Marisa Prudencio: “La humildad y la verdad me parecen revolucionarias”

Publicado en El Salto Diario

Hablar con Marisa Prudencio es una delicia que puede hacerte perder la noción del tiempo. Tal vez por ello, la cosa se alarga y transita de aquí para allá, saltando de su infancia a la Transición extremeña, de Mujeres Sembrando a la historia reciente de una Mérida sobrevenida rompeolas de todas las Extremaduras. 


Marisa Prudencio es, a sus 62 años, un referente en Mérida y en Extremadura. Una mujer inteligente, libre y solidaria a partes iguales. Alguien que no ha olvidado nunca de dónde viene, y que sabe que la sororidad (la solidaridad entre mujeres dentro del sistema patriarcal) es una herramienta imprescindible para liberarnos, porque mientras exista un sistema de opresión, la única forma de resistir, y a la vez crear una nueva realidad, es haciéndolo de forma colectiva. 

Cuéntame el principio, ¿quién es y de dónde viene Marisa Prudencio?
Mi madre es de Alburquerque y mi padre de Villar del Rey. De mi padre siempre recuerdo con dolor que en su DNI o en su cartilla militar ponían “de profesión bracero”, y eso me parecía muy injusto porque él hacía un trabajo cualificado, era un hombre que conocía el campo y a los animales. Sabía cuidar. Y nada de esa sabiduría se reconoce en la palabra “bracero”. A mí, que la profesión de mi padre apareciera así siempre me impactó, luego con el tiempo, cuando supe que eso significaba prestar los brazos, entendí plenamente la razón, aquella etiqueta no le hace justicia. 

Esas son mis raíces. Tanto la familia de mi padre como la familia de mi madre se dedicaban a trabajar en el campo. Su especialidad era cuidar de las ovejas y de los cerdos, que por cierto requiere toda una técnica, una especialización que mi padre conocía perfectamente. 

Háblanos de tus primeros años.
Mis padres trabajaban en el campo, en la dehesa. Mi madre se fue a Villar del Rey para tenerme en casa de mis abuelos, y a los ocho días, en cuanto estuvo medianamente recuperada del parto, se volvió a la finca  «Barrera», en el término municipal de Alburquerque, donde vivíamos. Mis primeros seis años los pasé en esa finca donde después, curiosamente, se rodó la película Los santos inocentes. Yo siempre digo que esa película es impactante, pero que no refleja toda la realidad de la servidumbre en su crudeza, y he tenido que discutir con mucha gente cuando me dicen que la película está exagerando. No, esa película es fiel a una realidad que no era de Extremadura sino de todo el Estado español, e incluso suaviza muchas cosas.

Como cosa curiosa se me ocurre comentar, porque yo tengo recuerdos de esa edad y de mi vida en la finca, lo que pasaba con los perros que eran compañeros de fatigas en el pastoreo. Eran una ayuda imprescindible en el trabajo del campo, sin embargo, cuando venían los señoritos a cazar obligaban a los pastores y a los porqueros a mantener a los perros atados durante su estancia. A mí aquello, ya con seis años, me parecía atroz porque hacían que el trabajo de la gente se volviera una sobrecarga, y negaban a los animales una vida digna junto a los humanos.

De aquel tiempo recuerdo que el comercio que llegaba a las fincas era principalmente el pan o los alimentos que no producíamos por nosotras mismas. Venía el recovero, un oficio que se ha perdido, y aunque venía cargado con todo lo que nosotros no podíamos conseguir por nuestros medios, igual se iba cargando las cosas que nosotros producíamos y otras personas necesitaban. Mi madre en concreto hacía un pan delicioso en un horno de leña que había construido mi padre, de modo que nosotros pan no comprábamos. Nuestra comida más habitual eran los garbanzos, además teníamos un huerto para la familia y gallinas que corrían por allí, a las que alimentábamos y ellas a cambio nos daban huevos.

Con aquella vida bastante autosuficiente, pero aislada, no había muchas oportunidades para acercarse a la cultura, y fue por eso que yo no aprendí a leer y a escribir bien hasta los 14 años. Cuando digo “bien” me refiero a tener una buena comprensión lectora.

De modo que ya estamos en tu adolescencia. ¿Cómo fueron esos años? ¿Cambió mucho tu vida?
Sí, a los 14 años llegué a la ciudad de Badajoz para trabajar. Entré en una casa como interna, pero podía ir a la escuela por la noche y fue en las clases nocturnas donde comencé a dominar el arte de la lecto-escritura, y también empecé el proceso de comprender el mundo en el que vivimos. Después, con 17 años, mi familia se trasladó a Mérida, porque mi padre vino a trabajar a una granja. Mi madre limpiaba por horas y yo comencé a trabajar en una fábrica de envases metálicos, un trabajo que me pareció de alguna forma liberador respecto a lo que había vivido hasta entonces. En esa época, mi hermana, que era ocho años más pequeña que yo, pudo estudiar incluso una carrera. Ella hizo magisterio con la ayuda y el apoyo de toda la familia. Lo cuento así porque, desgraciadamente para ella, mi hermana tuvo dos madres, porque, claro, con la diferencia de edad yo también ejercía una autoridad sobre ella y mi madre ha sido siempre una mujer muy, muy fuerte, con una fortaleza interior que se manifiesta incluso ahora que ya tiene 87 años y sigue viviendo sola y siendo autónoma. Así que mi hermana tuvo que aguantarnos a las dos [ríe]. 

¿Es la fábrica la que te abre los ojos a la conciencia social?
Tener un trabajo donde hay tiempos fijos, de entrada y de salida, y por lo tanto espacios personales es un gran paso. Y yo, a mí llegada a Mérida, aproveché ese espacio y me integré en una comunidad cristiana de base. Fue allí donde entre en contacto con los movimientos vecinales. La calle, el barrio y la comunidad de base son para mí una verdadera Universidad. Cuando a los catorce años aprendo a escribir y a leer, descubro que estoy llena de deseo de saber. Siempre tengo una curiosidad que es como un pozo sin fondo, y este deseo de saber que me ha acompañado toda la vida, sigue aquí.

Te estoy hablando del momento en que comienza la Transición y mi familia vive en un barrio donde la gente está empezando a organizarse. Yo había visto en mi familia que todo el mundo vivía como podía, niñas que crecían con sus abuelas y abuelos, o solo con sus madres porque se iban los hombres a trabajar a Suiza, Alemania u otras partes de Europa, esa era la realidad de mis amigas.

Mi padre siempre se negó a eso, a separar a la familia, tenía una sensibilidad especial. Esa elección, como todas, tuvo sus consecuencias. Eso suponía que al estar con ellos en el campo mi hermana y yo no tuvimos opción de estudiar, pero por otra parte, todos mis recuerdo de infancia son muy bonitos.

Marisa Prudencio mani

Cuando salgo al campo con mi pareja, a ella que es Ingeniera agrícola le asombra que yo sepa tantas cosas, y yo le respondo que mientras ella estaba en la escuela, en el instituto y en la universidad, yo estaba trabajando en el campo y teniendo todo el tiempo para mirar como los pájaros hacen sus nidos. Yo podía disfrutar de trabajar junto a mis padres y preguntarles. Gracias a eso sabía de cuánto tiempo estaba embarazada la burra y cuánto faltaba para el parto del burranquino, o las gallinas y los 21 días para que nacieran los pollitos. Y veía a mi madre preocuparse de los gatitos, y de buscar alternativas cuando a veces se quedaban sin madre y les buscaba una madre alternativa, que podría ser, por ejemplo, una perra que hubiera tenido cachorros, y criaba juntos a perritos y gatitos.

Supongo que por eso mismo, después de salir del campo, para mí dormir en una tienda de campaña es un placer, y escuchar al autillo mientras miras las estrellas ha sido siempre una de mis cosas favoritas. Algo que me hacía volver a la infancia. Ahora, con los años, me cuesta más dormir en el suelo [risas], porque luego no puedo levantarme.

Háblanos más de la comunidad de base.
En la comunidad de base me encuentro con gente muy variopinta. Entre esa gente había un cura que fue muy famoso aquí en Mérida, alguien que dejó huella en muchas personas de mi generación, Antonio Paniagua, que murió hace unos pocos años atrás. A los 22 años me caso y nos vamos a vivir a una barriada nueva, viviendas de VPO que tenían unas malas calidades que no se correspondían con lo que nos habían ofrecido. De modo que algunas gentes nos organizamos, nos responsabilizamos y formamos una asociación de vecinos en el Polígono Nueva Ciudad, en concreto en las 730 viviendas. De ahí sale un “máster” de presión social. Una noche nos encerramos en el Ayuntamiento entre quinientas o seiscientas mujeres, con nuestros hijos. Esa lucha la llevamos adelante uniendo a personas de diferentes ideologías, incluyendo a gente del Partido Comunista, y con personas como Ángel Calle, que luego fue alcalde de la ciudad con el PSOE. Gracias al encierro nos entrevistamos con el ministro de vivienda de esa época, Luis Gamir Casares, de UCD, y logramos algunas cosas.

Por la misma época, entré a trabajar en el centro de menores de Mérida, que entonces dependía del Instituto Nacional de Asistencia Social. Era el año 1982. Yo entré trabajando en la limpieza, pero a los tres o cuatro años hubo una promoción interna y participo en ella, y comienzo a trabajar en el equipo educativo con unos pequeños cursos formativos. Entonces las oposiciones no eran como son hoy, y yo estaba en el momento correcto, en el lugar adecuado, algo que agradezco porque mi vida ha transcurrido ligada a la infancia desprotegida, que es algo que me preocupa muchísimo. 

¿Ese es el trabajo que mantienes hasta ahora?
Siempre he vivido en la contradicción de estar aquí o de dejar este trabajo porque pienso una parte del tiempo que soy parte del problema, aunque por otra parte pienso que mi forma de trabajar aporta humanidad a este sistema, que no es el más adecuado pero es el que tenemos. Siempre me ha frenado para dejarlo el pensar que aunque sé que no lo voy a hacer mejor que nadie, también sé que no lo voy a hacer peor. Yo sostengo que los centros de menores no son el lugar adecuado para el desarrollo de una niña o de un niño, son como una jaula para un león. Creo, además,  que la humildad es revolucionaria, que siempre tenemos que aprender, también del niño que te dice “no me des un beso”. A mí, la humildad y la verdad me parecen revolucionarias. Por eso, cuando veo a alguien que saca pecho acerca de lo que sabe, me asusta, me preocupa y me hace alejarme de esos espacios faltos de humildad. 

Estamos hablando de los primeros años 80, del tiempo de la Transición, pero quiero situar mejor la época, que a veces se nos desfigura la memoria. En Mérida, desde 1974-75, que es cuando muere el dictador, ya hay mucho movimiento social que recorre la ciudad. Yo recuerdo que la primera vez que vi la bandera comunista en la calle fue en el entierro de Juan Canet Kolar, el abogado laboralista que murió en un accidente de tráfico muy dudoso. Iba junto a mi compañera Bienvenida Gómez Exposito, a Joaquín Macías Gómez y Francisco José Servan Fernández , en junio de 1977.

Eso era un caldo de cultivo que para mí era una ventana abierta a otros mundos posibles.
Cuando entro a trabajar en el centro de menores, la gestión la llevaba una comunidad de monjas Hijas de la caridad, que se comportaban como si aquello fuera suyo. Las nuevas trabajadoras comenzamos a denunciar las irregularidades. Obviamente, había de todo, y no todas las monjas eran igual en su capacidad de escucha, pero había demasiadas irregularidades. Afortunadamente, los centros de menores fueron de las primeras entidades cuya titularidad pasó al gobierno autonómico, y por aquel entonces muchas nos afiliamos a sindicatos. Mi padre, en esa época, ya estaba afiliado a CCOO, tras la fusión con la ORT. En esa época me presenté a las elecciones sindicales y estuve nueve años militando en el sindicato.

¿Cómo eran los menores entonces?
Durante mi tiempo de trabajo he vivido varias épocas, aunque siempre el problema es un problema de empobrecimiento, pero con diferentes matices. En los primeros tiempos llegaban niñas y niños que se habían quedado sin padres y no había familia que se hiciera cargo, pero habían tenido una vida ordenada, recibiendo cariño. Ahora, el empobrecimiento lleva aparejado un desorden psicológico que nubla la mente, que conlleva maltrato psíquico y físico. A los centros llegan los menores de los barrios limítrofes de las ciudades, donde viven siempre los empobrecidos, que están como están por la falta de reparto de la riqueza. La vida dentro de los guetos pone muy difícil salir adelante, adquirir una buena base cultural. Puedes ver que siempre vienen de familias que no participan de la vida de la comunidad, nunca están en las organizaciones políticas, sociales, sindicales u otras, y eso es porque no comprenden el mundo en el que viven.

Aunque no quiero que pensemos que el maltrato a la infancia es algo que solo se ve entre las personas empobrecidas. Yo escuchaba hace poco las declaraciones de Cayetano Luis Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart, donde contaba cómo a los ocho años su hermano mayor le había dicho, fríamente, que su padre había enfermado, y días después, el mismo hermano le dijo “papá ya no está. Se ha ido al cielo”. Y vio el entierro de su padre por la televisión, sin que le hubieran permitido verlo, ni despedirse de él. Y tuvo que superar la muerte de su padre sin ninguna preparación y sin que la familia le aportará ningún consuelo.

