Partidos políticos fantásticos y dónde encontrarlos

Cuando todos los caminos se han perdido el Camino se abre claramente.

Ursula K Le Guin

Desde muy pequeña aproximadamente desde los 12 años me vengo definiendo como una persona anarquista.  Reconozco que siempre me ha interesado la política desde que murió Franco y a mis nueve años me hice consciente de lo mucho que importa quien gobierna, para el desarrollo del día a día en nuestras vidas.  Creo que la humanidad se habrá desarrollado plenamente cuando sea capaz de la autogestión, cuando no precise de un Estado que regule y legisle para que las personas nos cuidemos y compartamos. Porque la anarquía es eso, autoimponerse límites y estar atentas a las necesidades de las demás.

Soy plenamente consciente de que el aparato ideológico del sistema (administraciones, poder judicial, medios de comunicación…) son un freno para las culturas de la cooperación y el apoyo mutuo. El modelo democrático es imperfecto desde su raíz, porque nació como un sistema para garantizar la igualdad entre las personas privilegiadas, y aunque lo vamos parcheando, sigue alimentando la fragmentación social, la individualidad que nos aísla y nos domina por el miedo.

Siempre se dice que las personas anarquistas no votan y no lo hacen porque no creen en el estado. Eso es cierto y sin embargo no es una verdad absoluta. Votar o no votar, participar en política en todas las formas posibles también es parte de la libertad de pensar por una misma y decidir qué estrategia seguir en cada momento.

A mi me gustan mucho las causas radicales, la conciencia llevada al extremo, supongo que por ello soy ecologista antiespecista. Sin embargo hay en mí una dosis importante de pragmatismo que me impulsa a actuar y a estar donde se supone que no debo estar.

Y llegamos a la parte importante de esta carta abierta en la que voy a explicar que después de ocho años comprometida con el partido ecologista EQUO, y de haber sido en las pasadas elecciones autonómicas la cara visible de una apuesta confluyente “Adelante Extremadura”, estos próximos comicios voy en los últimos puestos de la lista por Cáceres, del partido animalista PACMA. Lo mio son las causas. Y también, debo reconocerlo, las amistades sinceras y tengo tanto en un partido como en el otro personas a las que quiero muchísimo y con las que trabajo mano a mano cada día. 

Al principio pensé titular esta carta “partidos y causas” pero luego me decanté por hacer un juego con el libro de Joanne Rowling porque aunque los partidos políticos perfectos no existen, afortunadamente nos empeñamos en buscarlos.

Durante ocho años me esforcé por encajar en el que pensaba que era el partido de mi talla. Ahora, simplemente quiero que las causas que me importan, y a las que les debo la vida, estén representadas en el panorama electoral.

Creo que antes del cáncer jamás me hubiera planteado acompañar a PACMA de ninguna manera. Mi opción era EQUO, una organización con bases libertarias (ecología política) donde me siento representada. Por el contrario, PACMA es un partido que ha nacido jerárquico sin timidez, algo absolutamente contrario a mi naturaleza, sin embargo defiende a los animales con una radicalidad absoluta y seamos sinceras, si PACMA ganara pondría el sistema patas arriba, y en eso me siento absolutamente afín.annie-spratt-2019

Escribo esta carta abierta porque tengo muchas amistades en Extremadura y más allá, que lo van a flipar. No es una carta para justificarme (lean hasta el final), ni para pedir el voto, creo firmemente en la libertad personal que nos lleva a tomar decisiones pensando en el Bien Común, y por ello sé que no votar en conciencia, es tan responsable como votar en conciencia. Es una carta para recordarles que cada momento de la vida requiere de una reflexión diferente y que así como ser del mismo equipo de fútbol toda la vida puede ser algo que elijamos desde la emoción y el instinto, las causas que apoyamos requieren la misma pasión, más una buena dosis de intelecto y menos banderas.

El final ha llegado, y está reflexión de Virginia Satir dice brevemente lo que yo he dicho en 671 palabras: “No podemos dejar que las percepciones limitadas de los demás terminen definiéndonos.”

SER MUJER Y HACER POLÍTICA

El pasado 30 de diciembre de 2018, tuvo lugar en Libia el Primer Congreso Científico sobre Mujer y Participación social. Tuvieron la amabilidad de incluirme. Después en el periódico digital La réplica, han tenido la amabilidad de compartir mis reflexiones.


El feminismo nació como un movimiento para reclamar el derecho de las mujeres a una vida propia. Desde que tenemos datos que podemos revisar gracias a la escritura, nos encontramos con mujeres que ejercen el poder de alguna manera, pero siempre a la sombra y a las órdenes de sus padres, esposo e hijos.

Son mujeres que han quedado atrapadas en su conciencia de clase social, y en los privilegios de una vida acomodada y no tienen la capacidad de ver que están renunciando a tener un proyecto propio, que han perdido su capacidad de decidir cuál es verdaderamente el camino vital que quieren recorrer.

