Es San Antonio en El Mazo (Peñamellera Baja, Asturias)

Mater Deva*

          Peñamellera1           Acumula tesoros en el cielo el que da a Cristo. Y da a Cristo el que da al pobre. El gran peligro del cristiano es predicar y no practicar, creer pero no vivir de acuerdo con lo que se cree.

Así hablaba Antonio de Padua en el siglo XII, y así lo leyó ella que había nacido para ser monja.

En la casa de los Escandón Fernández la fe en Jesús era la piedra angular de la vida. Se comenzaba el día rezando y se terminaba rezando. No había día sin rosario, ni noche sin reflexión sobre las sagradas escrituras. El kempis, en una edición de los Hijos de Gregorio del Amo del año 1923, ¡tan pequeñin! era parte fundamental de la biblioteca gracias a la traducción del jesuita Juan Eusebio Nieremberg, pues estos asturianos leían en castellano y no tenían, por lo que yo sé, conocimiento de otras lenguas, ni siquiera del latín.

Por ese gusto por la oración y el apego a la santa madre iglesia, parecía natural que de las cinco hijas Escandón Fernández, tres, cuatro o más se hicieron monjas. Y que tres, cuatro o más fueran buenas, buenas de verdad.

Alma tenia la piel blanca, casi translucida. Algunas pecas y el cabello rojizo al sol. Era discretamente coqueta y realizaba los trabajos del campo con guantes para no estropearse las manos, pero esto no le afeaba el carácter. Ella adquirió en plena juventud la fama de buena y de santa que la acompaño siempre.

Creció en la pequeña aldea de El Mazo, y cada domingo escuchaba misa en latín en la ermita barroca, del barroco popular, dedicada a San Antonio de Padua. Tal como deseaban sus padres, a Alma le gustaba leer y le gustaba rezar, pero no tenia ninguna gana de hacerse monja. De sus hermanas, una se hicieron monja y se fue a Barcelona, no la volvieron a ver, murió en el verano del 36. Otra se fue a Chile y allí se hizo cocinera y la tercera fue monja en Llanes hasta su vejez. Olía a neftalina y contaba el milagro de Covadonga una y otra vez.

De Alma con seguridad solo puedo decir que vivía sin prisa. Cuidaba del huerto y de las gallinas, de la colmena de abejas que delante de casa cerraba el paso a los intrusos y daba miel a los amigos. Amaba a sus padres y a sus vecinos, ayudaba en lo posible y ante lo imposible, rezaba.

A los 27 años, para sorpresa general, en lugar de meterse a monja ¡se casó! Curiosidades del día a día que hace que incluso en la guerra la gente se las arregle para seguir con la vida. De modo que el marido, uniformado de republicano marcho al frente. Regreso para siempre en el 38, uniformado de nacional, a tiempo de recibir a su primer hijo. En casa quedo ella para cuidar de sus padres, de las vacas, del huerto, de las alubias sembradas en la vega. Era, siempre lo fue, una mujer de paz y de justicia.

Nunca abuso de nadie. Tiempo después, cuando paso la guerra y vinieron largos años de hambre. Ni el mercado negro la tentó, ni cerro la puerta por miedo a las gentes venidas de lejos.

Las personas valientes suelen ser discretas. No vociferan, no ofenden y no obedecen a ciegas.

En aquella guerra nuestra, tan nuestra que aún nos enfrenta, El Mazo andaba siempre cambiando de bando. A la sombra del Pico de Penamellera, el valle era un día republicano y al siguiente nacional, y a los dos días vuelta a la república y a la semana ya se sabe. La guerra es la guerra, tiene mucho de drama y algunos ratos de reír.

Una semana de esas de mucho trajín, un miliciano autóctono tomo El Mazo a punta de un mosquetón modelo Oviedo 1916, y no tuvo mejor idea para mostrar su poder, que llevarse a las mujeres y a los ancianos a la ermita de San Antonio de Padua para bajar a los santos de los altares. La idea, su idea, era hacer una hoguera con aquellas tallas de madera. Quemar a los santos y que del fuego purificador naciera un mundo nuevo donde todos fuéramos iguales, pero ¡ay! La idea de igualdad no es la misma en cada mente, y lo que para el miliciano era el símbolo del mal del mundo, para aquellas mujeres era el símbolo del bien, del amor al desvalido y de la justicia universal.

Fue imposible diálogar, de modo que aquellas mujeres ofrecieron al infeliz ebrio de poder, un poco de vino para pasar el rato mientras ellas acomodaban a los santos frente a la capilla, listos para la hoguera. Y para cuando el trabajo estaba hecho, el miliciano estaba dormido.

Atado el miliciano de pies y manos vio a los santos volver a los altares. Y luego fue llevado, a punta del mosquetón del calibre 7×57 mm, caminando hasta el cuartel de Panes, que obraba, creían ellas, en manos de los nacionales, los que defendían a la iglesia. Pero cuando llegaron ¡ay! Otra vez los republicanos se había hecho con el lugar. No amedrento eso a las mujeres que entregaron a la justicia de los mandos superiores a aquel pobre infeliz que quiso recrear el verano del 36, en el invierno del 37.