Como anécdota, te contaré que en el 2012, cuando salta la noticia de que Froilán Marichalar y Borbón, que tenía 13 años, se ha disparado en un pie con una escopeta cuyo uso no estaba permitida a menores de 14, yo al llegar al trabajo les dije en broma a mis compañeras: “¿Ya habéis preparado la llegada del niño nuevo?”. Porque todas sabíamos que Servicios Sociales no iba a intervenir, pero si no hubiera sido hijo de la familia real, lo sucedido se hubiera considerado maltrato y hubiera estado con nosotras.

Pero esta sociedad todo lo mide en términos materiales, comer bien, tener una buena casa, y eso no es todo. En cambio, a una niña o un niño que entra en un centro de menores se le investiga todo, todo, todo. Se sabe de sus padres, de la madre sobre todo, cualquier mínima cosa o incidente. Se nos olvida muy a menudo que tenemos el compromiso social de atender al interés superior del menor. Esto me cabrea mucho porque es algo que se nombra mucho, pero que en nuestras administraciones es mentira. Y se nos olvida que en el momento de nacer un bebé está aportando a la sociedad y pagando impuestos, porque se compra desde antes de nacer, y solo para su uso exclusivo, ropa, pañales, muebles, etc. 

En esa época, cuando comienzas a trabajar en el centro de menores, ya eras madre ¿Cómo lo vivías?
Cuando entro a trabajar ya tenía mi hijo mayor un año, después vino mi hija. De modo que han crecido mientras cuidaba también a estas otras criaturas. Al contrario que muchas mujeres, yo siempre he querido que mis hijos crecieran, porque verlos pequeños me provoca mucha inseguridad. Luego se me dan estupendamente, pero a mi me gusta la adolescencia, me entiendo muy bien con las personas de 12 a 18 años.

El feminismo es importante para ti, ¿desde cuándo?
En el año 1993 tomo mucha conciencia de lo que es el feminismo y empiezo a ponerle nombre a muchas vivencias previas. Ese año entré en contacto con el movimiento cuando participo en una acción de Mujeres de Negro, una organización que aboga por la paz desde ahora mismo. Vamos ha hacer la paz y la vamos a hacer ahora. Mujeres de diferentes nacionalidades, serbias, croatas, musulmanas, cristianas, anarquistas… y estaban todas juntas porque su objetivo era conseguir la paz. Hacían cosas valientes, como ayudar a escapar a chicos que no querían ser soldados. Y podían hacerlo porque básicamente las mujeres somos internacionalistas, no queremos la guerra porque nosotras damos vida. Yo tenía entonces treinta y tantos años y debo decir que además fue allí donde conocí a mi compañera. Pero antes de eso veía en el sindicato que las mujeres estábamos como floreros y las grandes responsabilidades las asumían los hombres. Ahora mismo ya no estoy cercana a los sindicatos mayoritarios, pero veo con alegría que en Extremadura, en UGT y CCOO hay dos mujeres ocupando los puestos de la Secretaría General. En el caso de la secretaria general de CCOO de Extremadura, Encarna Chacón, me alegro porque además es amiga mía. Aunque mi relación con el sindicato quedó rota cuando CC OO dijo sí a la refinería.

Pero el feminismo no es algo nuevo. En realidad está arraigado en las mujeres desde la edad media o antes, porque éramos conscientes de la discriminación, de la negación de nuestros talentos, del robo de nuestra sabiduría. 

Y ahora, ¿qué tienes entre manos?
Sororidad. Hemos creado Mujeres Sembrando, una asociación que une a mujeres de diferentes nacionalidades y etnias, para remar juntas en la misma dirección. Somos un conglomerado de colores, donde todas aportamos y aprendemos las unas de las otras, sin prejuicios. Somos mujeres a las que en menor o mayor medida el capital nos maltrata y sabemos que frente a ese enemigo debemos estar unidas. Porque nos afecta como mujeres, pero además afecta a nuestras criaturas. Porque no es solo que tu no tengas para comer, o para pagar la vivienda, sino que no tienes para darle un techo o una tostada a tus hijos e hijas.

En Extremadura se tiran a la basura miles y miles de kilos de comida, mientras muchas personas pasan necesidad. Desde Mujeres Sembrando les hemos planteado a todos los grupos políticos con representación en la Asamblea la necesidad de una Ley autonómica que impida que se tire a la basura comida en buen estado. Parecida, pero mejor, que la ley que tienen en Francia desde hace dos años, que es un paso, pero que está lejos de ser realmente capaz de atajar el problema. En la asociación tenemos mujeres que trabajan en empresas de limpieza cobrando 3€ la hora, y siempre con miedo porque hoy te llaman y mañana no te llaman. Otras se han ido a trabajar a la costa, donde es verdad que hay trabajo, pero en esos lugares turísticos tienes que pagar la vivienda a precio de turista, y si vas con tus hijos, el sueldo que ganas no te da para mantenerte y mantener a tu familia.

Desde Mujeres Sembrando trabajamos mucho el problema de la vivienda, porque hay en Extremadura, y en todo el estado español, viviendas suficientes para que todas las personas tuvieran un techo, y sin embargo preferimos dejar que las viviendas se deterioren antes de abrirle la puerta a una familia sin recursos. Y quien se atreve a dar una patada en la puerta para entrar, es un delito y conlleva antecedentes penales que a la larga te dejan sin trabajo. Yo recuerdo que en el discurso de investidura de Fernández Vara como presidente de la región para la actual legislatura dijo que en esta tierra los menores no se distinguirían por la cuna donde nacieran. Esas palabras se me quedaron grabadas porque tengo una especial sensibilidad hacia la infancia. Pero estamos casi acabando y no se ha construido ni una sola vivienda social en la región.

Yo no soy una persona para participar dentro de un partido político. Soy una persona que participa activamente, pero desde la calle, y creo humildemente que la representación a través de partidos políticos ha sido un fracaso… Yo no sé muy bien cómo habría que hacerlo, pero creo que la mayoría empobrecida, con el actual sistema, no llega a estar representada en las toma de decisiones. 

¿Cuéntame cosas de Mujeres Sembrando?
Nos estamos gestando. Llevamos cuatro años y aún está todo por hacer. La Junta le cedió este local al Ayuntamiento, y el Ayuntamiento nos lo ha cedido a nosotras, un espacio dentro del centro de menores para que lo gestionemos y hagamos realidad ese Centro de Alimentación Solidario (que nos está costando la misma vida), y también queremos montar talleres de recuperación de ropa, muebles y juguetes, para autoabastecernos. Tenemos una compañera psicóloga que está haciendo entrevistas personalizadas a cada una de las socias para poder conocer las necesidades de cada caso en lo que se refiere a habilidades personales, resolución de conflictos, etc. Otras dos compañeras maestras están ayudando con formación en lectura comprensiva y otras herramientas. Somos por ahora unas 57 familias, y creciendo. Porque detrás de cada mujer hay una familia. Nosotras analizamos que había mujeres en la cola de Cruz Roja o de Caritas, pero que eran mujeres jóvenes y capaces, que deberían ser las protagonistas de su propia liberación.

Dentro de la asociación animamos a expresarse, a tomar la palabra, y también animamos a dar el paso de participar socialmente, salir a la calle, implicarse en otros ámbitos de la vida, más allá del hogar y del cuidado que son los espacios que tradicionalmente nos han dejado a las mujeres. Somos conscientes de que cada una aquí viene cargada de cultura, y una cultura que debe ser puesta en valor, pero también debe ser puesta en relación. Porque necesitamos conocernos y conocer a las demás para que cada persona pueda decidir por sí misma quién es y lo que quiere.

Nos han cedido este espacio, el espacio de las mujeres, en principio por cinco años, revisable, ya que nuestro proyecto es muy ambicioso. Queremos tener una biblioteca, queremos tener un taller de recuperación de ropa, un taller de recuperación de muebles, y muchas cosas más. 

¿Por qué con mujeres?
Decía Rosa Luxemburgo: “El socialista que no es feminista carece de amplitud. Quien es feminista y no es socialista carece de estrategia”. Yo estoy más cómoda trabajando con mujeres, mucho más que en los espacios mixtos. En los espacios solo de mujeres siento que he llegado a casa, puedo relajarme y ser yo misma. He sufrido mucho en los espacios mixtos, donde los hombres son los que se van apropiando del protagonismo y cuando te quieres dar cuenta llevan la voz cantante. Se dicen feministas y se ofenden si les llevas la contraria. Y esto no solo lo digo yo, también se lo he escuchado a otras compañeras dentro de los partidos, los sindicatos, las asociaciones, las plataformas. Entre mujeres tenemos otra manera de resolver los desacuerdos, que siempre los hay, la convivencia no es siempre una balsa de aceite, pero hemos sido educadas para comprender y nos damos la posibilidad de abrir espacios y sabemos respetar los tiempos, entendemos que lo personal también cuenta. Yo respeto y admiro a las compañeras que se mantienen en espacios mixtos, comprendo y comparto los argumentos sobre ocupar los espacios públicos en partidos políticos, sindicatos y otras instituciones, pero yo he sufrido mucho en esos espacios, teniendo que correr detrás del líder de turno, o aguantar descalificaciones por querer gestionar tomando en cuenta las distintas realidades. La competitividad y la efectividad están demasiado arraigadas y no dejan nacer una nueva realidad.

Si las mujeres tenemos que luchar por el pan, el techo y la dignidad, podemos crear espacios donde luchemos por eso, al tiempo que nos cuidamos y cuidamos de nuestras criaturas. Es mi forma de alumbrar un mundo nuevo. Sin perder tiempo en luchas internas, porque el día tiene 24 horas y dan para lo que dan.

Hemos hablado mucho de lo que haces en tu vida, pero la vida es mucho más, nos lo acabas de recordar. De pasada, a lo largo de la entrevista, a aparecido tu vida en pareja… ¿Me permites preguntar?
Bueno, tú ya sabes lo que es el amor. En realidad es sencillo [risas]. Es sencillo, pero no tanto.

Ten en cuenta que ahora tenemos diez etiquetas para clasificar nuestro modo disfrutar de nuestra sexualidad [más risas].

Ya te entiendo, aunque ahí también me pierdo mucho. Tengo 62 años ahora mismo, mi madre dice que ahora vivimos muchos años, pero mal. Pero, supongamos que a mí me quedan unos 15 años llenos de energía, no sé lo que me depara el futuro… porque yo soy divina, pero no adivina. Lo que te puedo decir es que ahora estoy bien. Soy feliz, estoy enamorada de mi pareja y no me planteo más. No me pongo etiquetas. 

Concretando, lo has vivido siempre libre y positivamente.
Sí, la verdad es que ahora ves que la gente se manifiesta afectuosamente con más libertad. Pero la verdad es que yo siempre he hecho lo que he querido. También es cierto que nadie me ha dicho nunca nada. Claro, que de haberme dicho algo se hubieran encontrado un puñado de buenas respuestas, muy firmes. Nosotras llevamos a cabo la política de los hechos consumados y nunca nos hemos encontrado ningún problema.

Al hablar de tu adolescencia, al llegar a Mérida, has comentado tu vinculación con las comunidades cristianas de base, ¿sigues conectada con la Iglesia?
Soy creyente. La espiritualidad nunca ha sido un estorbo para mi ser feminista o mi ser sindicalista. Lo que no me gusta es que se confunda espiritualidad con religiosidad. 

Hablemos de Extremadura. Tu recorrido vital está imbricado en esta región. Nos has contado que tus padres te enseñaron a conocer y respetar las naturaleza, y que eran bastante autosuficientes, pero eso es una realidad que corresponde al pasado. ¿Cómo ves el futuro?
Estamos creando una falsa realidad. Nos hablan de subida de empleo en la región, y en realidad la gente se da de baja en el SEXPE porque se va de Extremadura, y eso hace que baje el índice de paro, pero es diferente a que se creen puestos de trabajo. Ahora mismo hay empresas en nuestra región que dan de alta a sus trabajadoras dos horas diarias, cuando la realidad es que trabajan una jornada completa. De modo que desde aquí hago un llamamiento a las inspecciones de trabajo.

Hay muchos recursos que creo que estamos desperdiciando, por ejemplo tenemos una pizarrera cerrada en Villar del Rey, tenemos corcho y no lo estamos llevando a la diversificación en la oferta, tenemos una región agrícola que no está apostando por la agricultura sostenible, que es la única que pueda dar respuesta de futuro y que está ahora mismo siendo la demanda de los mercados europeos y estamos perdiendo esta oportunidad de creación de empleo digno. Y no deberíamos dormirnos, solo hay que mirar a China y ver cómo están apostando por el olivar, pero también tomar en cuenta que EE.UU, por ejemplo, afirma que el 69% de los aceites de oliva importado no cumple con los estándares internacionales de calidad. Y España es el primer productor mundial (Universidad de California, informe del Olive Center 2010).  