Cuando el mundo se ensancha y las sociedades del planeta se ponen en contacto, allá por el siglo XVI, se hace inevitable para las mujeres salir de sus rincones y entrar en relación con la otredad. Las otras nos interpelan con sus formas de vida. Las esclavitudes que no somos capaces de ver en nosotras, nos escandalizan en las otras y remueven nuestra conciencia haciendo que despierten las preguntas sobre nuestra propia forma de vivir. Y así comienza un movimiento imparable que se nutre de la diversidad. Lo más atractivo del feminismo es que nace sin líderes, no hay una jerarquía, y se aceptan las críticas de las compañeras y se asumen. Cuando desde el feminismo africano o latinoamericano, nos hace ver a las europeas que hemos acaparado el movimiento poniendo en el centro nuestros problemas de mujeres blancas, comienza un reajuste para ser más plurales, más inclusivas y también más ambiciosas en nuestros sueños.

Ya no queremos solamente el derecho a la Igualdad, para poder desarrollar un proyecto de vida propio tal como el patriarcado ofrece esa posibilidad a los hombres desde que ha quedado escrito. Queremos desarrollar nuevos mundos más justos, realmente más humanos, donde los procesos sean tan importantes como el objetivo. Pero esa forma de hacer feminista está naciendo dentro de un orden patriarcal que lleva al menos seis mil años funcionando, que está muy asentado y que hemos asimilado como lo “natural”, sobre todo en política.

La antropóloga argentina Rita Segato nos dice:
“La única forma de reparar las subjetividades dañadas de la víctima y el agresor es la política, porque la política es colectivizarte y vincular. Cuando salimos de la subjetividad podemos ver un daño colectivo, y eso no puede curarse si no se ve el sufrimiento en el otro. Fuimos capturadas por la idea mercantil de la justicia institucional como producto y eso hay que deshacerlo. Perseguimos la sentencia como una cosa, y no nos dimos cuenta que la gran cosa es el proceso de ampliación del debate”.

Cuando las mujeres feministas entramos en política de partido (quiero recalcar este concepto porque el activismo social es también una forma muy potente de hacer política y aunque no está exento de conflictos internos y de actividades machistas, debemos reconocer que es una espacio más amable para las mujeres porque el poder está más diluido), nos encontramos con espacios fuertemente masculinos, con una tradición de funcionamiento envuelta en negociaciones secretas y alianzas “uno a uno”.

En la política de partido, donde la lógica patriarcal marca los tiempos y la efectividad marca la agenda, porque necesitamos obtener votos para llevar adelante el proyecto, pero además se reparten cargos que llevan aparejados no sólo una contraparte monetaria, sino también un prestigio social que alimenta nuestro ego. Y el ego mal entendido es el mayor enemigo del feminismo, porque es lo contrario al feminismo.

La lógica del partido político es la lógica del enfrentamiento, primero hacia afuera. Hay que competir con otros posicionamientos ideológicos, con otros proyectos de estado, y hay que ganarles. Y después hacia dentro, porque aunque se comparta el 99% del proyecto, surgen las corrientes internas alimentadas por las filias y las fobias humanas, porque aunque no lo queremos reconocer, nos movemos más por la emoción ( y habló de la colectividad humana en su conjunto) que por la razón. Y esta forma de subdivisión interna desde la competitividad dificulta el proyecto feminista.

Yo, como Rita Segato, no quiero un feminismo del enemigo, porque la política del enemigo es lo que construye el fascismo.Hacer política desde las instituciones es prioritario, y las mujeres tenemos que dar el paso por más doloroso que sea salir de nuestros activismos amables. En mi caso el compromiso con la cooperación internacional, con las personas presas, con las personas migrantes y con las energías renovables y la oposición a la energía nuclear, o el trabajo que hago para el reconocimiento de los Derechos de los animales, son facetas muy gratificantes porque hay una lógica feminista en defender la vida a través del trabajo en equipo. Sin embargo, dar el paso a la política de partido es entrar de lleno en la lógica patriarcal, y nuestro deseo de un mundo sin hegemonía, choca con las estructuras, y puede suceder (de hecho sucede) que nos olvidamos de lo que hemos construido en nuestros años de activismo y regresamos a nuestra primera socialización, la que nos dan en la familia y en la escuela, donde todo es binominal: triunfo/ fracaso, bien/mal, justo/injusto.

El gran desafío de las mujeres en los partidos políticos no es solo conseguir la plena igualdad de derechos para nosotras, nuestro gran desafío es lograr romper la lógica del dominio a través de la violencia.

