Diario sencillo para anotar la vida (100)

Sábado de 23 de diciembre de 2017

Afuera de mi ventana … oscuridad y frío

Estoy pensando … en como escribir un cuento. La literatura requiere tiempo.

Estoy sintiendo … el cosquillero de esperanza que me produce siempre la Navidad. Supongo que los rituales sociales sirven para esto, para regenerarnos una y otra vez.

De los lugares donde aprendemos … de la alegría de los otros.

Desde la cocina … el calor de la cocina de leña, el olor del dulce de membrillo que ha preparado Juan Carlos.

Que traigo puesto … leggins marrones (he salido de casa esta mañana y me he vestido de persona normal), poleron gris y unas zapatillas de estar en casa super calentitas.

Estoy leyendo … sigo con “La creación del patriarcado” de Gerda Lerner 

Lo que espero … salir con bien del bache económico.

Estoy escuchando … una conferencia de la UNED donde se analiza la misoginia o no de “La fierecilla domada”

Por toda la casa … perros durmiendo placidamente

Una de mis cosas favoritas … conversar con niños y niñas, y descubrir su clarividencia sobre casi todos los aspectos de la vida.

Algo que me pregunto … ¿porque celebramos el nacimiento de un niño pobre consumiendo desmedidamente?

Algunos planes para la semana … cenar amorosamente, pintar una habitación, terminar un cuadro

Una imagen que me gusta …

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Photo by Chang Duong on Unsplash
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En busca del Sol (cuento)

Vivió en la antigua China un matrimonio muy feliz, eran Liu Chun y Hui Nang y vivían al pie de la montaña de Piedra Preciosa. Eran personas de carácter alegre y confiado, que sabían disfrutar de las cosas pequeñas. Cada uno tenía sus propias tareas, que eran complementarias y las hacían tan bien y con tanto esmero que trabajar era un complemento más de su felicidad.
Liu Chun trabajaba en el campo, cultivando o recogiendo según la temporada, mientras que Hui Nang pasaba la mayor parte del día tejiendo hermosas telas de lana que después vendía en el mercado, llevaban en esta agradable convivencia cinco años cuando Hui Nang quedo embarazada y fue tal su alegría que ella misma estaba sorprendida de haber rebasado los limites de su anterior felicidad.
Así transcurrían los días del embarazo de Huin Nang en calma alborozada, hasta que un día al levantarse vio que el sol no estaba asomando en el cielo. Fueron pasando las horas y la noche fría llevó tristeza a su corazón.
Nadie alcanzaba a comprender lo que sucedía, no era normal que el sol no acudiera a su cita. Los vecinos salían a la puerta de sus casas, sin atreverse a emprender sus faenas cotidianas, asustados por el extraño hecho. Pero aquel día no salió el sol, ni al siguiente, ni al otro.
Pasaron semanas sin que las gentes de Piedra Preciosa pudieran ver la luz, sin que pudieran distinguir los días de las noches, y el campo comenzó a perder sus frutos, aquel preciado tesoro que les ofrecía como alimento; y los árboles se fueron secando, al no poder alimentarse con ayuda de la luz y el calor del sol.
El cielo se había ido poblando de negras nubes y un viento frío soplaba constantemente en la oscuridad.
Liu Chun se aventuró a recorrer los caminos oscuros para ver si es que el sol se había olvidado de su pueblo, o el resto del país estaba también a oscuras. La gente que lo recibió en sus casas, estaba como su propia gente, preocupada y angustiada por aquella pérdida dramática y el pobre Liu Chun se iba poniendo cada vez más triste al ver alejarse su esperanza de encontrar pronto el sol. Nadie sabía donde ir a buscarlos, ni qué le podía haber sucedido, todo se iba en comentar asustados:
¿Qué será de nosotros ahora? ¿Cómo podremos vivir sin sol?
Y a Liu Chun se le partía el corazón escuchando los suspiros de las ancianas y el llanto de los niños. Por eso cuando regresó a su casa, junto a su amada esposa Huin Nang, fue sólo para despedirse, pues había tomado la decisión de partir en busca del sol.
Ella comprendió que él tenia un deber que cumplir más importante que quedarse a su lado, y le aconsejó que antes de emprender el viaje fuera a consultar con el anciano del lugar, pues sólo él que había vivido durante más de cien años podría darle alguna orientación de donde podría encontrar el sol.
Liu Chun se alegro con aquel consejo, que le permitía tener un rayito de esperanza. Y esa esperanza no fue defraudada, él anciano le dijo donde vivía el sol antes de esconderse por última vez, y también le dijo quienes eran los enemigos del sol, monstruos que vivían en el mar del oriente y que lo envidiaban tanto como lo temían; no podía estar seguro de que fueran ellos los que lo habían robado, pero sí el pudiera emprender la búsqueda empezaría por allí.
Con un ánimo más positivo, Liu Chun regresó a su casa para despedirse de su esposa. Ella durante su ausencia le había confeccionado unas sandalias nuevas para el viaje, las había fabricado con un mechón de sus trenzas, tejiéndolo con cáñamo y también le había preparado un nuevo abrigo acolchado que le ayudaría a protegerse del frío.