Hemos tomado caminos peligrosos, como albergar centrales nucleares, que ponen en peligro en cualquier momento nuestro territorio, e incluso a nuestro vecino Portugal. Lo que tengo claro es que debemos replantearnos el modelo social. La realidad es compleja y hacer justicia es un laberinto, por ejemplo ante la ocupación, soy partidaria de dar respuesta ante las necesidades y no castigos. Sin embargo, no podemos exigirle a la Junta de Extremadura que regularice las viviendas sociales que están ocupadas, porque eso crea un precedente de la ley del más fuerte. Quien tiene capacidad de dar una patada en la puerta se va a hacer con una casa mejor, y mientras otras personas que no son capaces de dar una patada en la puerta se van a ver en la calle. Necesitamos solidaridad, necesitamos dejar de lado el pensamiento individualista y empezar a preocuparnos por quien tenemos al lado. No podemos poner a los pobres en contra de los pobres. Es prioritario repartir la riqueza y, al mismo tiempo, dejar de criminalizar la pobreza.

El artículo 4 de la Declaración de los Derechos Fundamentales de la Infancia dice: “El niño debe gozar de los beneficios de la seguridad social. Tendrá derecho a crecer y desarrollarse en buena salud; con este fin deberán proporcionarse, tanto a él como a su madre, cuidados especiales, incluso atención prenatal y postnatal. El niño tendrá derecho a disfrutar de alimentación, vivienda, recreo y servicios médicos adecuados”. Claramente, y textualmente, dice que todo menor tiene “derecho a una vivienda digna junto a su madre”. Por eso yo abogo por una sociedad responsable, y creo que eso sería lo que daría verdaderamente un futuro a Extremadura.

Soy una defensora de la Renta Básica Universal. La Renta Básica que tenemos en Extremadura, que es un primer paso que valoro positivamente, es arañar la superficie del problema. Tenemos que olvidarnos del pleno empleo, eso ya no va a existir, y la RBU nos va a garantizar ese reparto de la riqueza del que hablo y que va a dar como resultado una garantía de futuro dentro de un modelo de sociedad solidario. Una RBU no resta iniciativa, las personas somos activas por naturaleza, lo que nos desactiva es que nos anulen la autoestima, que nos hagan creer que no servimos para nada.

Y también creo que no podemos mirar al futuro si hemos olvidado nuestro pasado. Hay capítulos recientes de nuestra historia que la mayor parte de nuestras hijas e hijos desconocen. Como la historia del Plan de Colonización. El tremendo sacrificio que supuso para esas familias en las que cada miembro debía aportar su parte de trabajo, sin importar la edad. Lo sé porque la mía fue una familia a la que se le negó la opción debido a que mis padres solo, y quiero recalcar solo, tenían dos hijas y eso era poca mano de obra para todo lo que había que hacer.

O la historia del Matadero de Mérida. En Mérida tenemos la avenida Fernández López, que era el director del matadero industrial provincial, que estaba aquí en Mérida. Mucha gente en la ciudad te dirá que era un mecenas. Sin embargo, la fortuna económica que se labró fue en gran parte gracias a la especulación. Por ejemplo, hizo viviendas para las trabajadoras y trabajadores, algo que parece generoso, pero el uso de esas viviendas se les descontaba de la nómina. La empresa no tenía ninguna consideración por la vida de sus trabajadoras, fueron muchas las mujeres que murieron arrolladas por el tren. El tren pasaba por la puerta del matadero, para facilitar las cargas, y para llegar al trabajo las trabajadoras tenían que atravesar el río Guadiana por el puente de hierro por el que circulaba el tren. Para quienes no lo conozcan, el puente de hierro fue diseñado por el ingeniero inglés William Finch Festherstone. Se construyó en 1883 con el mismo tipo de materiales que la Torre Eiffel de París. En aquella época había muchos más trenes circulando que ahora.

Y, por último, recordar que en Galicia hay un museo abastecido de restos romanos de Mérida, y que esos restos llegaron allí gracias a este hombre que honramos como un gran mecenas, pero al que en realidad la ciudad le dio más de lo que él nos dio a nosotras…  

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Inma P.nitas: “A través del dibujo aprendí a expresar aquello a lo que no podía ponerle palabras”

Públicado en El Salto Diario

Son muchas las voces que desde Extremadura se abren camino y traspasan fronteras. Una de esas voces, de las que nuestra región se enorgullece es la de una mujer joven, que se ha abierto paso en el mundo de la ilustración gracias a sus dibujos que son a la vez coloristas, personales e incómodos.

Nos encontramos en el parque de Los Pinos en Plasencia. Ella llega acompañada de su hija y me ha propuesto darnos cita en un lugar donde conversar y jugar sean actividades compatibles. A lo largo de toda la entrevista nos acompañan los pavos y los patos, y se nos contagia la mirada asombrada de quien mira por primera vez el despliegue opulento de las colas reales, y la ternura innata que brota ante las crías que caminan sin rumbo.

Para romper el hielo, pregunto para comenzar, sin saber si realmente es o no un buen comienzo.

¿Has ilustrado las palabras de otras personas?
He hecho ilustraciones para artículos feministas, también para relatos fantásticos, y también he ilustrado los comics de algunas amigas, e incluso poemas, de modo que la respuesta es sí.

Tu estilo de dibujo es claramente una herramienta de comunicación muy potente. ¿Cómo has llegado a desarrollarla?
Lo cierto es que de toda la vida me ha resultado complicado expresarme a través de la palabra, bien sea hablada o escrita , pero sentía que tenía muchas cosas que decir, y creo que busqué un camino alternativo. Aprendí a expresarme a través de mis dibujos.

Gracias por traerme al punto de inicio. Me gusta comenzar las entrevistas desde la infancia porque considero que es una parte fundamental de la vida, la parte que nos va conformando, a través de las vivencias y de cómo las afrontamos, para llegar a ser lo que somos. Háblanos de tu infancia.

He tenido una infancia viajera. Mis primeros nueve años los pase en Casar de Palomero, después un pueblo junto a la comarca de Las Hurdes y después en distintos pueblos de Sierra de Gata, hasta los 16 años que me fuí a estudiar. En ningún lugar he vivido más de 9 años. Supongo que es por eso que me cuesta responder a la pregunta “¿de dónde eres?” y suelo responder “de Extremadura” pero no concreto más porque en ningún sitio he vivido demasiado tiempo. Incluso en Barcelona mi límite ha sido 9 años.

La verdad es que tengo un recuerdo muy bonito de mis primeros años en Casar de Palomero, de sus calles y sus barrios. Aquella diversidad me encantaba, el barrio judío y musulmán, la mezcla arquitectónica me parecía impresionante.

Debo confesar que cuando me mudé a un pueblo de colonización, me puse muy triste. Debido a mi juventud no podía apreciar lo que significaba aquella planificación arquitectónica, el esfuerzo para aunar tradición e innovación, y ser capaces de crear comunidad. A mi, a los nueve años todo eso no me saltaba a la vista, y lo único que veía era monotonía. Por eso, aquel primer año no quería salir a jugar, me sentía triste.

Entonces, ¿te recuerdas como una niña que miraba?
Sí, rotundamente. Recuerdo que la gente me preguntaba la razón de mi tristeza, parece que era algo que se notaba claramente, y yo respondía que mi primer pueblo era muy bonito y lo echaba de menos.

¿Y en esa época dibujabas?
Claro, no dibujaba bien, pero dibujaba mucho.

Siempre me ha gustado dibujar, pero la verdad es que no lo hacía especialmente bien, y desde luego nadie decía que mis dibujos fueran bonitos. Recuerdo que admiraba mucho a las personas que dibujaban bien, como las hermanas mayores de mis amigas, por ejemplo. Las personas que dibujaban bien, me parecía que eran seres especiales y que hacían magia.

Pero mis dibujos eran motivo de risa para mis hermanos, y eso me creaba cierto complejo. Si te fijas, bonito no es un adjetivo que podamos aplicar a mi trabajo. Podemos decir que son personales, podemos hablar de que tienen un trazo característico, pero creo que la palabra bonito no la usaría nadie para hablar de mis dibujos.

Supongo que el amor al dibujo crece contigo, y entiendo que eso te lleva a querer especalizarte, pero ¿Por qué en Barcelona?
La Universidad de Barcelona tenía fama de ser la más vanguardista y además ofrecía un amplio abanico de especialidades diferentes, desde dibujo, grabado, audiovisuales. Sus profesores eran artistas reconocidos, y me pareció la mejor opción para poder saciar mi sed de saber, y calmar mis inquietudes por conocer lo último, lo más nuevo. Esas eran mis razones para elegir la universidad de Barcelona, que daba respuesta a mis necesidades. Tanto es así, que al llegar, me parecía todo tan importante que al terminar la carrera y formalizar el expediente descubrí que había realizado sesenta y tantos créditos de más. Me emocionaba estar allí.

¿Tenías claro que ibas a vivir de dibujar?
(risas) No las tenía todas conmigo. Claro que quería vivir de dibujar pero me puse a trabajar de camarera mientras estudiaba, y cuando terminé de estudiar seguía trabajando de camarera, y hubo un momento en que pensé que realmente ese iba a ser el único trabajo al que iba a poder acceder.

Pero en esos 9 años, la ciudad fue cambiando. Cambió el tipo de turismo, cambió la calidad del empleo. Me di cuenta de que cada vez necesitaba más dinero para vivir y cada vez ganaba menos dinero por trabajar. Todo mi tiempo libre, el que quedaba después de trabajar y dormir, lo pasaba dibujando. Sentía que estaba en un limbo. Hice entonces un ejercicio de introspección, y dentro de la contradicción que supone ser creativa y comercializar tu trabajo, me planteé qué pasaría si dedicaba mi vida al dibujo.

En aquel momento el ritmo de Barcelona se me hacía insoportable, y sentí que necesitaba volver a Extremadura. Tomé la decisión de vivir con menos, lo que me iba a permitir vivir solo de dibujar.

Llevo aquí 5 años y mi vida ha cambiado mucho. En gran parte también porque he tenido una niña, y compatibilizar la maternidad con el trabajo es más difícil aún que ser camarera y dibujar.

Además en esa época leí un informe que situaba a nuestra comunidad autónoma, como la que tiene el aire más limpio de todo el estado, y me pareció algo relevante para elegir un destino y volver a casa.

Pero lo mejor, es que ahora vivo más acorde a mis principios.

Supongo que sabes que la gran mayoría te conocemos por tus dibujos relacionados con el movimiento feminista, pero lo que la gran mayoría no sabemos es ¿cómo te conviertes en una voz/imagen para todas nosotras?

Verás, comencé dibujando en relación a mí misma. Me di cuenta de que mis dibujos hablaban de mi relación con mi propio cuerpo. Dibujando de una forma muy íntima, intentando entenderme. Mis dibujos tenían un discurso que estaba básicamente centrado en eso. Mis profesores y profesoras de la Universidad me ayudaron mucho, aportando mucha bibliografía del arte feminista, de la Historia del feminismo, y a través de ese conocimiento me puse en relación con artistas de casi todo el mundo. Y esa relación crece y te lleva a otras relaciones, y se van creando colectivos y redes que se van conectando entre sí. Tanto de mujeres feministas, como de mujeres creativas de todo el mundo.

Estamos creando un discurso colectivo, es un proceso del que cuando te haces consciente te sientes parte de algo muy impresionante y fuerte.

Es algo muy intenso estar conectadas así. Saber que nos unen las mismas inquietudes y que hay un montón de cosas que nos están pasando a todas a la vez. Es algo muy potente, que te hace crecer como persona y te hace sentir muy viva.

¿Ese crear redes también es parte de tu día a día en Extremadura?
El nacimiento de la Red Feminista de Extremadura, que tiene lugar hace aproximadamente dos años, es fruto del regreso a la región de mujeres que veníamos de otros lugares donde habíamos estado en relación con colectivos feministas y al llegar aquí nos encontramos con que no tenemos un espacio autonómico en el que integrarnos y desde el que conocernos y reconocernos las mujeres de toda la región.

En una conversación que surgió, entre mujeres de diferentes lugares de la región y con diferentes sensibilidades feministas, nos planteamos que era importante crear un espacio autonómico de encuentro. Nos dimos cuenta que había movimientos feministas en las grandes ciudades, pero que no había relación con las mujeres de los ámbitos rurales o de las zonas más despobladas. Nos dimos cuenta de que era interesante conocernos y nos dimos cita en una asamblea a la que denominamos Alianzas feministas ante el patriarcado de la nueva política. Para discernir cuál era el papel del feminismo en las organizaciones políticas que estaban naciendo, y si se estaba teniendo en cuenta al movimiento feminista más allá del plano discursivo. La primera asamblea fue en julio de 2016.

Llevamos ahora nueve asambleas, y siempre localizamos con puntos violetas de donde acuden las feministas, y hemos ido observando que las mujeres que acuden son mayoritariamente de las grandes ciudades y sobre todo de la zona centro. Sin embargo, las grandes protagonistas de la huelga del 8 de marzo fueron las mujeres rurales de nuestra región. Y nos parece importante localizarnos, encontrar a las mujeres feministas que están en los pueblos, y crear una red donde estemos representadas todas y donde el trabajo colectivo y colaborativo refleje la participación de toda la región sin exclusiones.

