Simulacro de emergencia en la central nuclear Almaraz ¿Nos paramos a pensar?

ElDiario.es

Todos los años la Central Nuclear de Almaraz debe realizar un simulacro de accidente para estar prevenida ante la posibilidad de un fallo. EFE

Todos los años la Central Nuclear de Almaraz debe realizar un simulacro de accidente para estar prevenida ante la posibilidad de un fallo.

Este año han elegido simular un accidente de nivel 4, esto es un accidente con consecuencias locales y municipales. Así lo explica el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) en su nota de prensa, donde explica la situación simulada.

Para quienes no lo sepan, la escala de accidentes nucleares está dividida en siete niveles de peligrosidad, que son:

Nivel 7 Accidente mayor

Nivel 6 Accidente serio

Nivel 5 Accidente con consecuencias amplias

Nivel 4 Accidente con consecuencias locales y municipal

Nivel 3 Incidente grave

Nivel 2 Incidente

Nivel 1 Anomalía

Obviamente los accidentes más famosos son los de nivel siete como Chernóbil (1986) y Fukushima (2011), del nivel seis seguro que no les suena el accidente de accidente de Kyshtym, ocurrido en Rusia en 1957, este accidente afectó al menos a veintidos poblaciones y unas diez mil personas evacuadas, aunque se mantuvo en secreto durante dos décadas y las evacuaciones se fueron produciendo durante dos 2 años.

De nivel cinco son los accidentes de Windscale​ en el Reino Unido (1957), el de Ciudad Juárez en México (1984) y el de Goiânia en Brasil (1987).

De nivel cuatro, como el simulado la pasada semana en Almaraz, son los accidentes Stationary Low-Power Reactor Number One, reactor de energía nuclear militar experimental de los Estados Unidos (1960) , y que fue destruido tras el accidente. El reactor RA-2 de Argentina en 1983, que se produjo debido a un fallo humano. Y dos accidentes en la localidad de Tōkai-mura de la Prefectura de Ibaraki en Japón, a unos 125 km de Tokio. El primero sucedió en 1997 y el segundo en 1999. Estos dos accidentes ocurrieron en una planta de procesamiento de desperdicios de baja radiactividad y tuvieron como consecuencia que se llegaron a alcanzar niveles de radiación 15.000 veces superiores al límite de lo permisible para la vida. Aunque informes no oficiales hablan de 40.000 veces. Como consecuencia de ello se prohibió pescar y beber en las aguas cercanas al accidente. Se prohibió la cosecha de cualquier explotación agrícola. Y cuarenta y nueve personas entre población y trabajadores sufrieron daños de diversa gravedad y dos de ellas murieron directamente a causa de la exposición a la radiactividad.

El proceso, muy resumido, se inició a las 12.00 cuando sonaron las alarmas de la planta y en un primer momento se desalojaron las casas más cercanas y se estableció un perímetro de seguridad de 350 m. A las 23.00 viendo la magnitud del problema las autoridades decidieron establecer un perímetro de 10 km y recomendar a las 310.000 personas que vivían dentro de él que no salieran de sus casas.

El simulacro de accidente de nivel cuatro efectuado en la Central Nuclear de Almaraz, que comenzaba a las 09:03 horas con la declaración de emergencia en el emplazamiento debido a la pérdida de refrigerante del reactor de la unidad I durante el proceso de parada del reactor para la recarga del mismo, sin sistemas de inyección de seguridad al reactor. Y que como consecuencia había procedido a la parada ordenada de la unidad II de la planta. Y en el que se simulaba también un incendio en el edificio auxiliar en la Unidad I y un herido en zona controlada no contaminado, pero que era tratado por el servicio médico. Este simulacro, nos informa en la nota de prensa del CSN, que atendiendo a criterios radiológicos, debía recomendar a la Subdelegación del Gobierno de Cáceres la evacuación de las poblaciones situadas en un radio de tres kilómetros de la central, ampliado hasta 5 km para las que están localizadas en el sector preferente en el sentido del viento oeste-este de la planta. Y en el entorno de la zona I a 10 km de la central nuclear) debía llevarse a cabo el confinamiento de la población y el reparto, pero no ingesta, de profilaxis radiológica.

Como ven, este simulacro tendría muchos parecidos con lo ocurrido en Tōkai-mura, lo que nos deja una advertencia clara: niveles de radiación superiores al límite permisible para la vida, prohibición de beber de las aguas cercanas al accidente, y de pescar también obviamente, y prohibición de cosechar en cualquier explotación agrícola. Me gustaría saber porque no nos cuentan estas cosas cuando informan de que están preparados para las contingencias urgentes ante un accidente de estas características. Preparados para la actuación inmediata, eso sí, pero ¿y para después?

Me llama la atención que no se haga ninguna mención a la Ley de Protección Civil y de Gestión de Emergencias, gracias a la cual Extremadura se convirtió en la primera Comunidad Autónoma en incluir a los animales en la evacuación y protección ante situaciones de riesgos y emergencias. Creo que tanto la central como el CSN debería actualizar sus protocolos porque por Ley ya no basta con pensar en las personas, también los animales en todas sus condiciones que van desde los animales de familia, los animales explotados en granjas y los animales que viven libres en ese radio de tres, cinco y diez kilómetros deben estar contemplados en los planes de emergencia.

Creo que con esto está todo dicho. No sé qué más nos hace falta saber para cerrarla.

Anuncio publicitario

La teta que me sobra

ElDiario.es

“No son tres años en los que tengo cáncer, son tres años en los que sigo viviendo dentro del proceso de sanación sin poder cerrar el ciclo”

Foto de Angiola Harry en Unsplash

El 19 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, la segunda causa de muerte en mujeres, después de los infartos. Y, sin embargo, yo quiero hablar del post cáncer, porque aunque es indudable que salvar la vida es lo primero y más importante, vivir con las secuelas del cáncer, sobre todo en los primeros momentos, es algo que no se suele comentar.

Antes de tener cáncer había leído algo sobre la soledad que se experimenta después de la sanación y, cuando me dieron el diagnóstico, un amigo me dijo: “cuando te sanes es cuando más vas a necesitar un grupo de apoyo.” Y al menos en mi caso, tenía mucha razón.

A mi me diagnosticaron un cáncer de mama triple negativo en fase III, en septiembre de 2018. Y después de un intenso proceso de quimioterapia, logré llegar a la fase de la operación en marzo de 2019. Me realizaron una mastectomía radical con alcance axilar y me advirtieron que, a partir de ese momento, viviría con dolor. “No importa. Es mejor el dolor que la muerte”, expresé en voz alta, y asumí con alegría esa parte del proceso para la supervivencia. Les pedí, incluso con argumentos de ahorro económico, que me quitaran los dos pechos de una sola vez, porque tengo una talla grande -una 105D es la última talla que me he comprado. Me dijeron que no podía ser, que luego me iba a arrepentir y que querría tener dos pechos otra vez. Me pidieron que confiara en su experiencia, y así lo hice. Hace de aquello dos años y medio.