Se estaban despidiendo junto a la puerta, cuando en medio de la oscuridad llegó hasta ellos el Fénix de oro que se posó en el brazo de su amigo. Liu Chun y el hermoso pájaro eran amigos desde hacía tiempo, pero con la oscuridad Liu Chun lo creía perdido. Huin Nang le preguntó al pájaro si deseaba acompañarlo durante el viaje y el ave se mostró encantada con la propuesta, así también la mujer quedó más tranquila.
Los esposos se abrazaban con fuerza, pero ninguno daba rienda suelta a las lagrimas que hubieran ensombrecido la partida, Liu le dijo a Huin:
Quiero que sepas que no volveré hasta encontrar el sol, pero si muero a mitad de camino, me convertiré en estrella para indicar a otros buscadores el camino correcto.
Parte tranquilo, yo te esperare con calma hasta tu regreso.
Y Liu dio comienzo a su viaje.
Pasaban los días y no había noticias de Liu, ni señal alguna del sol, Huin Nang pasaba largas horas en la cima de la montaña de Piedra Preciosa a la espera de ver salir el sol, segura como estaba de que su esposo conseguiría rescatarlo. Hasta que un día en medio de la oscuridad del cielo, vio una estrella que subía desde la tierra y comprendió que era Liu Chun que cumplía su promesa de marcar el camino a los siguientes buscadores. A las pocas horas el fénix de oro llegó hasta ella para acurrucarse en su regazo. La pena era tan inmensa que Huin sentía en su pecho un dolor incisivo, tan inmenso que perdió el conocimiento y quedo desmayada en la cumbre de la montaña.
Cuando volvió en si, había dado a luz y junto a ella se encontraba un hermoso y robusto bebe. Pero eso fue lo menos sorprendente, a cada golpe de viento el niño crecía. El primer golpe de viento lo hizo caminar, el segundo lo hizo hablar, y el tercero lo convirtió en un joven fuerte y de gran estatura.
Su madre lo contemplaba extasiada, sintiéndose reconfortada con su presencia. Le puso por nombre Bao Chu y no dejaba de pensar lo felices que hubieran sido los tres si el sol no hubiera desaparecido.
Como Bao Chu veía que a su madre los ojos se le llenaban de lagrimas por momentos, decidió preguntarle cuales eran las causa de su llanto; fue entonces cuando ella le contó todo lo que había sucedido, porqué su padre había tenido que ausentarse y le mostró la estrella que brillaba en el cielo para marcar el camino de otros buscadores, para ayudarles a terminar felizmente su cometido.
En cuanto Bao Chu conoció la historia y el destino de su padre, quiso ir también él a buscar el sol.
Nuevamente Huin Nang tuvo que sobreponerse a sus propios sentimientos, y volvió a cortar un mechón de sus trenzas para tejer unas nuevas sandalias de cáñamo, y volvió a coser un grueso abrigo acolchado que protegiera a su hijo del frío. Y nuevamente pensó en todo el bien que su hijo haría al mundo, si conseguía recuperar el sol.
Esta vez todo el pueblo vino a despedirse de Bao Chu, celebrando su valor al seguir los pasos de su padre, su madre de nuevo guardó sus lagrimas para no entristecer a su hijo, que viéndola tan valerosa le dijo:
-Madre, quiero que mientras me esperas no llores por mí. Sí tú estas triste mi corazón no podrá soportarlo y perderé la fuerza que tu amor ha puesto en mí.
Y así salió de la casa, acompañado por el fénix de oro y caminado en dirección a la estrella que no era otra cosa que el espíritu de su padre.
Durante días enteros caminaron hacia la estrella, subiendo y bajando montañas, rodeando precipicios, vadeando ríos, hasta que llegaron a un pueblo donde fueron recibidos con gran asombro. Bao Chu llevaba el abrigo hecho jirones, y su piel asomaba por las partes descosidas, mostrando las heridas del camino. Las gentes de aquel pueblo lo acogieron en sus casas, y al escuchar el propósito de su viaje, cada uno de los vecinos cortó de sus propias ropas un trozo de tela con el que arreglar su abrigo y le cosieron así el abrigo de las cien familias, aquel abrigo daba más calor que una estufa de leña, porque abrigaba el corazón.
Y continuó su viaje a través de la oscuridad llena de peligros. Entre montañas y valles, Bao Chu llegó a la orilla de un río tan caudaloso y ancho, que no era posible contemplar su otra orilla, y en cuya corriente arrastraba piedras tan grandes como casas. Como él no tenia posibilidad de construir una barca, no se lo pensó dos veces y se lanzó al río. Nadó hasta quedar agotado, hasta que una ola helada lo arrastró lejos, a él y a su compañero de viaje, el fénix de oro. El frío era tan intenso que el agua se iba congelando, el fénix con las plumas mojadas no podía continuar volando y cayó al agua, pero Bao Chu no podía sujetarlo y nadar en el agua que ahora arrastraba placas de hielo. Llegó un momento que el fénix pareció muerto, su cuerpo inerte se dejaba llevar y sus ojos permanecían cerrados, Bao Chu entonces lo metió dentro del abrigo de las cien familias, esperando poder mantenerlo caliente. Y así fue, cuando después de mucho esfuerzo consiguió alcanzar la otra orilla, el calor del abrigo había reavivado a su compañero.
A pocos días de aquel río encontraron otro pueblo, donde fueron igualmente bien acogidos, también aquella gente estaba empobrecida por la ausencia del sol, pero eran generosos y quisieron mostrar su apoyo a Bao Chu, el hombre más anciano del pueblo le explicó:
Nuestros campos ya no dan fruto y nuestros árboles han muerto a causa de la ausencia del sol. Por ello no podemos agasajarte con nada. Pero si quieres recibir un puñado de nuestra tierra, nos sentiríamos muy alegres de compartirla contigo.