Tenemos mucho por hacer, vivimos en una región con una tasa de paro femenino más alto que la media nacional. Este tiempo en La Red, hemos estado muy concentradas en el tema organizativo, para establecer las estructuras que nos permitan acoger a las mujeres que vayan llegando a este espacio, para colaborar de manera abierta, horizontal y participativa en las iniciativas y quiero aprovechar para hacer un llamamiento a las mujeres feministas de nuestra región para enredarnos juntas.

¿Planes de futuro pasan por quedarte en Extremadura?
Nunca se sabe, pero la verdad es que no me veo viviendo en otro lugar. No me importaría moverme a otro lugar quizá dentro de la misma Extremadura porque ahora mismo vivo en el mundo rural más aislado, sin transporte público, ya sea bus o tren, donde me encuentro con que es más fácil ir a Madrid que ir a Mérida. Y esto, cuando estás viviendo con una niña pequeña, supone un problema porque te obliga a tener coche propio y debemos reconocer que nuestra región carece mucho de infraestructuras públicas. Creo que esta falta de infraestructuras nos afecta más a las mujeres como colectivo, porque hay muchas más mujeres que hombres sin carnet o coche propio.

Puedo decirte que he tenido el coche averiado un par de meses, y pensaba mucho en Senegal (que es el lugar más lejano que he visitado) y recordaba los autobuses que usan allí, que no tienen una ruta prefijada sino que la trazan cuando se llena el autobús, y cuando te subes, le indicas al conductor dónde quieres ir, y se va componiendo el trayecto. Y pensaba que en Extremadura no tenemos ni esa opción, nuestro transporte público es muy deficiente.

Ya que ha salido el tema de Senegal. Hablemos del arte africano ¿hay influencias en ti?
Siempre me ha gustado mucho el arte africano. Me encantaba buscar imágenes de arte africano, que me parecía como buscar joyas. Es un arte con mucha fuerza comunicativa. Y por lo mismo me influye mucho el arte indígena latinoamericano y aborigen australiano. Y a eso debo añadir el descubrimiento de Frida Khalo.

A Frida la descubrí en la carrera, y ya tenía algo más de veinte años. Por un lado se convirtió para mí en un referente, no solo por ser mujer, sino porque había transformado su experiencia personal (la polio, el accidente, …) en algo que la conectaba con la realidad personal de las otras. Pero a la vez, descubrirla a los veintitantos, me llenó de rabia. Me di cuenta de que había crecido siendo una mujer que dibuja, pero que se referencia en hombres porque nadie hablaba de mujeres artistas.

Ahora puede ser difícil de entender este sentimiento porque Frida Khalo se ha convertido en algo así como un icono pop y está por todas partes. Pero para mi, en mis primeros años no había existido, y descubrirla fue un antes y un después.

Háblanos de esos referentes anteriores
Me referencio en Picasso y en Matisse, sobre todo en sus dibujos de líneas. Sin embargo soy crítica también al contemplarlos. Por ejemplo, hace muy poco, apenas unos días, volví a mirar el dibujo “Una mujer dormida” de Henry Matisse, un dibujo precioso, pero me di cuenta de que aunque para mi es una inspiración su forma de dibujar, yo nunca he dibujado una mujer dormida.

Hablemos de lo que más caracteriza a tus mujeres ¿Bocas y vulvas abiertas? ¿por qué?
Al principio había un proceso inconsciente al dibujar, eran dibujos automáticos, que yo realizaba sin pensar. Pero las dibujaba con las bocas cosidas. Y casi podría decirte que recuerdo el proceso de hacerme consciente de esto, y decidir cambiarlo. Y me pregunté a mi misma “¿porque tengo que hacer yo a las mujeres con la boca cosida? ¡Qué horror! A partir de ahora voy a dibujarlas siempre gritando”.

Creo que mis dibujos son una respuesta, un grito, a la forma en la que el arte nos ha representado hasta ahora, como un mero adorno. Y mis dibujos son dinámicos, son acción, y una representación del cuerpo femenino rompedor en contra de lo establecido sobre lo que ha de ser sentirse mujer.

¿Crees que las mujeres artistas estáis revirtiendo esa tendencia?
Desde la antropología del sistema patriarcal siempre veremos que la representación de mujeres ha sido realizada mayormente por hombres, y que además están mayoritariamente desnudas y en posiciones inertes, pintadas como quien pinta un bodegón.

Y esta es una de las reivindicaciones de las Guerrilla Girls al hacer el recuento y cruce de datos, sobre cuántas representaciones femeninas hay en los museos pintadas por hombres, y cuántas mujeres han logrado tener sus obras expuestas.

Creo que esa tendencia está cambiando. Hay muchas mujeres creando, porque ahora hay muchas mujeres artistas en todas las disciplinas. Es una forma de generar nuevos discursos, desde el punto de vista del sujeto que habla. Entiendo que esto va a crear muchos discursos porque somos muchas mujeres. Tenemos que mirar más allá. Nuestra visión peca mucho de eurocentrista y creo que es muy importante que seamos conscientes y escuchemos con atención a esos sujetos activos que son las personas de grupos minoritarios, infrarepresentados en todas las esferas artísticas y de otras profesiones, no sólo de mujeres, sino de colectivos diversos que tienen mucho que aportar a la hora de construir la sociedad diversa e inclusiva que decimos querer.

De entre tus obras,debo confesarte que a mí la que más me llega es la exposición sobre matriarcados

Gracias! La verdad es que fue un trabajo reconfortante.

Los llamamos matriarcados porque los valores que propugnan estas sociedades donde las mujeres tienen poder, tienen escalas de valores distintas a las sociedades patriarcales, porque en ellas la solidaridad y la empatía sin primordiales

Dibujé matriarcados vivos en un viaje antropológico ilustrado. Quise representar sociedades matriarcales y matrilineales, donde la figura de la madre ocupa un lugar central. Dónde nos encontramos que se puede decir Mujer = poder. Sociedades donde las mujeres son respetadas y admiradas por su sabiduría y valentía.

Dibujé a nuestras hermanas bonobas con las que compartimos el 98% del genoma, y que crean una sociedad preocupada no solo por el bienestar de su comunidad, sino por el bienestar de las generaciones futuras.

Dibujé a las Bijagó, mujeres de una isla frente a Guinea Bissau, la etnia Mosuo en el Lago Lugu, de China, el matriarcado de las indias Zapotecas de Juchitán, en México, las Tiwi australianas, las Mingkabau de Sumatra o las Matsigenka de Perú.

Los llamamos matriarcados porque los valores que propugnan estas sociedades donde las mujeres tienen poder, tienen escalas de valores distintas a las sociedades patriarcales, porque en ellas la solidaridad y la empatía sin primordiales.

Hablemos de la maternidad. Tienes una hija
La verdad es que antes de tenerla, nada tiene que ver con lo que es tenerla. Nada de lo que te dicen, ni nada de lo que te imaginas sobre la maternidad se corresponde con la realidad. Lo que tú idealizas a través de la literatura, el cine y lo que hablamos. Yo tengo una espina ahí, porque me da la sensación de que nos tomamos el pelo un poco.

Alguien me ha dicho, Inma, a lo mejor alguien se ha sincerado contigo antes, pero no estabas preparada para escucharla.

Para mí, educar a mi hija es el reto más grande al que me he enfrentado en mi vida. Y tengo mucho sentimiento de culpa, porque no hay un solo día en que no piense que lo estoy haciendo fatal. Y debo decir que me propongo como reto grandísimo para los próximos años darle las herramientas posibles para que ella pueda ser quien desee ser. Pero soy consciente de que toda mi buena voluntad no puede solventar la realidad, y ella está en este mundo, y no en el mundo ideal que a mi me gustaría.

Sacar adelante el día a día siendo madre es un reto, el mayor reto al que yo me he enfrentado en mi vida.

Nada de lo que me he planteado a nivel teórico me está sirviendo en el día a día, porque el tiempo da para lo que da.

Creo que deberíamos dejar de idealizar tanto la maternidad, naturalizar muchas formas de ser madre, como muchas formas de ser mujer, de querer o de cualquier otra cosa. No hay una sola maternidad, sino muchas, tantas como madres. Y si eliges la maternidad como opción libre, que sea tu experiencia y no la exigencia social la que te marque el camino.

Decir que estos libros de autoayuda para la maternidad, son como una piedra en el camino. Quizás ayuden a quien lo escribe, pero no hay una visión única de cómo ser, de cómo sentir y de cómo hacerlo. Habrá tantas como madres o no madres hay en el mundo. Y la verdad es que sacar adelante el día a día siendo madre es un reto, el mayor reto al que yo me he enfrentado en mi vida.

Lorena Rodríguez: “En Carcaboso, en nombre de la transparencia, se llega al acoso”

Publicada por El Salto Diario

Se llama Lorena Rodríguez Lucero, tiene 33 años y es la alcaldesa de Carcaboso. También es la secretaria general de Extremeños. Fue elegida por un porcentaje del 80% de los votos en el V Congreso Extraordinario de la coalición Extremeños y Prex-Crex y ha conversado con «Voces de Extremadura».

Carcaboso es un municipio conocido, y reconocido, por su compromiso con la agroecología y el Bien Común, está incluido en la Red Terrae, y en 2016 obtuvo el V Premio Comunidad Sostenible, que entrega el centro de la UNESCO de Extremadura.

Esta es mi tercera entrevista para El Salto Extremadura, de modo que ya imaginarán que voy a empezar por el principio, porque creo que la infancia es determinante en la vida de todas nosotras.

Lorena Rodriguez

Y el principio de la vida de Lorena fue feliz. Tuvo una infancia alegre y una familia muy unida. Sus padres han sido para ella un referente, ya que han logrado superar sus diferencias de una forma armoniosa, y se han convertido en un ejemplo de civismo a la hora de convivir, tanto cuando estaban unidos, como cuando han tenido que afrontar las diferencias que los separan.

Reflexiona Lorena en voz alta, que quizás su vocación de cuidado viene de la época en que trabajó junto a su madre, en un comercio cara al público, y fue consciente de cuán necesitadas estamos todas las personas de ser escuchadas.

¿Cual es tu formación?
Tengo que distinguir dos momentos. La formación o educación que recibes de tu familia y la académica. Yo soy parte de una familia muy unida, y soy nieta y heredera de una mujer que me inculcó mucho el cuidar a las personas. Mi abuela murió en 2011, y aún hoy, sus hijos, que son siete, se siguen reuniendo cada fin de mes para fortalecer los lazos, para saber los unos de los otros. Mi abuela siempre decía que la tribu debe estar unida para disfrutar de lo bueno y apoyarse en lo malo. Y creo que esa parte es fundamental en mi formación y da paso a la otra.

He estudiado Trabajo Social en Salamanca. Una época que recuerdo con una mezcla de nostalgia y alivio. Soy muy apegada a mis raíces, y aunque disfruté de mis años de estudiante, extrañé muchísimo mi tierra, y tenía muchas ganas de regresar.

¿Y tu relación con el trabajo municipal, de donde surge?
La verdad es que la política no estaba en mis planes. Yo tenía 22 años y me acababa de casar, cuando me presenté a un empleo de Dinamizadora Sociocultural en Carcaboso. Era el año 2007 y Alberto Cañedo ya era alcalde. Aquel trabajo me permitió entrar en contacto con el tejido asociativo de mi pueblo. Además comencé un taller de memoria, con las personas mayores, que son mi pasión.

Y en 2008, Alberto me propuso afiliarme al PREx-CREx. Luego en 2011 me ofrecieron la posibilidad de ir en las listas y fue así como llegué a ser teniente de alcalde.

Supongo que eres consciente de que eres el ideal de esta época: mujer, joven, con iniciativa y sobradamente preparada.
Pues la verdad es que no lo vivo así. Extremadura es un territorio muy masculinizado, donde lo que menos te perdonan es ser joven, creo que es incluso peor que ser mujer. Claro que la suma de ambas cosas hace un bonito conjunto de dificultades.

Sin embargo, lo que transmites es seguridad y claridad de ideas.
(risas) Quizás sea así porque estoy segura de lo que quiero y me siento cómoda con el camino que estoy recorriendo. Cuando me presenté para estar al frente de Extremeños, todo el mundo sabía que mi apuesta es por el mundo rural. estoy convencida de que es el gran potencial de nuestra región. Es el momento de tomar decisiones para nuestro futuro, un futuro que no necesita Almaraz o casinos que traigan a Extremadura nuevos tipos de mafias. Y por supuesto es el momento de exigir un tren que nos comunique hacia adentro, porque el futuro pasa por las energías renovables y debemos economizar y replantearnos el transporte por carretera tanto de mercancías, como de personas.