Me dijeron también que el proceso sería de un año y yo comencé a nombrar ese tiempo como “el año del cáncer”, lo malo es que ya van tres. No son tres años en los que tengo cáncer, son tres años en los que sigo viviendo dentro del proceso de sanación sin poder cerrar el ciclo. Este pasado septiembre he telefoneado a la lista de espera de cirugía plástica para saber cómo avanza, y me han dicho que aún me quedan dos años más, al menos, hasta poder operarme y recuperar la ansiada simetría.

En mi primera visita al cirujano de mama me hablaron de la vida con dolor a causa del dolor en la cicatriz y del dolor en el brazo, pero nadie me habló del dolor en las cervicales y en las dorsales. Aunque lo peor es que me nieguen que ese dolor sea debido a la asimetría corporal, y suelen achacarlo a que paso demasiadas horas en el ordenador. Me enoja.

Sí, debo reconocer que me enoja, porque ahora no paso ni la mitad del tiempo que pasaba antes del cáncer y, sin embargo, cuando tenía dos pechos, no me dolía la espalda. Es ahora que solo tengo uno, pese al yoga, a los diez mil pasos diarios, la natación y el cojín ergonómico, cuando la espalda dice en todo momento “Me sientes, luego existo”.

Debo confesar que cuando me dijeron que me faltaban dos años más para la operación, me vine abajo. Uno de esos estados de llanto incontenible en plena calle, caminando sin rumbo como en la literatura de vanguardia. Fue uno de esos momentos en los que odias de verdad ser pobre, que no son muy habituales en mi.

No soy pobre de no poder pagar las facturas cotidianas, sino pobre de no tener dinero ahorrado para imprevistos. En mi caso necesitaría, por lo que he podido averiguar en internet (https://scielo.isciii.es/pdf/cpil/v41n4/original6.pdf ) unos quince mil euros para poder operarme en el sistema privado de salud y hacerle el quite a la lista de espera de la Seguridad Social. Librarme de una vez de la teta que me sobra.

Me gustaría poder decirle a alguien, a alguien con poder, que yo tenía razón. Qué soy mucho más que mis pechos. Que quiero dejar de vestirme de cáncer, y que eso sería mucho más fácil, si me hubieran escuchado como a la persona adulta que soy, y me hubieran advertido de todo, también de la lista de espera.

Pero estamos en la semana de la prevención del cáncer de mama, y no quiero dejar de hacer las recomendaciones que pueden salvar vidas, porque lo que más me gustaría es que ustedes no lo sufrieran nunca. Las recomendaciones son fáciles y yo diría que contribuyen a la felicidad, por ejemplo:

● Limita el consumo de alcohol, o evítalo totalmente.

● Una dieta vegetariana o vegana. Comer frutas y verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos y tomar aceite de oliva.

● Realizar actividad física. Al menos dos horas y media semanales de actividad aeróbica moderada.

● Mantener un peso saludable. Una dieta basada en plantas y una actividad física regular te va a ayudar en esto.

● Si te has planteado la maternidad biológica, la lactancia prolongada ayuda en la prevención del cáncer de mama.

● Limita la terapia hormonal posmenopáusica. Es posible que puedas controlar los síntomas con terapias y medicamentos no hormonales.

● Observa tus pechos, si notas un bulto o cambios en la piel, corre al centro de salud.

Sin embargo, aunque lo hagas todo, debo decirte que no es seguro al cien por cien que puedas evitarlo. Lo sé porque yo lo hacía y aún así he tenido un cáncer de mama, y puede que repita.

Lobo sí, y lobo también

Comenzaré con unos versos, para ponerlo fácil.

La luna me ha dicho,

que os cuente esto:
La tierra es de todos,
también de los lobos.

(Fragmento del poema aparecido en la Revista Gallipata nº7 )

Manifestación a favor del lobo en Andalucía el próximo 16 de octubre, Sevilla.

El próximo 16 de octubre habrá manifestación a favor del lobo, esta vez no será en Madrid, como las anteriores, sino en Sevilla y el lema de la convocatoria es claro, “por el regreso del lobo a Andalucía”. Y es que aunque el lobo es especie protegida en esta comunidad autónoma desde 1986, desde 2012 no hay ni rastro de lobos en la región.

Lo que demuestra que legislar es un gran paso, como el que se ha dado el pasado 21 de septiembre pero no es suficiente, y es nuestra obligación seguir organizandonos y saliendo a la calle para hacer pensar al resto. Y tenemos que seguir argumentando con datos en la mano, para cambiar mentalidades neolíticas que nos acompañan desde hace diez mil años.

Un dato anecdótico, pero a mi entender significativo. En 2018, en el Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba, se llevo a pleno y se aprobó (con el voto a favor de PP e IU) prohibir que se utilizase el nombre del municipio con cualquier actividad asociada al programa LIFE-nature «El lobo en Andalucía: Cambiando actitudes». Sí, lo han leído bien políticos en ejercicio oponiéndose a las obligaciones legales del Estado español, miembro de la Unión Europea, y beneficiario de múltiples ayudas, pero por lo mismo obligado al cumplimiento de las normativas comunitarias, en este caso de la Directiva Hábitats que implica la obligación legal de garantizar el estado de conservación favorable de la especie Canis lupus signatus.

Es llamativa esta lucha en el interior de la sociedad humana, entre quienes aman la naturaleza y quienes viven de ella. Un diálogo donde la dialéctica parece no tener cabida.

Y es que la agricultura y la ganadería de la edad contemporanea parecen empeñadas en alejarse de la naturaleza, aplicando un control racional que a todas luces, y con los datos en la mano, va en contra de su propia viabilidad a largo plazo. Estamos mordiendo la mano que nos da de comer.

Es triste comprobar que en esta época de alfabetización absoluta, con acceso a la educación casi total, y teniendo formación interdisciplinar en el sistema educativo, nos cueste tanto entender lo básico de la interdependencia y la ecodependencia.

Soy bisnieta de un cestero. Una parte de mí proviene de una aldea asturiana donde la mayoría de las familias se sustentaba con la fabricación de cestas de castaño que vendían ambulantemente en el norte de Castilla. Me gusta contarlo porque es una profesión extinta que nadie llora, lo que demuestra la importancia relativa de las cosas. Obviamente no había un lobby económico detrás de los cesteros asturianos, y su desaparición no ha sido motivo de berrinches mediáticos. Se fueron los cesteros, silenciosamente, como los lobos. Víctimas los unos y los otros de la productividad enloquecida y de la egolatría posmoderna.