De ese modo cada persona de aquel pueblo tomó un puñado de la tierra de su huerto y con esto llenaron un saco de tierra fértil que ofrecieron a Bao Chu. Él no sabía muy bien para que podía necesitar un saco lleno de tierra, pero no quiso despreciar el regalo de aquellas personas de corazón sincero. Por lo que tomó el saco sobre sus espaldas y con grandes muestras de agradecimiento continuó su camino.
Nuevamente hubo de afrontar las montañas, los valles y los ríos que consecutivamente se sucedían, como sí a cada obstáculo superado, surgiera un obstáculo nuevo, Bao Chu mantenía su mente firme en su pensamiento original, encontrar el sol, alejando de sí la sensación de desanimo. Un día, como cualquier día llego a una encrucijada de caminos y se detuvo a deliberar.
Mientras estaba así, silencioso y solitario, una voz habló a sus espaldas:
¿a dónde vas muchacho?
Voy en busca del sol, fue la respuesta automática de Bao Chu
Alcanzar el sol es imposible muchacho, es mucho mejor que regreses a tu casa o perecerás al intentar encontrarlo.
No me asusta el camino, y a mi casa no puedo regresar si no encentro el sol. Hay demasiadas vidas en peligro, como para que yo desista.
La anciana lo observó en silencio unos instantes, después señaló con su dedo hacia el camino de la derecha.
-sigue hacía allá. No muy lejos encontrarás un pueblo donde podrás reponer fuerzas y así enfrentarte al tramo más duro de tu viaje.
Con estas enigmáticas palabras la mujer se alejo de Bao Chu y desapareció en la oscuridad.
Bao Chu comenzó a caminar por el sendero que le había indicado la anciana, no tenía ningún motivo para desconfiar, hasta ese momento cada persona que se había encontrado había significado para el una ayuda, de una u otra manera. Sus pasos eran cortos y lentos debido al peso del saco y al cansancio acumulado, pero ya no se preocupaba por eso, había decidido que lo importante era avanzar sin importar cuanto. Pero según caminaba, su compañero de viaje, el ave fénix, revoloteaba a su alrededor con energías redobladas, cruzaba delante de su rostro, golpeándole las mejillas con las alas, Bao Chu creyó que esta actitud podía deberse al miedo que sentía su amigo ante las amenazadoras escenas que había profetizado la anciana. Pronto el ave se cansó de este juego y decidió tenderse en medio del camino con las alas abiertas, Bao Chu tuvo que detenerse para ver si estaba herida, pero tras comprobar que su corazón latía correctamente y no tenia ni las alas, ni las patas rotas, la apartó a un lado para continuar. Entonces el ave se lanzó contra él sujetando el abrigo de Bao Chu entre sus patas y arrancándole mechones de cabello con el pico, parecía estar realmente desesperada.
Bao Chu se volvió para sujetar al ave y le habló con palabras dulces:
Cálmate, cálmate… no ha de sucedernos nada malo. Confía en mi, no estamos solos, nos acompaña el amor perseverante de mi madre y hemos traído la fortaleza de cien pueblos. Cálmate. No puede sucedernos nada.
El ave pareció resignarse, quedó un momento anidada entre los brazos de Bao Chu dejándose querer y nuevamente tomo su puesto en el hombro de su amigo, para continuar con el viaje. Al cabo de poco tiempo llegaron a un pueblo bullicioso, donde salieron a recibirlos multitud de personas de semblante alegre. Las gentes le preguntaban a donde se dirigía y cuando escuchaban el motivo de su viaje, el aire se llenaba de vítores y aclamaciones.
Bao Chu continuaba caminando, buscando alguna taberna donde poder comer y descansar, pero entonces un hombre lo tomó del brazo y le hizo entrar en su casa, allí la mesa ya se encontraba servida y abundaban en ella manjares exquisitos y bebidas de todas clases, un fuego calentaba la estancia. Bao Chu no daba crédito a lo que veía y comenzaba a sentirse incomodo al comparar la vida de aquel pueblo, alegre y opulento, con la vida de miseria y dolor que llevaban el resto de las personas que conoció en su viaje.
Sin darle oportunidad para esbozar una sola palabra, el hombre lo llevó hasta la mesa y lo obligó a sentarse, el resto de los hombres y mujeres del pueblo lo rodeaban hablando sin parar y llenando su plato de comida abundante. Él tomo la copa de vino que le ofrecían, pero cuando iba a llevársela a los labios, su amiga el ave Fénix entró volando en la habitación llevando entre sus patas una sandalia idéntica a las sandalias de Bao Chu, tejida con cáñamo y negros cabellos, y la dejó caer dentro de la copa. Inmediatamente la sandalia se incendió, pero Bao Chu pudo comprender cual era el engaño. Aquella era la sandalia de su padre y por lo tanto aquel era el lugar donde su padre había muerto. Se levantó de un salto y dando un grito adoptó una posición amenazadora, los alegres campesinos habían desaparecido y en su lugar había una multitud diversa de monstruos y demonios que huían a la carrera acobardados ante Bao Chu.
No merecía la pena perseguirlos, ya había comprendido su error al hacer caso de la anciana, había comprendido la pena de su amiga, el ave Fénix, retrocedió hasta la bifurcación y tomó el camino de la izquierda, seguro de que esta vez, era el camino correcto.
En poco tiempo llegó al mar del oriente, era allí donde el sol había desaparecido, Bao Chu había caminado mucho tiempo y había sorteado muchas dificultades, pero ahora frente a la inmensidad de aquel mar no sabía que hacer para alcanzar su objetivo.
Entre tanto los seres monstruosos que habían secuestrado el sol para que el frío y las tinieblas gobernaran la tierra, viendo que les era imposible vencer a Bao Chu, cambiaron de estrategia y se acercaron a la montaña en la que Hui Nang esperaba cada día el retorno de su hijo. Hacia ya varios años que su vida se concentraba en la espera, cada mañana subía la montaña, llevando con ella una piedra, colocaba la piedra sobre la piedra del día anterior y se subía, consiguiendo de ese modo llegar un poco lejos con la vista.
Hui Nang no había derramado, durante aquellos años, ni una sola lagrima, había tenido muchos momentos de desesperanza, pero nunca se había dejado vencer por el desanimo y se había mantenido firme, segura de que si ella no lloraba, su hijo no moriría. Los demonios la observaban cada día, hasta que decidieron transformarse en aves que le llevaban la noticia de la muerte de Bao Chu.
Pero no les funcionó, Hui Nang escuchó la noticia y su cara se contrajo en una mueca de dolor, pero miró el cielo y comprobó que la estrella de su esposo continuaba luciendo solitaria, su hijo no estaba allí… su hijo estaba esta vivo, y ninguna lagrima corrió por las mejillas de la madre.
Mientras tanto Bao Chu se había sentado a la orilla del mar, recostado sobre el saco de tierra que cargaba y se había dado un tiempo para pensar ¿qué podía hacer? ¿qué necesita? Sabía que la respuesta estaba allí mismo, solo era cosa de encontrarla. Fue entonces cuando el ave fénix comenzó a picotear el saco de tierra, intentando deshacer el nudo que lo cerraba y Bao Chu, esta vez más atento a las indicaciones de su inteligente amiga, deshizo el nudo y saco un puñado de tierra para ofrecérselo
esto es todo lo que hay en este saco- le dijo intentando comprenderla
El ave, voló hacia el mar, como si esperara que Bao Chu le lanzara la tierra a esa distancia, y él sin entender si era un juego o una sugerencia lanzó el puñado de tierra sobre las aguas. Inmediatamente surgieron multitud de pequeñas islas y Bao Chu comprendió que nadando de una en otra podría alcanzar el centro del mar del oriente y llegar a la caverna donde el sol se encontraba prisionero.
El esfuerzo fue inmenso, pero ya era el último, mientras braceaba en las aguas heladas se decía a si mismo, “estoy más cerca, estoy más cerca” y así se daba ánimos para continuar. Cuando llegó al centro del mar se sumergió hacia las profundidades en busca de la caverna. No le fue difícil encontrarla pues a su entrada había un ejercito de monstruos y demonios que la guardaban. Bao Chu no tuvo más remedio que entablar una lucha cuerpo a cuerpo con ellos, consiguió arrastrar a uno hacia la superficie, donde el ave fénix lo tomo por los cabellos llevándolo a un islote, sucesivamente Bao Chu fue venciendo a los monstruos, con la ayuda de su amiga, y viendo los demás que su resistencia parecía invencible, se dieron a la fuga dejándole libre el acceso a la cueva, la roca que tapaba la entrada se había ido hundiendo en el suelo marino y Bao Chu utilizó sus últimas fuerzas para conseguir moverlas, su cuerpo herido en la pelea iba perdiendo sensibilidad y su mente comenzaba a nublarse. Cuando por fin la cueva se abrió ante él, la luz del sol lo cegó por completo, pero aún pudo tomarlo en sus brazos y alzarlos hasta la superficie del agua, donde el ave fénix se lo colocó en el lomo y lo hizo elevarse en el cielo.
Bao Chu contempló esperanzado el amanecer, pero ya sin fuerza ninguna para salir del agua, y su cuerpo se hundió en el fondo del mar de oriente, mientras él se sumía en un sueño profundo.
Allá lejos en la cumbre de la montaña, subida sobre un túmulo de piedras, sonreía Hui Nang al ver salir el sol, y desde todos los rincones del mundo se escuchaba el trino de los pájaros acompañando el amanecer, como siempre.
Y si tu quieres, puedes subir a la montaña de piedra preciosa, justo antes del amanecer, y trepar por el túmulo de piedras que dejó Hui Nang y recibir antes que nadie los rayos del sol de la mañana, como cálido saludo de Bao Chu.