Y esta claridad de ideas, ¿como se traduce en el día a día de un municipio de mil cien habitantes?
Considero que lo primero que debemos hacer los cargos públicos es salir del despacho. Desde que estoy al servicio del ayuntamiento, antes de ser alcaldesa, tomé la decisión de involucrarme cada año en una de las asociaciones de la localidad. Un año para estar como voluntaria, involucrada al 100% y eso me ha permitido conocer cuáles son las necesidades y las dificultades de primera mano. Comprender la realidad del tejido asociativo es fundamental para comprender la comunidad en la que vives, y cuales son las facetas del servicio administrativo que debemos desarrollar.

Pero Extremeños gobierna en minoría, ¿permite esta situación hacer realidad las propuestas?
La verdad es que nos lo pone difícil. A mi en particular a nivel emocional lo que sucede en los plenos, y también fuera de ellos, me ha llevado a pensar que era mejor desistir. Sin embargo, después de algunos encuentros afortunados he reflexionado y ahora estoy firmemente convencida de lo necesario que es mantenerme al frente de este ayuntamiento por el que he sido elegida.

¿No temes que se repita lo sucedido a Alberto Cañedo?
Sinceramente, la presión ejercida por el portavoz local del PSOE, Dionisio Mario Bueno, y sus tres concejales, que cuando votaban unidos con el único edil del PP, es superlativa. Ahora ha cambiado el concejal del PP y espero que esta situación cambie. Continúan registrando decenas de peticiones de información del portavoz socialista, pero esta vez estamos bien asesoradas.

Ha llegado incluso a la prensa nacional el acoso al que estás siendo sometida, y que cobras un salario por debajo del SMI, ¿cómo es eso posible?
El salario de un cargo público está limitado por arriba, pero no lo está por abajo, no hay ningún convenio sindical al que podemos acogernos para defender nuestro derecho a un salario digno.

A mi, en un pleno del ayuntamiento, se me ha asignado un sueldo de 800 euros netos mensuales en 12 pagas, además de un horario de permanencia estricta en el edificio del Ayuntamiento, de nueve de la mañana a dos de la tarde. Y se estableció que debo tener dedicación exclusiva. En este momento soy la persona con la nómina más baja del ayuntamiento en relación con el horario laboral desempeñado, el resto de personas contratadas cobran más que yo. El pasado mes de marzo, de las cincuenta personas que trabajamos en el ayuntamiento, incluyendo los empleos del PER y otros empleos similares, yo fuí la que tuvo el salario más bajo.

Y eso no es todo. Tengo que dar cuenta de todos los gastos, de todos los viajes, de dónde y con quién voy, si es mi marido u otra persona. Sinceramente, yo estoy a favor de la transparencia, pero en Carcaboso en nombre de la transparencia se llega al acoso.

Las cuentas del Ayuntamiento son absolutamente transparentes y estan publicadas en su web. Nunca he pasado unas dietas sobredimensionadas. Incluso cuando me correspondiera por dietas de viaje pasar 70 €, me he ajustado a lo que he gastado, adelantado de mi propio bolsillo, y eso es lo que está reflejado. sin embargo se han permitido acusarme de abusar de las dietas aún sabiendo que no podían demostrarlo.

¿Quien es la oposición en el ayuntamiento?
La oposición es conjunta PP y PSOE, apenas se les ha visto votar cosas distintas, solo en cuestiones insignificantes. Como decía antes, ahora ha cambiado el concejal del PP y esperamos que esta situación cambie.

Y para complicar más las cosas, nos hemos quedado temporalmente sin la persona que ejercía la Secretaría del Ayuntamiento por jubilación. Lo que tiene paralizado gran parte del funcionamiento cotidiano.

Háblanos del día a día dentro de la corporación
Entiendo que es connatural a los grupos humanos estar en desacuerdo, la pluralidad es una riqueza. Sin embargo considero que una cosa es la ideología política, donde podemos estar en desacuerdo y eso es legítimo, y otra muy diferente es no respetar la vida familiar, la dignidad del trabajo y la dignidad personal.

A mi me compensa esta situación, porque al margen del acoso por parte de los concejales del PSOE, esta posición me permite realizar políticas que de otro modo no tendrían lugar. Lo malo, más allá de mí misma, es el daño que esta situación provoca en mis familiares y amigos. Para tus seres queridos es muy duro ver cómo te están humillando, como quieren hacerte sufrir. Mi madre siempre me dice que estaría mucho mejor en una ONG, un lugar donde podría desarrollar todas estas partes utópicas que hay en mí, para hacer de este mundo un lugar mejor, para ayudar a mis vecinas y a mis vecinos, pero sin tener que sufrir la violencia verbal y moral a la que ahora estoy sometida.

A mis padres y a mi familia más cercana, les asusta que pueda sufrir lo mismo que está sufriendo Alberto Cañedo. Ha caído bajo las garras de un odio visceral. Es obvio que a mí también me puede suceder, pero no quiero que ganen quienes juegan sucio dentro de las normas de la democracia.

¿Y quienes son estos enemigos?
Son dos personas a las que reconozco su inteligencia y creo sinceramente que si la usaran, para el bien común, estaríamos colaborando y haciendo grandes cosas para Carcaboso.

Mientras te escucho, me surge una duda ¿hay mujeres concejalas dentro del PSOE y el PP?
Pues sí, hay dos mujeres concejalas del PSOE. Una de ellas, Marisa, está muy implicada en la cuestión de defensa de las personas refugiadas, y también con el movimiento feminista. Esto es muy doloroso para mí, porque por ejemplo, donde pedíamos el reconocimiento a nuestro trabajo y también podíamos comprender que las mujeres somos compañeras, no competidoras, para mi es imposible no tener presente que esta mujer ha votado a favor de que se me baje el sueldo.

Antes, los alcaldes en Carcaboso, con dedicación exclusiva, cobraban entre 1200 y 1400 € de salario, y esos sueldos se votaron en pleno y fueron aprobados. Porque sí existe un pacto silencioso entre los hombres, mediante el cual se reconocen capaces y merecedores de una vida digna. No así a nosotras.

Bajar el sueldo por debajo del salario mínimo interprofesional es algo que no se había hecho con ningún alcalde hasta ahora. Sin embargo, al llegar yo, la primera mujer que ocupa la alcaldía, dos mujeres que se definen feministas y que están en el PSOE han votado junto a sus compañeros hombres, para que una mujer, comprometida con su trabajo, con su cargo y con su responsabilidad, que es alcaldesa 24 horas al día, tenga el sueldo más bajo de todo el Ayuntamiento. Han votado para que no se me permita trabajar para complementar ese sueldo, dando cursos o talleres de certificación de profesionalidad, y tengo que estar pidiendo permiso cada vez que surge la oportunidad de hacer alguno de esos trabajos.

Soy una gran defensora de que la política tiene que ser un lugar accesible para todo el mundo, no puede ser que solamente personas que tengan una renta o que estén cobrando una pensión de jubilación, o del tipo que sea, puedan acceder a participar en política de una forma activa y con responsabilidades. Para que la democracia sea real todas las personas, de la clase que sea, debemos tener la posibilidad de dedicar un tiempo de nuestras vidas al compromiso activo. Y eso requiere una compensación económica que te permita tener una vida digna.

Es una idea arraigada, y arcaica, que un hombre tiene que mantener su casa y a su familia, razón por la cual no puede tener un sueldo menor. Sin embargo a las mujeres se nos ve como objetos decorativos, y se considera que el nuestro es un salario complementario. Es muy triste para mí, que aún no exista entre nosotras la misma solidaridad arraigada en el inconsciente que tienen los hombres, tal como se ha demostrado con mis compañeras del PSOE.

¿Y como es la relación con estas concejalas en el día a día?
No hay muchas oportunidades para la convivencia. Sólo una de ellas está empadronada en Carcaboso y vive aquí. Vive en una de esas viviendas a las que Alberto Cañedo salvó de la ilegalidad para que no se las quitará el banco, y aún así lo ha denunciado llevándolo a una situación límite.

¿Y cuál ha sido su reacción al leer tus declaraciones en distintos medios y saber cómo te sientes?
Pues se solicitó un pleno extraordinario solo para debatir el artículo, pero al menos hacia afuera, no se han movido ni un ápice.

Y tú ¿qué estás haciendo?
Tengo tres informes jurídicos donde se dice claramente que nadie puede exigirme que esté en el Ayuntamiento de 9 a 14 horas, porque mis funciones como alcaldesa van más allá de mi presencia en las dependencias del Ayuntamiento. Hay muchas responsabilidades del cargo que deben hacerse fuera de las oficinas, y muchas horas de la tarde o de los fines de semana, en los que debo ejercer como alcaldesa.

Y con los concejales del PSOE que te acosan, ¿cómo está la relación?
Después de que saliera el artículo donde yo denunciaba el acoso, uno de los dos hermanos me dijo: “tú no vales para nada y estás haciendo un flaco favor a las mujeres de mi pueblo, y a las mujeres en general”. Mi respuesta fue: “A partir de este momento no tengo nada más que hablar contigo, yo no tengo que demostrarte lo que valgo o no valgo”. Y me volví a las concejalas del PSOE, Marisa y Soraya, y les dije: a mi no me preocupa él, me preocupais vosotras que estáis viendo todo esto y lo apoyais. Reproduciendo un modelo de sometimiento a la voluntad de los hombres, en contra de compañeras que están abriendo espacios para las mujeres.

Puedes hacer un resumen de lo que han sido tus años en el Ayuntamiento de Carcaboso, en relación a esta situación.
Yo empecé en el 2011 con Alberto Cañedo y me tocó estar presente en los primeros momentos del acoso, las primeras denuncias. Esos años en los que trabajaba bajo la presión continua y sus estados de ánimo eran como un péndulo. Realmente 2013 y 2014 fueron años difíciles y a la vez estimulantes. Él no quería dimitir porque estaba haciendo cosas muy bonitas en el pueblo, se estaban concretando los esfuerzos de muchos años, y había mucha atención a nuestro alrededor, para bien y para mal. Yo me presento a las elecciones de 2015, y los primeros 8 meses fueron extremadamente duros, tanto, que en el sexto mes tuve que pedir una baja por ansiedad. No entendía qué era lo que estaba pasando. No entendía las razones del acoso hacia mí. Los boletines impresos que se entregaban puerta a puerta, donde se hablaba y se fabulaba sobre mi vida privada, llegando a explicar públicamente mentiras sobre mi vida afectivosexual, con la clara intención de desacreditarme moralmente, como se ha hecho desde hace cientos o miles de años, atacando la moralidad de las mujeres; y de hacer naufragar mi vida en pareja.

Tuve que replantearme muchas cosas, resituarme y entender que la situación siempre iba a ser esta. Por lo que si yo quería cumplir mis promesas electorales, tenía que acostumbrarme a vivir bajo este acoso y bajo esta presión que a veces se convierte en persecución.

Yo no puedo actuar con tranquilidad. Vigilan mi calle, vigilan con quien me paro a charlar; puede parecer algo nimio, pero cuando se repite día tras día, se convierte en una pesadilla, en la que están coartando tu derecho a la intimidad.

Sin embargo me esfuerzo por ser justa, por no dejarme llevar por la visceralidad, y tengo que contar aquí, que uno de los hijos de un concejal del PSOE, ha estado trabajando en el Ayuntamiento de Carcaboso, y ha sido un excelente trabajador.

¿Alguna vez te has planteado denunciar?
Lo he hecho, pero mi denuncia fue desestimada sin hablar conmigo. El caso recayó sobre la jueza que ha juzgado a Alberto Cañedo.

¿Y has recibido ayuda o apoyo de algún tipo?
No te lo vas a creer, pero a mi me cuesta mucho hablar de mi vida privada. Y si lo estoy haciendo es porque creo que la violencia en cualquiera de sus formas, debe ser denunciada y debe hacerse visible, para que la víctima no sufra dos veces.

Una de las personas que más me apoya es Alberto Cañedo, al que yo apoyo también (y Lorena hace un gesto que implica camaradería y confianza), por eso es una de las personas con las que primero me sinceré. Cómo amigo que es, me conoce bien y en ocasiones me empuja a salir de mi ostracismo. Fue él quien me llevó a una comisaría en Plasencia y me dijo: “todo lo que me has contado a mí, se lo vas a contar ahora a estos dos policías” y se lo conté a los dos policías nacionales, que me escucharon con mucha atención, y uno de ellos me expresó; “Lorena, no todo puede estar permitido en política, y esto no se puede permitir”. Fue quien me puso en contacto con la psicóloga judicial de los juzgados de Plasencia.

La psicóloga me ha ayudado mucho en el proceso. Que ella me escuchara fue muy importante. Y hablar en voz alta ordenó mis ideas. Me hizo ver las cosas positivas de ser la alcaldesa de Carcaboso, también me hizo verme como una persona tranquila, respetuosa y que sabe trabajar en equipo. Cosas que yo había detectado en mi tiempo en el Consejo de la Juventud, y que había perfeccionado trabajando con Enrique Hérnandez y Ana Solano, por ejemplo.

