un propósito que engloba hacerse preguntas, buscar respuestas y ofrecer nuevas narrativas que sean capaces de hacer posible un ser humano integrado en la naturaleza, conviviendo en paz con el resto de terrícolas. Ojalá ustedes quieran celebrar conmigo.

Intolerancia

ElDiario.es

Bára Buri
@baraburi






Ver perfil@baraburi

Fue en 1916 cuando D. W. Griffith estrenó su película “Intolerancia”, una película imprescindible para entender la forma cinematográfica de narrar que conecta con la gente. Y sin embargo, pese a las escenas cortas de acción intercalada, no ha logrado cien años después, que las personas entendamos que la intolerancia es un problema para la convivencia, que no nos hace una sociedad más segura y que trae más problemas de los que soluciona.

La semana pasada puse por aquí mis sugerencias para la transformación de la industria alimentaria, y en mi canal de telegram me dejaron este amable mensaje, dirigido a mí y a este medio:

Un diario lleno de enfermas mentales y feministas de mierda, no me extraña que participes con tus locuras, os quedan 2 telediarios

Un amigo, que sabe de estas cosas, me comentó:

… no es de ningún exaltado porque ha medido bien las palabras “os quedan 2 telediarios” que no tienen ningún recorrido legal.

Y esto me llevó a pensar en una duda que me asalta y me duele desde que tengo conciencia de ser mujer: ¿Por qué los hombres, en general, odian a las mujeres? Si no las odiaran no habrían construido un sistema social y legal que limita nuestras opciones, en todo el mundo y durante miles de años.

Pienso que todos los hombres se relacionan con mujeres, es inevitable puesto que para nacer necesitan ser engendrados por una mujer, y saben perfectamente que las mujeres son personas inteligentes y capaces, sin embargo nos etiquetan, a las mujeres con las que comparten su vida y se supone que quieren, como personas no-capaces y en la práctica nos niegan los derechos que se guardan para sí mismos.

Intolerancia por todas partes
La historiadora Marylène Patou-Mathis, en su libro “El hombre prehistórico es también una mujer”, hace un recorrido previo antes de entrar en materia, acerca de las barbaridades que se han dicho sobre la minusvalía de las mujeres desde el neolítico, incluso como se ha dado la vuelta por parte de la comunidad masculina dominante al mensaje de personas que ponían sus esperanzas de salvación de la humanidad en las mujeres, como es el caso de Charles Darwin, del que tomaron las ideas sobre la evolución retorciéndolas tanto que con ellas llegaron a argumentar que los hombres y las mujeres pertenecemos a especies distintas (sic) y por ello es natural y justo que las leyes que rigen nuestra convivencia sean diferentes.

Pero gracias a la técnica biomolecular desarrollada en 2019, llamada análisis de la amelogenina, una proteína presente en el esmalte dental y ligadas al sexo, es posible conocer el sexo de un esqueleto con un alto grado de precisión, y este estudio ha hecho cambiar la interpretación de numerosos yacimientos, donde se había asignado sexo masculino a esqueletos de mujeres debido a su tamaño. Ahora sabemos que eran simplemente mujeres altas y fuertes, porque el dimorfismo sexual en nuestra especie es mínimo. Y esas mujeres aparecen acompañadas de utensilios asignados a la caza, lo que niega que las mujeres fueran exclusivamente madres y recolectoras.

Miro a mi alrededor y me inquieto. Hay un ambiente de intolerancia que se ve por todas partes. Como usuaria habitual de la sanidad pública en los tres últimos años, en los últimos meses noto un nivel de crispación que me asombra. Me hablan alto y marcado. Me dicen cosas desagradables sin venir a cuento, y eso a mí, que soy una persona que se extrema en ser amable; aunque quizás sea por eso, por que me ven débil y piensan/saben que no voy a responder. Tienen razón, no alimento la violencia, pero también sé que lo que hago no es la solución para que cese. No tengo la receta, no tengo la respuesta.

Pero ésta p intolerancia que cubre nuestra vida como una niebla espesa, está fuertemente arraigada en la ignorancia, en la propia ignorancia de las leyes y las normas que como sociedad nos hemos dado.

Desinformación
Me preocupa que estamos en una crisis mundial, sanitaria y social, y deberíamos ser personas maduras, comprensivas y mantener la calma, pero no lo hacemos. También vivimos asediadas por la información sectorizada, al tiempo que desinformadas, y eso no ayuda.