Un ejemplo. Miremos de frente nuestros sistemas de justicia. Cuyo fin último es decidir quién es inocente y quién es culpable. Quién es culpable termina en un centro penitenciario, un lugar de castigo y crueldad ¿Que tiene eso de justicia? Otro ejemplo, nuestros modelos de estado. Encerrados dentro de nacionalismos que nos enfrentan y nos llenan de miedo a las otras personas, no tenemos miedo de lo que la tierra ofrece en otros lugares alejados (alimentos, minerales, recursos hídricos, etc…), y nos afanamos en lograr que esas riquezas lleguen y traspasen nuestras fronteras, pero tenemos miedo de las personas que habitan esos lugares, porque nos parecen una amenaza. Olvidando que la naturaleza misma de nuestro triunfo como especie se ha basado en la migración, la trashumancia y el encuentro,y que en la historia de la humanidad hemos sido nómadas durante más de quince mil años, y apenas hace seis mil que estamos delimitando fronteras. Curiosa coincidencia con la aparición de la escritura y la constancia del sistema patriarcal.

Las mujeres no podemos asumir en política los roles masculinos de siempre, sin embargo debemos tener claro que superar el suelo pegajoso será mucho más fácil si nos acercamos a las formas de hacer tradicionales. Y esa es la trampa. La esencia feminista detesta los monopolios que limitan el pensamiento, y nos presentan una única forma del bien, de la justicia y de la verdad. Una única forma de mirar conlleva una mirada que culpabiliza al otro y nos encamina de nuevo a la lucha fratricida.

Si me preguntan por lo que yo creo que es el primer paso para cambiar la política desde dentro, les diría que la amabilidad. Los partidos políticos no son espacios amables, son espacios eficientes, y la eficiencia ha demostrado estar destruyendo el mundo. Tomemos el ejemplo de Centro América y el impune asalto a las comunidades que defienden el medio natural en el que viven. Tenemos los asesinatos de Berta Cáceres y de Azucena Villaflor que los consideramos feminicidios, aunque muchos hombres fueron asesinados por las mismas causas. En el caso de estas mujeres, lo que se quería matar desde el poder patriarcal era su estilo de hacer política, una política en red sin un centro, pero es difícil acabar con esta forma de hacer política propia de las mujeres, porque lo que se fortalece con ella es la comunidad.

Y ahondar en la amabilidad, conlleva afrontar tareas no aprendidas previamente, como recuperar la memoria histórica de las mujeres, aprender a poner en valor el trabajo de nuestras compañeras aunque no conocida con nuestra línea de trabajo, no descalificarnos entre nosotras porque necesitamos sanarnos colectivamente. No olvidar que vivimos desde el cuerpo que es un espacio vulnerable a la violencia, y aún así no debemos permanecer mirándonos siempre desde el lugar de la víctima, y por eso el concepto de empoderamiento es tan potente. Empoderamiento es a la vez sabernos vulnerables y libres. Capaces y al mismo tiempo débiles. Estamos creando caminos nunca antes transitados y debemos darnos permiso para plantar cara y también para retirarnos cuando la inercia patriarcal nos esté empujando a donde no queremos ir.

Hablan del juego de la política, y se refieren a que tiene unas reglas, unos tiempos. Cuando nosotras jugamos esas reglas y esos tiempos, están destinados a cambiar, pero se resisten y puede suceder que si no estamos atentas entramos de lleno en el juego obsoleto que han creado los hombres de los siglos pasados, apoyados en la razón de Descartes. Cuando eso suceda debemos saber que somos libres de salir, de tomarnos un tiempo, que el proyecto nunca reposa en una única persona, que el proyecto es colectivo.

Hannah Arendt nos habló de la banalidad del mal como el principal pilar de los sistemas totalitarios, cuando nos protegemos en nuestra función y nos justificamos diciendo “cumplo órdenes” y olvidamos nuestra responsabilidad personal con la justicia.

Marcela Lagarde nos ha mostrado la forma para resistir durante el proceso; la sororidad (la solidaridad entre mujeres dentro del sistema patriarcal) es la clave. Recordar siempre que la otra es compañera, no competencia.

Paréntesis entre continentes

Para Lillo, con amor y gratitud por llevarme a los buenos momentos

ElMazo-casaabuelos

Abro los ojos y encuentro las vigas de madera sobre mí. Es la confirmación de que no es un sueño.

Fuera de la casa se escuchan voces burlonas de hombres jóvenes que bromean sobre mi apego a las sábanas con una niña paciente que espera sentada en el poyete de piedra. Ella tiene cinco años y yo tengo cuatro.

Mi amiga viene a esperarme después de haber desayunado, con su ropa limpia y la cara lavada.

Yo me levanto de un salto y siento el frío húmedo al que no estoy acostumbrada. He cruzado el océano Atlántico del cálido enero, al frío enero, para abrazar el sueño de mi padre … pero él se ha tenido que ir.

El sueño de mi padre es vivir en El Mazo, en la Peñamellera baja, en medio de un valle de cuento donde todo es belleza. Pero el trabajo en el valle no alcanza para dar de comer a tantas familias.

Tampoco el valle alcanza, pese a toda su belleza, para satisfacer el alma sociable y parlanchina de mi madre. Y entre la pena y la esperanza mis padres han partido hacia Madrid.