Por mucho que se explique que el lobo es una especie clave en la conservación y la buena salud de los ecosistemas, y que la buena salud de los ecosistemas es crucial para todas las vidas, también para la nuestra.

Por mucho que se explique que el lobo es un animal gregario, como el ser humano, y que al deshacer una manada lo que se consigue es tener individuos inadaptados y temerosos que al volverse vulnerables, menos capaces de cazar herbívoros silvestres, y por lo tanto más proclives a acercarse a la facilidad que ofrece la caza del herbívoro de rebaño. Por mucho que se explique, parece que aún no logramos hacernos comprender.

Por mucho que se explique, el agua se mantiene más limpia donde hay lobos, porque los lobos logran que las manadas de herbívoros no acudan a beber siempre a los mismos puntos, y mantiene el control poblacional, lo que permitiendo que la vegetación ribereña se mantenga y haga su labor de filtro natural, y la sombra de los árboles regule la temperatura del agua permitiendo mayor diversidad de la fauna acuática, lo que hace del lobo un aliado ante la emergencia climática. Parece que aún no logramos hacernos comprender.

Y si esto no fuera suficiente, qué decir de la deuda de gratitud que tenemos al menos desde hace 36.000 años, cuando algunos lobos mutaron en perros y cambiaron el apego hacia su manada, por el apego hacia el ser humano.

Ojalá la manifestación de Sevilla sea tan multitudinaria como lo fueron las de Madrid e incluso más, porque será un gran apoyo a la nueva Ley estatal, será una demostración de cordura y creo que ayudará a hacer pensar a muchas personas. Y quiero recordarles que solemos decir que pensar es lo nuestro.

Seamos realistas, hace mucho tiempo que el lobo ya no es feroz, el lobo es nuestra víctima, y hemos tenido que incluirlo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. Cambiemos el cuento, re-eduquémonos por nuestro propio bien.

Ante la crisis económica del covid-19 ¿Quién merece salvarse?

ElDiario.es

Foto de Fusion Medical Animation en Unsplash

El 8 de agosto, algunos medios autonómicos se hicieron eco del firme compromiso de la Diputación de Cáceres con la tauromaquia, y cito: “echa un capote a la Fiesta Nacional, al aprobar una línea de ayudas de 500.000 euros para las 67 explotaciones de la ganadería de lidia que hay en la provincia, con un máximo de 11.440,48 euros por instalación o empresa”

Cualquier persona que en Extremadura esté en contacto con pequeños empresarios o autónomos, sabe que el acceso a las ayudas no está siendo en absoluto fácil, ni rápido. Que algunos bancos, si has dado pérdidas en 2020 te niegan la posibilidad de un crédito, antes de empezar a hablar. Y que si hay un sector al que la crisis del coronavirus ha dejado olvidado es el sector cultural. Eso puedo defenderlo en primera persona porque soy una de esas personas de la cultura que ha quedado en tierra de nadie.

En la ciudad de Cáceres he visto desaparecer dos de mis librerías favoritas este último año, y tambalearse otras. Empresas de programación artística han quedado varadas, y no puedo dejar de volver a pensar, como lo pienso siempre, que el apoyo a la tauromaquia no es una cuestión ni de justicia, ni de cultura, sino una cuestión de clase.

¿Saben ustedes que Extremadura es la región que más dinero público destina al sector cultural? ¿Saben ustedes que la tauromaquia es, gracias al PP, Patrimonio Cultural de España desde 2013? De modo que esa cifra tan halagüeña para nuestra región posiblemente, o presuntamente, maquilla un desvío de fondos. Y las actividades culturales promotoras del crecimiento intelectual, base del equilibrio emocional no reciben más apoyo institucional que en otras regiones, lo que sucede es que el dinero de cultura se destina en gran parte hacia actividades atávicas que en otros países fueron prohibidas en el siglo XVIII.

Sí, han leído bien. La tauromaquia no es una actividad ligada de forma exclusiva a la península ibérica históricamente, por el contrario era algo común en toda la Europa Medieval. En este punto les recomiendo leer al Doctor en Historia Juan Ignacio Codina, cuya tesis doctoral recoge el pensamiento antitaurino durante los últimos ocho siglos.

La cuestión es que España, para alejarse del pensamiento ilustrado, se reafirmó en valores medievales, y esos contravalores humanos fueron abrazados en primera persona por la clase aristocrática de nuestro país, para dar ejemplo a toda la población.

Es bien sabido que la aristocracia en el mundo se ha guardado para sí dudosos placeres, como la caza o la prostitución de lujo. En nuestro país, y mucho más en nuestra región, la tauromaquia se establece como parte de una alianza de clase.

Nos hablan de puesto de trabajo, que es una forma fácil que han encontrado de zanjar las discusiones tanto en derechos de los animales, como en derechos medioambientales. Pero sucede siempre, que cuando vas a buscar la información, lo que encuentras es triste y desalentador. Esos puestos de trabajo que hay que defender son pocos, y en el caso de la tauromaquia, además están mal retribuidos.

Según los datos del Ministerio de Cultura (http://estadisticas.mecd.gob.es/CulturaDynPx/culturabase/index.htm?type=pcaxis&path=/t23/p23b/a2019/&file=pcaxis) en el ámbito de la tauromaquia sucede algo curioso. La actividad cae un 61%, pero el número de inscritos aumenta un 21%. Inscritos en 2012: 7,907; Inscritos en 2019: 9.993, de los cuales 991 tienen más de 65 años.

AVATMA en su informe sobre la sostenibilidad de la dehesa (https://avatma.org/2020/10/30/dehesa-vs-ganaderia-de-lidia/), nos fácilita datos sobre el empleo en las explotaciones del toro de lidia, donde el 60% cuentan con un solo empleado fijo y la contratación de trabajadores temporales es para faenas puntuales como el herrado, saneamiento, tientas, manipulación de cornamentas, y embarque de los animales.

Pero la paradoja continúa y crece. En los últimos años han aumentado en 12 (hay 1339) las ganaderías de lidia en España, a pesar de la caída de un 63,4% de las corridas de toros. Aunque eso tiene una explicación económica que nos llega de manos de un taurino. Un estudio realizado por Joan Enrich, ingeniero agrónomo de la Universidad Pública de Navarra en el año 2013 y titulado “Eficiencia técnica económica de las ganaderías de toros de lidia”, donde analiza 18 ganaderías de lidia, casi un tercio de los ingresos de las ganaderías (31,6%) provienen del Programa Agrario Común (PAC) de la Unión Europea, aunque en algunos casos, las subvenciones de la PAC pueden suponer el 50% de los ingresos de las ganaderías.

