Simulacro de emergencia en la central nuclear Almaraz ¿Nos paramos a pensar?

ElDiario.es

Todos los años la Central Nuclear de Almaraz debe realizar un simulacro de accidente para estar prevenida ante la posibilidad de un fallo. EFE

Todos los años la Central Nuclear de Almaraz debe realizar un simulacro de accidente para estar prevenida ante la posibilidad de un fallo.

Este año han elegido simular un accidente de nivel 4, esto es un accidente con consecuencias locales y municipales. Así lo explica el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) en su nota de prensa, donde explica la situación simulada.

Para quienes no lo sepan, la escala de accidentes nucleares está dividida en siete niveles de peligrosidad, que son:

Nivel 7 Accidente mayor

Nivel 6 Accidente serio

Nivel 5 Accidente con consecuencias amplias

Nivel 4 Accidente con consecuencias locales y municipal

Nivel 3 Incidente grave

Nivel 2 Incidente

Nivel 1 Anomalía

Obviamente los accidentes más famosos son los de nivel siete como Chernóbil (1986) y Fukushima (2011), del nivel seis seguro que no les suena el accidente de accidente de Kyshtym, ocurrido en Rusia en 1957, este accidente afectó al menos a veintidos poblaciones y unas diez mil personas evacuadas, aunque se mantuvo en secreto durante dos décadas y las evacuaciones se fueron produciendo durante dos 2 años.

De nivel cinco son los accidentes de Windscale​ en el Reino Unido (1957), el de Ciudad Juárez en México (1984) y el de Goiânia en Brasil (1987).

De nivel cuatro, como el simulado la pasada semana en Almaraz, son los accidentes Stationary Low-Power Reactor Number One, reactor de energía nuclear militar experimental de los Estados Unidos (1960) , y que fue destruido tras el accidente. El reactor RA-2 de Argentina en 1983, que se produjo debido a un fallo humano. Y dos accidentes en la localidad de Tōkai-mura de la Prefectura de Ibaraki en Japón, a unos 125 km de Tokio. El primero sucedió en 1997 y el segundo en 1999. Estos dos accidentes ocurrieron en una planta de procesamiento de desperdicios de baja radiactividad y tuvieron como consecuencia que se llegaron a alcanzar niveles de radiación 15.000 veces superiores al límite de lo permisible para la vida. Aunque informes no oficiales hablan de 40.000 veces. Como consecuencia de ello se prohibió pescar y beber en las aguas cercanas al accidente. Se prohibió la cosecha de cualquier explotación agrícola. Y cuarenta y nueve personas entre población y trabajadores sufrieron daños de diversa gravedad y dos de ellas murieron directamente a causa de la exposición a la radiactividad.

El proceso, muy resumido, se inició a las 12.00 cuando sonaron las alarmas de la planta y en un primer momento se desalojaron las casas más cercanas y se estableció un perímetro de seguridad de 350 m. A las 23.00 viendo la magnitud del problema las autoridades decidieron establecer un perímetro de 10 km y recomendar a las 310.000 personas que vivían dentro de él que no salieran de sus casas.

El simulacro de accidente de nivel cuatro efectuado en la Central Nuclear de Almaraz, que comenzaba a las 09:03 horas con la declaración de emergencia en el emplazamiento debido a la pérdida de refrigerante del reactor de la unidad I durante el proceso de parada del reactor para la recarga del mismo, sin sistemas de inyección de seguridad al reactor. Y que como consecuencia había procedido a la parada ordenada de la unidad II de la planta. Y en el que se simulaba también un incendio en el edificio auxiliar en la Unidad I y un herido en zona controlada no contaminado, pero que era tratado por el servicio médico. Este simulacro, nos informa en la nota de prensa del CSN, que atendiendo a criterios radiológicos, debía recomendar a la Subdelegación del Gobierno de Cáceres la evacuación de las poblaciones situadas en un radio de tres kilómetros de la central, ampliado hasta 5 km para las que están localizadas en el sector preferente en el sentido del viento oeste-este de la planta. Y en el entorno de la zona I a 10 km de la central nuclear) debía llevarse a cabo el confinamiento de la población y el reparto, pero no ingesta, de profilaxis radiológica.

Como ven, este simulacro tendría muchos parecidos con lo ocurrido en Tōkai-mura, lo que nos deja una advertencia clara: niveles de radiación superiores al límite permisible para la vida, prohibición de beber de las aguas cercanas al accidente, y de pescar también obviamente, y prohibición de cosechar en cualquier explotación agrícola. Me gustaría saber porque no nos cuentan estas cosas cuando informan de que están preparados para las contingencias urgentes ante un accidente de estas características. Preparados para la actuación inmediata, eso sí, pero ¿y para después?

Me llama la atención que no se haga ninguna mención a la Ley de Protección Civil y de Gestión de Emergencias, gracias a la cual Extremadura se convirtió en la primera Comunidad Autónoma en incluir a los animales en la evacuación y protección ante situaciones de riesgos y emergencias. Creo que tanto la central como el CSN debería actualizar sus protocolos porque por Ley ya no basta con pensar en las personas, también los animales en todas sus condiciones que van desde los animales de familia, los animales explotados en granjas y los animales que viven libres en ese radio de tres, cinco y diez kilómetros deben estar contemplados en los planes de emergencia.

Creo que con esto está todo dicho. No sé qué más nos hace falta saber para cerrarla.

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Los otros animales son víctimas olvidadas de los accidentes nucleares

Publicado en Eldiario.es

Desde una conciencia antiespecista, la autora establece un nexo entre el movimiento de derechos animales y el movimiento antinuclear: quienes defienden a los animales deben hacer presión por el cierre de las centrales nucleares

Para ello intervendrá en el próximo Foro Social Mundial Antinuclear, donde aportará información sobre cómo afecta la radiación a la vida y cómo la sociedad olvida a los animales cuando debe afrontar las consecuencias severas de los accidentes nucleares

Naoto Matsumura cuida a los animales abandonados en Fukushima tras el accidente nuclear. Foto: Página de apoyo a Naoto en Facebook

os días 31 de mayo y 1 y 2 de junio se celebra en Madrid el cuarto Foro Social Mundial Antinuclear. Este año, creo que por primera vez en un foro de estas características, habrá un espacio de 45 minutos para hablar de los animales en los accidentes nucleares.

