24 de abril: ¿mi vida como un ratón?

ratón-cáncer

Hoy escribo desde la emoción, no hay ningún otro espacio al que pueda atender para hablar de lo que necesito hablar. 

Quienes me conocen saben, que en el momento en que me diagnosticaron el cáncer me planteé seriamente renunciar al tratamiento a través de quimioterapia. Pensé que siendo yo una persona vegana antiespecista, lo más consecuente era no recibir un tratamiento que ha sido testado en animales. Sin embargo, el deseo de vivir es tan fuerte en mí como lo es en cualquier criatura sobre la tierra, y esa es la razón por la que con vergüenza y deuda moral, acepté el tratamiento.

Testar los medicamentos en animales es por Ley imprescindible en nuestro sistema de salud, para que los medicamentos puedan ser utilizados en los seres humanos. Es una forma de evitarnos el riesgo de sufrir consecuencias indeseables, pero haciendo que el riesgo recaiga sobre los animales.

Soy una persona de letras, que se acerca a la ciencia a través de la literatura de divulgación. Enfatizo esto porque muchas veces se ningunea mi opinión alegando que no puedo comprender cómo funciona la ciencia y cuáles son sus necesidades. Sin embargo, como persona que lee, se informa y piensa por sí misma, creo que puedo tener una opinión respetable sobre lo que es éticamente aceptable y lo que no lo es, y lo que significa cimentar nuestro bienestar en el sufrimiento de vidas a las que objetivamos para no sentirnos culpables por usarlas. Sé que muchas personas dirán que soy una hipócrita y que ya no tengo autoridad moral para hablar del sufrimiento animal, porque he salvado mi vida gracias a traicionar mis principios. Sin embargo, ahora sé cómo se sienten en primera persona.

Afortunadamente, en los últimos años la legislación ha empezado a cambiar y ha empezado a tomar en cuenta el bienestar de los animales en las pruebas de laboratorio, que están dejando de ser unos lugares inaccesibles y ocultos donde los animales viven de espaldas a la sociedad que se beneficia de sus cuerpos y de su dolor. Estas medidas buscan reducir los ensayos con animales al mínimo posible, y fijan normas de obligado cumplimiento en relación con su uso, su alojamiento y su cuidado.

También se fomenta el uso de procedimientos de testado alternativos como son los estudios epidemiológicos, las técnicas in vitro de cultivos en tejidos animales y vegetales, en los restos de placenta, los cultivos celulares o los cultivo de órganos. Cada vez más científicos reconocen que la investigación con técnicas que no utilizan animales se obtienen datos relevantes, específicos y acertados.

Pero hay hechos de los que tenemos que hacernos conscientes, como que enfermamos a animales sanos para probar en ellos los tratamientos que nos van a sanar a nosotros. Tomemos como ejemplo la historia de la quimioterapia que comienza con cuatro ratones sanos. Los farmacéuticos Louis S. Goodman y Alfred Gilman desarrollaron linfomas en los cuatro ratones y trataron con gas mostaza a dos de ellos, que salvaron sus vidas, mientras los otros dos murieron.

Durante los meses en los que me he sometido a quimioterapia no he dejado de pensar en eso. No solo en esos cuatro primeros ratones, sino en los miles, millones, de ratones que en todo el mundo han sentido, antes que yo, el malestar y la angustia sin tener la capacidad de comprender qué les estaba pasando.

Si yo, que soy plenamente consciente de tener un tumor cancerígeno y soy plenamente consciente de que eso significa la muerte para mí, y elijo la quimioterapia voluntariamente, y aún así el tratamiento ha conseguido derrumbarme moralmente una semana de cada tres, en cada ciclo; si he llorado en silencio por la incapacidad de hacer una vida normal y he tenido que permanecer regenerando plaquetas en la más absoluta calma, mientras los pensamientos negativos y tristes se apoderaban de mi mente, ¿qué no sentirán los animales que no pueden comprender qué les está sucediendo?  Su miedo tiene que ser mucho más grande que el mío.