Y aquí estoy. No sé medir el tiempo, no sé si es febrero o marzo. He quedado al cuidado de mis abuelos enfermos y de mis dos tíos, jóvenes y trabajadores.

Después de una vida de hermosos vestidos tapados por babis de cuadros para que no se ensucien. Estoy en un lugar desconocido, entre estos desconocidos que son mi familia, y no hay reglas. Nadie me pregunta dónde voy, nadie me peina, nadie se preocupa por mi ropa.

Mi abuela, en cama casi siempre, me acaricia. Soy su única nieta y creo que pensaba que moriría sin conocerme. Es paciente conmigo, me habla despacio y me enseña a compartir.

Me da su permiso para salir a jugar.

Y bajo la escalera corriendo y abro la puerta para sentir el placer del frío en la cara.
Mi amiga y yo cruzamos la carretera y subimos las escaleras que nos separan de un monte mágico donde todo nuestros sueños se harán realidad.

Jugamos incansables durante horas. Tenemos escondites maravillosos y una casita secreta, llena de comidas sabrosas que hemos traído de la despensa de su casa. Galletas María, avellanas, nueces, y dulce de membrillo. No hay hambre, no hay prisa.

Los árboles que dan al camino, también son generosos con nosotras y nos regalan sabores agrios a medio madurar, que nos resultan deliciosos.

Reímos.

Siempre estamos contentas. No hay que contar el tiempo, la felicidad no está tasada, ni viene empaquetada.

La madre de mi amiga nos llama a comer. Es la hora. En el valle las voces también son libres y se expanden para alcanzar su objetivo esté donde esté.

Corremos cuesta abajo.

Nosotras regresamos cada una a su lugar. Mi amiga a la casa ordenada donde le lavan las manos y le sirven en una mesa con mantel.

Yo cruzo la carretera, me espera una algarabía de hombres que ponen la mesa y le suben a mi abuela Sinforiana la comida a la cama. Cuando mejore el tiempo se levantará más pero ahora, aún, el cuerpo no responde del todo y reclama el calor de las mantas.

Nos sentamos a comer las alubias de todos los días, deliciosas. Han cocido toda la mañana, lentamente al calor de la leña.

Tengo cuatro años, nadie espera de mí que lave los platos, ni que cocine, ni que se me acaben las ganas de jugar. Solo debo comer sin rechistar, dar las gracias y estoy libre para volver a los praos que se abren hacia el cielo. Puedo buscar el postre entre los manzanos o los limoneros, si quiero.

Ahora soy yo quien se sienta a esperar a mi amiga. En los escalones delante de su puerta. Escucho las voces de sus padres y sé que ella me ha visto llegar, a través de la ventana de la cocina, me ha visto cruzar la carretera nacional que apenas se transita en el invierno de 1971.

Cuando caiga la noche volveremos a bajar, yo cruzaré la carretera, abriré la portilla de fierro y entraré en la cocina donde se fríen patatas, huevos y pimientos, como todas las noches.

Luego volveré a la cama que me protege de las arañas, me acurrucaré debajo de las mantas para no tener miedo y dormiré un sueño profundo y agotado, esperando despertar bajo las vigas de madera que confirman mi libertad.

Es tan fácil vivir en el paraíso.

Entre cuentos y nanas. En el lince con botas

Mariola del Pozo y Carmen Ibarlucea, dos narradoras distintas, pero nunca distantes, que, bebiendo en fuentes diferentes, caminan y comparten unidas por la amistad recíproca y cuentan o narran, incluso refieren, fundamentalmente por la vía oral, pero también por la vía de la escritura, del libro. Les debemos a cada una, como a tantos artistas y literatos que del cuento y de la narración han sido, desde que somos humanos hasta el día de hoy, lo que la fábula es: ese espacio intangible en que somos, más, nosotros mismos.

El programa “El lince con botas” de Canal Extremadura televisión, ha dedicado un espacio a los cuentos, y lo ha hecho con mi amiga Mariola del Pozo y conmigo. Si te apetece verlo sigue el enlace:

ElLinceConBotas

Más allá de la puerta

Es cálido, es acogedor, es un abrazo que atenaza de pura felicidad.

Como un árbol añoso.

El hogar.

Todo aquí es perfecto, la temperatura ideal, el aire con el oxígeno necesario, la comida jugosa, en su punto de dulzor. El cuerpo indolente, soñoliento, flexible y cantarín.

Y la voz fluye sin esfuerzo.

Y todo cuanto nombro se carga de sentido.

Y sin embargo… debo salir.

“Trémula de emoción. En medio del paisaje.”

Resuena entre mis cabellos, saliendo de mi cabeza, la voz que nunca he escuchado y que nunca para quieta.

Mi voz es voz de mujer, y no atiende a lealtades, sino a lo que da placer:  

Las caricias de los hijos. La marraqueta caliente. El perro que duerme al pie de mi cuerpo cuando escribo. El sol que seca la ropa. La caricia que es mirada, cargada de ternura,  cuando mi útero estalla.

Mi voz es voz.

Y es memoria.