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Diario sencillo para anotar la vida (99)

Sábado de 16 de diciembre de 2017

Afuera de mi ventana … oscuridad a las 19:44h

Estoy pensando … en que hace casi dos años justos que escribí por última vez un díario de la mujer sencilla.

Estoy sintiendo … como sanan las heridas.

De los lugares donde aprendemos … ¿de fracasar continuamente?

Desde la cocina … el calor de la cocina de leña y el agua hirviendo.

Que traigo puesto … lo de siempre, lo mismo que hace dos años leggins negros, poleron negro y zapatillas de invierno, seguramente el mismo poleron y las mismas zapatillas.

Estoy leyendo … La creación del patriarcado de Gerda Lerner 

Lo que espero … que al final todo salga bien.

Estoy escuchando … una película de Shirley Temple.

Por toda la casa … un cierto desorden, pero nada alarmante.

Una de mis cosas favoritas … colaborar con Canal Extremadura radio

Algo que me pregunto … ¿tendremos el valor de salvarnos juntas?

Algunos planes para la semana … el jueves radio y el resto del tiempo prepararnos para celebrar la Navidad.

Una imagen que me gusta

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autora: Maria Mekht

Voluntariado, una experiencia llena de beneficios

voluntariadoLectorLas matemáticas ya lo han explicado. Se puede hacer. La teoría de juegos va de eso, de elegir establecer escenarios en los que ganamos todas. Ganamos todas las personas que participamos.

En el 2015, el Observatorio del Voluntariado presentó el informe Hechos y Cifras del Voluntariado en España, en ese informe Extremadura obtenía el máximo porcentaje (un 85,4) de personas que piensan que el voluntariado es un ejercicio de ciudadanía y ayuda a construir una sociedad más justa.

La amplia gama de voluntariados que hay en nuestra región se van a ver enriquecidos con nuevas propuestas cada día, nuevas necesidades sociales o nuevas visiones por parte de grupos de personas que escuchan atentas lo que demanda nuestra sociedad. Cuando en 2011 se puso en marcha por primera vez el Voluntariado lector en Extremadura, el escritor Carlos Silveyra reflexionaba:

“Muchos sostienen que la lectura es una actividad solitaria, casi egoísta. Que leer es recluirse, apartarse del ruido mundano, arrojarse en brazos del escrito suspendiendo las conexiones con el mundo circundante. Que para conectarnos con lo escrito debemos desconectarnos de la realidad. Pues sí, hemos de sincerarnos; es cierto, algo de eso hay.

Pero hemos de recordar que también la lectura puede ser generosa, que puede ser un puente entre dos o más personas.

Estamos hablando de la lectura en voz alta, la lectura generosa que, como un presente, uno, lector, ofrece a otro u otros, oyentes. Unos oyentes que son también lectores, pero lectores a través de un mediador. Son otros ojos los que pasan por el libro y sobre todo, es otra voz, una voz que hace vibrar a ese texto.”

En el último año se ha reactivado en las cuatro ciudades con mayor población de nuestra región este voluntariado lector, con la financiación del Plan de Fomento a la Lectura de la Junta de Extremadura y ejecutado por Dianoia Soc. Cooperativa. Esta práctica que durante siglos fue habitual entre vecinos, y que después con la ansiada alfabetización del total de la sociedad parecía una práctica innecesaria, en el mundo anglosajón pronto se vio que el vínculo humano necesita de la historia compartida en voz alta, que el vínculo crece y se hace cálido cuando se alimenta de historias bien contadas que nos hacen vibrar de emoción.

Casi un centenar de personas entre Badajoz, Cáceres, Mérida y Plasencia se van a repartir entre centros de mayores y asociaciones para entregar durante una hora a la semana su capacidad de leer en voz alta a personas que por diversas razones, no pueden disfrutar de hacerlo por sí mismas. Un acto de generosidad que las honra, que las hace admirables pero que también las beneficia.

¿Aún tienes dudas sobre el voluntariado? Te cuento cinco cosas que el voluntariado hace por ti.

  1. Te hace sentir que tienes más tiempo. Una investigación dirigida por la Dra. Cassie Mogilner,  descubrió que quien practica el voluntariado, percibe que el tiempo es más elástico y se siente más eficiente al hacer la distribución de sus tareas. Algo parecido a lo que sucede con las personas que colaboran económicamente con causas justas, que tiene una percepción de su situación económica más positiva que quienes no lo hacen
  2.   El voluntariado desarrollar nuevas habilidades. Al enfrentarnos a situaciones nuevas, y a personas con las que de forma habitual no tratamos, logra que desarrollemos talentos que permanecían dormidos y eso hace que sin darnos cuenta logremos mejores trabajos. Y esta es la razón por la que desde hace unos años, las empresas han comenzado a prestar atención a esta parte de la vida de sus candidatos. si tiran de hemeroteca encontrarán artículo sobre este punto en publicaciones como The New York Times, The Wall Street Journal y Next Avenue.
  1. Es una fuente de salud. Varias investigaciones que se han venido realizando sobre longevidad, estrés o depresión, han demostrado que las personas que se implican en voluntariado son más longevas, tienen menor índice de depresión y son más capaces de relativizar los problemas del día a día.
  2. Dar amor te da amor. Esta es mi parte favorita. Claro que es la más subjetiva, aún así la London School of Economics se han dado el tiempo de hacer una estadística comparativa entre las personas que practican el voluntariado y las que no lo hacen, y el resultado es que al calificar su grado de felicidad y su sensación de ser amadas, las personas que practican un voluntariado, son las que más alto puntúan sus sensaciones en este sentido.

Mujeres y veganismo. Una relación histórica

El 13 de noviembre de 2017 apareció en La replica mi artículo sobre la relación entre feminismo y veganismo

El día 1 de noviembre se celebra el día mundial del veganismo, pero un día se queda muy corto para la inmensa tarea que tenemos por delante, de modo que usamos todo el mes de noviembre para redoblar los esfuerzos y lo usamos como palanca para obligarnos a dar charlas, repartir información o escribir artículos.

Cuando buscas información sobre vegetarianismo o veganismo en la red sueles encontrar muchas listas de pensadores que empiezan por Pitágoras y acaban por Steve Jobs donde no se suele leer ni un solo nombre de mujer. Para encontrarnos con mujeres tenemos que recurrir a las listas de famosos de cine y es en ellas donde aparecen principalmente actores y actrices, y ahí sí es posible alcanzar la paridad de género que nos devuelve una imagen un poco más cercana a lo real. Lo real es que en esto del veganismo las mujeres somos mayoría.

Al parecer hay estudios a nivel mundial que hablan de un 80% de mujeres veganas o vegetarianas, frente a un 20% de hombres. Y nos dicen que el perfil medio de una vegana es el de una mujer joven, entre los 18 y los 35 años, con estudios universitarios y solteros.

Esta falta de visibilidad de las mujeres, esta nueva victoria del patriarcado me duele especialmente al mostrarse con crudeza dentro de un movimiento activista como el de los derechos de los animales, en el que las mujeres somos la inmensa mayoría y nuestro compromiso es de 24/24 horas, los siete días de la semana. Como curiosidad les contaré que los primeros restaurantes vegetarianos sirvieron como espacios de reunión para las sufragistas, y por eso y por mi conciencia ecofeminista que se traduce en un fuerte compromiso con la dignidad animal sin separarla de mi compromiso con mi propia dignidad, quiero ofrecer una lista que de voz y reconocimiento a las mujeres vegetarianas y veganas que nos han acompañado a lo largo de la Historia. Algunas, la mayoría, lo han hecho por consideración hacia los animales, otras las menos por salud, y alguna como Santa Teresa de Ávila por hacerse más agradable a dios, y si lo piensas bien al dios o diosa de lo sencillo y del amor fraterno le cuadra mucho más una dieta vegana.Y ya está la primera de la lista; una mujer castellana e intrépida del siglo XVI que dejó escrito en las capitulaciones para la creación de los conventos de su orden de las carmelitas descalzas que “no se ha de comer carne perpetuamente”, y que ha sido reconocida por su sabiduría doctora de la Iglesia católica.

Otra famosa que me sorprende no encontrar en las listas es a la escritora Mary Wollstonecraft Shelley (1797-1851) autora de Frankenstein y una vegetariana entre vegetarianos. En el entorno inmediato de la escritora se veía el vegetarianismo como un paso previo a la erradicación de la violencia en la sociedad; primero eliminar la violencia de la mesa, para así eliminar la violencia de la familia, del vecindario y del mundo.