Por ejemplo, escucho a las personas hablar en el autobús y dan por hecho que las vacunas siempre han sido obligatorias y no entienden por qué ahora las del covid no lo son. Parece que la gran mayoría piensa que uno nace y se vacuna, que tienes que seguir el calendario de vacunación para entrar en la escuela infantil o en el colegio, porque desde allí te piden la cartilla de vacunación, pero en realidad eso que hacen es un exceso de celo, ya que la vacunación siempre ha sido voluntaria. ¿Y por qué es voluntaria? Porque conlleva un riesgo. Siempre que nos sometemos a un proceso que puede salvarnos la vida, debemos saber que puede tener un precio, conllevar un riesgo inmediato o a futuro. En algunos tratamientos nos hacen firmar un consentimiento informado, en otros basta con que vayamos voluntariamente. No podemos pensar que debemos tener una fe ciega siempre en la ciencia, porque ya ha demostrado en anteriores ocasiones que se ha equivocado. Lo bueno de la ciencia es que busca respuestas, y no teme reconocer sus errores, porque se sigue planteando preguntas.

En este asunto de las vacunas para el covid, no entiendo por qué no podemos comprender el miedo de los otros. Y hablo como persona que se ha vacunado voluntariamente, pero si tenemos miedo a la enfermedad ¿Por qué no podemos comprender a quienes tienen miedo a las vacunas y sus consecuencias a largo plazo? En este momento todo es incertidumbre.

Es cierto que los medios nos informan de que gran parte de los ingresos en las UCIs son de personas no vacunadas, pero nadie está haciendo un seguimiento a las personas no vacunadas e infectadas que no están pasando la enfermedad en su peor versión, de modo que las noticias nos están haciendo enojarnos con un grupo de población que tiene tanto derecho a pensar por sí mismo, como cualquier otro grupo.

Derechos y deberes
Es fundamental, para una sana convivencia, entender cuales son nuestros derechos, y cuales son nuestros deberes. Hasta ahora nuestro sistema sanitario no ha expulsado a las personas fumadoras, y eso lo honra, pese a que hace ya muchos años que sabemos que fumar provoca cáncer. Yo creo que lo hemos hecho bien. Hemos atendido a esas personas sin juzgarlas, y eso nos honra. Y se las atiende sin criticarlas, sin embargo, con el tema de las vacunas para prevenir el covid, veo a mucha gente a mi alrededor que con la mirada va poniendo estrellas amarillas en el pecho de los demás.

Eso es parte de una mentalidad fascista, que tiene miedo al otro, a la diferencia y a la libertad, a la verdadera, no a la de tomarse cañas. Una sociedad, en un momento de crisis, no se puede permitir sucumbir al miedo, porque el miedo es una respuesta de emergencia puntual, no una respuesta a largo plazo a un problema que se alarga en el tiempo.

La ciencia, que también estudia el miedo, antes pensaba que era respuesta proveniente de la amígdala, ubicada en el sistema límbico que es el que regula las emociones y funciones de conservación del individuo. Ahora sabemos que involucra a otras muchas partes de nuestro cerebro y que afecta a nuestro comportamiento y a nuestra toma de decisiones, por lo que nos conviene serenar la mente, y no ir por ahí actuando como si el resto de las personas fueran depredadores a punto de devorarnos.

Ustedes pensarán, vaya mezcla ha hecho hoy, entre el patriarcado y las vacunas del covid, pero es que creo que el problema tiene la misma raíz, la falta de reconocimiento y respeto por la inteligencia y la línea de pensamiento de otras personas. Obviamente alguien dirá que yo no respeto a los cazadores o a los toreros, a eso debo responder “error”, puedo respetar su línea de pensamiento, pero su línea de acción afecta a otras vidas y eso es una frontera que tenemos que dejar de cruzar. No podemos disponer de las otras vidas, por la simple razón de que no son nuestras.

La importancia de la lectura comprensiva

ElDiario.es

Parece que algunos medios periodísticos han hecho fuertes críticas a las declaraciones del Ministro Garzón en la entrevista que concedió a The Guardian.

Me sorprende, porque al leerla salta a la vista que el Ministro está preocupado por su país, y que además señala algunas zonas como ejemplares, entre ellas dos en las que yo reparto mi vida, como son Extremadura y Asturias. Dice:

“La ganadería extensiva es un medio de ganadería ambientalmente sostenible y que tiene mucho peso en partes de España como Asturias, partes de Castilla y León, Andalucía y Extremadura”

Y aquí estoy yo, una antiespecista, teniendo que salir en defensa de un señor que come carne y que piensa que las personas tenemos derecho a usar a los animales, con moderación, eso sí. Pero es lo único sensato que me parece que se puede hacer, ante las críticas desmedidas que se han vertido hacia él desde el lado de una España que se niega a mirar de frente los problemas. Y mirá que él lo explica clarito:

“Si no actuamos, no será solo el cambio climático con el que nos enfrentaremos, será la triple crisis: la pérdida de biodiversidad, la contaminación y el cambio climático.”