Entiendo que las ganaderías de Cáceres no son una excepción y seguirán recibiendo el dinero de la UE; no han comunicado lo contrario. Pero quiero señalar que en el cómputo nacional, antes de la pandemia, solo el 30% de las ganaderías conseguía vender animales para festejo en plaza. ¿No les resulta curiosa la opacidad de sus cuentas? Incluso la forma en que nos hablan en los artículos de prensa, esa forma lastimera en que explican que van a tener que llevar a los animales al matadero, es una manipulación ya que es indudable que la mayor parte de esos animales ha terminado sus días en los mataderos (con aturdimiento previo compasivo antes de su muerte) antes ya del 2019.

Y para despedirme, les quiero recomendar que se asomen a la web Esto lo pagas tú ( https://estolopagastu.info/) donde se recopila información económica de interés, y además enlaces a las tramas de corrupción, el intercambio de favores entre subvenciones, puestos de poder y puertas giratorias.(https://estolopagastu.info/corrupcion-tauromaquia/) que se han ido descubriendo en los últimos años, y los enlaces entre las ganaderías de lidia con otros negocios como el ladrillo, el arroz o el aceite.

Viviendo la sexta gran extinción en Extremadura

ElDiario.es

El pasado 29 de julio, el planeta entró en déficit ecológico. Según Global Footprint Network ese día la humanidad agotó para este 2021 los bienes naturales que nuestro planeta es capaz de regenerar en un año.

Es algo que nos afecta como humanidad, de forma global, aunque vivamos en países empobrecidos que no contribuyen tanto a la sobreexplotación del planeta, o aunque viviendo en países del llamado primer mundo, que son los que más recursos acaparan.

Claramente, la vida no es justa. Por eso nos toca hacer un esfuerzo personal, en el día a día, para no ser parte del problema.

Como persona vegana que no tiene automóvil y que no viaja en avión en los últimos años, mi huella ecológica ha disminuido bastante, y según la aplicación de Global Footprinter Network este estilo de vida personal, bastante cómodo y alegre, aunque ciertamente urbanita, es sostenible. Yo habré agotado los bienes naturales que el planeta puede recuperar este 2021, el 24 de enero de 2022. No está mal, puede decirse que hago mi parte, aunque ya sabemos que el cambio que necesitamos es global, no solo por parte de las personas, también por parte de las industrias y de los gobiernos.

Debo aclarar que no me pone triste saber que voy a compartir la suerte del resto de la humanidad si la cosa no cambia. Lo doloroso, para mi, es saber que hay en el planeta seres absolutamente inocentes, con estilos de vida absolutamente sostenibles, que pagan con su propia vida nuestros desmanes. Y es que la biodiversidad mundial ha disminuido alarmantemente en medio siglo: más de 25.000 especies, casi un tercio de las conocidas, están en peligro de desaparecer.

Hace dos años, en julio de 2019, SEO/BirdLife dio una voz de alarma para Extremadura. La ONG especializada en aves, hizo un estudio sobre el panorama regional. Uno de los puntos fuertes de la región es la diversidad de las aves que la habitan, ya sea de forma permanente, o en momentos de sus ciclos vitales.

En el 2019, Juan Carlos Atienza, responsable de Gobernanza de SEO/BirdLife hacía unas declaraciones rotundas: “aunque contamos con la legislación suficiente para frenar esta pérdida de biodiversidad, no lo estamos haciendo. Se trata por lo tanto de una ausencia de voluntad política”.

Y pedían entonces, medidas valientes en nuestra región. Como dotar a la Dirección General de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura de los medios materiales y humanos necesarios, especialmente en cuanto a técnicos de conservación, de evaluación de impactos y agentes de medio ambiente. Argumentaban que en 2019 nuestra comunidad autónoma estaba muy lejos de cubrir las necesidades a las que nos enfrenta la crisis climática.

Pedían actualizar el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de Extremadura, que es de 2018, y aún así ya en 2019 la entidad lo consideraba obsoleto, pues no incluye varias aves esteparias con graves tendencias negativas como la avutarda, el aguilucho cenizo, el cernícalo primilla, la carraca europea, y las gangas ibérica y ortega. Seguramente el cernicalo primilla, por ser un ave urbana, se encuentra más cercana al corazón de las gentes extremeñas

Como ecologista sé que la percepción de la mayoría de la gente es que queremos “quedarnos” con todo el campo, pero ahora mismo ampliar las zonas de protección es una estrategia exitosa para poner freno a la emergencia climática que estamos viviendo. Y la realidad es la contraria, la humanidad se ha quedado con todo el campo, y el planeta se agota. Debemos ponernos límites, debemos poner límites a nuestro deseo desmedido de administrar la Tierra. Tener más zonas de estepa y zonas de dehesas dentro de la Red Natura 2000 es fundamental para ser parte de la solución al problema, y hacerlo con unas normas firmes de intervención para impedir que proyectos mineros a cielo abierto, o macroproyectos de energías renovable, o monocultivos que afectan a la diversidad, pongan en peligro los ecosistemas, sobre todo en una región donde los incendios veraniegos se suceden sin parar. Más zonas protegidas no solo son un hogar seguro para los insectos y las aves, si no una garantía para que no agotemos los recursos hídricos. Es triste tener que recordar que sin agua no hay vida, y que somos, de todos los animales mamíferos, los que más agua necesitamos para vivir.

De entre todas las medidas que proponía SEO/Birdlife hace dos años, creo que hay dos a las que debemos atender como sociedad, y nuestra presión hará que el gobierno se ponga manos a la obra. .

“Garantizar la coordinación del Plan de Desarrollo Rural con el Plan Estratégico de la PAC dando apoyo a los sistemas de mayor valor ambiental en las dehesas y en las llanuras de secano (porque el secano también tiene su valor en la sostenibilidad planetaria). Se requiere alinear todas las políticas del Estado para no destruir nuestro verdadero patrimonio, el patrimonio natural.”

Y fomentar la naturalización de las escuelas, porque será la infancia de hoy la que pague nuestros desmanes pasados y presentes, y debe estar preparada para afrontar otro estilo de vida para garantizar su futuro. Se lo debemos.

El escenario es el siguiente: Se estima que “un tercio de los corales, de los moluscos de agua dulce, de los tiburones y de las rayas, un cuarto de todos los mamíferos, un quinto de todos los reptiles y un sexto de todas las aves se dirigen a su desaparición” Elizabeth Kolbert (autora La sexta extinción, ganador del premio Pulitzer en 2015)

No les pido que se hagan ecologistas, eso es opcional, pero si que sean egoístas inteligentes, eso es imperativo para no morder la mano que nos da de comer.