Una gran silenciada en las listas es la escritora norteamericana Louisa May Alcott (1832-1888), autora del clásico “Mujercitas”, una obra sorprendente por su alegato feminista y su avanzada propuesta pedagógica. Alcott, que fue hasta su muerte prematura a causa de la guerra de secesión una activista antiesclavista y una sufragista convencida, se crió como vegetariana y pasó gran parte de su infancia en la comuna Fruitlands, un lugar frecuentado por Henry David Thoreau que era amigo de sus padres, y donde se evitaba, no solo alimentarse de animales, sino también beneficiarse de su trabajo esclavo o de su estiércol para producir alimentos. Seguro que ahora leerán “Mujercitas” en otra clave.

Poco antes, en la ciudad de Nueva York, una mujer llamada Asenath Nicholson (1792-1855) abrió la primera pensión vegetariana en el barrio obrero de las cinco esquinas (Five Points). Después, durante la gran hambruna de la patata viajó a Irlanda, tal como ahora muchas viajamos para dar apoyo a las refugiadas sirias,  y dejó plasmadas en dos novelas las terribles experiencias de las que fue testigo, no olvidemos que Irlanda vio morir a un millón y medio de personas en cuatro años.

Una mujer que toda defensora de los derechos de los animales debería conocer es a Caroline Earl White (1833-1916), ella fundó el primer refugio para animales en los Estados Unidos y la primera sociedad contra la vivisección en aquel país. Gracias a su esfuerzo se logró la instalación de fuentes para caballos en la ciudad, o la apertura de una clínica veterinaria. Escribió sobre los derechos de los animales y fue ejemplo para muchas mujeres por su capacidad para hacerse presente en la esfera pública y desde ahí cambiar las cosas. Y también tenemos a Charlotte Despard (1844-1939) pacifista convencida, socialista y sufragista, por lo que centró su trabajo en lograr derechos para las mujeres, pero también para los trabajadores   en general, sin olvidar los derechos de los animales. Formó parte del movimiento contra la vivisección y fue miembro de la Junta Directiva de la London Vegetarian Society.

Además, me gustaría que todas conociéramos a Anna Kingsford (1846-1888), una de las primeras mujeres inglesas en obtener el título de doctora en medicina y la única que se graduó sin haber experimentado con un animal.

Rosa Parks, icono de la lucha por los derechos civiles, y la mujer negra que no se levantó ante un pasajero blanco, dando comienzo con su gesto al fin de la segregación. Parks atribuía a su dieta vegetariana su energía y su capacidad para mantenerse firme en sus convicciones. Su compañera de lucha Coretta Scott King, escritora y activista (casada con Martin Luther King Jr.) también era vegetariana.

Dos mujeres mundialmente reconocidas por su trabajo a favor de la vida como son Jane Goodall y Vandana Shiva no deberían faltar en ninguna lista inspiradora o informada. La primatóloga, etóloga y antropóloga además de ser la mayor experta mundial en chimpancés, pertenece al comité del nonhumanrights.org desde su fundación en 1996. Por su parte Vadana Shiva que recibió en 1993 el llamado Premio Nobel Alternativo por “situar a la mujer y a la ecología en el corazón del discurso moderno sobre el desarrollo” nos recuerda con cada una de sus acciones y en sus escritos que la Tierra está viva, es sagrada y es la conexión entre todos los seres vivos.

Me gustaría cerrar esta lista nombrando a mujeres del estado español que nos inspiran y que son conocidas por todos, que hagan lo primero hay muchas, tenemos a  Ruth Toledano y  Concha López, o la poeta Marta Navarro García. Y por supuesto, dos actrices que son vegetarianas. La primera es Lluvia Rojo, vegetariana desde su adolescencia y que ha alcanzado la fama por participar en la serie “Cuéntame” durante 16 años, aunque yo la he conocido por su activismo en defensa de los derechos de los animales lo que la convierte en digna integrante de esta lista. Y la vegetariana, y amante de los gatos, que creo que todas con seguridad reconoceríamos por la calle es Penélope Cruz.

El activismo animalista a día de hoy está encabezado por mujeres veganas o vegetarianas desde mis compañeras del mundo antitaurino Virginia Iniesta, Marta Esteban, Aida Gascón o Idoia Allende entre muchas, muchas que se dejan la vida rescatando perros, velando por los gatos callejeros, por los caballos maltratados, por los primates rescatados del tráfico ilegal.

La tarea es mucha y quien se implica en ella termina por veganizarse porque estar en contacto con la realidad dolorosa del maltrato animal te hace desear no ser cómplice. Feliz mes del veganismo, bienvenidas, bienvenidos a una comunidad en la que por ahora las mujeres somos mayoría, y que tiene historia feminista.Veganismo-Feminista (1)

Noviembre vegano en Extremadura

Desde la Plataforma Defensa Animal Extremeña nos hemos puesto manos a la obra para difundir el veganismo en nuestra región, una región privilegiada para ello.

Esta es nuestra agenda:
12 noviembre a las 13horas en Cáceres Librería-café Psicopombo, a cargo de Virginia Iniesta y con degustación.

Veganismo

25 de noviembre a las 18 horas en Mérida Espacio Alma, a cargo de mi misma y con degustación

Cartel_SalaAlma

28 de noviembre Badajoz en el Ateneo, a cargo de mi misma, pero esta vez no podemos garantizar la degustación… porque no me da la vida, pero lo intentare 😦
Veganismo-Badajoz

Préstamo en la web de CENEAM

MAPAM

Debe ser que aún estoy de celebración, porque hoy la vida me ha hecho un regalo precioso. Mi cuento “Las tres cerditas y la inspectora medioambiental” esta en préstamo en la web de CENEAM, con estas bonitas palabras: “Aprenderán también técnicas de construcción ambientalmente correctas, información sobre cómo y qué reciclar, y lo esencial, el compromiso que debemos tener todos y todas con el cuidado de nuestro planeta. Las ilustraciones, también de la autora, son graciosas, coloridas y novedosas, como lo es en su forma el texto que las acompaña. Un libro recomendado para lectores de todas las edades.”

http://www.mapama.gob.es/es/ceneam/recursos/materiales/tres-cerditas-inspectora.aspx#

Conversaciones con Lizzy

desde el 14 de septiembre, todos los jueves a partir de las 12:08 y durante 15 minutos hablaremos de Derechos de los Animales en Canal Extremadura radio, dentro del magazine “El sol sale por el oeste” con Ana Gragera y Antonio León

Para que se hagan una idea por escrito, pueden leer “Infancia y Tauromaquia” en La Marea

Si hay algo que repetimos incansablemente en el mundo adulto cuando hablamos de educación, es que las niñas y los niños aprenden de nuestro ejemplo. En las últimas décadas, desde la educación infantil hasta la secundaria no obligatoria, las instituciones educativas han tomado conciencia de su papel en la educación moral. Ya no hay nadie que no haya escuchado hablar de educación en valores, de educación moral o de inteligencia emocional. Desde la prensa, de forma continuada nos mandan mensajes para educar en positivo, fomentando la autoestima y la empatía de nuestras niñas y niños.