Cuando presenté la propuesta de ponencia no tenía muy seguro que la fueran a aceptar, pero afortunadamente las mentalidades están cambiando y comenzamos a comprender que, así como los ecosistemas naturales se han hecho complejos para ser exitosos, las causas justas deben estar interconectadas para poder lograr sus objetivos.

Yo llevo años como activista antinuclear, seguramente más que como antiespecista. Como ecologista siempre he sido consciente de que la radioactividad es un peligro para la vida en todas sus formas, y siempre he hablado de cómo afecta a la fauna salvaje. Sin embargo nunca me había parado a pensar en las consecuencias para los animales que conviven con las personas hasta que no leí el libro de relatos Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015.

En el segundo relato, Entrevista de la autora consigo misma sobre la historia omitida y sobre por qué Chernóbil pone en tela de juicio nuestra visión del mundo, encontré este párrafo que me golpeó fuertemente:

En la tierra de Chernóbil uno siente lástima del hombre. Pero más pena dan los animales. Y no he dicho una cosa por otra. Ahora lo aclaro… ¿Qué es lo que quedaba en la zona muerta cuando marchaban los hombres? Las viejas tumbas y las fosas biológicas, los así llamados «cementerios para animales». El hombre solo se salva a sí mismo traicionando al resto de los seres vivos.

Después de que la población abandonara el lugar, en las aldeas entraban unidades de soldados o de cazadores que mataban a tiros a todos los animales. Y los perros acudían al reclamo de las voces humanas…, y también los gatos. Y los caballos no podían entender nada. Cuando ni ellos, ni las fieras ni las aves eran culpables de nada, y morían en silencio, que es algo aún más pavoroso.

Y en el tercer relato, Sobre qué se puede conversar con un vivo… y con un muerto:

Se lo recordaré todo…

La gente se fue, pero se dejó los gatos y los perros. Los primeros días, yo iba de casa en casa y les echaba leche, y a cada perro le daba un pedazo de pan. Los perros estaban ante sus casas y esperaban a sus amos. Esperaron largo tiempo. Los gatos hambrientos comían pepinos…, tomates…

[…]

En casa de la vecina vivía un perrito, lo llamaban Zhuchok. ‘Zhuchok -le decía- si te encuentras primero a alguien, llámame’.

Estos relatos me abrieron los ojos a una dimensión del problema que yo no había valorado antes: la evacuación. De modo que me puse a leer más sobre los planes de evacuación, empezando por el más cercano a mí, el de la Central Nuclear de Almaraz I y II, que está a setenta kilómetros de mi casa. Lo primero que observé es que es un plan de evacuación de 2009, que pese al accidente nuclear de Fukushima no se ha renovado, cuando es de suponer que hemos tenido que aprender sobre aciertos y errores después de un accidente que sucedió en 2011 y del que a día de hoy todavía no se están solventando las consecuencias. Y que ningún plan de evacuación toma en consideración a los animales que conviven con humanos ni, por supuesto, a la fauna salvaje.

Como en el caso de Chernóbil, cuando sucedió el accidente nuclear de Fukushima, veinticinco años después, las personas residentes de la zona afectada se fueron tan rápido que los animales de granja se quedaron amarrados en los establos, las gallinas quedaron dentro de las jaulas y los perros y gatos encerrados dentro de las casas. Estos animales morían de sed y de hambre, abandonados y sin libertad para escapar. Era el infierno en la tierra.

De las vacas tenemos datos: sabemos que había cerca de cuatro mil quinientas vacas en las inmediaciones de la central nuclear, de las que aproximadamente dos mil quinientas murieron de hambre y mil cuatrocientas fueron sacrificadas de manera «humanitaria» por orden del Gobierno. Pero alrededor de setecientas vacas lograron sobrevivir gracias a la desobediencia de personas a las que hemos podido conocer a través de las redes sociales.

El más famoso es Masami Yoshizawa, habitante de Namie, a 14 kilómetros de la central nuclear, y que cuando sucedió la catástrofe que sumó un terremoto, un tsunami y la destrucción de los seis reactores de la central nuclear, era responsable de 328 kuro-wagyu, vacas negras japonesas, a las que se negó a abandonar sabiendo que morirían de sed y de hambre. Y cuando llegó la orden del Gobierno para sacrificar a las vacas y a los cerdos, y a todos los animales domésticos, también se negó, por lo que su granja se convirtió en un santuario animal, y la rebautizó como ‘Rancho de la esperanza’. Allí ha ido acogiendo a las vacas que habían quedado abandonadas en otras granjas.

A él se sumaron otros granjeros, como Keigo Sakamoto, un ex agricultor de arroz que vive en Tomioka, a nueve kilómetros de la central nuclear de Fukushima Daichi y dentro de la zona de exclusión nuclear que se extendió en un radio de veinte kilómetros. En su granja cuida de unas cincuenta vacas, dos avestruces, perros, gatos y otros animales. Keigo Sakamoto también ha convertido su granja en un santuario. Y así hasta nueve granjeros desobedientes.

Naoto Matsumura, es un ex trabajador de la construcción que también se negó a ser evacuado y a quien se conoce como el «guardián de los animales de Fukushima» por el trabajo que realiza para alimentar a los gatos y perros que otras personas dejaron atrás.

El Gobierno japonés ha centrado sus esfuerzos en «limpiar» la tierra de la región. Han invertido veintitrés millones de euros y han contratado a setenta mil personas para remover la capa vegetal del suelo, las ramas de los árboles y otros materiales contaminados que están en las zonas habitadas y los edificios de uso público. Su objetivo es reducir la radiación a niveles que permitan a la gente regresar a sus hogares si lo desean. Pero para los animales de granja la única solución que han dado es, como en el caso de Chernóbil, el sacrificio masivo. Y para los animales de familia, perros principalmente, jaulas donde pasan sus días sin salir. Este «refugio» gubernamental, con sede en Tokio, se llama Dobutsu Kyuen Honbu, una entidad creada después del terremoto de Hanshin, en 1995, con la intención de ayudar en futuras emergencias, pero que ha sido una gran decepción para los amantes de los animales.