En abril de 2017 la Universidad de Leeds emitió un comunicado sobre un trabajo de cinco años relacionado con el dolor, que apareció publicado en Journal of Clinical Investigation. En su comunicado anunciaban haber descubierto que “el sistema periférico que recorre todo el cuerpo, es una red, principalmente de cableado, que transmite información hacia y desde el sistema nervioso central al enviar mensajes al ‘centro de control’ (cerebro), que luego le dice al cuerpo cómo reaccionar.” La investigación trabaja sobre una ruta para desarrollar drogas no adictivas y no somnolientas, dirigidas al sistema nervioso periférico, con una eficacia mucho más alta que las que se usan actualmente. 

Del comunicado, lleno de buenas noticias, lo que a mi me asombra es esta declaración: “Se necesita más investigación para entender exactamente cómo funciona, pero no tenemos ninguna razón para creer que no existan los mismos arreglos nerviosos en los humanos.”

Por lo tanto, la ciencia reconoce que el dolor que siente un animal no humano es básicamente el mismo que sentimos los animales humanos. En las pruebas de laboratorio se usan (objetivan) ratones, cobayas, conejos, gatos, monos y perros, así como aves, reptiles y peces. La tasa de mortalidad en animales de laboratorio se sitúa en millones de ejemplares.

Se estima que entre 50 y 100 millones de animales vertebrados de varias especies se utilizan cada año en todo el mundo en procedimientos de laboratorios, a menudo abusivos.​ La mayoría son sacrificados después de usarlos en un experimento. El Día Mundial de los Animales del Laboratorio existe para poner fin al dolor y al sufrimiento de los animales en todo el mundo.

En Europa el uso de primates no humanos con fines de ensayo está sujeto a restricciones y el empleo de simios antropoides (chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes) está prohibido.

Si quieren saber más, les dejo el enlace a la Directiva 2010/63/UE sobre la protección de los animales utilizados para fines científicos

 

 

 

 

Conversaciones con Lizzy

desde el 14 de septiembre, todos los jueves a partir de las 12:08 y durante 15 minutos hablaremos de Derechos de los Animales en Canal Extremadura radio, dentro del magazine “El sol sale por el oeste” con Ana Gragera y Antonio León

Para que se hagan una idea por escrito, pueden leer “Infancia y Tauromaquia” en La Marea

Si hay algo que repetimos incansablemente en el mundo adulto cuando hablamos de educación, es que las niñas y los niños aprenden de nuestro ejemplo. En las últimas décadas, desde la educación infantil hasta la secundaria no obligatoria, las instituciones educativas han tomado conciencia de su papel en la educación moral. Ya no hay nadie que no haya escuchado hablar de educación en valores, de educación moral o de inteligencia emocional. Desde la prensa, de forma continuada nos mandan mensajes para educar en positivo, fomentando la autoestima y la empatía de nuestras niñas y niños.

¿Y para qué? ¿De qué sirve la empatía? Pues básicamente para dos cosas complementarias. La primera, para ser más felices; la segunda para crear sociedades cooperativas, respetuosas de la diversidad y no violentas. O sea, sociedades más felices. Ser empáticos nos hace madurar, salir del mundo de la primera infancia donde somos el centro y descubrir que no somos los únicos seres capaces de tener sentimientos y emociones. Por eso, las personas empáticas se relacionan mejor con los demás, y eso sucede porque las personas empáticas son capaces de escuchar sin juzgar.

El Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas, que es el máximo órgano para la protección de la infancia, nos insta a preservar la natural sensibilidad infantil protegiendo a los niños y niñas de la violencia física y mental. España es uno de esos países que han firmado la Convención de los Derechos del Niño; y, sin embargo, una y otra vez nos encontramos con iniciativas que contradicen esa firma. Como estos días en la ciudad de Badajoz, donde nos anuncian un palco infantil con monitoras especializadas para explicar lo que está pasando en el ruedo a niños y niñas de 7 a 12 años. O en Coria, donde promueven “encierros didácticos” para menores de 16 años.

Desde el comité de Derechos del Niño han llamado a los países donde se permite la tauromaquia a “proteger a la infancia de la violencia física y mental de la tauromaquia”. Países como nuestro vecino Portugal, o Colombia, México, Francia y Perú han recibido comunicaciones al respecto, instando a los gobiernos de estos países a respetar esta convención y limitar la presencia y participación de menores en eventos de tauromaquia.