Estos días, leyendo “El clamor de los bosques” de Richard Powers (premio Pulitzer en 2019), me he dado cuenta de que pocas veces nos hacemos las preguntas correctas. La pregunta no es ¿Qué hace Extremadura por nosotros?, la pregunta correcta es ¿Qué hacemos nosotros por Extremadura?

Escribo en El Diario.es, casi siempre en Extremadura

En 2015 comencé a colaborar con ElDiario.es un periódico digital nacido en 2012 y que reconoce su línea republicana sin sonrojos.

Me gustaron muchas cosas de ElDiario, pero la que más su blog animalista El caballo de Nietzsche donde he tenido el privilegio de publicar algunos artículos, y también de ser rechazada, no lo voy a negar.

Como tengo una cierta adicción a la escritura, y demasiados libros sin publicar guardados en mi ordenador, le he propuesto al responsable de la sección extremeña, colaborar con un artículo de opinión una vez a la semana. Sí, ya sé que suena a mucha tarea, pero es que si no escribo, reviento. Y creo que es más razonable para mi salud mental escribir artículos de opinión que escribir libros que no sé cuando podrán ver la luz. De modo que este compromiso autoimpuesto es en realidad mi manera de cuidarme.

Si les apetece hacer un seguimiento de las cosas que escribo en ElDiario, pueden hacerlo pinchando en mi pagina de escribidora AQUÍ

Como siempre, un millón de gracias por leerme.


Lo nuclear preocupa, pero no lo suficiente


ElDiario.es

Hace una semana, el sábado 10 de julio, se presentó en Cáceres el Manifiesto Antinuclear por una Energía 100% renovable y sin riesgos para la vida, elaborado por el Movimiento Ibérico Antinuclear donde se hace un recorrido de todos los factores que nos afectan en la cadena nuclear, desde la extración del uranio, su uso y el almacenaje de los residuos que segun la Sociedad Nuclear Española, pueden ser desclasificados a los 300 años. La presentación del manifiesto tuvo lugar, por pura casualidad, dos días después de haber tenido conocimiento de un fallo en el reactor 2 de Almaraz, tres días después de que la Comisión Europea amenzara con llevar a España ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea por fallos en la transposición de la normativa sobre protección frente a la radiación ya que Bruselas considera que España,Austria y Bélgica no han transpuesto de manera completa la directiva que moderniza los estándares de seguridad nuclear aprobados en 2018 tras el accidente nuclear de Fukushima y que incluye nuevos protocolos de emergencia; Y dos días antes de que el CSN entregará su informe desfavorable a la autorización de construcción de la planta de fabricación de concentrados de uranio de Retortillo (Salamanca)

El martes 13, un periódico de tirada nacional en papel, publicó un artículo sobre el 40 aniversario del cierre de la fábrica de uranio de Andújar (Jaén), fue el 15 de julio cuando se cumplieron 40 años del cierre de la fábrica en la que trabajaban 126 personas y que estuvo en funcionamiento entre 1959 y 1981, bajo la supervisión de la extinta Junta de Energía Nuclear. No fue hasta 1995 que se desmanteló y quedó enterrada en su totalidad, lo que incluye 1,2 millones de toneladas de basura nuclear.

Aquella fábrica trataba el uranio para la obtención de concentrado de óxido de uranio con una pureza que iba del 80% al 90%, y que servía como combustible para Zorita (Guadalajara) y Garoña (Burgos). Después el material gastado era reprocesado posteriormente para su uso como combustible en otros reactores atómicos de Francia o Estados Unidos.

De aquellas 126 personas, sobreviven unas doce, el resto ha fallecido en su gran mayoría por distintos tipos de cáncer. Aunque la Justicia les denegó el reconocimiento de enfermedad profesional, los supervivientes y sus herederos siguen reclamando algún tipo de compensación por haber trabajado sin protección alguna. Juan Antonio Muñoz Castillo, Doctor en Historia Contemporánea, realizó un estudio titulado “La Fábrica de Uranio de Andújar (Jaén): Hablan los trabajadores” que se publicó en 2017.

Habíamos cerrado junio conociendo el enojo de Francia y la factura de lo que España paga a Francia desde julio de 2017 por custodiar parte de nuestros residuos nucleares, que supera holgadamente los 100 millones de euros. A 31 de diciembre de 2020, las penalizaciones abonadas por Enresa (encargada de gestionar los residuos nucleares en España) a la francesa Orano (antigua Areva) por custodiar ese material en su planta en La Hague (Francia) ascendían a 96 millones. Son 30 millones más que un año antes y a estas alturas de 2021, el importe supera ya los 110 millones.

Según la memoria presentada por Enresa, esta cantidad preocupante, será devuelta en 2028 cuando España recupere sus residuos radioactivos y solo tendrá que pagar el coste del almacenamiento, que desde octubre de 2015 hasta 2020 ascendía a unos 7 millones.

Claro que según las propias centrales nucleares el sector está en crisis, y se quejan de que cerrarán 2021 con pérdidas, debido a que los precios del mercado mayorista y el incremento de los impuestos han puesto en jaque sus cuentas ya que, según sus propias fuentes, la carga impositiva supone ya un 75% de los ingresos. Argumentan que “los bajos niveles que está registrando el mercado mayorista de la electricidad por la fuerte caída del petróleo y del gas, así como por la mayor producción de las energías renovables suponen un problema para este tipo de plantas cuyos costes son superiores a los del resto de tecnologías”. Ante lo que alguien que no es del medio, y lo ve desde fuera se pregunta: Entonces, ¿por qué tanto empeño en continuar?

De modo que en algo más de quince días, y apenas prestando atención, nos encontramos con que la problemática nuclear nos rodea. Y es que lo nuclear y todas sus consecuencias tienen un importante impacto en nuestra cotidianidad, pero la sociedad parece continuar adormecida o al menos no lo suficientemente alerta sobre lo que ha sido, es y será para la vida, si tenemos las prioridades claras; o para el bolsillo, si nuestras prioridades están patas arriba.

Sí, también es machismo


ElDiario.es


“El machismo dejará de existir cuando desde el momento en que nace una persona, sea cual sea su sexo la dejemos crecer libre, sin género asignado…”

Foto de Markus Winkler en Unsplash

En esta primavera del hemisferio norte, con semanas de diferencia, han sido asesinadas dos niñas en Tenerife y una niña en Barcelona. Y sí, los tres asesinatos son violencia patriarcal ejercida desde la misma ideología cosificante. Las niñas han sido asesinadas porque quienes les dieron la vida, no las consideraban personas, las consideraban “algo” de su propiedad. Algo no alguien. Algo que se puede usar de mil maneras. Se puede usar para agradar, para agasajar, para chantajear, para castigar. Usar a las personas como cosas, a los animales como cosas, a la naturaleza como cosa, es la base del sistema violento que llamamos Patriarcado y es contra esa violencia contra la que lucha el feminismo. 