De modo que podemos decir que tanto en Chernóbil como en Fukushima el problema de los animales víctimas de los accidentes nucleares ha sido afrontado por personas y entidades particulares. Tenemos, por ejemplo, la Fundación Clean Futures, estadounidense, que dentro de su labor humanitaria ha incluido el proyecto Dogs of Chernobyl. Actualmente tienen mil perros. Sí, han leído bien: mil perros que están buscando un futuro mejor y que son adoptados principalmente en Estados Unidos.

También existe la Clínica Spay de Fukushima, creada por el veterinario Hiro Yamasaki, del Animal Rescue System Fund, que visita el área una vez al mes para llevar a cabo la esterilización de manera segura de los perros y gatos salvajes, y ha atendido a más de dos mil animales de manera económica y segura:

«La esterilización es la forma más práctica y humana de frenar la creciente población de animales salvajes, y la investigación respalda esto», ha declarado Hiro Yamasaki. «Lamentablemente, nuestra clínica es la única que brinda este tipo de servicio. Los veterinarios y burócratas locales no han respondido adecuadamente a la situación. Había que hacer algo».

En la misma línea trabaja la Japan Cat Network, que además se encarga de buscar familias de acogida. Esta entidad mantiene dos refugios, uno de ellos en la ciudad de Inawashiro, en Fukushima, retomando la tarea emprendida por una mujer de la localidad que terminó abrumada por el gran número de animales y la escasez de recursos para atenderlos.

Hay otro aspecto común en los dos casos más graves de accidentes nucleares. La vida salvaje parece prosperar. Cuando vemos las imágenes que nos muestran los medios de comunicación, la naturaleza parece triunfante. Desde Chernóbil nos llegan noticias de manadas de Przewalski, una subespecie de caballo salvaje que es rara y está en peligro de extinción. Se pueden ver manadas de lobos, alces, ciervos, tejones, caballos y castores. Grupos de cuervos, aves de presa e incluso grupos numerosos de cisnes que nadan en el estanque de enfriamiento radioactivo.

Aunque a simple vista todo parezca normal, equipos de investigación de diferentes universidades se han interesado por los efectos de la radiación en los animales. Un estudio del biólogo Timothy Mousseau ha demostrado que, si bien las mutaciones graves ocurrieron justo después del accidente, treinta años después los ratones tienen tasas más altas de cataratas, las poblaciones útiles de bacterias en las alas de las aves en la zona son más bajas, el albinismo parcial entre las golondrinas es más abundante y los cucos se han vuelto menos comunes.

En Japón, la Universidad Ryukyo en Okinawa realiza un estudio sobre las mariposas azules de la especie Pseudozizeeria maha y, aparte de las mutaciones severas que aparecieron tras el accidente, años después las mariposas de la zona que se alimentan con comida radioactiva mantienen las alas mucho más pequeñas y los ojos irregularmente desarrollados.

Las vacas que fueron salvadas de las órdenes gubernamentales han sido estudiadas, con visitas cada tres meses, por veterinarios y expertos en radiación de las universidades privadas de Iwate, Tokai y Kitasato, que crearon una asociación no gubernamental con este fin.

Desde antes incluso de tener una conciencia antiespecista real, me sorprendía la falta de nexo entre el movimiento que reivindica los derechos de los animales y el movimiento antinuclear. Entiendo, aunque no comparto, que desde el ecologismo tradicional -que no es antiespecista- se dé la espalda a los animales, pero no puedo comprender que quienes defendemos a los animales no estemos haciendo presión por el cierre de las centrales nucleares, oponiéndonos a los proyectos de minería de uranio a cielo abierto o a los cementerios nucleares que buscan instalarse en reservas naturales, zonas ZEPA o Parques Naturales.

Creo que esto sucede porque no tenemos suficiente información sobre cómo afecta la radiación a la vida, y sobre cómo la sociedad olvida a los animales cuando debe afrontar las consecuencias severas de los accidentes nucleares que ocurren, tal como indica su nombre, de manera imprevista, alterando la marcha normal de las cosas. Por eso me gustaría invitar desde aquí a toda la comunidad animalista a acudir al IV Foro Social Mundial Antinuclear que tendrá lugar en Madrid, porque la información es imprescindible para trazar el camino a un futuro más justo.

Almaraz o cómo negar la realidad

Publicado en El Salto Diario

El mismo día en que se conmemoraba el aniversario del accidente de la central nuclear de Fukushima, en nuestra región se presentaba una plataforma pronuclear pidiendo la prolongación de la actividad de las obsoletas instalaciones de Almaraz I y II.

No sabemos si lo han hecho a propósito, pero realmente es muy desconcertante. El mismo día en que se conmemoraba el aniversario del accidente de la central nuclear de Fukushima, en nuestra región se presentaba una plataforma pronuclear pidiendo la prolongación de la actividad de las obsoletas instalaciones de Almaraz I y II.
Seguramente la Plataforma Ciudadana Vida ha pensado que vivimos en una sociedad tan poco informada, que se nos iba a pasar por alto esta coincidencia que parece sobre todo una burla. Y sé que no soy la única habitante de Extremadura que se siente burlada.

Una plataforma que juega con el uso de las palabras y se denomina VIDA, cuando sabe que lo que está pidiendo es prolongar el uso de unas instalaciones obsoletas “como mínimo hasta 2030”. Aunque estoy totalmente de acuerdo con su petición de que se elabore un “proyecto alternativo bien hecho” para “toda la gente que trabaja” en la central. Aunque silencian que el desmantelamiento en sí mismo ya da trabajo, por lo que la búsqueda de alternativas será un incentivo para afrontar el desempleo actual de la comarca.

No obstante, es de agradecer la claridad en las cifras sobre el número de puestos de trabajo que la central general actualmente, unos 1.000 trabajos directos y 2.500 indirectos. Aunque nos sorprende el materialismo extremo de estas declaraciones en su manifiesto: “no existe ningún dato que nos asegure la creación de un tejido industrial en la comarca” equiparable en “calidad” y “cantidad al que genera la central”. Nos dicen en su manifiesto que la central nuclear “contribuye al entorno con 45 millones de euros anuales”, creo que con ese dinero la Comarca de Campo Arañuelo podría estar contratando un buen equipo creativo para diseñar un futuro dentro del «Green New Deal», aunque sea solo para compensar.