Presenciar violencia real hacia los animales, como una forma de entretenimiento, es deseducar la empatía y normaliza la violencia. Una sociedad emocionalmente sana no puede querer eso. Vemos cada día cómo los valores de la violencia y la dominación nos pasan una grave factura, la violencia hacia las mujeres está enraizada en la falta de empatía, en la falta de respeto por las emociones y los sentimientos de las otras personas, que empiezan por romper nuestro vínculo con nuestras propias emociones. Considerar cosas a las otras personas, comienza por considerar cosas a los animales.

Quien me lee puede pensar que no me gusta la tauromaquia porque no fui educada en el ambiente correcto; sin embargo, yo estuve en Las Ventas cuando tenía 10 años. Y 40 años después aún recuerdo el olor a sangre y arena, la emoción de la gente cuando el toro era castigado, mi incomprensión al sentir la alegría de la gente a mi alrededor. Y quien me lea puede pensar que soy excepcionalmente rara, pero en realidad era una niña absolutamente normal. Porque incluso los toreros reconocen que han llorado o se han entristecido al matar a su primer toro. El niño Michelito, que comenzó a torear muy chiquitito, cuenta que su madre tuvo que consolarlo la primera vez que mato a un becerro porque no podía dejar de llorar.

Lo normal, en cualquier persona, en cualquier niña o niño, es sentir compasión ante el sufrimiento. Silenciar esa emoción, negarla, es negarnos el derecho a crecer equilibradamente, negarnos el derecho a disfrutar de un entorno seguro y armonioso, donde sean los cuentos y no la realidad quien nos prepare para afrontar las dificultades de la vida, cuando llegue el momento.

Exponer a las niñas y a los niños a la violencia real, a la tortura y muerte en directo, es ejercer violencia psicológica sobre ellos. Les dice a las claras que la sensibilidad, el cuidado y la empatía no son valores reales de nuestra sociedad. Decir que un torero es valiente, es mantener un esquema patriarcal de dominación de unas personas sobre otras a través de la violencia. El valor no tiene nada que ver con la dominación, ni con el maltrato, ni con sentirnos por encima de los demás. El verdadero valor es el de abrir fronteras, el valor del amor sin poseer, el valor de cuidar.

Y todo eso para “salvar” un negocio que va en declive en todo el Estado, para festejos a los que el 90% de los españoles jamás ha ido, pero se subvenciona y promociona con dinero público. Afortunadamente, el maltrato ya no es atrayente para la mayoría de nosotros, sin embargo, guardar silencio ante la manipulación que se está promoviendo hacia la infancia nos hace cómplices.

* Carmen Ibarlucea es activista por los derechos de los animales.

o “Derechos laborales, ¿para quién?” en el blog de ElDiario.es Caballo de Nietzsche

Estamos cercanas al 1 de mayo, un día para reivindicar la dignidad. Pero, ¿la de quién? Hasta el siglo XVIII, la gente hablaba de dignidad refiriéndose al estatus, a la posición que se ocupaba dentro de la pirámide social. Después, con Kant, comenzamos a hablar de dignidad humana: “El hombre es un fin en sí mismo, no un medio para usos de otros individuos, lo que lo convertiría en una cosa. Los seres irracionales, como los animales, pueden ser medios para, por ejemplo, la alimentación, en cambio la existencia de las personas es un valor absoluto”. Y esta reflexión exitosa sienta las bases para trabajar hacia una sociedad más igualitaria entre nosotras, las personas.

Pero la idea de Kant, tal como está expresada, no resultaba cómoda para todo el mundo, ni siquiera en su época. Ya en 1640 había dado comienzo un resurgimiento del pensamiento pitagórico a través del vegetarianismo como forma de vida y el primer congreso que reflexionaba sobre “derechos para las bestias” tuvo lugar en 1796. Desde entonces, cada vez más y más personas hemos ido siendo conscientes de que la irracionalidad no es tal, y por ello asumimos una visión ecoética de nuestra forma de vida. El androcentrismo ya no nos sirve, hemos abierto la mente un poco más, aunque no lo suficiente.