De regreso, por la carretera, las mujeres cantaban un ave maría y el río de la mater deva corría y corría.

No sabía Alma que esa piel suya tan blanca y tan llena de pecas la había heredado de mujeres que consideraban sagrados el roble y el tejo, la encina y el avellano.

Mujeres poderosas que curaban el dolor con polvo de muérdago e impartían justicia.

  • Del libro de relatos breves “Frágiles biografías”

Libreria La Puerta de Tannhauser

El próximo 30 de junio, a las 19:30 horas tenemos una cita en Plasencia, en la librería Tannhauser para conversar sobre los catorce relatos que dan cuerpo a “Frágiles biografías” mi primer libro “por que me da la gana” después de seis publicaciones escritas con una finalidad menos intimista, este libro reúne los relatos que he ido atesorando durante catorce años, y donde sin poder evitarlo, muestro todo aquello que me toca el alma.

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Carmen Ibarlucea y Frágiles biografías

El mundo en cuentos: Galeano y un cuento Guaraní

ElMundoEnCuentos

El lunes 18 de abril deje en las ondas radiofónicas mi homenaje a Eduardo Galeano en el primer aniversario de su fallecimiento, lo hice como sé… con cuentos. Fue en el magazine “El sol sale por el oeste” dentro del microespacio que ocupa mi voz los lunes después de las noticias de las 12:00. Aquí les comparto el corte de “El mundo en cuentos” Gracias por escucharlo.
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Presentación de Frágiles Biografías en Madrid

Una tarde-noche muy emocionante rodeada de personas amigas, de todas mis vidas: pasadas, presentes y futuras. He incluso de personas desconocidas.

Escuchar a Chema de la Quintana hablar de la literatura en mis cuentos, de la belleza de la sencillez fue sobrecogedor.

Poder leer algunos de los relatos que habitan las paginas de este libro y conversar sobre emociones y sentimientos, que no es lo mismo, con las personas presentes.

La educación y la infancia fueron las grandes protagonistas de la presentación.

17abrilMadrid

Hubo reencuentros, hubo sorpresas, y sobre todo hubo mucho amor, que es lo que yo siempre había soñado para cuando presentara mi primer libro “por qué sí”. Gracias a todas las personas que vinieron, y gracias a las que no pudieron venir, pero deseaban estar conmigo.

Historias de familia. Propuesta de Fuentetaja

El Club de escritura Fuentetaja conforma una comunidad literaria de lectores y creadores, dentro de la cual se puede participar en concursos literarios originales y motivadores, trabajar propuestas y acceder a lecciones  sobre técnica literaria gratuitas o a cursos y seminarios de cuota reducida para miembros del club

Yo me he inscrito y participo en la convocatoria “Historias de familia”, una mezcla de palabra e imagen. Mi cuento dice así:  I CONCURSO “HISTORIAS DE FAMILIA” CONVOCADO POR LA FUNDACIÓN ESCRITURA(S) EN COLABORACIÓN CON GOOGLE, FILMIN Y TALLERES DE ESCRITURA CREATIVA FUENTETAJA

El abrazo

Se abrazan. Es algo que se sabe. Dieciocho mil kilómetros las separan, pero el abrazo les alcanza. No están solas. Ellas, tan distintas que la diversidad es un concepto que les queda pequeño, han logrado el milagro de permanecer en el afecto. La madre, que es una de esas madres de libro que no parece tener deseos de vida propia, que no se permite ningún vicio por pequeño que sea, ni fumar, ni mirarse al espejo. La hija, una de esas mujeres envidiadas, coqueta y divertida. Cruza las piernas al sentarse mostrándolas esbeltas al final de un par de zapatos de tacón. Conversa dibujando en el aire figuras, al dejar pasar el humo del cigarrillo mentolado entre las largas uñas pintadas de rojo. Las parcas les han tejido un atlántico de distancia. Y economías tristes. Y obligaciones inapelables. Cuando una se despierta, la otra tiene avanzada la mañana, por eso viven sin fijarse en el tiempo, disfrutando el presente y su presencia. Ellas, allá y acá comentan siempre, con una sonrisa en los labios, esas pequeñas cosas que tiempo atrás hacían juntas ¿Recuerdas? Evocan cada día, apenas sin quererlo, todo lo que a la otra le encanta. El pan caliente con mantequilla y la taza de té; el vuelo de la falda al bailar un rock&roll; el pañuelo de encaje planchado con una gota de perfume, los zapatos de charol que hacen juego con el bolso preferido; aquella vez que lloraron viendo “Sonrisas y lágrimas”. Por eso, ni la diferencia, ni la distancia han logrado dejarlas solas, ni tristes, ni volverlas locas. Se abrazan. Han aprendido a abrazarse a la palabra y cada noche una y otra repiten como un mantra, lo que una vez fue una oración. Una vez la madre dijo, y ahora la hija que es madre a dieciocho mil kilómetros de distancia, me dice: “Que la virgencita de Pompeya, y la virgencita de Andacollo y la virgencita del Carmen la velen desde el cielo; y que tatita Dios la bendiga hija mía.” Así me abrazan.

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