Si tan buena es la central nuclear, ¿por qué la tasa de desempleo en Navalmoral de la Mata es del 23% aproximadamente? Curiosamente es la misma media de desempleo que tenemos en la provincia de Cáceres en su conjunto.

A la nueva Plataforma se han unido en sus peticiones los ayuntamientos de la Comarca de Campo Arañuelo, la Agrupación de Municipios Afectados por Centrales Nucleares (AMAC) y el Comité de Empresa de Almaraz. A los ayuntamientos de la Comarca de Campo Arañuelo se les viene preguntando reiteradamente, desde el Foro Extremeño Antinuclear, en qué han invertido el dinero que se ha destinado, durante todos los años de funcionamiento de la central nuclear, para la búsqueda de alternativas. ¿Dónde están las cuentas? ¿Dónde están las inversiones realizadas en estos cuarenta años?

¿Por qué esa insistencia en que el cierre de la Central Nuclear conlleva pérdida de empleo? Desmantelar Almaraz, como cualquier otra central, es un proceso largo que en los primeros años va a producir un incremento en los puestos de trabajo. Pero quizás lo que más nos indigna como ecologistas es la manipulación que se hace de los argumentos. Esta Plataforma dice en su perfil de facebook que la “continuidad de la C.N. Almaraz no solo debe ser por los puestos de trabajo que genera, no solo debe ser porque es el motor económico que sustenta nuestra Comarca y parte de Extremadura … También debe ser por evitar los gases de efecto invernadero que tanto daño están haciendo a nuestro querido planeta. No existe alternativa libre de gases de efecto invernadero a la energía de base que produce Almaraz.” Es cierto que no hay emisiones de CO2, pero si hay escapes radioactivos y unos riesgos que cada día que pasa se vuelven más posibles.

Tenemos dos ejemplos de accidente graves. El primero Chernobyl, accidente que según la industria nuclear no podía ocurrir, y veinticinco años después Fukushima, del que el 11 de marzo se han cumplido 8 años. Es trágico que el mismo día 1.500 personas se manifestaran pidiendo alargar la vida la C.N. de Almaraz. Parece que la Plataforma Vida olvida que en el accidente de Chernobyl la lluvia radioactiva llegó hasta Irlanda, aunque Ucrania, Bielorrusia y Rusia fueron los países más afectados, recibiendo el 63% de la contaminación. Eso significa que de haber un accidente en Almaraz I o II, toda Extremadura se vería afectada, y Castilla y León, Castilla La Mancha, Andalucía y Portugal, que es un país que decidió en una consulta popular no hacer uso de la energía nuclear. Un país que ha tomado el camino de las energías renovables y que muchos días alcanza el pleno abastecimiento mediante estas, y sin embargo puede ver devastada su sostenibilidad, su economía y la salud de su población por la cortedad de miras de sus vecinos más próximos.

En el comunicado del Foro Extremeño Antinuclear se dice: “Hemos hipotecado una comarca durante siglos. Nuestro legado será que otras personas pagarán muy caro el supuesto nivel de vida, que no bienestar, de quienes trabajan en una empresa subvencionada y que beneficia a una élite. Los residuos deberán ser vigilados y gestionados por varias generaciones”.

El portavoz de Vida ha asegurado que con la central «no hay ningún problema de salud» porque “el reactor I es el más seguro de Europa” ya que se han invertido “600 millones de euros” en su reforma. No quiero ser incisiva pero ¿no son un poco caros esos puesto de trabajo y esta energía?

En el manifiesto aseguraban que es posible alargar la vida de la central “hasta los 60 u 80 años”. Ante esto solo queremos decir una cosa: el plutonio necesita más de 24 mil años para reducir al menos a la mitad su intensidad.

Concentración ciudadana contra la minería de uranio en Salamanca

Publicado en el blog «Desconexión nuclear» de El Salto Diario

La Plataforma Stop Uranio expresa: «En Salamanca nos jugamos nuestro futuro en los próximos meses, salvaguardarnos pasa por no permitir la apertura de minas de uranio en nuestra provincia, por ello pedimos un apoyo masivo a la concentración convocada para el próximo sábado 18 de agosto a las 13 horas en el Cruce de la Nacional 620 con la Comarcal 315 en La Fuente de San Esteban».

En la comarca del campo charro cada día se incrementa el número de personas sensibilizadas con lo que supone la minería de uranio. Personas que cuestionan el tipo de desarrollo que se está ofreciendo a la región, y que piensan que la verdadera garantía de futuro para su tierra esta en preservarla libre de residuos tóxicos.

En nota de prensa, la Plataforma Stop Uranio, declara «el futuro no puede depender de la explotación de un mineral que conlleva riesgos radiológicos para la población que habita en la zona». 

Este año, por cuarta vez consecutiva, convocan una concentración, seguida de una manifestación, para hacer visible la oposición ciudadana a los proyectos de la empresa mineria Berkeley. 

Este año es crucial para que no nos abran las proyectadas minas de uranio en la comarca, ya que Berkeley Minera ha salido a bolsa y declara que una de las garantías de sus acciones es tener el apoyo de la ciudadanía. Desde la Plataforma piden a la ciudadanía que salga a la calle mañana sábado 18 de agosto para mostrar su oposición mayoritaria a los proyectos mineros de la multinacional australiana.

Afortunadamente, algunos alcaldes de la zona trabajan para conseguir que no avancen los proyectos mineros en la comarca. El apoyo institucional es fundamental en esta lucha desigual. La estrategia de la multinacional es la habitual, usan los salarios para tejer una red clientelar que va generando una fractura social en la comunidad. Tensionando la convivencia, enfrentando a las familias y a las amistades, rompiendo los vínculos que deberían servir para salvaguardar el Bien Común. 

Las autoridades locales, regionales y nacionales tienen que ser conscientes de lo que esto supone para la supervivencia del mundo rural, cuya base es la principal y más importante.