Pero el feminismo nace, crece y se desarrolla en un marco patriarcal, y por eso el trabajo es doble, porque no se trata solo de proponer un nuevo modelo, es que además debemos desaprender a ser machistas dentro del sistema machista en que nos hemos construido como personas. Y aunque las nuevas generaciones pueden tener algunas ventajas en su acceso a la educación, a la tecnología, a la propiedad de la tierra, o a la posibilidad de sus sueños profesionales, debemos reconocer que hemos cambiado muy poco en el esquema de nuestras relaciones afectivas. Y seguimos sintiendo, erróneamente, que “sin ti no soy nada”. 

Y es que todo el engranaje cultural está en contra del respeto a la Persona per se. Del respeto que nos debemos cada una de las personas del planeta a nosotras mismas y a las demás, desde el momento de nacer. 

Escribo como mujer que se reconoce machista en deconstrucción, que es otra forma de decir feminista. Vivo vigilándome, vivo a veces sobreponiéndome a mis propias cadenas, a mis contradicciones y contra mis propios impulsos aprendidos. 

Los celos son un sentimiento de inseguridad propiciado por el Patriarcado que es un sistema cultural aberrante, que hemos creado y que sostenemos desde hace miles de años. 

Dice Coral Herrera en su blog, en una entrada de 2017: 

En todo el mundo, las mujeres colaboran con el patriarcado: hay mujeres que tratan mal a otras mujeres que van a dar a luz un bebé, hay madres que mutilan los genitales a sus hijas, o que permiten que sus maridos las violen. Hay mujeres que colaboran en la captación de niñas para la trata de esclavas sexuales, dirigen puticlubs, hay mujeres que se enriquecen explotando a otras mujeres.“

Cuando idealizamos la maternidad, y a la madre, también estamos siendo machistas y estamos cosificando a la persona reduciéndola a una sola parte de su vida, mientras la obligamos a ser “perfecta” en su amor sacrificado hacia esa persona o personas que le dan el estatus al que la destina la sociedad patriarcal. 

El machismo dejará de existir cuando desde el momento en que nace una persona, sea cual sea su sexo la dejemos crecer libre, sin género asignado, la respetemos y entendamos que es alguien independiente, y que le corresponde una vida digna por derecho propio.

Cuando la justicia se niega a escuchar las razones de las personas menores de edad, sus gustos, sus preferencias, sus denuncias, está enraizando sus formas en la cultura patriarcal dominante. La cultura de la violencia que cosifica la vida. 

Cuando como personas adultas, unidas por la biología, la ley o las tareas profesionales, al cuidado de personas en crecimiento, las humillamos, menospreciamos o ridiculizamos, estamos siendo parte de la cultura patriarcal, responsables de la violencia que comienza en un parto no respetado y que puede terminar en el asesinato por venganza. 

Cuando leí sobre la muerte de Yaiza en Barcelona, pensé en Medea. Pero en realidad el mito no tiene relación con su asesinato. La madre de Yaiza, como el padre de Olivia y Anna, son racionalmente sabedores de que sus actos son punibles, pero no pueden reprimir con la razón sus deseos de venganza hacia sus ex parejas, ni su interiorización de que la vida de sus hijas (podrían haber sido hijos también) les pertenecen porque en realidad nunca han tenido relaciones sanas de persona a persona. 

Nadie mata a nadie cuando una amistad se rompe, porque la amistad es una relación entre iguales. Hasta que las relaciones de pareja no sean como las relaciones de amistad, seguirán siendo violentas. 

Mientras sigamos siendo una sociedad violenta seguiremos creciendo entre traumas, baja autoestima y otros dolores que de llevar más de cinco mil años siendo nuestra realidad se han hecho universales. 

Espero que más pronto que tarde entendamos que el Patriarcado es violencia, y por fin le demos la espalda como sociedad.  

No es mi caso, pero… (una reflexión sobre la autopublicación)

La pasada Feria del Libro de Cáceres la autopublicación se convirtió en polémica al no permitir la presentación a los autores que han elegido este formato para sacar sus creaciones a la calle. Me sorprendió, y me dejo pensando, porque la misma propuesta salió en el grupo de evaluación de la Feria del Libro de Mérida, realizada también por el sector de las librerías. 

Como persona que escribe y no gana dinero con ello, pero tampoco paga a nadie para lograr la publicación de sus libros, debo confesar que nunca había dado mayor importancia a esta cuestión. Pero la coincidencia en el tiempo me ha abierto los ojos a una realidad y a un conflicto de intereses que quizás en algún momento de mi vida “me toque”. 

Tengo diez libros publicados y todos tienen varios fallos de edición. Siempre que recibo mi último libro y lo abro trémula de emoción, como el árbol solo de Valhondo, me topo con la desilusión de encontrar los errores, en su mayoría míos obviamente, a veces incluso en la portada. Y entonces me acuerdo de Galdós. 

Quienes me conocen saben que soy enfermizamente fan de Don Benito, un autor que logró vivir de su talento para escribir, y que siendo como era un perfeccionista de la ortografía, después de su primera novela rehusó la ayuda de los editores cercanos porque quería tener el control total de sus escritos. Pero eso no lo enemistó con las librerías, sus principales aliadas para hacer llegar su obra al gran público. 

A veces puede suceder que alguien comience autoeditandose, como lo hizo Beatrix Potter, que rechazo tras rechazo de las editoriales, decidió sacar su obra a la luz arriesgando su dinero y haciendo todo el trabajo, como le gustaba a Galdós. Aunque ella siguió el camino inverso, y después de autopublicarse, y viendo el éxito de ventas que supuso “El cuento de Pedro el conejo”, firmó un acuerdo con una editorial para esa y sus siguientes obras. 

El arte de Beatrix Potter: bocetos, pinturas e ilustraciones

Les he puesto dos ejemplos inversos desde el punto de vista de quien escribe, aunque hay miles. Sí, no estoy exagerando. Es que somos muchas personas escribiendo a lo largo de la Historia en el Planeta, de modo que creo que ya se puede hablar de millones de personas escritoras en el sentido más creativo y literario del término. 

Si a mí me pareció dolorosa la falta de las autopublicaciones en las presentaciones de Cáceres fue porque la Feria se denomina “del libro” y ese título no habla de cómo el libro ha llegado a ser un objeto a nuestro alcance, si no que nos habla de la creatividad, del deseo de comunicar, de hacer pensar y lograr que la sociedad avance, de entretener o de sacar fuera los demonios internos para descubrir que son demonios compartidos. 