Hace unos meses, justo cuando emprendía el viaje al encuentro europeo sobre ‘Carne y cambio climático’, cayeron en mis manos dos libros de Ochodoscuatro Ediciones: uno era la traducción de Los animales son parte de la clase trabajadora, de Jason Hribal; el otro, En ese sitio maldito donde reina la tristeza… Reflexiones sobre las cárceles de animales humanos y no humanos, de Asamblea Antiespecista de Madrid. Ambos me han ayudado a ordenar el desafío narrativo que es para mí la historia del trabajo y la exclusión social.

Provengo en parte de una familia de ganaderos en Asturias. Mi abuelo paterno tenía la extraña costumbre de cepillar a cada una de las vacas para leche con un cepillo para caballos, cada día del invierno. El invierno era la época en que dormían en el establo y corrían mayor riesgo de ensuciarse. Allá por el año 1975, mi padre me explicó que hacíamos esto para agradecerles que sustentaran la economía familiar. De modo que he crecido sabiendo que las vacas son parte de la clase trabajadora y que las personas que son sus jefas son las responsables de que reciban un trato mínimamente justo a cambio de todo lo que dan. Sin embargo, este trato afectuoso y cercano no me redime del uso y del abuso que durante un tiempo he hecho de tantas vidas inocentes, nacidas en cautividad.

Como lectora que soy, creo en la importancia de la denuncia narrativa, la importancia de dar testimonio. Creo en el poder de la biografía como instrumento de empoderamiento, tal como hizo Anna Sewell en 1877 cuando escribió Black Beauty para denunciar el maltrato al que eran sometidos los caballos en la Inglaterra victoriana. Su libro, lleno de sensibilidad, logró remover conciencias, que presionaron para cambiar leyes. Y esto nos lleva al núcleo mismo del problema: la sensibilidad.

Fotograma de la película 'Black Beauty' (1994), basada en la novela homónima de Anna Sewell (1877)
Fotograma de la película ‘Black Beauty’ (1994), basada en la novela homónima de Anna Sewell (1877)

Es muy frecuente escuchar la contraposición entre ciencias y humanidades, como si la razón estuviera de un lado y la emoción del otro, y poner a quienes defendemos que los animales tienen derechos del lado presuntamente más despreciable de la balanza, el lado de las emociones. Pero, ¿puede alguien vivir sin sus emociones? Las emociones son una respuesta evolutiva que nos asegura la supervivencia, y la ciencia a día de hoy tiene estudios contrastados que nos demuestran cómo las emociones rigen nuestras vidas, porque son previas y marcan nuestro razonamiento.

La ciencia demuestra también que otras especies animales, ya sean mamíferos como nosotros, o aves o peces, tienen emociones que se manifiestan en bienestar, o dolor, o ansiedad. Pueden sentir de forma física y psicológica. Por eso hablamos de bienestar animal al legislar sobre las condiciones de su cautividad, que incluyen su alimentación y su socialización (masificación o aislamiento). Gracias a la etología cognitiva se va demostrando que los animales tienen de forma continuada comportamientos inteligentes que muestran una forma de razonamiento que ofrece soluciones a los problemas que les surgen en su día a día. Son, por tanto, protagonistas de sus propias vidas.

Y por eso me parece que es hora de afrontar que hemos utilizado y seguimos utilizando mano de obra esclava, no solo de otras personas, sobre todo mujeres (la prostitución sigue siendo el mayor exponente de un infierno real para la mayoría), sino de otras especies, de las que cada vez ampliamos más el abanico.

Cuando en el siglo XVIII se inició la Revolución Industrial fue en parte gracias al cambio de mentalidad, la lógica del trabajo en cadena, la lógica del balance de perdidas y ganancias. Tendemos a pensar que la revolución industrial fue impulsada por la tecnología, pero la realidad es que la tecnología se impuso cuando se vio que era imposible para la nueva mentalidad contar con la fiabilidad de los animales.

Por ejemplo, el caballo pit pony fue desarrollado por la minería subterránea para la extracción del carbón que impulsó el tren y el transporte de mercancías (Jason Hribal). Curiosamente, en el fondo de las minas los animales y las mujeres se encontraron trabajando por la comida y el alojamiento. En 1930 la especialista en historia de las mujeres  Ivy Pinchbeck publicó su estudio sobre la Revolución Industrial de Inglaterra Women Workers in the Industrial Revolution, 1750-1850 y concluyó que la liberación de las mujeres está íntimamente relacionada con este cambio de paradigma productivo.