Hemos hablado mucho de estos concejales que te acosan, pero aún no sabemos nada de ellos.
Son hermanos y concejales del PSOE actualmente. Tienen entre 58 y 60 años. Alfonso y Dionisio. Ambos profesores de instituto, uno de ellos en Jaraiz y el otro en el Virgen del Puerto de Plasencia. No sé mucho más, salvo que parece que tienen mucho tiempo libre. Por ejemplo, ellos ven el registro de entradas y salidas del Ayuntamiento dos o tres veces al año o más. Piden documentos de absolutamente todo, lo único que se ha frenado a partir de que se visibilizara el tema del acoso, es la publicación en las redes sociales, que han disminuido bastante y el folleto impreso que repartían puerta a puerta. Esto demuestra que son conscientes de que lo están haciendo mal, porque si esa información hubiera sido veraz habrían continuado con ella.

Su familia me hace llegar el mensaje de que deje de denunciar la situación públicamente, porque les causa dolor. Pero yo no estoy mintiendo, ni estoy aprovechando mi condición de mujer para hacer daño, ni es mi intención dañarlos. Soy una persona reservada, pero creo que las mujeres no podemos seguir sufriendo en silencio y es una responsabilidad de todas, pero sobre todo de las que estamos en cargos públicos y creemos que las cosas se pueden hacer de otra manera, denunciar esta violencia moral que impregna la política.

Aparte de denunciar ¿has intentado otras cosas, por ejemplo hablar con el PSOE?
Pedí reunión con Fernández Vara en diciembre de 2016 para explicarle cómo estaba la situación en Carcaboso. Me recibió para decirme que esos hombres no le representaban. Sin embargo, no ha hecho nada por detener la situación. El PSOE de Carcaboso, la Agrupación Local, tiene 7 afiliados, aunque tienen cuatro concejales. Si lo piensas bien, es todo muy raro.

Gracias Lorena por esta conversación que debe remover muchas emociones dolorosas. Espero que pronto podamos conversar sobre las partes amables e ilusionantes de ser alcaldesa.
Gracias también a El Salto por escucharme, pero antes del adiós quiero decir que aunque en esta entrevista he hablado profusamente de lo que me duele, en Carcaboso hay mucha luz, muchos momentos buenos cargados de esperanza. Para mí, permanecer en la política es tan importante porque me conecta con el legado de mi abuela, la tribu hay que cuidarla ( la familia, los vecinos, los amigos ) y mantenerla unida, pero también me une con las nuevas generaciones que vienen pisando fuerte; las niñas y los niños de Carcaboso, que crecen reflexionando y haciéndose preguntas. Yo lo veo en mi sobrina de ocho años, y para mí paga con creces los sinsabores, verlas crecer teniendo sentido crítico. Estoy deseando que podamos hablar de proyectos agroecológicos, de economía del Bien Común y de todas las cosas buenas que han llevado a Carcaboso a ser un referente.

Marisa González: «La sociedad en Extremadura se siente muy lejana de su universidad»

Publicada en El Salto Diario

Para «Voces de Extremadura», conversamos con Marisa González, la primera mujer candidata a rectora de la Universidad de Extremadura.

Marisa González

Marisa González Martín, nacida en Madrid, es catedrática de Física Aplicada en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Extremadura. Ha desarrollado aquí toda su carrera docente y de investigación. Suma ya 36 años en esta Universidad, y en esta región, lo que significa la mayor parte de su vida. Y ahora está haciendo historia, al ser la primera pre-candidata a ser rectora en su Universidad.
Comencemos por el principio.

Marisa, cuando era niña, un 21 de julio de 1969, presenció a través de la televisión la llegada del Apolo 11 a la superficie lunar. Ver a esos dos astronautas (Armstrong y Aldrin) caminar sobre la superficie lunar, determinó su vocación. Ella supo en aquel momento que quería ser astronauta. Llenó su habitación de pósters y sus cuadernos de fotografías, que hacían referencia al sistema planetario, a las naves espaciales, y creció sabiendo que tenía que entender cuáles son y cómo funcionan las propiedades de la materia.

Con esta vocación entró a estudiar Física en la Universidad Complutense, habiendo sido una alumna brillante durante su infancia y adolescencia, una de esas alumnas que son el orgullo de sus padres y la envidia de vecinas y amigas. Pero al llegar a la Complutense, aquellos años de carrera, cinco en aquella época, la formaron como persona porque la universidad le descubrió que aparte de sacar buenas notas, hay otras muchas cosas que importan al ser humano, y se comprometió con otras causas y también aprendió que divertirse es importante para un correcto equilibrio emocional.

De modo que aprender, comprometerse y pasarlo bien, fueron tres pilares en sus años de universidad, y también compartir. Me dice al finalizar esta entrevista que en aquella época a nadie se le pasaba por la imaginación no prestarse los apuntes, porque cooperar era algo así como un valor sagrado, el principio fundamental para el trabajo en equipo.

¿Y cómo llegas a Extremadura?
Al terminar la carrera, quería doctorarme y quería trabajar. Surgió la oportunidad de venir a la Facultad de Ciencias de la Universidad de Extremadura, donde se estaba implantando la titulación de Físicas y necesitaban profesorado para las asignaturas de la carrera. Por eso llevo desde 1982 en Extremadura, por lo que a día de hoy he vivido más tiempo en esta región que en mi ciudad de origen.

¿No te ha pasado, que al venir aquí, la gente de tu entorno te dijera, pero cómo te vas allí, si no hay nada?
(risas) Sí, me lo decían y me lo estuvieron diciendo algunos años incluso. Pero me gusta vivir en Extremadura. Vine muy joven y podría haber salido de aquí, porque cuando eres joven no te da pereza recorrer el mundo, afrontar nuevos retos e incluso deseas un poco de riesgo y aventura. Pero para mí, vivir los comienzos de la universidad era un reto apasionante. Me quedé porque estaba a gusto, pese a que cuando algo arranca hay que poner mucho esfuerzo, y la facultad de Ciencias estaba en mantillas, dábamos muchas clases en aquella época, pero sobre todo era apasionante. Y la gente, siempre me ha encantado la gente de aquí.

Una mujer de ciencias, ¿cómo ve las Letras y las Humanidades?
Para mi son un desafío. Empecé a cursar Humanidades cuando ya estaba doctorada en Física. Me matriculé en Humanidades porque me apetecía conocer y aprender, no buscaba una titulación, buscaba el conocimiento. En aquel momento no estaba en condiciones de estudiar para aprobar, porque mi trabajo era muy absorbente.

Pero necesitaba entender la Historia del Arte aunque fuera poco a poco, y me hice con una buena bibliografía de las asignaturas, de esta forma logré satisfacer mi inquietud, aunque no terminé la carrera de Humanidades. Pero estudiar Humanidades me ayudó a ampliar mi horizonte, me di cuenta de las dificultades de la creación y también de las cosas que nos hacen faltan en Extremadura como Universidad.

Entiendo que estamos entrando en materia y me estás hablando de tu plan para la Universidad. Cuéntanos ¿cuales son esas cosas que a tu juicio nos faltan?
(risas de nuevo) Me has pillado. Para mí, falta relación entre la universidad y la ciudadanía. Veo muchas ciudades donde la universidad se relaciona con la vida cotidiana de la gente. Y creo que la Universidad de Extremadura debería ser un foco de actividades en Badajoz, Cáceres, Mérida y Plasencia, y más aún, un motor de desarrollo. La ciudadanía extremeña tiene que empezar a ver la universidad como un foco de comunicación, no solo de las creaciones culturales o de las propuestas artísticas, sino también tomar conciencia de que la Universidad de Extremadura es un lugar donde se investiga. Y es muy importante este conjunto de cosas, porque podemos ser un motor de desarrollo para la región. Ahora la sociedad en Extremadura se siente muy lejana de su universidad, y tenemos que lograr que la sientan como algo propio.

Es fundamental revitalizar la universidad. Que haya comunicación hacia dentro y hacia fuera. Hacerla transparente, es muy importante que pueda comunicar las cosas que se hacen, pero además hay que lograr que la gente tenga confianza en su universidad. Para eso necesitamos ser transparentes en la gestión, y que se sepa cómo se invierten los impuestos, cómo se gasta el dinero público que nos nutre y sostiene. Extremadura tiene que rentabilizarlo creando riqueza, en el sentido amplio del término, en la propia región.

Entiendo que tienes experiencia en gestión, ¿ has estado ya en el órgano de gobierno de la universidad?
Si me preguntas si he sido vicerrectora, como los otros dos pre-candidatos, la respuesta obvia es no. Pero sí conozco la gestión, porque estoy en muchas comisiones de la Universidad. He estado en la comisión de garantías, en la de investigación, he sido directora de departamento, he estado en el claustro y también en el Consejo de Gobierno. Lo que no he hecho es ser parte de ningún equipo rectoral y lo considero una ventaja, un punto a mi favor. Mi intención es romper la inercia existente. Los otros dos pre-candidatos han sido o son vicerrectores, con lo cual conocen el funcionamiento actual, pero yo no vengo de una tradición que me marque el camino. La mía es una propuesta de innovación.

Las organizaciones de estudiantes están muy ilusionadas con tu candidatura, y han hecho público su apoyo a la misma, subrayan la importancia de que por primera vez en 45 años una mujer de el paso.
La convocatoria aún no se ha abierto, se prevé que será en septiembre y entonces podré presentar mi candidatura. Aunque es cierto que incluso como pre-candidata es la primera vez en la Universidad de Extremadura.

Creo que las mujeres tenemos que salir y que se nos vea. Y si me lo permites, creo que es importante que se nos vea sobre todo en la ciencia. Porque la ciencia, con su manto de objetividad es un terreno que ha permanecido impermeable a los problemas sociales que se derivan del género, siendo que nos afecta quizás más que a otros ámbitos de la sociedad, porque se ve una menor participación de mujeres. Esto es algo que a mi me preocupa mucho.

Participo activamente en la organización del “Día la mujer y la niña en la ciencia”; considero que el primer paso en la educación, es abrir los ojos ante los mensajes diferenciados que estamos mandando como sociedad a nuestras niñas y a nuestros niños. Para las personas adultas va a suponer un gran esfuerzo, pero debemos hacerlo si de verdad queremos una sociedad justa e igualitaria para nuestras niñas y niños. Y no debemos olvidar que la infancia es el tiempo en que construimos a través del imaginario colectivo nuestro propio yo.

Algunos de esos pasos se han dado en los últimos años ¿has visto un cambio en tus estudiantes, hay ahora más mujeres que antes estudiando ciencias?
Física es una de las carreras más deficitarias en mujeres, desde siempre. Cuando yo estudiaba, en mi clase éramos cuatro mujeres en la especialidad, y unos 25 o 26 hombres. Hoy en día sigue habiendo más chicos que chicas en Física, aunque se me escapa la razón. En las carreras técnicas están entrando más mujeres cada vez, pero Física no es una carrera técnica, y no sé porque no acaba de enganchar en las mujeres

Te voy a hacer una pregunta tonta. He leído que gracias al éxito de la serie televisiva Big Bang Theory, se habían incrementado las matrículas en Física. Sin embargo, cuando la veo, aunque me puedo reír con los chistes, a mi me parece que mantiene los roles de género.
Totalmente de acuerdo. Los protagonistas son los hombres, que son inteligentes y divertidos, y las mujeres aparecen como un complemento, pero en el caso de las científicas además están representadas como mujeres estereotipadas negativamente. Incluso, la única mujer que tiene inteligencia emocional y maneja mejor las relaciones, no es científica. Creo que esto no incentiva a las chicas a emularlas, porque son mujeres antipáticas y subordinadas a los hombres. Es una serie que no nos libera.

En estos años que llevas en la Universidad de Extremadura, ¿cómo ha sido el proceso?
En la Facultad de Física, en Badajoz, tuvimos una época muy mala respecto al número de estudiantes hace unos años, las matrículas habían descendido peligrosamente. Nos pusimos manos a la obra, todo el equipo, para difundir nuestro trabajo y nuestros logros. Elaboramos un CD para difundir los logros de nuestros primeros 10 años. Explicábamos en ese CD también nuestros desafíos, y nos repartimos los institutos de la región, para visitarlos y explicar en persona los aspectos apasionantes de esta disciplina. Supongo que también con algo de ayuda de una serie graciosa de televisión, hemos logrado incrementar el número de alumnas y alumnos en la Facultad de Física, y ahora tenemos lista de espera.
También tenemos la iniciativa de nuestra compañera María Luisa Cancillo, que está haciendo un trabajo impresionante con el taller «Fis&kids», financiado por el FECYT, en el que hacen cosas enfocadas a los institutos, en el que colaboran estudiantes de aquí y atrae muchísimo a la gente joven.

El equipo de física es de aproximadamente unas 30 personas estables. Este es el otro gravísimo problema que tenemos en la universidad y es que todos los que estamos ahora mismo somos ya mayores, y con la crisis y la imposibilidad de incorporar gente nueva no hay apenas jóvenes para la regeneración, y eso sucede en toda la Universidad de Extremadura.

Me gustaría saber si hay paridad dentro del equipo de profesoras y profesores de la Facultad de Física, y pregunto por ésta ya que entiendo que es la que mejor conoces.
No, no hay paridad. Ahora mismo somos ocho mujeres dentro de ese equipo de 30 personas y somos dos catedráticas y ocho catedráticos varones.