“Sería el final para un país como España. España es un país de la cuenca mediterránea, no es Reino Unido ni Alemania, y la desertificación es un problema muy grave para nuestro país, sobre todo porque depende mucho del turismo. Visitar un desierto no es tan atractivo como visitar la Costa del Sol. ”

Siempre me sorprende que se considere cuestión de ideología un problema obvio, y vuelvo a insistir en que hay cambios que son necesarios y el sistema socioeconómico en el que estamos atrapadas, o en el que convivimos o mal vivimos según quien, es un sistema experto en adaptarse, reinventarse e incluso camuflarse.

Como persona vegana, he visto aparecer una gran cantidad de empresas en los últimos cinco años que dan opciones que no me hubiera atrevido a imaginar hace solo siete años. Cuando dejé la leche hace veinte años me pasé a las infusiones y borré para siempre mi deseo, pero ahora puedo pedir un café con bebida vegetal en casi cualquier bar o cafetería. Hay empresas que exportan a todo el mundo una amplia variedad de quesos vegetales, y la propia Central Lechera Asturiana ha sacado su línea de productos veganos.

En realidad, lo que propone Garzón a la industria cárnica no es desaparecer, es reinventarse, porque hay millones de personas que tienen que comer cada día, y esas personas están deseando disfrutar de sabores tradicionales sin dañar el planeta, para garantizar un futuro a sus descendientes. Además es un momento clave. Estamos en el comienzo del camino con un público creciente que está ávido de nuevas posibilidades, de que se le ofrezcan soluciones sencillas a sus graves problemas de conciencia, de tiempo y de paladar.

Yo misma debo reconocer que demoré en dar el paso al veganismo porque dejar el queso era para mí era tan difícil como para otras personas es difícil dejar de fumar. Esto tiene también su explicación científica porque este derivado de la leche contiene caseína y, durante el proceso de digestión, la caseína se descompone en diferentes sustancias, entre ellas la casomorfina y ese final lo convierte en potencialmente adictivo, pero unas diez veces menos que la morfina, de modo que nos produce un cierto placer, pero muy controlado. Resumiendo mucho, comer queso produce endorfinas que es una droga natural que sintetiza nuestro cerebro y no genera una dependencia peligrosa para nuestra salud.

Hoy me hubiera costado mucho menos dar el paso porque puedo, si quiero, cenar una tabla de no quesos veganos tan variada y deliciosa como las lácteas, el único inconveniente para mi, hoy por hoy, es que además de vegana soy ecologista y la empresa que hace los mejores y más variados no quesos veganos es escocesa, con lo que debo plantearme todo el problema de la contaminación por transporte. De modo que debo conformarme con los no quesos que elaboro yo misma en casa. Ahí tienen una idea de negocio, si los escoceses han podido porque no vamos a poder aquí, tenemos las materias primas necesarias. Actualmente yo los hago de garbanzos (similar al queso fresco), de pipas de girasol, de almendras y de nueces, todos productos nacionales.

Por otro lado, se ha criticado tanto el que las personas veganas abusen del tofu, un alimento que tiene más de dos mil años de historia, pero que nos dicen que es una moda pasajera; que están apareciendo algunas otras opciones como los guisantes texturizados con los que se elaboran los mismos platos que con la soja texturizada, similares a la salsa bolognesa, a las hamburguesas u otros platos en los que sustituye a la carne.

En los últimos años se han puesto de moda los embutidos veganos, como el calabizo. Algo que yo no disfruto porque soy una persona mayor, que dejo de lado los embutidos hace mucho tiempo y probar estas nuevas alternativas es tan realista gracias al uso de las especias, que parece que estás comiendo animales en lugar de un chorizo de calabaza. Claro que cuando escucho las críticas a estos nuevos embutidos, me acuerdo de mi padre la primera vez que probó la patatera y exclamó horrorizado “¡A quien se le ha ocurrido ponerle patata!” Esto es para resumir que ciertamente a todas las personas nos asusta el cambio, y que lo malo de la herencia cultural es que nos da forma, pero a veces es imprescindible cambiar para sobrevivir. Hay personas que tienen que atravesar desiertos y cruzar mares para lograr una vida mejor (empujadas por la emergencia climática en muchos casos), a nosotras solo se nos pide que cambiemos el contenido de nuestro plato por otro de igual valor nutritivo, similar experiencia en el paladar, y con menos coste medioambiental.

Si ya han visto la última de DiCaprio Don’t Look Up entenderán mejor este artículo. Sigo sin ver donde está la ideología en afrontar el problema lo antes posible. Y desde luego, me da pena, sobre todo mucha pena, que personas con estudios universitarios no sean capaces de tener suficiente comprensión lectora, o peor aún, que teniéndola no les importe pasar por necios, solo para desacreditar a un oponente político.

Escribo esto y ustedes pensarán, es normal que lo defienda porque la cercanía ideológica-partidista, no quiero que se equivoquen. Escribo esto porque me enoja la situación, lo hago en paz con mi conciencia, pero Garzón no tiene mi voto.