El nuevo Gobierno de España debe tomar una decisión sobre la construcción de la planta de tratamiento de Retortillo y confiamos que sea en sentido de no permitir esa instalación radiactiva al lado de nuestras casas. Si finalmente se decide no autorizar esa planta, Berkeley tendrá que renunciar a sus proyectos mineros dado que sin el proceso de concentración el uranio no se puede comercializar.

Tenemos que ser conscientes en Salamanca que en los próximos meses nos jugamos nuestro futuro, que pasa por no permitir la apertura de minas de uranio en nuestra provincia, por ello pedimos un apoyo masivo a la concentración convocada para el próximo sábado 18 de agosto a las 13 horas en el Cruce de la Nacional 620 con la Comarcal 315 en La Fuente de San Esteban.

Jose Luis Navarro, al frente de la Empresa Nacional de Residuos Radioactivos

Publicado en El Salto Diario

El Diario Oficial de Extremadura (DOE) ha publicado hoy, 31 de julio, el cese de José Luis Navarro Ribera como consejero de Economía e Infraestructuras del Ejecutivo autonómico. A la vez ha sido propuesto para presidir la Empresa Nacional de Residuos Radioactivos S.A. (ENRESA). José Luis Navarro está vinculado a Endesa, empresa que pretende retrasar el cierre de Almaraz otros diez años.

ENRESA, que gestiona los residuos radioactivos en España desde 1984, tiene un papel clave en el cierre de las centrales nucleares que terminan su vida útil. La central nuclear de Almaraz tiene previsto su cierre para 2023, por lo que las reacciones ante este nombramiento no se han hecho esperar, y tanto desde el Foro Extremeño Antinuclear (FEAN), como desde el Movimiento Ibérico Antinuclear (MIA), que agrupa a entidades y plataformas de toda la península ibérica, muestran su consternación por este nombramiento que califican de puerta giratoria, ya que en el curriculum de Navarro figuran sus vinculaciones con ENDESA, uno de los componentes del grupo empresarial que gestiona la Central Nuclear de Almaraz, y su pasado ligado a la Refinería Balboa.

Para ambas plataformas es una mala noticia debido a que Endesa pretende solicitar un permiso de explotación de la Central Nuclear de Almaraz que alargue su vida útil hasta los 50 años.

Jose Luis Navarro (1958) es natural de Jerez de los Caballeros, tiene formación como ingeniero industrial por la Escuela Superior de Ingenieros Industriales de Sevilla y es diplomado en Alta Dirección de Empresas por el Instituto San Telmo. Ha ocupado puestos de responsabilidad en Endesa, Saltos Extremeños (minicentrales hidroeléctricas), Arram Consultores y también ha sido consultor empresarial independiente. Ha acompañado a Guillermo Fernández Vara en diferentes periodos, como Consejero de Industria entre 2007 – 2011 y Consejero de Economía e Infraestructuras del 2015 hasta ahora. Entre sus iniciativas estuvo el promover la fusión de la Consejería de Agricultura y la de Industria en la Junta de Extremadura para agilizar los trámites de la Refinería Balboa, e impulsar la instalación de varias centrales de ciclo combinado en la región.

Conociendo su desempeño, ambas plataformas, FEAN y MIA, muestran su preocupación por la persona elegida para presidir un órgano como ENRESA, dado que va a inclinar la balanza del lado de las empresas que se van a beneficiar del alargamiento de la vida de las centrales nucleares, cuando los nuevos tiempos demandan su cierre escalonado y la instauración de un nuevo modelo energético basado en las energías renovables, tan favorables para Extremadura.

El cargo que asumirá Navarro al frente de ENRESA es determinante para establecer el futuro de la central nuclear de Almaraz, para la que Endesa tiene previsto solicitar en 2019 una prórroga de diez años. Según lo anunciado por la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, esto no sería posible, ya que, según hizo público, no admitirá aplazamientos en ninguna instalación nuclear española. Sin embargo, el nombramiento de una persona tan cercana a Endesa, hace prever un cambio de rumbo en la política gubernamental, anteponiendo los intereses de las empresas que quieren alargar la vida de las centrales nucleares a los intereses de la ciudadanía que demanda un plan de desarrollo sostenible que garantice el futuro.

Por ello, ambas plataformas han hecho públicas sus demandas tanto al nuevo presidente de ENRESA, como a la nueva consejera de Economía e Infraestructuras de la Junta de Extremadura, Olga García, sobre el cierre de Almaraz y de todas las demás centrales nucleares cuando expiren sus permisos de explotación. Desde FEAN se vienen manteniendo conversaciones con el presidente de la Junta de Extremadura, y con su ahora exconsejero de economía, para que se establezca un plan económico alternativo para la comarca de Campo Arañuelo y poder proceder al cierre de la central nuclear sin traumas, porque durante los 15 años que dura el proceso de desmantelamiento hay tiempo suficiente para realizar la transición, mientras se mantiene un número similar de puestos de trabajo.

También, desde esta entidad denuncian que pese a la presencia de la central nuclear de Almaraz en Campo Arañuelo, esta comarca sigue siendo una de las más afectadas por el desempleo de Extremadura.

12 razones para la desconexión nuclear

Publicado en el blog Desconexión nuclear de El Salto Diario

Un mes antes de la huelga feminista, las mujeres que de una u otra forma (profesional o activista) nos movemos en torno a la energía, nos dimos cita en Bilbao para reflexionar juntas y una de las cosas que sacamos en claro fue que desde un planteamiento ecofeminista la energía debe ser un derecho y no un bien de consumo. Teniendo siempre claros los límites del planeta en el uso que hagamos de la misma. Obviamente desde esta perspectiva sólo las energías limpias tienen cabida, sin embargo te traigo aquí algunos argumentos que pueden resultar útiles en un debate convencional entre personas que no tengan tan claros los principios de la ecodependencia y la interdependencia.

El pasado 8 de marzo vivimos una huelga sin precedentes, algo que muchas de nosotras no hubiéramos imaginado ni en nuestros mejores sueños. Y vimos cómo las calles se llenaban de mujeres, y de hombres, que pedían un cambio en la forma de entender la vida y las relaciones. El manifiesto feminista decía: “Gritamos bien fuerte contra el neoliberalismo salvaje que se impone como pensamiento único a nivel mundial y que destroza nuestro planeta y nuestras vidas”.