Hemos hablado de las ciencias en la Universidad, pero claro, te presentas a rectora y eso requiere un conocimiento amplio de todas las partes ¿qué tal tu relación con la gente de Letras y Humanidades?
(sonrié ampliamente) Buena, muy buena. Creo que es porque tengo un interés sincero en las Letras, tengo amigas y amigos en la Facultad de Filosofía y Letras, y soy sensible a lo que es ese campo de conocimiento. Y respeto mucho las Ciencias Sociales.

Entonces, ¿no compartes esa idea tan extendida socialmente, de qué las personas de ciencias sois más inteligentes?
En absoluto. Quien piense eso se equivoca. Es cierto que en ciencias echamos más cuentas, pero en realidad lo nuestro es más fácil porque tenemos leyes, normas y un método que aplicar. Por el contrario, a la creación artística se le pide que, aunque tome elementos del pasado y aprenda técnicas, debe asombrarnos, desconcertarnos. Obviamente también en las ciencias sociales existe el método científico, y también quienes nos dedicamos a las ciencias debemos aplicar la creatividad. La mente tiene que estar abierta a muchas posibilidades.
Aunque defiendo que todo se puede aprender: técnicas y metodologías. Debemos asumir que ese aspecto intangible de la creación, es inexplicable, al menos a día de hoy.

Te lo agradezco por la parte que me toca, pero ahora que te escucho, se me ocurre una pregunta. A mí que me gusta leer divulgación científica, porque la ciencia, tal cual, no es algo que esté a mi alcance, he recordado un libro que me impresionó mucho hace unos meses, su título “Cómo nos aman los perros” del neurocientífico Gregory S. Berns. En el libro explicaba paso a paso cómo logra escanear el cerebro de su perro en las instalaciones de la Universidad. A mí me ha resultado apasionante descubrir cómo él crea, dentro de un método muy estricto, pero también me ha apasionado la explicación sobre cómo superar las barreras burocráticas de la Universidad a través de pequeños engaños, usando puertas falsas y como establece sinergias con otras facultades para lograr sus fines.
(risas) Es cierto, ahora mismo en la universidad estamos enterrados en burocracia, en todos los aspectos. Desde el ámbito docente, como para la investigación. La burocracia absorbe una cantidad de tiempo inmensa. Es algo que tengo como un objetivo principal. Esta cantidad ingente de burocracia nos viene de Bolonia y se ha planteado como una forma de ser más transparentes. Bolonia, como idea, es estupenda. Pero, claro, implantar Bolonia requiere recursos, y esos recursos no han llegado.

La idea de clases con pocos alumnos y una atención muy personalizada se ha quedado en la teoría. Pero, nos ha llegado la otra parte de Bolonia, la que viene asociada a la idea de calidad. Esa calidad implica un control sobre los procesos y procedimientos que se requieren durante el desarrollo educativo. Esto es muy correcto y deseable, pero no podemos quedarnos en la parte formal de la propuesta. Nos hemos quedado con hacer una trazabilidad de los procedimientos. Por ejemplo, todos los años hay que publicar una ficha en la que dices cuál va a ser el contenido de la asignatura, cómo vas a evaluar esa asignatura, y qué competencias esperas que sean adquiridas. Eso es maravilloso. Sin embargo, elaborar la ficha, lleva asociada una gran cantidad de gestión que se traduce en tiempo. De modo que cuando vamos a sacar la ficha, te echas a temblar.

Otro ejemplo, el plan bolonia establecía que habría unas comisiones de calidad en la supervisión de los títulos, para asegurar que el proceso docente es correcto. Cuando lo escuchas dices: ¡estupendo! Pero en el 90% de los casos esas comisiones se quedan, exclusivamente en un mero asegurador de que tú, profesora o profesor, has entregado la ficha dentro de plazo, sin poder entrar a discutir si esos contenidos hay que actualizarlos o si son los más adecuados.

Esto genera mucha frustración, tanto a profesorado como al alumnado, porque no acabas de ver que al final la universidad gane en calidad, y logre profesionales mejor preparados que en el pasado.

Claro que estos procesos están pensados para garantizar que no suceda lo que hemos visto estos días pasados en la Universidad Rey Juan Carlos I. Sinceramente, no sé cómo ha podido suceder. Porque con la cantidad de papeles que hay que hacer, cada vez que se entrega una tesis o un proyecto de fin de carrera, es inexplicable cómo han podido saltarse la trazabilidad. En la Universidad de Extremadura la trazabilidad de los procesos es estupenda, aunque necesitamos más tiempo para la docencia, para la investigación y también para estar en contacto con nuestros estudiantes y entender cómo aprenden.

Quiero recuperar la universidad para la gente, quiero revitalizarla. Y eso pasa por la gestión, y por la financiación, que es otro de los grandes problemas de la Universidad. Hasta lo que toca a la parte docente

Para llevar adelante estos cambios, poniéndonos ya en el caso de que eres la rectora, ¿has hecho algún plan, tienes una cadena de prioridades, un equipo?Estamos a unos 7 meses aproximadamente de las elecciones, pero supongo que ya tienes elaborado un plan.
En estos momentos lo que estoy presentando es la idea general. Evidentemente ahora mismo estoy desarrollando temas que ya están analizados, y están pensados dentro de un equipo que apuesta por el cambio. Lo que quiero trasladar, es la idea de cambio, y estoy centrando mi mensaje en pocas idea fuerza. Quiero recuperar la universidad para la gente, quiero revitalizarla.

Y eso pasa por la gestión, y por la financiación, que es otro de los grandes problemas de la Universidad. Hasta lo que toca a la parte docente. Hay que hacer un trabajo importante para acercarnos a la Junta de Extremadura, para que nuestro gobierno regional sienta, reconozca y confíe en su universidad pública. Creo que se pueden optimizar los recursos que tenemos, pero debemos trabajar por acercarnos a la Junta y que la Junta se acerque a la Universidad.

El gobierno regional es el principal financiador de la universidad. Hace un año se aprobó una ley con objeto de proveerla de una financiación externa que puedas programar en un plazo de X años, lo que facilitaría hacer un diseño estratégico. Planteo que tenemos que repensar y analizar con cuidado las titulaciones que estamos ofreciendo, tanto de Grado como de Máster, y eso implica también tener la opción y la posibilidad de planificar con una cierta certeza, contando con recursos económicos estables.

Todos los años en la época de matrículas, los periódicos sacan listados de las mejores universidades en el estado, y nuestra universidad ocupa los peores puestos. Los rankings tienen muchas facetas. Por una parte, están hechos por ciertas universidades que aplican unos criterios que las favorecen, con lo cual no son realmente objetivos. Pero es cierto que la mayoría de los rankings no nos dejan bien. Ahí apareció otro problema, o el mismo problema una vez más, la comunicación hacia el exterior.

Es muy importante que establezcamos nuestros propios parámetros para que se sepan. En los ranking no aparece algo que la Universidad de Extremadura sí tiene, y es el contacto constante y de calidad entre profesorado y alumnado. Al ser una Universidad pequeña, este rasgo humano está muy presente y es muy gratificante para ambas partes. Por otra parte, y aunque sea reiterativo, tenemos que tener una planificación estratégica. Establecer un camino, para saber hacia dónde vamos y apostar por Masters y títulos de Grado atrayentes y de calidad. Eso nos hará aparecer en los rankings.

Otras fortalezas de esta universidad, que la hace muy deseable, es la investigación. Se está haciendo una investigación muy buena en la Universidad de Extremadura, y como estamos muy cerca unos de otros, hay muy buena opción de integración. Sin embargo, esto no se comunica bien hacia afuera.

Necesitamos una universidad transparente, que comunique y que tenga muy en cuenta el aspecto social y de igualdad. La parte de la igualdad la tengo muy presente, porque soy una mujer que tiene conciencia de ser mujer.

Otra cuestión que quisiera abordar es la relación entre Universidad y empresa ¿También está dentro del plan?
Por supuesto, es una piedra fundamental. Uno de los grandes problemas que tenemos en Extremadura es el escaso tejido empresarial, que es el que debe absorber a los profesionales que formamos. En otras regiones, se observa fácilmente que los y las estudiantes al terminar su titulación, son absorbidos en el entorno laboral cercano, lo que genera que el conocimiento quede fijado en la región. Sin embargo, en Extremadura, somos deficitarios en esto, aunque se están haciendo cada vez más esfuerzos y se está tratando de invertir más para que las empresas y la universidad avancen unidas.

Es fundamental, a la hora de investigar, crear sinergias que desemboquen en un desarrollo práctico que enriquezca a la propia región. La Universidad tendría que ser el departamento de I+D+i de la pequeña y mediana empresa extremeña. La universidad y la economía deben caminar juntas, la universidad debe ser un motor de crecimiento y de desarrollo sostenible.

Es fundamental a la hora de investigar, crear sinergias que desemboquen en un desarrollo práctico que enriquezca a la propia región. La Universidad tendría que ser el departamento de I+D+i de la pequeña y mediana empresa extremeña

Gracias por traerme hasta aquí, porque esa es una de las preguntas que traía en la cabeza ¿Crees que la Universidad de Extremadura está preparada para afrontar el reto de la economía circular y verde?
Pienso que sí, aquí hay grupos que están trabajando en procesos de recuperación de materiales, recuperación de residuos. Grupos que investigan en producción de energías renovables, así como grupos importantes investigando desde la biomasa y la química verde. Esta universidad tiene muchísimas áreas de investigación; para ser una universidad pequeña, y no estar en Madrid o en Barcelona, nuestra dimensión en investigación es muy interesante.

A lo largo de la entrevistas has hablado en varias ocasiones de Igualdad, ¿cómo está nuestra universidad en temas de conciliación?
Es un desafío. Debemos trabajar por la conciliación, pero por la conciliación de todas las partes. En este momento creo que trabajando por la conciliación de la mujer, para facilitarnos a nosotras conjugar trabajo y vida doméstica (eso que llamamos los cuidados), pero considero que eso nos mantiene ancladas en un concepto arcaico de valores patriarcales. Tenemos que dejar de educar a las mujeres para cuidar y a los hombres para ser objeto de cuidado.
La educación sigue dirigiendo a la mujer hacia el cuidado. Cuando le damos a una niña un carrito de bebé y no se lo damos a un niño, le estamos diciendo: “la que cuida eres tú” y al niño le decimos “tú no tienes que cuidar”

Cada vez más me doy cuenta de que la educación sigue dirigiendo a la mujer hacia el cuidado. Cuando le damos a una niña un carrito de bebé y no se lo damos a un niño, le estamos diciendo: “la que cuida eres tú” y al niño le decimos “tú no tienes que cuidar”, por eso considero que los permisos de paternidad y maternidad deben ser obligatorios e intransferibles, porque sino, no damos el paso a la co-rresponsabilidad y no vamos a avanzar en igualdad.

En mi vida personal, he tratado de inculcarles a mis hijos una idea de hombre o de mujer distinto a los roles establecidos. He sido madre sin dejar de ser una persona independiente, una profesional apasionada y una mujer comprometida. A día de hoy, mis hijos, que ya son varones adultos, viven solos y son capaces de cuidarse a sí mismos. Porque un hombre educado de la manera tradicional, que no tiene autonomía para cuidar de sí mismo, es también una víctima (con privilegios) del patriarcado.

Paca Blanco: “Debo decir que nunca he tenido miedo, pero a veces he tenido que pedir protección”

Publicado en El Salto Diario

Acaba de cumplir 69 años y lleva más de cuarenta comprometida con la ecología y los derechos humanos. Ha vuelto a vivir en Madrid y ahora a su compromiso antinuclear y con Ecologistas en Acción, suma también la PAH. Abandonó Extremadura a causa de la persecución de la que fue víctima en El Gordo por denunciar la construcción ilegal del complejo turístico de lujo Isla Marina Valdecañas. La memoria de Paca nos ayuda a crecer, y nos sirve de inspiración para enfrentar el futuro con determinación.


No hace mucho, un catedrático la acusaba de ignorante por carecer de estudios reglados, y sin embargo Paca Blanco da conferencias por todo el Estado y no se amedrenta a la hora de traspasar fronteras y salir a Portugal, Francia o llegar al Parlamento Europeo. Paca puede explicarte de forma fácil, para que lo entienda cualquiera, el engaño en el recibo de la luz o denunciar con solvencia al oligopolio eléctrico.

Supongo que por eso, al afrontar esta entrevista, la primera pregunta que me viene a la cabeza es: ¿Cómo te nació la conciencia? A lo que Paca responde con determinación: “Yo nací anticapitalista”, y me cuenta que es hija de un republicano, que fue preso político y que estuvo en un campo de concentración casi hasta morir. Cuando murió, ella tenía 16 años. Y así comienza nuestra conversación…

Me he escapado de todos los reformatorios de España y nunca me he escapado sola. Siempre que planeaba las fugas, contaba con otras compañeras porque era consciente de que estábamos allí pagando por cosas que no habíamos hecho. Algunas compañeras habían sido violadas por su padre o por algún familiar cercano, y en vez de encarcelarlos a ellos, se las llevaban a ellas, aunque dejaban en las casas a sus hermanas pequeñas. Yo veía estas cosas y me daba cuenta de que en aquellos lugares nos encarcelaban a las inocentes, a las huérfanas, a las víctimas, y había que escapar.