En estos tiempos de tecnologías que se renuevan día a día, de negocios emergentes que involucran la creatividad, de apoyo social a la cultura como un valor indispensable (al menos en el discurso) censurar a alguien por no haber usado una editorial es difícil de comprender para quienes no hacemos del libro nuestro negocio sino nuestra pasión. 

Yo tengo un libro rodando por las editoriales, una de ellas me ha respondido que por la módica cantidad de 2.500€ me lo pueden editar, y colocarlo en las librerías. Es un libro de esos de sacar fuera los demonios, y pienso que si me toca la lotería quizás les diga que sí… pero ¿no es eso autoedición encubierta?

Una encuesta realizada por la empresa de investigación de mercados IPSOS para Kindle en España, que se ha publicado este mes de junio, revela que el 30% de los españoles se ha planteado escribir un libro alguna vez, lo que es curioso en un país donde el 37,8 por ciento de las personas se declaran como no lectoras. En cualquier caso, de entre las personas que leen, el 78 por ciento valora por igual los títulos autopublicados y los publicados por una editorial. 

Sin olvidar la cuestión del género, que sigue haciendo que a las mujeres les sea más difícil publicar aún hoy, por lo que la autoedición nos abre un camino hacía lo público. Recuerden que según el Instituto de la Mujer para la igualdad de oportunidades, aún no se alcanza la paridad en los premios literarios que se reparten en 70 por ciento para los hombres y 30 por ciento para las mujeres, salvo en el caso de la narrativa infantil y juvenil donde el porcentaje roza la paridad. Sin embargo, las cifras de Bubok hablan de que un 60 por ciento de las obras publicadas están escritas por mujeres. 

La cuestión es que escribir es un acto creativo, pero publicar es un acto económico, y la cultura se mueve siempre entre esos dos ejes. En este mar de dudas, lo único que a mi que queda claro es que este año Galdós no habría venido a Cáceres a presentar sus novelas, ni Dickens habría traído su “Cuento de Navidad”, ni habría podido estar el “Ulysses” de Joyce, ni por supuesto Ramón del Valle-Inclán. 

Los otros animales son víctimas olvidadas de los accidentes nucleares

Publicado en Eldiario.es

Desde una conciencia antiespecista, la autora establece un nexo entre el movimiento de derechos animales y el movimiento antinuclear: quienes defienden a los animales deben hacer presión por el cierre de las centrales nucleares

Para ello intervendrá en el próximo Foro Social Mundial Antinuclear, donde aportará información sobre cómo afecta la radiación a la vida y cómo la sociedad olvida a los animales cuando debe afrontar las consecuencias severas de los accidentes nucleares

Naoto Matsumura cuida a los animales abandonados en Fukushima tras el accidente nuclear. Foto: Página de apoyo a Naoto en Facebook

os días 31 de mayo y 1 y 2 de junio se celebra en Madrid el cuarto Foro Social Mundial Antinuclear. Este año, creo que por primera vez en un foro de estas características, habrá un espacio de 45 minutos para hablar de los animales en los accidentes nucleares.

Cuando presenté la propuesta de ponencia no tenía muy seguro que la fueran a aceptar, pero afortunadamente las mentalidades están cambiando y comenzamos a comprender que, así como los ecosistemas naturales se han hecho complejos para ser exitosos, las causas justas deben estar interconectadas para poder lograr sus objetivos.

Yo llevo años como activista antinuclear, seguramente más que como antiespecista. Como ecologista siempre he sido consciente de que la radioactividad es un peligro para la vida en todas sus formas, y siempre he hablado de cómo afecta a la fauna salvaje. Sin embargo nunca me había parado a pensar en las consecuencias para los animales que conviven con las personas hasta que no leí el libro de relatos Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015.

En el segundo relato, Entrevista de la autora consigo misma sobre la historia omitida y sobre por qué Chernóbil pone en tela de juicio nuestra visión del mundo, encontré este párrafo que me golpeó fuertemente:

En la tierra de Chernóbil uno siente lástima del hombre. Pero más pena dan los animales. Y no he dicho una cosa por otra. Ahora lo aclaro… ¿Qué es lo que quedaba en la zona muerta cuando marchaban los hombres? Las viejas tumbas y las fosas biológicas, los así llamados «cementerios para animales». El hombre solo se salva a sí mismo traicionando al resto de los seres vivos.

Después de que la población abandonara el lugar, en las aldeas entraban unidades de soldados o de cazadores que mataban a tiros a todos los animales. Y los perros acudían al reclamo de las voces humanas…, y también los gatos. Y los caballos no podían entender nada. Cuando ni ellos, ni las fieras ni las aves eran culpables de nada, y morían en silencio, que es algo aún más pavoroso.

Y en el tercer relato, Sobre qué se puede conversar con un vivo… y con un muerto:

Se lo recordaré todo…

La gente se fue, pero se dejó los gatos y los perros. Los primeros días, yo iba de casa en casa y les echaba leche, y a cada perro le daba un pedazo de pan. Los perros estaban ante sus casas y esperaban a sus amos. Esperaron largo tiempo. Los gatos hambrientos comían pepinos…, tomates…

[…]

En casa de la vecina vivía un perrito, lo llamaban Zhuchok. ‘Zhuchok -le decía- si te encuentras primero a alguien, llámame’.

Estos relatos me abrieron los ojos a una dimensión del problema que yo no había valorado antes: la evacuación. De modo que me puse a leer más sobre los planes de evacuación, empezando por el más cercano a mí, el de la Central Nuclear de Almaraz I y II, que está a setenta kilómetros de mi casa. Lo primero que observé es que es un plan de evacuación de 2009, que pese al accidente nuclear de Fukushima no se ha renovado, cuando es de suponer que hemos tenido que aprender sobre aciertos y errores después de un accidente que sucedió en 2011 y del que a día de hoy todavía no se están solventando las consecuencias. Y que ningún plan de evacuación toma en consideración a los animales que conviven con humanos ni, por supuesto, a la fauna salvaje.

Como en el caso de Chernóbil, cuando sucedió el accidente nuclear de Fukushima, veinticinco años después, las personas residentes de la zona afectada se fueron tan rápido que los animales de granja se quedaron amarrados en los establos, las gallinas quedaron dentro de las jaulas y los perros y gatos encerrados dentro de las casas. Estos animales morían de sed y de hambre, abandonados y sin libertad para escapar. Era el infierno en la tierra.

De las vacas tenemos datos: sabemos que había cerca de cuatro mil quinientas vacas en las inmediaciones de la central nuclear, de las que aproximadamente dos mil quinientas murieron de hambre y mil cuatrocientas fueron sacrificadas de manera «humanitaria» por orden del Gobierno. Pero alrededor de setecientas vacas lograron sobrevivir gracias a la desobediencia de personas a las que hemos podido conocer a través de las redes sociales.