Una de las formas de gritar bien fuerte es gritar pidiendo el cierre de las centrales nucleares, porque no podemos decir que queremos cuidar el planeta y a la vez producir/consumir una energía que pone en peligro la biodiversidad cada segundo que pasa.

Un mes antes de la huelga feminista, las mujeres que de una u otra forma (profesional o activista) nos movemos en torno a la energía, nos dimos cita en Bilbao en el I encuentro Género y energía para reflexionar juntas y una de las cosas que sacamos en claro fue que desde un planteamiento ecofeminista la energía debe ser un derecho.

Teniendo siempre claros, por supuesto, los límites del planeta en el uso que hagamos de la misma. Obviamente desde esta perspectiva sólo las energías limpias tienen cabida, sin embargo te traigo aquí algunos argumentos que pueden resultar útiles en un debate convencional, entre personas que no tengan tan claros los principios de la ecodependencia y la interdependencia.

Estas son doce razones argumentadas para exigir la desconexión nuclear. Comencemos por el principio:

1.- La extracción del uranio
Cuando abres una mina encuentran rocas con un gran cantidad de este mineral que puede contaminar el aire, el agua y la tierra. Bruno Chareyron

Aproximadamente, por tonelada de uranio, se generan 3.700 litros de residuos líquidos. A lo que añadimos los residuos sólidos de radio (elemento que da el nombre a la radioactividad) y otros elementos, que suponen unas cien veces el peso del material obtenido; una mezcla donde hay restos de ácido sulfúrico, bióxido de manganeso, carbonato e hidróxido de sodio, cromo, cobalto, cobre, hierro, isodecanol, molibdeno, níquel, radio 226, radio 222, vanadio, y algo de uranio aún. Los compuestos radiactivos poseen una vida media que, en algunos casos, se cuenta en miles de años.

Para extraer el uranio se dinamitan cientos de hectáreas para poder acceder al mineral que de forma natural se encuentra diseminado. Una vez reunido se muele y se realiza la lixiviación para lo que es necesario el ácido sulfúrico que ayuda a decantarlo. En el proceso de decantamiento ya tenemos emisiones de radiaciones ionizantes alfa, beta y gamma, y metales pesados solubles en ácido y gas radón 222. Pero ya hemos obtenido el uranio y algunos otros elementos como el torio, radio, protactinio, plomo, polonio.

Todas sabemos que el uranio obtenido en este proceso es altamente cancerígeno, lo sabemos de forma natural al observar a las personas que viven cerca de estas minas y a quienes las trabajan. También lo sabemos por las pruebas realizadas en animales. Sin embargo, no se ha descrito ningún tipo de cáncer en seres vivos como resultado de la exposición al uranio natural o empobrecido.

Aunque sabemos que el uranio empobrecido (U-238) se utiliza en la industria armamentistica. Este tipo de uranio que tiene una vida media de 4.500 millones de años.

2.- Los reactores nucleares liberan radiactividad en el aire y en el agua de forma continua para su correcto funcionamiento
Sin necesidad de accidentes, aunque nos hacen creer lo contrario, las centrales nucleares mantiene un flujo pequeño pero constante de fluido que expone a todas las criaturas vivas a las radioactividad que pasa por la tierra, por el agua y por el aire.

Para su correcto funcionamiento deben liberar isótopos radiactivos en pequeñas cantidades.

3.- Los residuos nucleares se mueven de un lugar a otro
Mover los residuos nucleares es un actividad de alto riesgo y sin embargo es algo que se hace de forma continuada porque los tratamientos necesarios para su almacenaje rara vez pueden realizarse en el mismo lugar en que se producen. Los residuos generados en España deben viajar a Francia, y regresar, antes de poder ser almacenados

4.- Almacenar residuos durante miles de años de forma permanente
Vamos por la cuarta razón para la desconexión nuclear y seguimos hablando de residuos. La verdad es que desconocemos aún cuál puede ser el método seguro que permita almacenar residuos nucleares. Por supuesto, no tenemos ni idea de como eliminarlos o al menos neutralizarlos de forma segura. Ya en 1977 el presidente estadounidense Jimmy Carter tomó medidas para detener la producción y en un artículo del periódico El País de octubre de 1985 se cita el Informe Flowers (sexto informe de la Comisión Real del Reino Unido sobre Contaminación Ambiental, septiembre 1976) concluía emitiendo un veredicto crucial: «No debería permitirse un compromiso con un amplio programa de energía nuclear (sería irresponsable y moralmente equivocado) hasta que no haya sido demostrado, por encima de cualquier duda razonable, que existe al menos un método que garantice la seguridad del almacenamiento de los residuos altamente radiactivos para el futuro indefinido».
Estas cuestiones continúan sin respuesta.

5.- Nuestra salud o la de cualquier ser vivo
Los problemas de cáncer son la parte más visible de la cercanía a minas, centrales nucleares o cementerios de residuos. La leucemia es una de las enfermedades que suelen estar asociadas a la contaminación del cuerpo con uranio enriquecido (diferenciar del natural o empobrecido). La ingestión de la manera que sea, de grandes cantidades de uranio daña los riñones e impide su funcionamiento. También el cáncer de la glándula tiroides (uno de los órganos del cuerpo más sensibles a la radiación), es habitual.

Las radiaciones ionizantes no controladas provocan alteraciones en el ADN.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), de forma normal una persona recibe unos 3 milisieverts (unidad que mide la dosis de radiación absorbida por la materia viva) en un año normal, el 80% a través de fuentes naturales de radiación y el resto a través de procedimientos y pruebas médicas.

No debemos olvidar que la radiación reduce el número de glóbulos blancos y eso nos hace más vulnerables a las infecciones.

6.- DDHH
Las normas sobre la seguridad en lo relativo al contacto con la radiación se están relajando de forma permanente. Cada nueva regulación es más laxa que la anterior, lo que significa que cada vez estamos más expuestas.