Mi voz es futuro.

MiPuerta-agosto2018

Salvemos La Codosera. No a la mina de oro

Queridas gentes que me leen. 
 
Hace unos días escribía en El Salto Extremadura sobre el “boom” de la minería en mi región, Extremadura.
Debo reconocer que la motivación para escribir, se la debo a que en mi pueblo, La Codosera, hay un proyecto de investigación para explorar la posibilidad de una mina de oro, en una zona fronteriza con Portugal.
Ayer tuvimos una charla informativa, supongo que la primera de muchas, en la Casa de la Cultura. Tenemos preparadas alegaciones al proyecto, el plazo termina el día 13 de este mes… osea, el viernes.
 
¿Quieres ayudarnos a detener la mina? Puedes hacerlo presentar alegaciones desde tu lugar habitual.
Si estas en Extremadura mandarlas por la ventanilla de registro de tu ayuntamiento, si estas en cualquier lugar del mundo, puedes enviarlas por correo certificado a esta dirección:
 
Consejería de Economía e Infraestructuras de la Junta de Extremadura.-
Dirección General de Industria, Energía y Minas.-
Servicio de Ordenación Industrial, Energética y Minera.-
Avenida Miguel Fabra, 4 Polígono Industrial El Nevero .-
Badajoz.-
 
ENLACE  para descargar las alegaciones
 
Les quedaré eternamente agradecida

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Voces de Extremadura: Inma P.nitas

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Son muchas las voces que desde Extremadura se abren camino y traspasan fronteras. Una de esas voces, de las que nuestra región se enorgullece es la de una mujer joven, que se ha abierto paso en el mundo de la ilustración gracias a sus dibujos que son a la vez coloristas, personales e incómodos.

Nos encontramos en el parque de Los Pinos en Plasencia. Ella llega acompañada de su hija y me ha propuesto darnos cita en un lugar donde conversar y jugar sean actividades compatibles. A lo largo de toda la entrevista nos acompañan los pavos y los patos, y se nos contagia la mirada asombrada de quien mira por primera vez el despliegue opulento de las colas reales, y la ternura innata que brota ante las crías que caminan sin rumbo.
Para romper el hielo, pregunto para comenzar, sin saber si realmente es o no un buen comienzo.

¿Has ilustrado las palabras de otras personas?
He hecho ilustraciones para artículos feministas, también para relatos fantásticos, y también he ilustrado los comics de algunas amigas, e incluso poemas, de modo que la respuesta es sí.

Tu estilo de dibujo es claramente una herramienta de comunicación muy potente. ¿Cómo has llegado a desarrollarla?
Lo cierto es que de toda la vida me ha resultado complicado expresarme a través de la palabra, bien sea hablada o escrita , pero sentía que tenía muchas cosas que decir, y creo que busqué un camino alternativo. Aprendí a expresarme a través de mis dibujos.

Gracias por traerme al punto de inicio. Me gusta comenzar las entrevistas desde la infancia porque considero que es una parte fundamental de la vida, la parte que nos va conformando, a través de las vivencias y de cómo las afrontamos, para llegar a ser lo que somos. Háblanos de tu infancia.

He tenido una infancia viajera. Mis primeros nueve años los pase en Casar de Palomero, después un pueblo junto a la comarca de Las Hurdes y después en distintos pueblos de Sierra de Gata, hasta los 16 años que me fuí a estudiar. En ningún lugar he vivido más de 9 años. Supongo que es por eso que me cuesta responder a la pregunta “¿de dónde eres?” y suelo responder “de Extremadura” pero no concreto más porque en ningún sitio he vivido demasiado tiempo. Incluso en Barcelona mi límite ha sido 9 años.

La verdad es que tengo un recuerdo muy bonito de mis primeros años en Casar de Palomero, de sus calles y sus barrios. Aquella diversidad me encantaba, el barrio judío y musulmán, la mezcla arquitectónica me parecía impresionante.
Creo que la palabra bonito no la usaría nadie para hablar de mis dibujos

Debo confesar que cuando me mudé a un pueblo de colonización, me puse muy triste. Debido a mi juventud no podía apreciar lo que significaba aquella planificación arquitectónica, el esfuerzo para aunar tradición e innovación, y ser capaces de crear comunidad. A mi, a los nueve años todo eso no me saltaba a la vista, y lo único que veía era monotonía. Por eso, aquel primer año no quería salir a jugar, me sentía triste.

Entonces, ¿te recuerdas como una niña que miraba?
Sí, rotundamente. Recuerdo que la gente me preguntaba la razón de mi tristeza, parece que era algo que se notaba claramente, y yo respondía que mi primer pueblo era muy bonito y lo echaba de menos.

¿Y en esa época dibujabas?
Claro, no dibujaba bien, pero dibujaba mucho.

Siempre me ha gustado dibujar, pero la verdad es que no lo hacía especialmente bien, y desde luego nadie decía que mis dibujos fueran bonitos. Recuerdo que admiraba mucho a las personas que dibujaban bien, como las hermanas mayores de mis amigas, por ejemplo. Las personas que dibujaban bien, me parecía que eran seres especiales y que hacían magia.