Las mujeres recorremos desde entonces nuestro propio camino de liberación, pero no así los animales, que van pasando de una forma de explotación a otra debido a que no hemos cambiado nuestro forma de verlos y de relacionarnos con ellos: seres con entidad y vida propia en lugar de cosas.

Un 'pit pony' trabajando en una mina inglesa.
Los ‘pit ponies’ eran propiedad de las empresas, tenían jornadas laborales de 8 horas y llegaban a cargar hasta 30 toneladas al día de carbón dentro de las minas.

La sociedad urbana, que es la mayoría de la población en Europa, busca de forma continua los puntos en común que tenemos con los otros animales. Nace este deseo de un mayor conocimiento de nuestra propia biología y por tanto de nuestra animalidad, pero entra en contradicción con los parámetros de la industria, que nos menosprecia argumentando que nuestro pensamiento es antropomórfico y herético. Nos acusan de ser sensibleras, y ya sabemos que menospreciar las cualidades del otro es una vieja fórmula heteropatriarcal para eludir el debate.

Nacemos y crecemos en un sistema desigual, aprendemos en nuestros primeros años a conformarnos en la desigualdad. La escuela, con su sistema de calificaciones y su énfasis en lo que es y lo que no es valioso, pone su granito de arena en el mantenimiento de nuestra visión escalonada de las relaciones y de la justicia. Pocas personas saben que lo que el cine nos muestra como un horizonte posible y que genera un debate ético acalorado, ya es realidad en la industria láctea. Hablo del semen sexado: la selección genética para determinar el sexo del feto desde la inseminación y garantizar así, de una forma más eficiente, el nacimiento de más vacas. Es un método caro, pero en las grandes granjas industrializadas resulta muy rentable.

Algunas personas me dirán que me creo cualquier cosa, pero vivo en una zona rural y sé, porque he estado allí, que cada cereza comercializada por la cooperativa de agricultores del Valle del Jerte es fotografía 24 veces por un ordenador para ser clasificada y determinar cuál será su canal de distribución. La tecnologización de nuestro mundo va mucho más allá del uso del móvil para leer el periódico. Hemos logrado hacer difícil lo fácil.

Nuestra imaginación, ese rasgo tan humano, no tiene límites en lo que se refiere al uso que hacemos de los animales. ¿Has escuchado hablar de las granjas de depredadores para proveer orina? El olor del depredador mantiene alejados a los grandes mamíferos herbívoros de las autopistas, asegurando así la seguridad de quienes circulan por la vía rápida, o de las parcelas de frutales, que son un lugar goloso para estos animales. De modo que recolector de orina es una nuevo trabajo para humanos, y  la orina de coyotes, zorros y lobos se puede comprar en Amazon. Para conseguir orina en grandes cantidades y de una forma controlada se fuerza a los depredadores a beber cerveza dentro de granjas cerradas.

Por eso, en esta reflexión alrededor del día del trabajo, debo hacer una invitación a ser parte de un proyecto político de solidaridad intraespecies. Las condiciones de vida y de trabajo de todos los terrícolas deben ser parte de nuestra agenda de derechos y deberes para liberarnos.

Con la vista puesta en el Día Internacional del Trabajo, un día promovido por el movimiento obrero internacional, y desde un blog que ha elegido como título un gesto significativo, el abrazo de un hombre compasivo a un caballo víctima de una jornada de trabajo intolerable. El camino es claro. La argumentación de Hribal pone el foco en una realidad que debemos reconocer y actuar en consecuencia. Los animales son parte de la clase trabajadora.

 

 

Lobo amigo

El domingo 13 de marzo fuimos convocadas a gritar en las calles de Madrid, a llenar la Puerta del Sol con nuestra presencia y nuestras voces a favor del lobo ibérico. Quizás algunas personas de las que leen esto se pregunten ¿qué necesidad hay de salir a manifestarse a favor del lobo? Para esas personas escribo.