Los residuos siempre se llevan para su almacenamiento a zonas económicamente empobrecidas, lo que hace que sean las poblaciones más vulnerables las que, por una compensación económica, se arriesgan a vivir cerca de una fuente de radiación que va a durar miles de años. Si le sumamos lo anterior, parece que en lo que respecta a la energía nuclear, las clases sociales existen y los DDHH son continuamente vulnerados.

7.- Derechos medioambientales
En 1972 se comenzó a hablar de los derechos medioambientales durante la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo. Se habla de la necesidad de un entorno humano saludable. Y puede parecer que Naciones Unidas tiene bonitas palabras que nunca se pueden llevar a la práctica, pero en estos días en que la Constitución Española de 1978 está tan de moda, es bueno recordar que en su artículo 45 establece que tenemos derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo, y que los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva.

8.- Derechos Animales
Los animales no humanos con quienes compartimos el planeta tienen derechos, aunque no exista un documento que lo ponga por escrito. Los animales silvestres necesitan un entorno adecuado para el digno desarrollo de su vida. Las minas a cielo abierto, o el sobrecalentamiento constante del agua en la que viven o de la que beben, son aspectos que perturban gravemente el desarrollo de sus vidas.

Durante milenios el pensamiento occidental ha justificado la intervención en el medio natural y las consecuencias negativas para el resto de seres vivos, amparándose en una supuesta superioridad basada en una jerarquización de la vida. Cualquier acción humana realizada para nuestro propio interés, estaba por encima del interés de animales y plantas. Ya no podemos continuar amparándonos en este tipo de excusas, nuestra naturaleza biológica deja en claro que somos animales y nuestra ética debe ponernos en nuestro lugar, osea en un plano de igualdad respecto al resto de la vida en el planeta.

9.- Económicas
Donde se produce un accidente nuclear no hay otra opción que abandonar el lugar. Tenemos el ejemplo de Chernobyl, actualmente un paraje abandonado, pero que significa un elevado coste monetario de más de 350 mil millones de dólares.

A partir de los 30 años de funcionamiento, cuando se amortizan la centrales nucleares, los propietarios de éstas pagan 1,5 € por kWh producido, mientras que lo venden a unos 5,5 € al mercado de la electricidad. Una empresa así es el sueño de cualquier capitalista, pero está fuera de cualquier otro análisis económico donde además del capital se ponga en el balance el coste en el bienestar de las personas, de los animales y del equilibrio ecológico.

Además, la obtención de kilovatios a través de centrales nucleares requiere la importación de uranio, que según datos del Foro Nuclear procede de Rusia en un 45%, Australia 22%, Níger en un 20% y el resto se reparte entre Kazajistán, Canadá, Sudafrica y Ucrania.

Según el Foro Nuclear, el uranio para alimentar a las centrales nucleares está garantizado durante los próximos 100 años, lo que desde el punto de vista de la economía feminista, significa que se acaba en tres generaciones. Osea, mañana mismo.

10.- La solidaridad intergeneracional
Creo que queda claro que la energía nuclear, desde su comienzo hasta su no-final, puesto que los residuos permanecen radiactivos durante miles de años, es uno de los mejores ejemplos de todo lo que de perverso hay en nuestra sociedad. Mantener la energía nuclear, cuando no sabemos manejar de forma segura los residuos que produce, delega en las generaciones futuras el riesgo, las consecuencias y la responsabilidad de gestionarlos.

11 .- Falta de transparencia
La desinformación es la norma en las zonas donde existe minería de uranio, centrales nucleares o puntos de almacenaje. La información que nos llega es gracias a filtraciones y lo más habitual es que los máximos responsables no acuden cuando son citados.

Aunque el CSN se define como un ente independiente de la Administración General del Estado que rinde cuentas al Congreso y al Senado, la verdad es que dilatan los periodos entre sus apariciones, a veces hasta dos años completos, y han ido relajando la normativa para la seguridad, dando así más facilidades a las grandes empresas energeticas, de las que también deberían ser independientes.

12.- Frena el desarrollo de las energías renovables
Uno de cada tres kilovatios utilizados en 2017 fue producido por el viento, el agua, el sol o la biomasa del territorio que compartimos. Sin embargo, esto no es una buena noticia, deberíamos producir más de esta energía limpia y a la vez replantearnos nuestro consumo, ya que nuestra dependencia energética está 20 puntos por encima de la media europea. Esta situación es la causa de que una buena parte de nosotras estemos expuestas al fenómeno llamado “pobreza energética”, dado que los precios que pagamos por la energía vienen impuestos por el mercado internacional.

En el estado español las importaciones han crecido un 18% en 2017 y el déficit energético ha aumentado un 30,4%, lo que nos aleja del objetivo con el que comenzábamos este artículo, entender la energía como un derecho.

Y quiero terminar con unas palabras en memoria de las casi dos mil encinas muertas en Retortillo. La vida de un árbol también debe ser defendida, un árbol tiene derecho a cumplir su ciclo y estas casi dos mil encinas perecieron en un acto de soberbia comercial, cuando Berkeley decidió darnos la impresión de que la mina a cielo abierto era un hecho incuestionable. Víctimas inocentes del marketing mal entendido, victimas inocentes de la prepotencia de unos animales que han olvidado que son solo una parte más en el delicado equilibrio de la vida: nosotros.

“No creo que llegue a ver jamás
un poema tan bello como un árbol”
Joyce Kilmer

Por un Tajo vivo cerrar Almaraz

Sé que muchas personas creen con sinceridad que la energía nuclear es limpia, que el circuito de refrigeración de los reactores es cerrado y que el agua de nuestros ríos no peligra, pero … Eppur si muove.

Gracias al informe de 12 páginas que el Movimiento Ibérico Antinuclear (por sus siglas MIA) ha presentado para el conocimiento público nos han informado de forma clara y sencilla de que la central nuclear de Almaraz ha tenido más de cincuenta y cinco incidentes desde su apertura.

Sabemos que en 2003 uno de los dos generadores diésel de emergencia se incendió y viajó a Francia para ser reparado, pero que pese a ello la central siguió funcionando con seis generadores diésel portátiles de prestaciones muy inferiores.

