A mi pecho derecho

A mi pecho derecho

le tengo que decir adiós.

Un adiós para siempre,

un adiós entre el dolor

y el miedo.

Pero también,

un adiós con esperanza.

 

Nunca he amado mucho

ninguno de mis dos pechos.

¡Son tan grandes!

tan blandos,

tan suaves,

tan dulces,

tan intensos.


Son tan desobedientes

mis pechos.

No encajan en la ropa

de moda.

No encajan en la ropa

de deporte.

No encajan en la ropa

de baile.

En realidad, son como yo,

desmesurados,

incontrolables,

extemporáneos.

 

He vivido con estos pechos

casi cuarenta años.

Y nunca me he acostumbrado a ellos.

Sin embargo, ahora

cuándo debo elegir entre la vida

y la muerte.

Ahora, cuando para vivir debo decir adiós

a mi pecho derecho,

radicalmente.

Ahora descubro que he sido feliz.

 

He desperdiciado tiempo fantaseando

con la idea inmoral

de corregir a la genética,

y reducirme los pechos.

Ya se sabe que en la fantasía

todo está permitido. Y sin embargo,

ahora …

Ahora descubro que he sido muy feliz.  

 

Que me gustan mis terminaciones nerviosas,

esas que dan placer cuando las compartes.

y también cuando te quedas sola.

 

Que he disfrutado de ser una madre animal

que alimenta.

 

Que me gusta romper tópicos,

y dormir boca abajo sobre mis pechos.

Mis pechos que no encajan

en el canon de belleza

de ninguna época.

 

Son tan grandes mis pechos.

Y ahora, debo decir adiós

a mi pecho derecho.

Y tendré un nuevo cuerpo,

asimétrico,

y será como si me hubiera dibujado

Inma P.nitas

y yo seré una mujer con un solo pecho.

Y seré una mujer valiente

con una boca que grita,

como lo he sido siempre.  

A veces poesía … “Con un pequeño gesto”

Satyrium_esculi

A veces nos suceden cosas que consideramos importantes, tan importantes que las queremos compartir con el mundo entero. A veces hacemos cosas importantes y no nos damos cuenta. Hoy he sido consciente y por eso escribo.

Con un pequeño gesto

he salvado una vida.

Anónima, incógnita

para mi.

Una vida volandera.

 

Mi cuerpo estaba de pie

mirando por la ventana,

mientras lavaba los platos.

Mi mente soñolienta,

complacida con la espuma,

componía algún relato.

 

Ha entrado por la ventana,

equivocada

una heterócera, y

ha caído sobre el agua

depositada en el fondo

de un plato

de porcelana.

 

No sé si nos hemos visto,

pero nos hemos hablado,

angustiadas.

 

Con un paño de algodón

le he brindado una escalera,

y ha trepado.

Con ese pequeño gesto,

se ha compuesto una amistad.

Sobre un paño de algodón

Una glossata descansa,

confiada.

 

Una que debería hibernar

hoy seca sus alas

al sol de enero

tras la ventana.