Antes de nada quiero aclarar que no soy una experta, que no soy parte de la comunidad científica, ni soy ganadera, por lo que en mi día a día el lobo es como la ballena o el oso polar, un animal con el que las posibilidades de encontrarnos son escasas. Sin embargo, como ser racional no puedo dejar de experimentar un inmensos placer al pensar que los lobos y yo somos parte de la biodiversidad que sustenta la vida.

Lamentablemente vivimos en un país en el que el maltrato animal es un buen negocio. Desde la tauromaquia, a la gestión de perreras que son en demasiados casos campos de exterminio, o la aparición creciente de mataderos por el rito halal, con esa exención cultural que les permite legalmente no aplicar el aturdimiento, hasta llegar a las prácticas de caza ilegal, en el maltrato animal hay no solo un componente de crueldad, sino que se le suma un componente de negocio a expensas del dinero de nuestros impuestos, que debería hacer reaccionar incluso a quienes no se sienten tocados por el dolor de nuestros compañeros de planeta.

En el año 2009 un programa de Informe Semanal TVE, mostraba el uso incontrolado de la caza como forma de gestión de la población de lobo ibérico en nuestro territorio. Aquel programa sacaba a la luz la cara oscura y corrupta de una práctica que dice estar regulada, pero nos alertaba de que agentes que deberían salvaguardar el patrimonio natural que garantiza la vida, se dejaban sobornar por aficionados a la caza y aparecía el caso de Sierra de la Culebra (Zamora) con empresas turísticas que usan cebos para lobos y a las que se les permite matar más allá del cupo autorizado.

Lo que ni nuestras autoridades, ni algunos sindicatos ganaderos nos dicen a las personas de a pie, es que en Portugal el lobo es una especie totalmente protegida y matarlo es delito. Pero los lobos no saben de fronteras, y esos mismos lobos que en Portugal son defendidos para que la vida salvaje siga teniendo su espacio, al pasar a nuestro territorio, pueden morir porque aquí no le damos ningún valor al equilibrio natural de los ecosistemas.

La Comunidad de Madrid va a dar muerte a 2400 cabras montesas en la Pedriza, y cada año en el Parque Nacional de Sierra Nevada, entre Granada y Almería, se da muerte a unas 200 cabras montesas y algo más de 300 jabalíes. Y si nos vamos más al norte, en la vertiente leonesa de los Picos de Europa, se da muerte por control poblacional a unos 250 corzos, rebecos, venados y jabalís cada año ¿no es extraño?

Ya he dicho desde el comienzo que no soy una experta en temas medioambientales, simplemente me hago preguntas a la luz de los datos que aparecen en la prensa. Y no me encajan.

Vivimos en una sociedad en la que el lobo, desde hace algunos siglos, es el enemigo. Los cuentos, y en eso sí soy experta, nos lo muestran como la personificación del mal. Cuando pensamos en el lobo, enseguida pensamos en Caperucita Roja y vemos a la niña inocente victima de un ser carente de moral. Pero el lobo no es un lobo en el cuento. En esto los cuentos populares son como cualquier especie viva y evolucionan con cada generación. En los cuentos los animales son metáforas del comportamiento humano, y por eso en los cuentos de los pueblos originales el lobo aparece como un ser protector, que nos salva del hambre, del frío o incluso de los malos tratos de un marido violento (cuento lakota).

El domingo 13 de marzo espero que seamos muchas las personas que gritemos en la Puerta del Sol, ¡Lobo, amigo, mi voz esta contigo! Porque solo nosotras podemos cambiar el cuento.

Manifestación2016-4

Cortometraje “Artículo 13”, mi primer auiovisual

poster articulo 13-1This is the story of an ordinary day in the life of a happy boy. He studies, he plays and he is loved by everyone. But nothing in this life is as simple as it looks. Where does he come from? Who is the woman who walks with him?
Article 13 is a simple story about immigration and Human Rights. Despite its Simplicity it is moving and it will give you food for thought.