El más famoso es Masami Yoshizawa, habitante de Namie, a 14 kilómetros de la central nuclear, y que cuando sucedió la catástrofe que sumó un terremoto, un tsunami y la destrucción de los seis reactores de la central nuclear, era responsable de 328 kuro-wagyu, vacas negras japonesas, a las que se negó a abandonar sabiendo que morirían de sed y de hambre. Y cuando llegó la orden del Gobierno para sacrificar a las vacas y a los cerdos, y a todos los animales domésticos, también se negó, por lo que su granja se convirtió en un santuario animal, y la rebautizó como ‘Rancho de la esperanza’. Allí ha ido acogiendo a las vacas que habían quedado abandonadas en otras granjas.

A él se sumaron otros granjeros, como Keigo Sakamoto, un ex agricultor de arroz que vive en Tomioka, a nueve kilómetros de la central nuclear de Fukushima Daichi y dentro de la zona de exclusión nuclear que se extendió en un radio de veinte kilómetros. En su granja cuida de unas cincuenta vacas, dos avestruces, perros, gatos y otros animales. Keigo Sakamoto también ha convertido su granja en un santuario. Y así hasta nueve granjeros desobedientes.

Naoto Matsumura, es un ex trabajador de la construcción que también se negó a ser evacuado y a quien se conoce como el «guardián de los animales de Fukushima» por el trabajo que realiza para alimentar a los gatos y perros que otras personas dejaron atrás.

El Gobierno japonés ha centrado sus esfuerzos en «limpiar» la tierra de la región. Han invertido veintitrés millones de euros y han contratado a setenta mil personas para remover la capa vegetal del suelo, las ramas de los árboles y otros materiales contaminados que están en las zonas habitadas y los edificios de uso público. Su objetivo es reducir la radiación a niveles que permitan a la gente regresar a sus hogares si lo desean. Pero para los animales de granja la única solución que han dado es, como en el caso de Chernóbil, el sacrificio masivo. Y para los animales de familia, perros principalmente, jaulas donde pasan sus días sin salir. Este «refugio» gubernamental, con sede en Tokio, se llama Dobutsu Kyuen Honbu, una entidad creada después del terremoto de Hanshin, en 1995, con la intención de ayudar en futuras emergencias, pero que ha sido una gran decepción para los amantes de los animales.

De modo que podemos decir que tanto en Chernóbil como en Fukushima el problema de los animales víctimas de los accidentes nucleares ha sido afrontado por personas y entidades particulares. Tenemos, por ejemplo, la Fundación Clean Futures, estadounidense, que dentro de su labor humanitaria ha incluido el proyecto Dogs of Chernobyl. Actualmente tienen mil perros. Sí, han leído bien: mil perros que están buscando un futuro mejor y que son adoptados principalmente en Estados Unidos.

También existe la Clínica Spay de Fukushima, creada por el veterinario Hiro Yamasaki, del Animal Rescue System Fund, que visita el área una vez al mes para llevar a cabo la esterilización de manera segura de los perros y gatos salvajes, y ha atendido a más de dos mil animales de manera económica y segura:

«La esterilización es la forma más práctica y humana de frenar la creciente población de animales salvajes, y la investigación respalda esto», ha declarado Hiro Yamasaki. «Lamentablemente, nuestra clínica es la única que brinda este tipo de servicio. Los veterinarios y burócratas locales no han respondido adecuadamente a la situación. Había que hacer algo».

En la misma línea trabaja la Japan Cat Network, que además se encarga de buscar familias de acogida. Esta entidad mantiene dos refugios, uno de ellos en la ciudad de Inawashiro, en Fukushima, retomando la tarea emprendida por una mujer de la localidad que terminó abrumada por el gran número de animales y la escasez de recursos para atenderlos.

Hay otro aspecto común en los dos casos más graves de accidentes nucleares. La vida salvaje parece prosperar. Cuando vemos las imágenes que nos muestran los medios de comunicación, la naturaleza parece triunfante. Desde Chernóbil nos llegan noticias de manadas de Przewalski, una subespecie de caballo salvaje que es rara y está en peligro de extinción. Se pueden ver manadas de lobos, alces, ciervos, tejones, caballos y castores. Grupos de cuervos, aves de presa e incluso grupos numerosos de cisnes que nadan en el estanque de enfriamiento radioactivo.

Aunque a simple vista todo parezca normal, equipos de investigación de diferentes universidades se han interesado por los efectos de la radiación en los animales. Un estudio del biólogo Timothy Mousseau ha demostrado que, si bien las mutaciones graves ocurrieron justo después del accidente, treinta años después los ratones tienen tasas más altas de cataratas, las poblaciones útiles de bacterias en las alas de las aves en la zona son más bajas, el albinismo parcial entre las golondrinas es más abundante y los cucos se han vuelto menos comunes.

En Japón, la Universidad Ryukyo en Okinawa realiza un estudio sobre las mariposas azules de la especie Pseudozizeeria maha y, aparte de las mutaciones severas que aparecieron tras el accidente, años después las mariposas de la zona que se alimentan con comida radioactiva mantienen las alas mucho más pequeñas y los ojos irregularmente desarrollados.

Las vacas que fueron salvadas de las órdenes gubernamentales han sido estudiadas, con visitas cada tres meses, por veterinarios y expertos en radiación de las universidades privadas de Iwate, Tokai y Kitasato, que crearon una asociación no gubernamental con este fin.

Desde antes incluso de tener una conciencia antiespecista real, me sorprendía la falta de nexo entre el movimiento que reivindica los derechos de los animales y el movimiento antinuclear. Entiendo, aunque no comparto, que desde el ecologismo tradicional -que no es antiespecista- se dé la espalda a los animales, pero no puedo comprender que quienes defendemos a los animales no estemos haciendo presión por el cierre de las centrales nucleares, oponiéndonos a los proyectos de minería de uranio a cielo abierto o a los cementerios nucleares que buscan instalarse en reservas naturales, zonas ZEPA o Parques Naturales.

Creo que esto sucede porque no tenemos suficiente información sobre cómo afecta la radiación a la vida, y sobre cómo la sociedad olvida a los animales cuando debe afrontar las consecuencias severas de los accidentes nucleares que ocurren, tal como indica su nombre, de manera imprevista, alterando la marcha normal de las cosas. Por eso me gustaría invitar desde aquí a toda la comunidad animalista a acudir al IV Foro Social Mundial Antinuclear que tendrá lugar en Madrid, porque la información es imprescindible para trazar el camino a un futuro más justo.