Pero mis dibujos eran motivo de risa para mis hermanos, y eso me creaba cierto complejo. Si te fijas, bonito no es un adjetivo que podamos aplicar a mi trabajo. Podemos decir que son personales, podemos hablar de que tienen un trazo característico, pero creo que la palabra bonito no la usaría nadie para hablar de mis dibujos.

Supongo que el amor al dibujo crece contigo, y entiendo que eso te lleva a querer especalizarte, pero ¿Por qué en Barcelona?
La Universidad de Barcelona tenía fama de ser la más vanguardista y además ofrecía un amplio abanico de especialidades diferentes, desde dibujo, grabado, audiovisuales. Sus profesores eran artistas reconocidos, y me pareció la mejor opción para poder saciar mi sed de saber, y calmar mis inquietudes por conocer lo último, lo más nuevo. Esas eran mis razones para elegir la universidad de Barcelona, que daba respuesta a mis necesidades. Tanto es así, que al llegar, me parecía todo tan importante que al terminar la carrera y formalizar el expediente descubrí que había realizado sesenta y tantos créditos de más. Me emocionaba estar allí.

¿Tenías claro que ibas a vivir de dibujar?
(risas) No las tenía todas conmigo. Claro que quería vivir de dibujar pero me puse a trabajar de camarera mientras estudiaba, y cuando terminé de estudiar seguía trabajando de camarera, y hubo un momento en que pensé que realmente ese iba a ser el único trabajo al que iba a poder acceder.

Pero en esos 9 años, la ciudad fue cambiando. Cambió el tipo de turismo, cambió la calidad del empleo. Me di cuenta de que cada vez necesitaba más dinero para vivir y cada vez ganaba menos dinero por trabajar. Todo mi tiempo libre, el que quedaba después de trabajar y dormir, lo pasaba dibujando. Sentía que estaba en un limbo. Hice entonces un ejercicio de introspección, y dentro de la contradicción que supone ser creativa y comercializar tu trabajo, me planteé qué pasaría si dedicaba mi vida al dibujo.

En aquel momento el ritmo de Barcelona se me hacía insoportable, y sentí que necesitaba volver a Extremadura. Tomé la decisión de vivir con menos, lo que me iba a permitir vivir solo de dibujar.

Llevo aquí 5 años y mi vida ha cambiado mucho. En gran parte también porque he tenido una niña, y compatibilizar la maternidad con el trabajo es más difícil aún que ser camarera y dibujar.

Además en esa época leí un informe que situaba a nuestra comunidad autónoma, como la que tiene el aire más limpio de todo el estado, y me pareció algo relevante para elegir un destino y volver a casa.

Pero lo mejor, es que ahora vivo más acorde a mis principios.

Supongo que sabes que la gran mayoría te conocemos por tus dibujos relacionados con el movimiento feminista, pero lo que la gran mayoría no sabemos es ¿cómo te conviertes en una voz/imagen para todas nosotras?

Verás, comencé dibujando en relación a mí misma. Me di cuenta de que mis dibujos hablaban de mi relación con mi propio cuerpo. Dibujando de una forma muy íntima, intentando entenderme. Mis dibujos tenían un discurso que estaba básicamente centrado en eso. Mis profesores y profesoras de la Universidad me ayudaron mucho, aportando mucha bibliografía del arte feminista, de la Historia del feminismo, y a través de ese conocimiento me puse en relación con artistas de casi todo el mundo. Y esa relación crece y te lleva a otras relaciones, y se van creando colectivos y redes que se van conectando entre sí. Tanto de mujeres feministas, como de mujeres creativas de todo el mundo.

Estamos creando un discurso colectivo, es un proceso del que cuando te haces consciente te sientes parte de algo muy impresionante y fuerte.

Es algo muy intenso estar conectadas así. Saber que nos unen las mismas inquietudes y que hay un montón de cosas que nos están pasando a todas a la vez. Es algo muy potente, que te hace crecer como persona y te hace sentir muy viva.

¿Ese crear redes también es parte de tu día a día en Extremadura?
El nacimiento de la Red Feminista de Extremadura, que tiene lugar hace aproximadamente dos años, es fruto del regreso a la región de mujeres que veníamos de otros lugares donde habíamos estado en relación con colectivos feministas y al llegar aquí nos encontramos con que no tenemos un espacio autonómico en el que integrarnos y desde el que conocernos y reconocernos las mujeres de toda la región.

En una conversación que surgió, entre mujeres de diferentes lugares de la región y con diferentes sensibilidades feministas, nos planteamos que era importante crear un espacio autonómico de encuentro. Nos dimos cuenta que había movimientos feministas en las grandes ciudades, pero que no había relación con las mujeres de los ámbitos rurales o de las zonas más despobladas. Nos dimos cuenta de que era interesante conocernos y nos dimos cita en una asamblea a la que denominamos Alianzas feministas ante el patriarcado de la nueva política. Para discernir cuál era el papel del feminismo en las organizaciones políticas que estaban naciendo, y si se estaba teniendo en cuenta al movimiento feminista más allá del plano discursivo. La primera asamblea fue en julio de 2016.