Sabemos que aunque las normas fijan la diferencia de temperatura entre el agua captada y la emitida en 3º e impiden que la central vierta agua al ecosistema con más de 30º de temperatura, en el caso de Almaraz esto se ha incumplido en varias ocasiones con el consiguiente aumento de la temperatura del agua, lo que conlleva la natural mortandad de peces, que da paso a una acumulación de materia orgánica que redunda en un aumento de la eutrofización, esto es un aumento de la biomasa que desestabiliza el equilibro del ecosistema, empobreciendo la diversidad.

Los reactores nucleares liberan radiactividad en el aire y en el agua de forma continua, incluso sin que ocurran accidentes, pero esta realidad se nos niega. Sin embargo para el normal funcionamiento de los reactores es imprescindible, por lo que la exposición a la radiaciones son continuadas y sostenidas.

Un reactor requiere grandes volúmenes de agua de refrigeración, esta y no otra, es la razón por la que se compensa a las comunidades que viven cerca de una central nuclear. Quiero recordarles que en este perverso sistema económico, donde nada es gratis, recibir grandes cantidades de dinero por tener una industria que ya da empleo debería ser una señal de alarma inequívoca.

Y uno no entiende por qué tanto interés en mantener abierta una central nuclear que está de sobra amortizada pero que además está obsoleta y que como cualquier tecnología del siglo XX tiene su vida limitada por la obsolescencia de sus piezas. Una central nuclear no es como un molino de viento, no va a durar quinientos años embelleciendo el paisaje, sino todo lo contrario.

Por estas razones y muchas más, organizaciones de Portugal y España convocamos la manifestación unitaria del pasado 11 de junio en Cáceres, y por esta razón convocamos los próximos actos del 7 y 8 de septiembre en Mérida y Navalmoral de la Mata.

Mis diez razones para ser antinuclear

La desinformación es la norma en las zonas donde existe minería de uranio o centrales nucleares, la información que nos llega es gracias a filtraciones y lo más habitual es que los máximos responsables no acudan cuando son citados. Este 2016 lo hemos vivido dos veces, tanto en el Parlamento nacional, como en la Asamblea de Extremadura donde fue citado el presidente del CSN Fernando Marti, pero no acudió

Hace diez años coincidí con un joven ingeniero que trabajaba para la NASA y que se esforzó en convencerme de que la energía nuclear es buena, limpia y barata. Aquel joven ingeniero trabajaba en un proyecto cuyo objetivo era encontrar el modo de hacer llegar los residuos nucleares al sol. Puede que esto que les cuento les suene a ciencia ficción o a guasa, pero les aseguro que aquel joven no estaba de broma. Las personas que no disfrutamos del don de una mente científica solemos sentirnos deslumbradas ante quienes pueden descomponer el mundo en ecuaciones, sin embargo debo reconocer que en aquella ocasión no fue mi caso. Si la solución más segura que encuentran las mentes privilegiadas para los residuos nucleares es sacarlos del planeta, hay algo que esas mentes no están viendo con claridad. Considero que carecer de una mente científica no es un gran drama, las humanidades también pueden aportar su granito de arena a los grandes dilemas de la modernidad. Por ello, voy a compartirles mis diez razones para ser antinuclear.

Es generaliza la relación de minería de uranio o asentamiento de centrales nucleares con zonas empobrecidas, ya sea en país de África o en los territorios de los pueblos originales en el caso de USA o Australia, o en las zonas más pobres de la Unión Europea. Esta clase de discriminación es altamente sospechosa.

Los residuos nucleares también se almacenan en las zonas más débiles económicamente, dentro de poblaciones que precisan de las compensaciones económicas que se obtienen por vivir cerca de una fuente de radiación que va a durar miles de años. Si le sumamos lo anterior, parece que en lo que respecta a la energía nuclear, las clases sociales existen y los DDHH son continuamente vulnerados.

Los reactores nucleares liberan radiactividad en el aire y en el agua de forma continua para su correcto funcionamiento (sin necesidad de accidentes aunque nos hacen creer lo contrario) y ese mínimo pero constante fluido expone a todas las criaturas vivas a las radioactividad, que pasa por la tierra, por el agua y por el aire. Una animalista como yo no puede ignorar esto.

Observo que las normas sobre la radiación o la seguridad se relajaron constantemente pese a que tenemos ya ejemplos más que suficientes de los peligros que entraña un accidente nuclear: Chernobil o Fukusima entre los que más acuden a nuestra mente.

Desconocemos aún un método seguro para manejar los residuos nucleares, bien sea para eliminarlos o para neutralizarlos de forma permanente. Ignorar esto pone en evidencia la locura que significa este jugar a ser dioses en que nos hemos empecinado.

Sabemos que la energía nuclear es causante de gran número de enfermedades mortales, y que los casos de cáncer y de mutaciones genéticas aumentan en las zonas donde hay minería de Uranio o centrales nucleares.

Donde se produce un accidente nuclear no hay otra opción que abandonar el lugar, tenemos el ejemplo de Chernobyl actualmente un vasto desierto, pero que significa un elevado coste monetario de más de 350 mil millones de dólares.

Mover los residuos nucleares es un actividad de alto riesgo y sin embargo es algo que se hace de forma continuada porque los tratamientos necesarios para su almacenaje rara vez pueden realizarse en el mismo lugar en que se producen.

La desinformación es la norma en las zonas donde existe minería de uranio o centrales nucleares, la información que nos llega es gracias a filtraciones y lo más habitual es que los máximos responsables no acudan cuando son citados. Este 2016 lo hemos vivido dos veces, tanto en el Parlamento nacional, como en la Asamblea de Extremadura donde fue citado el presidente del CSN Fernando Marti, pero no acudió. La energía nuclear no rinde cuentas a la democracia.

A partir de los 30 años de funcionamiento, cuando se amortizan la centrales nucleares, los propietarios de éstas pagan 1,5 € por kWh producido, mientras que lo venden a unos 5,5 € al mercado de la electricidad. Una empresa así es el sueño de cualquiera que ponga los beneficios económicos por delante del bienestar de las personas, de los animales y del equilibrio ecológico. Es el reflejo de todo cuanto de perverso hay en nuestra sociedad.