Ésta es la historia de un día cualquiera en la vida de un niño feliz. Estudia, juega y recibe amor de cuantos le rodean. Pero nada en la vida es tan sencillo como puede parecer a simple vista. ¿De dónde viene? ¿Quién le acompaña? Artículo 13 es una historia sencilla pero conmovedora sobre inmigración y derechos humanos que os dará que pensar.

salvar a los bosquimanos

De entre todos los pueblos de la tierra, los San son las gentes más antiguas. Pueden leer sobre ellxs en el libro de Spencer Wells “El viaje del hombre” o disfrutar de su sentido común viendo la película “Los dioses deben estar locos”, pero ahora necesitan nuestra ayuda, pues están viviendo la peor pesadilla de un pueblo acostumbrado a la libertad de la vida nomada. Han sido encerrados en reservas por el gobierno de Botsuana.

Survival bosquimanos

Ser y contar I

BosquimanosO’wa, H’ani y N! Ai* esperan impacientes la hora de la saan, ya hanmandado a los niños a dormir.

Di//cao se aproxima con una gran sonrisa, aunque hoy está cansada.Viene de excavar en busca de tubérculos. Ella necesita muchos porquetiene dos maridos a los que agasajar. Sería fácil renunciar aalguno de ellos, pero…¡le gustan!

O’wa, H’ani y N! Ai, no tienen prisa y Di//cao tiene un don especial. Cuando ella cuenta las n!osimas n=wasi, las historias de las personas viejas, parece que todo vuelve a pasar. Es una suerte que a Di//cao le encante contar.

Cuando se sienta, todas ríen, sintiendo el placer de las palabras anticipadamente. Son las historias de siempre, una noche más, escatológicas o absurdas o sensuales… las locuras de los antepasados. Vestigios de un tiempo remoto en que Kauha caminaba sobre la tierra y los animales hablaban con las personas.

Un tiempo en que ocurrían cosas realmente extraordinarias que ya no pasan más.

O’wa, H’ani y N! Ai, no saben que su presente continuo lleva durando 20.000 años y que hay un ahora alternativo en el que las personas con el don de Di//cao cobran por hora, pero no pueden tener dos maridos.

  • Nota de la autora: el pueblo San está considerado el más antiguo de la humanidad según los recientes estudios del genotipo humano.
  • O’wa, H’ani y N!Ai son nombres San y estas grafías pretenden representar los “clic” con que hablan
  • San significa “reunión de todos” y saan significa “reunión de algunos”

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Ser y contar II

TobeeGana Tcori* ha recibidoun premio, ha viajado en avión a la tierra del frío, ha comidoextrañas cocciones y ahora está preocupado. Él sabe desde niñoque vive para ser el ancestro de los hijos de sus nietos. Esaresponsabilidad no lo abruma, no lo hace infeliz, lo hace eterno. Suvida debería ser fácil, debería resumirse en cuidar y dejarsecuidar.

Cuando era niño hacía lo que hacen los niños, jugar, reír, Juntar raíces, gusanos, insectos, recoger agua y madera. Y al llegar la noche, acurrucarse junto al fuego para escuchar a su madre contar las historias del mundo.

Su madre le contó por qué hay pequeñas luces en el cielo; cuando hace mucho, mucho tiempo una niña, como él, metió sus manos en la ceniza y aventó las ascuas hacia arriba, para que hubiera luz. Aquellas cenizas trazaron un camino que parece leche salpicada, y si te pierdes, solo tienes que seguirlo para volver a casa.

Tobee Gana Tcoriha recibido un premio, ha viajado en avión a la tierra del frío, ha comido extrañas cocciones y ahora está preocupado porque estas gentes llenas de obligaciones quizás le impidan ser el ancestro de sus propios nietos, o peor aún, no le dejen tiempo para contarles cuentos.

  •  Nota de la autora: Tobee Gana Tcori miembro de la asociación “primeras gentes del Kalahari” obtuvo el premio Right Livelihood Award (llamado también Nobel alternativo) en 2005 que premia “a aquellos que ofrecen soluciones practicas y ejemplares a los retos más urgentes de hoy”.

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Ser y contar III

 G!Xau* se hizo actor de cine. Notuvo que estudiar el método,ni experimentar la diferencia. Cuentan un cuento sobre él, comolanzó al vuelo un puñado de papel adornado por el retrato de algúnanciano venerable, no sabemos si de Jackson, Frankling o Ulysses S.Grant.

¿Será marketing? ¿o es que todos los San tienen alma de Thoreau?

  •  Nota de la autora: G!Xau es el protagonista de la película “Los dioses deben de estar locos”