Llevamos ahora nueve asambleas, y siempre localizamos con puntos violetas de donde acuden las feministas, y hemos ido observando que las mujeres que acuden son mayoritariamente de las grandes ciudades y sobre todo de la zona centro. Sin embargo, las grandes protagonistas de la huelga del 8 de marzo fueron las mujeres rurales de nuestra región. Y nos parece importante localizarnos, encontrar a las mujeres feministas que están en los pueblos, y crear una red donde estemos representadas todas y donde el trabajo colectivo y colaborativo refleje la participación de toda la región sin exclusiones.

Tenemos mucho por hacer, vivimos en una región con una tasa de paro femenino más alto que la media nacional. Este tiempo en La Red, hemos estado muy concentradas en el tema organizativo, para establecer las estructuras que nos permitan acoger a las mujeres que vayan llegando a este espacio, para colaborar de manera abierta, horizontal y participativa en las iniciativas y quiero aprovechar para hacer un llamamiento a las mujeres feministas de nuestra región para enredarnos juntas.

¿Planes de futuro pasan por quedarte en Extremadura?
Nunca se sabe, pero la verdad es que no me veo viviendo en otro lugar. No me importaría moverme a otro lugar quizá dentro de la misma Extremadura porque ahora mismo vivo en el mundo rural más aislado, sin transporte público, ya sea bus o tren, donde me encuentro con que es más fácil ir a Madrid que ir a Mérida. Y esto, cuando estás viviendo con una niña pequeña, supone un problema porque te obliga a tener coche propio y debemos reconocer que nuestra región carece mucho de infraestructuras públicas. Creo que esta falta de infraestructuras nos afecta más a las mujeres como colectivo, porque hay muchas más mujeres que hombres sin carnet o coche propio.
Me influye mucho el arte indígena latinoamericano y aborigen australiano. Y a eso debo añadir el descubrimiento de Frida Khalo

Puedo decirte que he tenido el coche averiado un par de meses, y pensaba mucho en Senegal (que es el lugar más lejano que he visitado) y recordaba los autobuses que usan allí, que no tienen una ruta prefijada sino que la trazan cuando se llena el autobús, y cuando te subes, le indicas al conductor dónde quieres ir, y se va componiendo el trayecto. Y pensaba que en Extremadura no tenemos ni esa opción, nuestro transporte público es muy deficiente.

Ya que ha salido el tema de Senegal. Hablemos del arte africano ¿hay influencias en ti?
Siempre me ha gustado mucho el arte africano. Me encantaba buscar imágenes de arte africano, que me parecía como buscar joyas. Es un arte con mucha fuerza comunicativa. Y por lo mismo me influye mucho el arte indígena latinoamericano y aborigen australiano. Y a eso debo añadir el descubrimiento de Frida Khalo.

A Frida la descubrí en la carrera, y ya tenía algo más de veinte años. Por un lado se convirtió para mí en un referente, no solo por ser mujer, sino porque había transformado su experiencia personal (la polio, el accidente, …) en algo que la conectaba con la realidad personal de las otras. Pero a la vez, descubrirla a los veintitantos, me llenó de rabia. Me di cuenta de que había crecido siendo una mujer que dibuja, pero que se referencia en hombres porque nadie hablaba de mujeres artistas.

Ahora puede ser difícil de entender este sentimiento porque Frida Khalo se ha convertido en algo así como un icono pop y está por todas partes. Pero para mi, en mis primeros años no había existido, y descubrirla fue un antes y un después.

Háblanos de esos referentes anteriores
Me referencio en Picasso y en Matisse, sobre todo en sus dibujos de líneas. Sin embargo soy crítica también al contemplarlos. Por ejemplo, hace muy poco, apenas unos días, volví a mirar el dibujo “Una mujer dormida” de Henry Matisse, un dibujo precioso, pero me di cuenta de que aunque para mi es una inspiración su forma de dibujar, yo nunca he dibujado una mujer dormida.

Hablemos de lo que más caracteriza a tus mujeres ¿Bocas y vulvas abiertas? ¿por qué?
Al principio había un proceso inconsciente al dibujar, eran dibujos automáticos, que yo realizaba sin pensar. Pero las dibujaba con las bocas cosidas. Y casi podría decirte que recuerdo el proceso de hacerme consciente de esto, y decidir cambiarlo. Y me pregunté a mi misma “¿porque tengo que hacer yo a las mujeres con la boca cosida? ¡Qué horror! A partir de ahora voy a dibujarlas siempre gritando”.