La capacidad de relacionar lo que leía con lo que veía a mi alrededor, creo que esa es la base de la cultura


Hace poco, un catedrático de la universidad de Extremadura te acusaba de ignorante por no tener estudios ¿Cuál sería tu respuesta?
La ignorancia y los estudios son dos cosas diferentes. Tengo el graduado escolar, que me saque cuando ya tenía 5 hijos. Es el único papel que tengo, pero ignorante no soy.

¿Y cómo sabes tanto?
Por que leo. La vida es una universidad que te enseña muchísimo, si quieres aprender. Me hubiera gustado ir a la otra pero no fue posible, sin embargo cuando paso por la calle Libreros en Madrid, siempre me acuerdo de la cantidad de veces que en mi juventud iba a buscar libros prohibidos. Leía a Marx, a Trosky, a Engels. Leía y pensaba en todas las injusticias que sufrió mi padre, y en lo que había visto y sufrido yo misma en los reformatorios. La capacidad de relacionar lo que leía con lo que veía a mi alrededor, creo que esa es la base de la cultura.

¿Tenías referentes femeninos?
La verdad es que no. Aunque siempre me ha gustado ser mujer y lo he disfrutado (se ríe con picardía), debo decir que ningún hombre que me haya gustado se me ha resistido; y me he sentido una madre orgullosa, pero la verdad es que crecí en un mundo de hombres, jugando a pistoleros.

¿Y entonces cómo llegas al feminismo?
No hay un momento concreto. He tenido cinco hijos, los primeros tres nacieron los años 68, 69 y 70, cuando estaban prohibidos los anticonceptivos y entonces, si alguna de nosotras se quedaba embarazada, tenía que buscarse cómo abortar. Las que no teníamos dinero para ir a Londres, nos íbamos al barrio de San Fermín a las chabolas, donde te hacían abortar con una aguja de hacer punto. Esas eran mis circunstancias y así te haces feminista a la fuerza porque tienes que hacer que todo eso no siga ocurriendo y te haces una feminista rabiosa, por ti, por las otras y por tus hijos.

Luego me casé con un hombre, alguien que yo pensaba que era otro tipo de persona. Pero aquel hombre se volvió un obseso celoso y comenzaron los malos tratos. Ya tenía cuatro hijos, y tuve que huir. Me fui, lo dejé todo menos a mis hijos. Tuve que trabajar en muchas cosas sin mirar la calidad del trabajo porque tenía que sacar a mis hijos adelante, y me iba cambiando de ciudad para que aquel hombre no me encontrara. Hasta que un día, al llamar a mi madre me dijo que había escuchado que mi marido había muerto. Me quedé como una gilipollas pensando, buscando algo que me hiciera sentir pena pero no lo encontré, así que desde entonces soy una viuda alegre y con pensión. Pero creo que estar sola, luchando por mis hijos, eso también me ha hecho muy feminista.

¿Y cuando descubres que eres ecologista?
Cuando conozco a Ladislao Martínez. Él era de la CNT y yo era del Ateneo Libertario de Usera, cuyo lema era “Ni dios, ni amo, ni CNT”, porque no entendíamos la función de un sindicato dentro de un movimiento que no cree en el sistema. Pero a mí aquel señor me cae muy bien y me gusta debatir con él. Al poco tiempo, Ladislao deja la CNT y junto a otras personas comienzan una asociación: AEDENAT. Yo le pregunto cuál es la razón, y él me responde que la lucha global por los derechos de la gente pasa por defender el planeta que nos sustenta, de modo que no hay nada más antisistema que ser ecologista. Cuando fui por primera vez a una reunión de AEDENAT, en la calle Campomanes, cerca de la Gran Vía madrileña, flipé.

Allí conocí a Cristina Rois, que era prácticamente una niña y ya estaba hablando de cambio climático. Aquello me marcó profundamente. Allí también conocí a Paco Castejón, a Ramón Fernández Durán, a Antonio Lucena, personas muy inteligentes y formadas técnicamente de las que he aprendido mucho a lo largo de los años. Reconozco que la gente con la que más me gustaba trabajaba estaba en energía, y eso hizo que me apegara a esa lucha.

Has estado rodeada de personas con estudios superiores, en su mayoría hombres, y sin embargo no parece que eso suponga un problema para ti.
Es verdad. Había veces que estaba en debates sin entender la mitad de lo que estaban diciendo, sin embargo siempre he sido consciente de que no tener estudios no es algo vergonzante. Lo vergonzante es no esforzarte en comprender, y no poner pasión en cambiar lo que está mal en el mundo. Nunca me he sentido amedrentada por nadie. Cada cual tiene sus circunstancias, pero la dignidad es la misma.

¿Cuándo aparece Extremadura en tu vida?
Me enamoré de un extremeño, el padre de mi quinto hijo. Con él llegué a Extremadura, a un pueblo a 10 km de la Central Nuclear de Almaraz, y me dije a mi misma “hay que cerrarla”, y llevo empeñada en cerrarla 30 años y espero verla cerrada antes de morir, para poder morirme tranquila. Para eso entré en la plataforma que se había creado y que se llamaba “Asociación Plataforma por los efectos nocivos que produce la central nuclear de Almaraz en la salud”, hablando con Ladislao, me dice: “con ese nombre tenemos poco futuro”, y nos propone cambiar a «Plataforma Antinuclear Cerrar Almaraz», y la gente empieza a decir que era de la PACA.

Cuando los grupos ecologistas de todo el Estado se unieron para formar Ecologistas en Acción, la gente de AEDENAT Campo Arañuelo, que habíamos fundado Paco López y yo, más Sierra de la Mosca de Cáceres y otras gentes, convocamos la primera asamblea de Ecologistas en Acción Extremadura en Badajoz, allí estaba Javier Figueiredo y un amigo suyo llamado José Mari Sánchez, que se unieron a nosotros, y fuimos los primeros ecologistas en acción de Extremadura, y a partir de ahí comienza a crecer y a crecer.

¿Cuándo llegas a vivir a El Gordo?
Después de varios años viviendo entre Euskadi, Baleares y otros muchos lugares, regresamos a Extremadura mi compañero (ahora ex) y yo, y buscamos una casa lo más cerca posible de Madrid, porque mis hijos estaban en la capital. Encontramos una casa barata en El Gordo, para reformar, y la arreglamos entre los dos durante 5 años. Para reformarla, usamos materiales reciclados y al final de esos cinco años es cuando empieza la construcción de Marina Isla Valdecañas.

¿Háblanos de la casa?
Es una casa de pueblo tradicional, construida en piedra y adobe, con unos muros de un metro de grosor. De modo que al restaurarla lo hicimos respetando eso, y la aislamos con corcho y con algo que se llama mortero bastardo (yeso, cal y viruta de corcho), por lo que la diferencia de temperatura entre el interior y el exterior puede ser hasta de 10 grados. La casa, en los veranos de 45 grados de Cáceres, se mantiene fresca con un único ventilador. Y en invierno, con un calefactor que se enciende al atardecer, porque durante el día la casa que es toda exterior, se calienta con el sol.

Ahora está en venta, porque nadie relacionado conmigo puede vivir allí. Y no se puede alquilar porque también hacen boicot a quienes la alquilan. Lleva en venta varios años, se empezó pidiendo 90 mil euros y ahora, lo que el comprador proponga.

¿Por qué dejas El Gordo?
Durante 6 años en El Gordo, se dedicaron a acusarme de hacerles perder el pan y el trabajo. Los jóvenes que venían de Madrid los fines de semana se unían a los jóvenes del pueblo, y después del botellón, cuando estaban hasta arriba de todo tipo de sustancias, el deporte oficial era atacar a los ecologistas. Debo decir que nunca he tenido miedo, pero a veces he tenido que pedir protección.

Lo peor que ha pasado sucedió una noche que no estábamos en casa. Ese día daba una charla en Piornal. Allí les iban a poner una subestación eléctrica en el medio del pueblo y fuimos con Antonio Lucena, que es ingeniero, para explicarles lo que supone una de esas instalaciones: fue divertido. Era un día de viento, y Antonio Lucena les dice durante la charla: “¿para qué quieren una subestación eléctrica con el aire tan bueno que tienen aquí? Poned un parque eólico y todos podréis tener trabajo”, y medio pueblo se enfado con nosotros. Pues, al volver a casa esa noche, nos encontramos con que nos habían tirado seis cócteles molotov por el hueco del calentador. Uno había caído en la cocina, que se había quemado, pero otros cayeron al pie de la bombona de butano, y afortunadamente no estallaron. Le hice fotos a todo y me fui al cuartel de la Guardia Civil a denunciar.

He tenido reuniones con el Subdelegado del Gobierno, el Señor Solís, con la dirección de la Guardia Civil… y nunca encontraron a los autores de aquel atentado. En un pueblo tiene 200 habitantes, y solo hay 6 chicos, las familias se protegen. Aquellos jóvenes trabajaban en la fábrica de armas de El gordo y, poco después, dos de estos chicos sufrieron quemaduras en el 96% del cuerpo en el trabajo. Fue entonces cuando el Subdelegado del Gobierno me pregunto: “¿qué hacemos con este expediente?”, y yo le dije que después de lo ocurrido no quería seguir con la investigación, pero luego vino la siguiente generación, con chavales de 15 años que tomaron el relevo. A mis hijos y a mi pareja de entonces se les había acabado la paciencia, y pensé que permanecer en El Gordo podía significar un problema para nosotros.

Debo decir que en el 2011, cuando cambia el gobierno y entra el PP, resulta que también hay amenazas para una alcaldesa de IU, Esther Nieves Hernando, hacen pintadas amenazándola por las calles, entonces el que era coordinador general de IU Extremadura, Pedro Escobar, y el abogado Ángel García Calle tienen una reunión con el Delegado del Gobierno y le piden protección para la alcaldesa y para la coordinadora de Ecologistas en Acción. Para mi sorpresa, el Delegado del Gobierno del PP dice que hay que sacarme del pueblo, y nos conceden una vivienda social en Talayuela. Nos fuimos a vivir a Talayuela pero no me acostumbre, de modo que devolví las llaves y me vine a Madrid.

Ahora que conocemos las consecuencias que tuvo para ti, cuéntanos cómo fue el proceso para enfrentar el complejo Marina Isla Valdecañas.
En la época en que comenzaron la construcción, yo era la coordinadora de Ecologistas en Acción Extremadura, y lo primero que se me ocurrió fue llamar a SEO BirdLife. Vino Marcelino Cardalliaguet a verlo, después nos ayudaron con la redacción de unas alegaciones, pero me di cuenta de que aquella batalla me había tocado.
Me fui enterando de que aquello estaba pensado para familias como los López Ibor, los Borbones, los Gómez Acebo o los Aznar, y me digo a mí misma: esta es una causa ecologista y anticapitalista.

Desde Ecologistas en Acción, nos unimos con ADENEx y pusimos las denuncias correspondientes, aunque no pudimos detener las obras porque nos pidieron una fianza de 41 millones de euros, y eso hizo que tuviéramos que ir ganando el caso sentencia a sentencia, mientras la construcción del complejo seguía su curso. En 2014, cuando el Tribunal Supremo ratificó la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura, habían transcurrido ocho años y la urbanización estaba terminada. La sentencia del Supremo exponía que la jurisprudencia, sumada a la normativa europea, deja claramente establecido que cuando unos terrenos están sujetos a algún régimen especial de protección sectorial, lo mismo que cuando concurren en ellos valores de los que la legislación urbanística considera merecedores de protección, resulta preceptiva su exclusión del desarrollo urbano y su clasificación como suelo no urbanizable de especial protección, y pedía que los terrenos volvieran a su situación inicial. Valdecañas es el Algarrobico de Extremadura.

¿Y cómo es tu vida ahora?
Mi compromiso, más que nada, es con Ecologistas en Acción y su área de energía. Ahora hemos formado un grupo de mujeres: Marisa, Soledad y yo, y damos charlas sobre pobreza energética por todo Madrid. También estoy en el Movimiento Ibérico Antinuclear y en el Foro Extremeño Antinuclear, obviamente estoy en la Plataforma Recuperar Valdecañas y, desde que he vuelto a Madrid, estoy en la PAH. También aportó lo que puedo en el grupo “Género y energía”. Lo hemos creado para poder visibilizar el trabajo de las mujeres en el desarrollo de las energías renovables y la lucha antinuclear, porque aunque parece que estamos en un ambiente amigo, con hombres que en teoría asumen la lucha feminista, la realidad es que también en este sector se siguen manteniendo los roles tradicionales y las mujeres formamos la base, y los hombres aparecen en los titulares.

Gracias a estar en la PAH y la lucha energética, he comprendido que una vivienda digna no es solo la vivienda, son también los suministros. La energía es un derecho, es imprescindible para desarrollar nuestra vida, como el aire, el agua o la alimentación.