¿Y para qué? ¿De qué sirve la empatía? Pues básicamente para dos cosas complementarias. La primera, para ser más felices; la segunda para crear sociedades cooperativas, respetuosas de la diversidad y no violentas. O sea, sociedades más felices. Ser empáticos nos hace madurar, salir del mundo de la primera infancia donde somos el centro y descubrir que no somos los únicos seres capaces de tener sentimientos y emociones. Por eso, las personas empáticas se relacionan mejor con los demás, y eso sucede porque las personas empáticas son capaces de escuchar sin juzgar.

El Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas, que es el máximo órgano para la protección de la infancia, nos insta a preservar la natural sensibilidad infantil protegiendo a los niños y niñas de la violencia física y mental. España es uno de esos países que han firmado la Convención de los Derechos del Niño; y, sin embargo, una y otra vez nos encontramos con iniciativas que contradicen esa firma. Como estos días en la ciudad de Badajoz, donde nos anuncian un palco infantil con monitoras especializadas para explicar lo que está pasando en el ruedo a niños y niñas de 7 a 12 años. O en Coria, donde promueven “encierros didácticos” para menores de 16 años.

Desde el comité de Derechos del Niño han llamado a los países donde se permite la tauromaquia a “proteger a la infancia de la violencia física y mental de la tauromaquia”. Países como nuestro vecino Portugal, o Colombia, México, Francia y Perú han recibido comunicaciones al respecto, instando a los gobiernos de estos países a respetar esta convención y limitar la presencia y participación de menores en eventos de tauromaquia.

Presenciar violencia real hacia los animales, como una forma de entretenimiento, es deseducar la empatía y normaliza la violencia. Una sociedad emocionalmente sana no puede querer eso. Vemos cada día cómo los valores de la violencia y la dominación nos pasan una grave factura, la violencia hacia las mujeres está enraizada en la falta de empatía, en la falta de respeto por las emociones y los sentimientos de las otras personas, que empiezan por romper nuestro vínculo con nuestras propias emociones. Considerar cosas a las otras personas, comienza por considerar cosas a los animales.

Quien me lee puede pensar que no me gusta la tauromaquia porque no fui educada en el ambiente correcto; sin embargo, yo estuve en Las Ventas cuando tenía 10 años. Y 40 años después aún recuerdo el olor a sangre y arena, la emoción de la gente cuando el toro era castigado, mi incomprensión al sentir la alegría de la gente a mi alrededor. Y quien me lea puede pensar que soy excepcionalmente rara, pero en realidad era una niña absolutamente normal. Porque incluso los toreros reconocen que han llorado o se han entristecido al matar a su primer toro. El niño Michelito, que comenzó a torear muy chiquitito, cuenta que su madre tuvo que consolarlo la primera vez que mato a un becerro porque no podía dejar de llorar.

Lo normal, en cualquier persona, en cualquier niña o niño, es sentir compasión ante el sufrimiento. Silenciar esa emoción, negarla, es negarnos el derecho a crecer equilibradamente, negarnos el derecho a disfrutar de un entorno seguro y armonioso, donde sean los cuentos y no la realidad quien nos prepare para afrontar las dificultades de la vida, cuando llegue el momento.

Exponer a las niñas y a los niños a la violencia real, a la tortura y muerte en directo, es ejercer violencia psicológica sobre ellos. Les dice a las claras que la sensibilidad, el cuidado y la empatía no son valores reales de nuestra sociedad. Decir que un torero es valiente, es mantener un esquema patriarcal de dominación de unas personas sobre otras a través de la violencia. El valor no tiene nada que ver con la dominación, ni con el maltrato, ni con sentirnos por encima de los demás. El verdadero valor es el de abrir fronteras, el valor del amor sin poseer, el valor de cuidar.

Y todo eso para “salvar” un negocio que va en declive en todo el Estado, para festejos a los que el 90% de los españoles jamás ha ido, pero se subvenciona y promociona con dinero público. Afortunadamente, el maltrato ya no es atrayente para la mayoría de nosotros, sin embargo, guardar silencio ante la manipulación que se está promoviendo hacia la infancia nos hace cómplices.

* Carmen Ibarlucea es activista por los derechos de los animales.

o “Derechos laborales, ¿para quién?” en el blog de ElDiario.es Caballo de Nietzsche

Estamos cercanas al 1 de mayo, un día para reivindicar la dignidad. Pero, ¿la de quién? Hasta el siglo XVIII, la gente hablaba de dignidad refiriéndose al estatus, a la posición que se ocupaba dentro de la pirámide social. Después, con Kant, comenzamos a hablar de dignidad humana: “El hombre es un fin en sí mismo, no un medio para usos de otros individuos, lo que lo convertiría en una cosa. Los seres irracionales, como los animales, pueden ser medios para, por ejemplo, la alimentación, en cambio la existencia de las personas es un valor absoluto”. Y esta reflexión exitosa sienta las bases para trabajar hacia una sociedad más igualitaria entre nosotras, las personas.

Pero la idea de Kant, tal como está expresada, no resultaba cómoda para todo el mundo, ni siquiera en su época. Ya en 1640 había dado comienzo un resurgimiento del pensamiento pitagórico a través del vegetarianismo como forma de vida y el primer congreso que reflexionaba sobre “derechos para las bestias” tuvo lugar en 1796. Desde entonces, cada vez más y más personas hemos ido siendo conscientes de que la irracionalidad no es tal, y por ello asumimos una visión ecoética de nuestra forma de vida. El androcentrismo ya no nos sirve, hemos abierto la mente un poco más, aunque no lo suficiente.

Hace unos meses, justo cuando emprendía el viaje al encuentro europeo sobre ‘Carne y cambio climático’, cayeron en mis manos dos libros de Ochodoscuatro Ediciones: uno era la traducción de Los animales son parte de la clase trabajadora, de Jason Hribal; el otro, En ese sitio maldito donde reina la tristeza… Reflexiones sobre las cárceles de animales humanos y no humanos, de Asamblea Antiespecista de Madrid. Ambos me han ayudado a ordenar el desafío narrativo que es para mí la historia del trabajo y la exclusión social.

Provengo en parte de una familia de ganaderos en Asturias. Mi abuelo paterno tenía la extraña costumbre de cepillar a cada una de las vacas para leche con un cepillo para caballos, cada día del invierno. El invierno era la época en que dormían en el establo y corrían mayor riesgo de ensuciarse. Allá por el año 1975, mi padre me explicó que hacíamos esto para agradecerles que sustentaran la economía familiar. De modo que he crecido sabiendo que las vacas son parte de la clase trabajadora y que las personas que son sus jefas son las responsables de que reciban un trato mínimamente justo a cambio de todo lo que dan. Sin embargo, este trato afectuoso y cercano no me redime del uso y del abuso que durante un tiempo he hecho de tantas vidas inocentes, nacidas en cautividad.

Como lectora que soy, creo en la importancia de la denuncia narrativa, la importancia de dar testimonio. Creo en el poder de la biografía como instrumento de empoderamiento, tal como hizo Anna Sewell en 1877 cuando escribió Black Beauty para denunciar el maltrato al que eran sometidos los caballos en la Inglaterra victoriana. Su libro, lleno de sensibilidad, logró remover conciencias, que presionaron para cambiar leyes. Y esto nos lleva al núcleo mismo del problema: la sensibilidad.