Creo que mis dibujos son una respuesta, un grito, a la forma en la que el arte nos ha representado hasta ahora, como un mero adorno. Y mis dibujos son dinámicos, son acción, y una representación del cuerpo femenino rompedor en contra de lo establecido sobre lo que ha de ser sentirse mujer.

¿Crees que las mujeres artistas estáis revirtiendo esa tendencia?
Desde la antropología del sistema patriarcal siempre veremos que la representación de mujeres ha sido realizada mayormente por hombres, y que además están mayoritariamente desnudas y en posiciones inertes, pintadas como quien pinta un bodegón.

Hay muchas mujeres creando, porque ahora hay muchas mujeres artistas en todas las disciplinas.

Y esta es una de las reivindicaciones de las Guerrilla Girls al hacer el recuento y cruce de datos, sobre cuántas representaciones femeninas hay en los museos pintadas por hombres, y cuántas mujeres han logrado tener sus obras expuestas.

Creo que esa tendencia está cambiando. Hay muchas mujeres creando, porque ahora hay muchas mujeres artistas en todas las disciplinas. Es una forma de generar nuevos discursos, desde el punto de vista del sujeto que habla. Entiendo que esto va a crear muchos discursos porque somos muchas mujeres. Tenemos que mirar más allá. Nuestra visión peca mucho de eurocentrista y creo que es muy importante que seamos conscientes y escuchemos con atención a esos sujetos activos que son las personas de grupos minoritarios, infrarepresentados en todas las esferas artísticas y de otras profesiones, no sólo de mujeres, sino de colectivos diversos que tienen mucho que aportar a la hora de construir la sociedad diversa e inclusiva que decimos querer.

De entre tus obras,debo confesarte que a mí la que más me llega es la exposición sobre matriarcados

¡Gracias! La verdad es que fue un trabajo reconfortante.

Los llamamos matriarcados porque los valores que propugnan estas sociedades donde las mujeres tienen poder, tienen escalas de valores distintas a las sociedades patriarcales, porque en ellas la solidaridad y la empatía sin primordiales

Dibujé matriarcados vivos en un viaje antropológico ilustrado. Quise representar sociedades matriarcales y matrilineales, donde la figura de la madre ocupa un lugar central. Dónde nos encontramos que se puede decir Mujer = poder. Sociedades donde las mujeres son respetadas y admiradas por su sabiduría y valentía.
Dibujé a nuestras hermanas bonobas con las que compartimos el 98% del genoma, y que crean una sociedad preocupada no solo por el bienestar de su comunidad, sino por el bienestar de las generaciones futuras.

Dibujé a las Bijagó, mujeres de una isla frente a Guinea Bissau, la etnia Mosuo en el Lago Lugu, de China, el matriarcado de las indias Zapotecas de Juchitán, en México, las Tiwi australianas, las Mingkabau de Sumatra o las Matsigenka de Perú.
Los llamamos matriarcados porque los valores que propugnan estas sociedades donde las mujeres tienen poder, tienen escalas de valores distintas a las sociedades patriarcales, porque en ellas la solidaridad y la empatía sin primordiales.

Hablemos de la maternidad. Tienes una hija
La verdad es que antes de tenerla, nada tiene que ver con lo que es tenerla. Nada de lo que te dicen, ni nada de lo que te imaginas sobre la maternidad se corresponde con la realidad. Lo que tú idealizas a través de la literatura, el cine y lo que hablamos. Yo tengo una espina ahí, porque me da la sensación de que nos tomamos el pelo un poco.

Alguien me ha dicho, Inma, a lo mejor alguien se ha sincerado contigo antes, pero no estabas preparada para escucharla.

Para mí, educar a mi hija es el reto más grande al que me he enfrentado en mi vida. Y tengo mucho sentimiento de culpa, porque no hay un solo día en que no piense que lo estoy haciendo fatal. Y debo decir que me propongo como reto grandísimo para los próximos años darle las herramientas posibles para que ella pueda ser quien desee ser. Pero soy consciente de que toda mi buena voluntad no puede solventar la realidad, y ella está en este mundo, y no en el mundo ideal que a mi me gustaría.
Sacar adelante el día a día siendo madre es un reto, el mayor reto al que yo me he enfrentado en mi vida. Nada de lo que me he planteado a nivel teórico me está sirviendo en el día a día, porque el tiempo da para lo que da.

Creo que deberíamos dejar de idealizar tanto la maternidad, naturalizar muchas formas de ser madre, como muchas formas de ser mujer, de querer o de cualquier otra cosa. No hay una sola maternidad, sino muchas, tantas como madres. Y si eliges la maternidad como opción libre, que sea tu experiencia y no la exigencia social la que te marque el camino.

Decir que estos libros de autoayuda para la maternidad, son como una piedra en el camino. Quizás ayuden a quien lo escribe, pero no hay una visión única de cómo ser, de cómo sentir y de cómo hacerlo. Habrá tantas como madres o no madres hay en el mundo. Y la verdad es que sacar adelante el día a día siendo madre es un reto, el mayor reto al que yo me he enfrentado en mi vida.