Fotograma de la película 'Black Beauty' (1994), basada en la novela homónima de Anna Sewell (1877)
Fotograma de la película ‘Black Beauty’ (1994), basada en la novela homónima de Anna Sewell (1877)

Es muy frecuente escuchar la contraposición entre ciencias y humanidades, como si la razón estuviera de un lado y la emoción del otro, y poner a quienes defendemos que los animales tienen derechos del lado presuntamente más despreciable de la balanza, el lado de las emociones. Pero, ¿puede alguien vivir sin sus emociones? Las emociones son una respuesta evolutiva que nos asegura la supervivencia, y la ciencia a día de hoy tiene estudios contrastados que nos demuestran cómo las emociones rigen nuestras vidas, porque son previas y marcan nuestro razonamiento.

La ciencia demuestra también que otras especies animales, ya sean mamíferos como nosotros, o aves o peces, tienen emociones que se manifiestan en bienestar, o dolor, o ansiedad. Pueden sentir de forma física y psicológica. Por eso hablamos de bienestar animal al legislar sobre las condiciones de su cautividad, que incluyen su alimentación y su socialización (masificación o aislamiento). Gracias a la etología cognitiva se va demostrando que los animales tienen de forma continuada comportamientos inteligentes que muestran una forma de razonamiento que ofrece soluciones a los problemas que les surgen en su día a día. Son, por tanto, protagonistas de sus propias vidas.

Y por eso me parece que es hora de afrontar que hemos utilizado y seguimos utilizando mano de obra esclava, no solo de otras personas, sobre todo mujeres (la prostitución sigue siendo el mayor exponente de un infierno real para la mayoría), sino de otras especies, de las que cada vez ampliamos más el abanico.

Cuando en el siglo XVIII se inició la Revolución Industrial fue en parte gracias al cambio de mentalidad, la lógica del trabajo en cadena, la lógica del balance de perdidas y ganancias. Tendemos a pensar que la revolución industrial fue impulsada por la tecnología, pero la realidad es que la tecnología se impuso cuando se vio que era imposible para la nueva mentalidad contar con la fiabilidad de los animales.

Por ejemplo, el caballo pit pony fue desarrollado por la minería subterránea para la extracción del carbón que impulsó el tren y el transporte de mercancías (Jason Hribal). Curiosamente, en el fondo de las minas los animales y las mujeres se encontraron trabajando por la comida y el alojamiento. En 1930 la especialista en historia de las mujeres  Ivy Pinchbeck publicó su estudio sobre la Revolución Industrial de Inglaterra Women Workers in the Industrial Revolution, 1750-1850 y concluyó que la liberación de las mujeres está íntimamente relacionada con este cambio de paradigma productivo.

Las mujeres recorremos desde entonces nuestro propio camino de liberación, pero no así los animales, que van pasando de una forma de explotación a otra debido a que no hemos cambiado nuestro forma de verlos y de relacionarnos con ellos: seres con entidad y vida propia en lugar de cosas.

Un 'pit pony' trabajando en una mina inglesa.
Los ‘pit ponies’ eran propiedad de las empresas, tenían jornadas laborales de 8 horas y llegaban a cargar hasta 30 toneladas al día de carbón dentro de las minas.

La sociedad urbana, que es la mayoría de la población en Europa, busca de forma continua los puntos en común que tenemos con los otros animales. Nace este deseo de un mayor conocimiento de nuestra propia biología y por tanto de nuestra animalidad, pero entra en contradicción con los parámetros de la industria, que nos menosprecia argumentando que nuestro pensamiento es antropomórfico y herético. Nos acusan de ser sensibleras, y ya sabemos que menospreciar las cualidades del otro es una vieja fórmula heteropatriarcal para eludir el debate.

Nacemos y crecemos en un sistema desigual, aprendemos en nuestros primeros años a conformarnos en la desigualdad. La escuela, con su sistema de calificaciones y su énfasis en lo que es y lo que no es valioso, pone su granito de arena en el mantenimiento de nuestra visión escalonada de las relaciones y de la justicia. Pocas personas saben que lo que el cine nos muestra como un horizonte posible y que genera un debate ético acalorado, ya es realidad en la industria láctea. Hablo del semen sexado: la selección genética para determinar el sexo del feto desde la inseminación y garantizar así, de una forma más eficiente, el nacimiento de más vacas. Es un método caro, pero en las grandes granjas industrializadas resulta muy rentable.

Algunas personas me dirán que me creo cualquier cosa, pero vivo en una zona rural y sé, porque he estado allí, que cada cereza comercializada por la cooperativa de agricultores del Valle del Jerte es fotografía 24 veces por un ordenador para ser clasificada y determinar cuál será su canal de distribución. La tecnologización de nuestro mundo va mucho más allá del uso del móvil para leer el periódico. Hemos logrado hacer difícil lo fácil.

Nuestra imaginación, ese rasgo tan humano, no tiene límites en lo que se refiere al uso que hacemos de los animales. ¿Has escuchado hablar de las granjas de depredadores para proveer orina? El olor del depredador mantiene alejados a los grandes mamíferos herbívoros de las autopistas, asegurando así la seguridad de quienes circulan por la vía rápida, o de las parcelas de frutales, que son un lugar goloso para estos animales. De modo que recolector de orina es una nuevo trabajo para humanos, y  la orina de coyotes, zorros y lobos se puede comprar en Amazon. Para conseguir orina en grandes cantidades y de una forma controlada se fuerza a los depredadores a beber cerveza dentro de granjas cerradas.

Por eso, en esta reflexión alrededor del día del trabajo, debo hacer una invitación a ser parte de un proyecto político de solidaridad intraespecies. Las condiciones de vida y de trabajo de todos los terrícolas deben ser parte de nuestra agenda de derechos y deberes para liberarnos.

Con la vista puesta en el Día Internacional del Trabajo, un día promovido por el movimiento obrero internacional, y desde un blog que ha elegido como título un gesto significativo, el abrazo de un hombre compasivo a un caballo víctima de una jornada de trabajo intolerable. El camino es claro. La argumentación de Hribal pone el foco en una realidad que debemos reconocer y actuar en consecuencia. Los animales son parte de la clase trabajadora.

 

 

mujeres encarceladas

Univerde-cartel-OKEs una verdad mundialmente reconocida que una cárcel es ese “lugar maldito donde reina la tristeza, no se castiga el delito, se castiga la pobreza” *. Y la socióloga Ana Ballesteros nos ofrece este dato numérico que lo corrobora, tres de cada cuatro mujeres en prisión “buscaban una solución inmediata a su precariedad en el momento de delinquir”.
Y sin embargo, siendo las mujeres los dos tercios de las personas pobres del planeta, nuestra presencia en las cárceles es bajísima, el 6% es la media mundial.
Para quienes nos hemos acercado a la cárcel de forma voluntaria, impelidas por diferentes impulsos que en mi caso proceden de una ideología libertaria que me suma en el pack el ser anticarcelaria, tanto como antimilitarista o animalista, resulta la prisión un espacio donde las emociones se amplifican.
Escucho con frecuencia a personas que nunca se han asomado a una prisión, hablar con desprecio de quienes habitan entre esos muros. Nuestra sociedad de binomios bueno-malo, grande-pequeño, rentable-inútil, quiere creer que allí las personas disfrutan de unos mínimos vitales que quienes estamos fuera nos tenemos que ganar con el sudor de la frente. Se dice que las personas encarceladas están “a la sopa boba” como si nuestra sociedad premiará su desobediencia en lugar de castigarla.
Es la ignorancia la que habla. O el pensamiento simple y acrítico de quien cada día de su vida toma decisiones sin darles el valor que merecen: apagar y encender la luz cuando es necesario, decidir el menú según las apetencias o como tengas el cuerpo, ver a tus familiares y amigos cuando quieres y no cuando te lo marcan. Poder quedar a cenar o a tomarte un “algo” en un bar o en tu casa, en tu sofá, mirando por la ventana. Ver jugar a tus hijos en un parque, o escuchar las historias de tus padres o abuelos. Todo eso que parece insignificante y que sin embargo es la manifestación de nuestra propia dignidad, todo eso es lo que cuando vives encarcelada te hace
consciente de lo lejos que estas de la verdadera vida, de los afectos que alimentan tu alma.
Fui voluntaria en la cárcel de Badajoz durante tres años, en una experiencia que resultó ser, sin yo saberlo, el primer taller mixto (para mujeres y hombres) de ese centro penitenciario. Durante tres años (hasta que me quedé sin empleo a causa de la última crisis del sistema) fui testigo de muchas vidas, de muchos momentos de solidaridad, de la creación de redes de apoyo mutuo inimaginables fuera de aquel espacio reducido. Fui testigo también de una sociedad patriarcal
amplificada hasta extremos casi grotescos.
Y más aún, según un informe de la ONU en 2013, la mayor parte de las mujeres que llegan allí lo hacen porque existe un “fuerte vínculo entre la violencia contra la mujer y la encarcelación de las mujeres, ya sea antes, durante o después de la encarcelación”.
Pero volvamos a las cifras con las que comenzábamos esta reflexión. Según Instituciones Penitenciarias en los últimos 30 años la presencia de las mujeres ha crecido y actualmente en España somos casi un 8%, lo que nos sitúa dos puntos por encima de la media mundial. De este 8% mirado en su totalidad, el 20% de las mujeres encarceladas son gitanas y casi el 50% son extranjeras.
Dentro de la Unión Europea somos el primer país con mayor población femenina en las cárceles, nos sigue Gran Bretaña, que es el segundo con más mujeres encarceladas, pero allí va en retroceso debido a políticas menos punitivas. Otr países cercanos son Italia (4,3 %) o Francia (3,8%).
Ante esta extraña realidad que nos desvelan los números volvemos la mirada a las mujeres que saben, las que desde su profesión se han preocupado de mirar el complejo puzzle de las silenciadas realidades femeninas y nos encontramos con la antropóloga social Dolores Juliano que nos invita a mirar, como siempre, a través del prisma feminista. No podemos caer en la interpretación biologicista que liga el delito y el género y que es la que se ha venido usando para explicar la diferencia de los porcentajes. Lo que impide a las mujeres delinquir es la construcción sociocultural. No tenemos un gen de bondad o de obediencia que predetermina nuestro camino en
la vida. Lo que si tenemos es un mandato social que nos obliga a mantenernos en contacto directo con nuestras tareas de cuidado. Las cifras hablan por si solas, de los delitos contra la propiedad, solamente un 5,6% es cometido por nosotras.
La razón de esta disparidad, hunde sus raíces en cinco mil años de status quo, del binomio producción-reproducción. En esta construcción sociocultural donde para nosotras la cárcel significa la pérdida de nuestra pareja casi seguro (al contrario que los hombres que suelen ser esperados), en un porcentaje altísimo la pérdida de la tutela de nuestras hijas e hijos, a lo que añadimos el estigma social que nos impedirá encontrar empleo cuando seamos liberadas, y un estigma grave para nuestra familia que ha educado a una delincuente. Porque las mujeres seguimos sin ser vistas como persona autónomas capaces de elegir por nosotras mismas.
Datos a tener en cuenta; cuando una mujer está en la cárcel, los padres (hombres) que se hacen cargo del cuidado de sus hijos son entre el 12% a 15%. La tendencia mayoritaria es que las niñas y niños terminen bajo la tutela del Estado y se pierda incluso la patria potestad.
Es por eso que lo que socialmente se considera delito no da respuestas satisfactorias a la pobreza de las mujeres, y puestas a elegir optamos antes por la prostitución, una vez agotadas las vías de la economía sumergida, que por delinquir.
Mercedes Gallizo (directora general de Instituciones Penitenciarias entre 2004 a 2011) en su libro “Penas y personas” confirma nuestra intuición, las mujeres entran en prisión mayoritariamente por la droga y por los hombres.
Pero en este análisis, hay dos factores que nos descuadran la narración. Las mujeres gitanas y las mujeres migrantes, los dos porcentajes más altos de mujeres encarceladas. ¿Quienes son? ¿Por qué se permiten delinquir? ¿Por qué están en la cárcel tan lejos de sus familias y redes de apoyo social?
El primer grupo, las mujeres gitanas que forman parte de una población que supone un 2% del total de nuestro país, están sobre representadas en nuestras prisiones y esta realidad responde a dos factores característicos de su propia sociedad: Una escala de valores propia y diferente a la nuestra, en la que estar en la cárcel no tiene un peso negativo en la consideración social de la persona; y ser parte de una comunidad donde la red de apoyo sigue siendo extensa y garantiza las tareas de cuidado. La mujer gitana sabe que no va a perder a sus hijos.
A la mayor parte de las mujeres presas, sean de donde sean, las une el tipo de delito. Es el tráfico de drogas la mayor causa de crecimiento de la población carcelaria en España, y este delito engloba al 50% de las mujeres encarceladas, mientras que el porcentaje de hombres encarcelados por este motivo es el 30% del total.
Dolores Juliano nos advierte sobre este hecho. Los delitos que cometen las mujeres están más castigados: “No es una casualidad que en los compromisos internacionales de luchar contra el narcotráfico, se centren en la práctica en los que transportan en pequeña escala” menos de dos kilos de droga, que es algo que hacen mayoritariamente las mujeres y se pena con condenas de 5a 9 años, y un homicidio con penas de 10 a 15.
En un estudio realizado en 2001 por las sociólogas Natalia Ribas Mateos y Alexandra Martínez se observa que las mujeres migrantes encarceladas en nuestro país son en su mayoría procedentes de Colombia, aunque la crisis ha modificado levemente el perfil de las mujeres extranjeras presas, ya que ha aumentado la entrada en prisión de mujeres con residencia legal, nacidas en el extranjero.
Desde hace nueve años, al final del verano la ecología política nos propone un espacio de reflexión en la Univerde. Este año en Logroño, la reflexión se centra en “El futuro de Europa. Democracia y fronteras en la era de la sociedad global”. Seguro que hay mil razones objetivas que pueden explicar el porqué al leer el titulo general inmediatamente pensé en las cárceles. Una de ellas seguro es que así como en los cuentos las brujas nos dan miedo, en la vida real las mujeres casi nunca nos asustan.
De todo esto y algunas cosas más, hablaremos el sábado 9 de septiembre, a las 9:30 en Logroño (Rioja Forum), en un taller titulado “Mujeres migrantes en las cárceles españolas”, a la vuelta les cuentos más.
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* José Revueltas, poeta méxicano preso en el Palacio Negro de Lecumberri, ciudad de México en